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| PADRE MONGIANO PIETRO (1916-2000) |
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| Escrito por P. Aventino Oliveira | |
| 22.02.2006 | |
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Nació en Pontestura el 2 de febrero de 1916, hijo de Giovanni Battista e Maria Serrafero. Fue el primero de tres hermanos Misioneros de la Consolata. Entró en el Instituto en 1927 e hizo la profesión religiosa en 1934, ordenándose sacerdote en 1938. Trabajó en Italia 11 años sirviendo en el Instituto como asistente de los hermanos coadjutores (1938-40), ecónomo y seguidamente director de la Casa San Giuseppe (1940-43), director del seminario filosófico (Cereseto 1943-48), miembro de la casa de Génova (S. Pietro in Bianchi, 1948-49) y animador misionero (Rovato 1949). En este año fue destinado a Inglaterra, donde trabajó en la parroquia de Prestatyn (North Wales) y abrió la casa de Poulton Le Fylde con el P. Borello Mario. En 1951 fue llamado para desempeñar el cargo de maestro de los novicios de lengua inglesa en Fátima, Portugal. En 1956 fue destinado a Estados Unidos, donde trabajó durante más de cuarenta años en actividades de dirección, animación y búsqueda de ayudas para las misiones. Tres años fue superior de la casa de Washington DC, y seguidamente superior delegado del Grupo Canadá durante dos períodos (1960-1970). Volvió a Estados Unidos, a la casa de Somerset, y durante siete años trabajó como director del centro misionero. De 1978 a 1985 fue su administrador. Trasladado a la casa de Buffalo, se dedicó a la animación misionera durante tres años. Volvió a Somerset y durante dos años fue director del centro misionero y trabajó en el Fund Raising (Direct Mail). Víctima de un infarto en 1989, siguió en su tarea misionera. De 1991 a 1996 residió en Boa Vista, donde ayudó a su hermano obispo, mons. Aldo. De vez en cuando va a Somerset y Toronto. El 18 de septiembre de 1996 vuelve definitivamente a Estados Unidos y en 1998 se retira a la casa de Alpignano. En esta ocasión, el p. Antonio Bellagamba, superior regional, le saludó como "siervo fiel de Dios y de los hermanos, que ha trabajado noche y día durante más de cuarenta años para dar a las misiones las ayudas que necesitaban". El 1 de mayo de 2000 tiene un ictus y se le lleva primero al hospital de Rivoli y luego al de Avigliana. El 6 de mayo vuelve a la comunidad en estado confuso, hasta que el 31, fiesta de la Visitación, concluye el camino de su larga vida misionera. La misa funeral es presidida por su hermano mons. Aldo y participan numerosos hermanos y hermanos de religión de diversas comunidades cercanas. Sus restos mortales se trasladan a su pueblo natal, donde descansa en compañía de sus familiares. El Padre General, vuelto de Estados Unidos, escribió a mons. Aldo: "A América del Norte el P. Pietro dedicó sus mejores fuerzas. Creía en el significado de nuestra presencia en la Iglesia de USA y Canadá, estimulaba a los hermanos a un camino de búsqueda, de atención a la realidad circundante, dando respuestas contextualizadas. Nos deja una herencia de fidelidad a la vocación, de seriedad en el trabajo, de entrega incondicional a todo servicio al que el misionero sea llamado por la obediencia". El 2 de febrero de 1993 escribía al P. Giuseppe Inverardi: "Hoy cumplo setenta y siete años. Miro hacia atrás en el tiempo, a aquel 1927 cuando, apenas con doce años, entraba en la Casa Madre de Turín. Han pasado muchos años y no me queda sino dar gracias al Señor por lo que de Él he recibido a través del Instituto. De una cosa estoy especialmente agradecido: en todos estos años no he tenido nunca dudas de mi vocación sacerdotal y misionera ni sobre mi pertenencia al Instituto. Si tuviera que comenzar de nuevo, haría las mismas opciones misioneras y religiosas. Reconozco mis limitaciones y deficiencias. Podría haber hecho más y mejor y evitar ciertos errores, pero he tratado de trabajar con convicción y entrega. Aprovecho esta ocasión para agradecerle, como representante que es del Instituto, las posibilidades de trabajo, la comprensión y los ánimos, y por la aceptación tal como soy. Mi firme voluntad es dar al Instituto y a las Misiones el tiempo y las energías que me quedan". La Redacción del Da Casa Madre Testimonios Lleno de amor al IMC ...Saliendo de la capilla después de la celebración comunitaria de la fiesta de la Visitación, nos enteramos con la noticia de que el P. Pietro Mongiano había fallecido a las 7.20 asistido por el P. Genta y algunas mujeres del servicio de enfermería. El triste acontecimiento se preveía, pero a pesar de todo nos cogió de sorpresa. Pensar en él resultaba grato porque era siempre optimista y dispuesto a sonreír. Cantaba fácilmente, con ciertas salidas con sabor a fiesta. Tenía una buena voz y presumía de ello... Había llegado de Estados Unidos el 9 de noviembre de 1998. Su médico de confianza le había dicho que volviera a su país porque el corazón, ya un poco cansado, no debía soportar el estrés de un trabajo exigente. En casa no manifestó la pena del cambio, aunque lo sintiera profundamente. No tenía por qué hacérselo pesar a nadie. Conocí a sus hermanos Aldo y Luigi en 1933, en la casa apostólica de Favria Canadese. Nos hicimos amigos y pasamos días felices... En 1942, recién ordenado, los superiores me enviaron a Cereseto como asistente y era el P. Pietro el director de la casa. Manifestaba su gozo y la fuerza de vivir a pesar de encontrarnos en plena Segunda Guerra Mundial y todo marchaba bien. Había poca comida. En casa se había infiltrado el TBC y como consecuencia había muerto una religiosa misionera, un clérigo y algunos otros que lo padecieron. Yo tuve una pleuritis purulenta y me salvé por poco, gracias a las atenciones del P. Pietro. Más adelante me encontré con él en Comotto, en la Casa de los Hermanos, de la que era director y formador. Me informó de sus proyectos para mejorar la situación de los hermanos bajo todos los aspectos. Sus pensamientos y proyectos me ayudaron mucho cuando en la casa de Alpignano tuve que empeñarme a fondo en favor de los hermanos. Después le perdí de vista, debido a su marcha a Londres, seguidamente a Portugal, a USA, a Canadá, a Roraima y nuevamente a USA. En el período que pasé con él en la casa José Allamano me fue poniendo al corriente de su currículo, algo que hacía con casi todos, y con orgullo. Manifestaba así con sencillez, lo que era, lleno de miradas hacia el futuro, lleno de amor al IMC, lleno de amor a la Misión. ¡Era ardiente a su modo de todo esto! Últimamente se había aficionado al ordenador, y bien que lo manejaba. Con ello era útil para poner los nombres en todas las puertas, en los cajones de las servilletas, etc. También por esto le recordaremos. Un día me enseñó la lista de los cambios de su vida de misión. Tenía más de 150 sellos con sus correspondientes fechas... La concelebración de despedida, presidida por su hermano mons. Aldo, teniendo a su lado al P. Pasqualetti y al P. Mondin, fue un momento de emoción intensa. Había más de 40 concelebrantes, muchos de ellos ya vueltos de la misión. En la homilía, el superior regional, con su característico corte bíblico-litúrgico, enmarcó al P. Pietro Mongiano en un fondo sobre el que se reflejaba Cristo resucitado y la misión. ..."El paraíso es una eterna primavera", dice San Gregorio Magno. El P. Pietro había nacido el 2 de febrero de 1916, fiesta de la Virgen de la Presentación y murió el 31 de mayo, fiesta de la Visitación: 84 años vividos con María y para María. ¿Podía desearse más? P. Giuseppe Mina Un caballero, sacerdote y misionero Fui ordenado sacerdote en la iglesia de la Natividad de Washington el 9 de febrero de 1957. Ese mismo día el P. Pietro Mongiano me acompañó a Somerset Center, en Massachussets, donde al día siguiente celebré la santa misa. Fue entonces cuando experimenté toda la finura y la paciencia del P. Pietro al guiarme en mi primera celebración litúrgica con mucha comprensión. Así fue siempre con sus seminaristas. En 1960 el P. Mongiano fue nombrado superior delegado del Grupo IMC en Canadá y buscó de todos los modos hacer entender a los hermanos que el cometido prioritario en aquella nación consistía en la animación vocacional y misionera. A las palabras siguieron los hechos. Él fue en efecto el que hizo entrar a los misioneros de la Consolata en el St. Pierre's Vocatinal Center en Oka y más tarde en el seminario interdiocesano de St. Agustin. Siempre estuvo orgulloso de estas iniciativas vocacionales. Además estaba totalmente convencido de que los Misioneros de América del Norte tenían que ayudar financieramente a nuestras misiones de África y América Latina. Con este fin, en 1965 fundó el Consolata Mission Club en Canadá, a cuyos miembros se pedía anualmente una aportación de 500 dólares como ayuda a los trabajos de los misioneros. El P. Pietro era un experto en relaciones públicas. Le acompañé muchas veces en las visitas a los bienhechores y recuerdo su facilidad para la conversación y la comunicación. La gente era consciente de este don; sabía reírse y hacer reír. Fue también muy hábil para conseguir y mantener amistad, así como el afecto, de los bienhechores de nuestro Instituto. A finales de 1965 tuvo la idea de publicar una revista misionera, "Réveil Missionaire", expresión tomada de los documentos del Vaticano II. Como explicaba, la revista pretendía explicar al Pueblo de Dios que se debe cooperar en las misiones de la Iglesia. En las discusiones al respecto hacía presente que "nuestra gloria consiste en ser misioneros y Misioneros de la Consolata, misioneros en primer lugar y sobre todo". Al final de su mandato en Canadá, el P. Pietro fue destinado al grupo IMC de los Estados Unidos. Antes había sabido del "Direct-mail" que usaban varias congregaciones para recaudar fondos y se entusiasmó hasta el punto de adoptarlo. El mismo se encargó de esta actividad con entusiasmo y éxito. Con este medio supo manifestar nuestro agradecimiento a los bienhechores de las misiones, a quienes consideraba verdaderos colaboradores de la misión evangelizadora de la Iglesia. El P. Pietro estaba orgullosos de su familia, de la que formaban parte tres hermanos misioneros de la Consolata (uno de ellos obispo) y dos hermanas monjas. A los cinco los ofrecieron sus padres al Reino de Dios en la tierra. En 1975 su hermano Aldo fue nombrado obispo de Boa Vista, en Roraima. Las dificultades que éste encontraba en la defensa de los indios contra los latifundistas hicieron sufrir mucho al P. Pietro. Por eso a comienzos de 1990 pasó largos períodos ayudando a su hermanos en Boa Vista. Un esfuerzo nada pequeño, ya que en 1989 había sufrido un infarto y tenía que llevar marcapasos. Sus últimos años en Estados Unidos no fueron fáciles, ya que veía que nuestros objetivos allí no se realizaban como se deseaba. Eso no le impidió trabajar eficazmente en nuestra biblioteca regional hasta los últimos días. Con el paso del tiempo su salud empeoraba y en 1998, al ver la comunidad de Somerset que no podía ayudarle mucho, se decidió que volviera a Italia y se retirara a la Casa de José Allamano de Alpignano. El P. Pietro fue un hombre que vivió totalmente para el Instituto y sus misiones. Era feliz de ser sacerdote y misionero. Dadas sus cualidades, fue siempre solicitado por los superiores para desempeñar actividades de retaguardia y luego cargos de vanguardia. Los superiores confiaban en él porque estaban seguros de que haría bien lo que se le encomendara. De él se puede decir realmente que dio lo mejor que tenía al cumplir los cometidos recibidos, haciéndolo todo con empeño y buena voluntad. P. Aventino Oliveira |
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