Narrow screen resolution Wide screen resolution
Conclusión Imprimir E-mail
Escrito por Consolata.org   
22.02.2006


Al final del análisis de los caminos de salvación en los Continentes donde trabajamos y concluyendo nuestra reflexión sobre las orientaciones y las líneas operativas ofrecidas por los Sínodos especiales continentales, deseamos recoger, de manera sintética, los elementos de un anuncio eficaz de la salvación que emergen con más insistencia de los textos sinodales. Podrían ser utilizados como "claves de lectura" en las reflexiones comunitarias o como puntos de referencia en una verificación de la propia actividad misionera.

Se evangeliza de manera "multiforme"

La realidad en la que se encuentra viviendo hoy la Iglesia su misión está muy marcada por la pluralidad, lo que se considera no como un límite sino más bien como una expresión positiva de la creatividad de Dios.
Será un anunciador eficaz de la salvación de Dios quien, teniendo en cuanta la comunión de la familia humana, sepa respetar y valorar esa pluralidad como reflejo de la creación divina y de las múltiples riquezas humanas y espirituales de los pueblos.

Los nuevos diálogos

El diálogo con la modernidad y con sus expresiones actuales de mundialización o globalización es un hecho imparable. Además de la modernidad, siguen teniendo plena actualidad para la Iglesia el diálogo ecuménico, el que se mantiene con las grandes religiones y con las multiformes expresiones de la religiosidad actual. La Iglesia que anuncia la salvación de Cristo al mundo moderno debe estar atenta a mantenerse en una constante actitud de diálogo si quiere ir al paso con la humanidad y ser creíble.

Pequeñas comunidades de vida cristiana

"Los padres del Sínodo han reconocido que la Iglesia como familia podrá dar su medida plena de Iglesia sólo ramificándose en comunidades adecuadamente pequeñas para permitir estrechas relaciones humanas" (EIAF 89). Deberán ser "lugares de escucha de la Palabra de Dios, de oración, de reflexión sobre los verdaderos problemas humanos a la luz del Evangelio, de la fraternidad y del servicio" (Ibíd..). Todos los ministros de salvación deben saber acoger y favorecer este modelo de Iglesia, ya deseado por Pablo VI (EN 58) y luego propuesto por Juan Pablo II (RM 51) como expresión más creíble, misionera y dinámica de una comunidad cristiana.

La presencia de los pobres

Cada vez se difunde más la conciencia de que, en el escenario del mundo actual, ninguna persona ni ningún creyente puede sentirse indiferente a la realidad de la pobreza. La credibilidad del discípulo de Cristo se pone especialmente en cuestión por su capacidad de responder al fenómeno de la pobreza, que a tantos estratos de la población mundial afecta y de forma tan profunda.
El anuncio de la salvación hoy no puede olvidar la referencia a la realidad de los pobres. Y esto tendrá que expresarse, más que a través de obras grandiosas de promoción humana, con presencias humildes, solidarias y fraternas, próximas a los pobres e implicándose en su problemática y su lucha.

El evangelio de la paz

Todos los Sínodos han contado experiencias dolorosas de vida, divisiones y guerras presentes en muchos países. Han sido también pródigos en denuncias, sin dejar de apelar a todos los que tienen responsabilidades a cualquier nivel. La Iglesia, se ha repetido frecuentemente, se compromete a su vez en convertirse en voz de los pobres y de los indefensos que inocentemente sufren abusos y violencias. Corresponde a las comunidades cristianas favorecer con todos los medios el desarrollo de un amplio movimiento de paz. Sólo contagiando la no-violencia se crean en la vida ordinaria de la gente las premisas para un anuncio de la paz que sea eficaz. Es también parte de la misión de los dispensadores de la salvación difundir la mentalidad de la reconciliación y del perdón, no sólo en las relaciones interpersonales sino también en el ámbito más dilatado de la vida política de las naciones.

Confiemos a la intercesión de nuestro Padre Fundador, en este año centenario del Instituto, nuestra reflexión y el esfuerzo de renovación personal y comunitaria. Pidamos con fervorosa oración que este compromiso nuestro cree en todos nosotros nuevas actitudes de vida que nacen de corazones abiertos a la conversión. Que la Consolata, Virgen a la escucha de la Palabra y en discernimiento de la voluntad divina, corrobore nuestra oración.
Os saludamos cordialmente y os deseamos a todos los bienes en el Señor.