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II. La salvación en las demás religiones PDF Imprimir E-mail
Escrito por Consolata.org   
22.02.2006

 Hemos visto que la salvación es una tentativa con la cual el hombre trata de dar solución a los problemas de su existencia. La búsqueda del valor y del significado de la salvación es por tanto central también en las demás religiones, viene a ser como el alma que da vida y sentido a toda religión y define su finalidad. Aunque los ritos y las prácticas (oración, ofrecimiento, sacrificio, iniciación y cualquiera otra liturgia) sean bastante parecidos, las religiones se diferencian unas de otras por su modo de concebir la salvación. Se advierte pues su complejidad y variedad, pero también el peligro de posibles generalizaciones.

 Aun no ignorando este peligro, es sin duda útil tratar de definir en sus aspectos más importantes el modo de concebir la salvación en las principales religiones con las cuales podemos estar en contacto. Al hacerlo debemos distinguir el aspecto filosófico-teológico de las religiones, al que se atiene una minoría de fieles preparados, del aspecto más común de vivirlas e interpretarlas y de sus múltiples representaciones populares, impregnadas de fantasía y amor.

1. La salvación en las religiones tradicionales

 Hecha esta premisa, se puede decir que las religiones tradicionales, presentes en África y en América, aunque con la variedad de sus expresiones, tienden a representar el estado ideal de salvación en la integración perfecta y completa con el cosmos y el grupo social al que se pertenece. Como afirma la Cuarta Conferencia General del Episcopado latinoamericano, la concepción religiosa de los pueblos indígenas "ve en la globalidad de Dios, del hombre y del mundo una unidad en la que confluyen todas las relaciones humanas, espirituales y trascendentes"[1]. Por tanto, en las religiones tradicionales, salvarse significa evitar todo lo que va contra la armonía del cosmos o del grupo y someterse a la ley que regula su buen funcionamiento. También la relación con los espíritus, las almas de los antepasados y el Ser supremo —al que con frecuencia hay que propiciar con ritos de purificación o de expiación por culpas rituales o sociales— se inserta en un complejo de fuerzas constituido por el universo, donde todas las partes dependen unas de otras y están relacionadas íntimamente entre sí. Por tanto, la salvación actúa sobre todo en la vida presente. En cuanto a la vida futura, normalmente considerada posible y por consiguiente admitida, su naturaleza está en dependencia sintonía con el sistema social y cósmico en el que el hombre está insertado.

2. La salvación como "liberación": el hinduismo

 En este horizonte cósmico se mueve también el hinduismo en sus corrientes no teístas, es decir, que no admiten la existencia de una divinidad personal, sino un orden global y permanente que dirige todos los seres y todas las cosas. En este caso, para expresar la salvación debemos recurrir al término "liberación". El mal radical del que hay que liberarse es la ley del karma, que literalmente significa "la acción" incapaz de liberar al hombre del círculo doloroso e incesante de los nacimientos y las muertes. La acción, sobre todo cuando es mala, sólo puede encadenar más y más a la rueda o al ciclo de los nacimientos. El único camino de liberación es el conocimiento de la realidad interior e inefable que hace subsistir todas las cosas, del principio que da hálito y vida a todos los seres. Liberación significa pues huir del ciclo de los nacimientos, desembarazarse de los obstáculos que la naturaleza y el mundo oponen, desprenderse del mal, del sufrimiento, del no-saber, para desaparecer como individuo y entrar en un ámbito que trasciende el espacio y el tiempo.

 En las corrientes de la bhakti hinduista —palabra que quiere decir inclinación y devoción de un fiel a una particular divinidad y a veces a un gurú, considerado una manifestación divina— la salvación-liberación consiste en una relación de amor entre la divinidad, concebida como una realidad-personal, y el alma adorante del fiel. Tal salvación-liberación es participación amorosa, inclinación, devoción, entrega, afecto, fidelidad, adoración, elementos todos por medio de los cuales el fiel obtiene la paz y la unión con su dios, aunque sin fusionarse completamente en él. A pesar de la proliferación en todo el mundo hinduista de otros caminos liberadores, todavía hay hinduistas que siguen pensando que el cumplimiento del deber del propio estado, sin perseguir intereses egoístas, constituye un camino que puede llevarle a la salvación como liberación.

3. Liberarse del "deseo": el budismo

 El budismo no se deja encerrar en las categorías de nuestro modo de pensar occidental, como sucede también con el hinduismo. ¿Es una filosofía o una religión? La distinción, tan natural para nosotros, entre profano y religioso, no lo es para la cultura y las religiones de Asia. También el término salvación encuentra dificultades, pues es un término tomado del vocabulario cristiano, según el cual alcanzar la salvación implica la acción de un salvador. Pero Buda no se presenta como un salvador sino como el Despertado, el Iluminado. Él señala el camino, pero no es el camino. Parece pues oportuno evitar la palabra "salvación". Como en el hinduismo, también aquí es preferible definirlo como un "camino de liberación", que no obstante se traduce muy frecuentemente en los fieles como comportamiento religioso, bajo el que se esconde una necesidad fundamental de salvación.

 La originalidad del mensaje budista consiste en formular un diagnóstico sobre el origen del sufrimiento o del dolor y señalar el camino por medio del cual su causa puede ser eliminada. En el origen del sufrimiento - que debe entenderse no sólo en el sentido ordinario del término, sino especialmente como sufrimiento universal, como vacuidad de todas las realidades del mundo al que pertenecemos - se encuentra el deseo ardiente y apasionado que encadena al hombre a su destino, a la insuficiencia radical de este mundo mudable. Deseo es sed desmedida del placer de los sentidos, de la existencia en continuo cambio, de la inclinación a las cosas, parecidas todas a gotas de rocío de breve duración. El modo radical de huir del dolor consiste por tanto en liberarse del deseo para llegar a liberarse de la vacuidad, del condicionamiento, de la existencia fenoménica, de la apariencia, de la ilusión y por consiguiente de la convicción de que la realidad, y en especial el hombre, tenga consistencia, de que exista verdaderamente.

 La meta definitiva de este camino de liberación es el Nirvana, término que significa "extinción", "cesación", y que como tal indica la extinción absoluta del ansia de vivir que se manifiesta como avidez, ignorancia, ilusión, descarrío. Aunque el Nirvana no es un lugar y se describe con términos negativos no se identifica con la nada, no debe considerarse como totalmente negativo. Si hay un aniquilamiento, no es el del yo, que no existe ni en el plano individual ni en el universal, sino el de la ilusión que da una falsa idea del yo. El estado final del Nirvana es la felicidad total, una situación permanente de paz. Es decir, indica que se ha superado el umbral de lo absoluto, de lo no engendrado, de lo no creado, de lo no condicionado, donde todo deseo cesa y se pone fin a la dolorosa aventura de los nacimientos.

4. La salvación como "acierto" y "éxito": el islam

  El islam se propone ser la religión de todo el hombre y por eso se presenta como una religión en la que es difícil distinguir entre lo temporal y lo espiritual, entre cultura y civilización, entre proyecto religioso y proyecto político. Todo musulmán se considera en primer lugar miembro de la "mejor comunidad que Dios ha creado en la tierra" (Corán 3, 110). Por eso la religión musulmana sigue siendo un asunto social que tiene momentos comunitarios exaltantes. En este cuadro la salvación se configura como "acierto" y "éxito" en la vida presente y en la futura.

 Pero en el interior de todo esto el islam es también una gran aventura personal en la que el creyente, a imitación del Profeta, está invitado a responder a la Palabra de Dios que es el Corán. Lo hace por medio del testimonio de una sumisión confiada a Dios, que se expresa en un credo de lo más sencillo, en un culto muy exigente, en una conducta conforme con la Ley y en una experiencia religiosa interior que por etapas sucesivas puede llevar a un conocimiento superior de Dios y a una aproximación mística.

 Dogma esencial de la fe musulmana es también la escatología, llamada en el Corán el Ultimo Día. El musulmán sabe que la historia terminará un día y que la resurrección, el juicio y la vida última (paraíso e infierno) representan la escatología universal, donde triunfará la omnipotente misericordia de Dios. Finalidad del Ultimo Día es también advertir a los injustos, y más exactamente a los ricos egoístas que oprimen a los pobres, del castigo que les espera después de esta vida.

 Sobre el destino del hombre las opiniones son diversas. Para los antiguos, y con frecuencia también hoy en los ambientes populares, el hombre es un cuerpo animado por un alma que también es corporal, con un cuerpo sutil, que circula en el cuerpo como la savia en las plantas. En el momento de la muerte todo desaparece y vuelve a ser creado por Dios en el Día de la resurrección. Para los teólogos musulmanes posteriores, bajo la influencia del helenismo, el hombre está compuesto de alma y cuerpo. En el momento de la muerte se separan; el cuerpo vuelve al polvo hasta la resurrección, cuando será unido al alma; el alma va directamente a Dios, que la juzga. Y esta es actualmente la convicción más difundida.

 Sea como fuere, sobre este fondo de creencias y mitos el islam quiere asegurar al hombre la felicidad en esta vida y en la otra. Para conseguir el "éxito" aquí y allá se necesita en primer lugar la fe en Dios, grande y misericordioso. No menos necesarias son las obras, sobre todo las basadas en estos pilares: testimonio, oración, limosna, ayuno y peregrinación. La fe musulmana y la cristiana están pues de acuerdo en creer que el mundo, el tiempo y el hombre van al encuentro de Dios. Disienten en cambio sobre la noción de felicidad eterna, que para los musulmanes está constituida por las alegrías sensibles y espirituales del paraíso, descrito con términos semejantes a los de la tradición cristiana; para los cristianos consiste en especial y sobre todo en la unión con Dios.

6. Una presencia que salva: el judaísmo

 En el judaísmo, que de alguna manera es el modelo de las demás religiones monoteístas, la historia humana se desarrolla entre dos polos, la creación al comienzo y la salvación al final. De esta salvación es comienzo y garantía la intervención de Dios en la historia del pueblo hebreo con Abrahán, Moisés y los profetas. La alianza de Dios con este pueblo es la señal de su presencia salvadora en la historia de la humanidad y está en función de ella. El pueblo de Israel consigue la salvación en la medida que es fiel a la ley y se compromete con la justicia. Aunque germina en la historia, la salvación tiene siempre una dimensión esencialmente escatológica, común al cristianismo y al islam.

7. Unidad y multiplicidad de significados

 En las religiones la salvación tiene, por tanto, múltiples significados, lo que pone de relieve tanto su variedad como su unidad fundamental. Todas las religiones consideran la salvación como un camino que hay que recorrer y que tiende hacia la esfera de lo sagrado, o al menos hacia un estado diferente al de este mundo. El hombre emprende este camino porque advierte en sí mismo el sentido de su limitación y precariedad, de las que querría huir, insatisfecho de su estado presente y de sus límites. Los males de los que pretende liberarse son muchos, pero generalmente consisten en un estado de miedo, dolor, culpa y miseria espiritual y material. La raíz de estos males está generalmente fuera de uno mismo, en el cuerpo y en la materia, en las leyes del cosmos y en tiempo cíclico. Las religiones monoteístas tienden a resaltar de manera especial la culpa, la transgresión voluntaria de la ley de Dios, que hace al hombre indigno de estar ante él.

 No menos diversos y diferenciados son los horizontes de salvación y los caminos para llegar a ella. Hay religiones que colocan la salvación en el pasado, en la primera mañana del mundo, en el Edén todavía no contaminado por el desgaste del tiempo y de la historia. Para otras el horizonte de la salvación se proyecta hacia el futuro: es escatológico, individual y colectivo. Sin embargo, es difícil decir en qué consiste. ¿Es pura simbología, como podría parecer en el islam, o es ir más allá del espacio y del tiempo, más allá del orden sensible, como en el budismo y en el hinduismo? En las religiones de fondo monoteísta, como el mazdeísmo iraní, el islam y la bhakti india o budista, la salvación es fundamentalmente una participación en la misma vida divina, mientras que en los sistemas cósmico-místicos actúa abandonando el yo individual para sumergirse en la fuente del ser. El término último de la salvación puede ser un don, una conquista o la combinación de ambos; puede ser considerado universal, es decir, destinado a todos los hombres, o sólo a algunas categorías de personas, a un grupo especial o nación, a sólo iniciados que disponen de secretos especiales, a los hombres del libro, a los monjes, a los ascetas.

 Múltiples son también los caminos de salvación, ninguno de los cuales excluye al otro. Existe, según las corrientes religiosas del hinduismo, el camino de la acción, ritual o ético-social; el camino del conocimiento, que consiste en la percepción intuitiva de la realidad divina y del yo espiritual; el camino de la meditación, en la que el hombre, recogiéndose íntimamente y liberándose de todo lo sensible, se prepara para el éxtasis; finalmente, el camino del amor, de la sumisión y la donación a Dios, fácilmente accesible a todos. Análogos caminos de salvación se encuentran en el budismo hinayanico, mientras que en el mahayanico prevalece la devoción y la invocación confiada. El islam propone como medio de salvación los cinco pilares o deberes fundamentales del buen musulmán. Religiones como el giainismo indio ponen de relieve el primado de lo espiritual o un riguroso ascetismo para gozar de una absoluta libertad interior.

 Existen también figuras de mediadores o auxiliadores de salvación. Así, en el hinduismo tenemos al gurú o maestro espiritual; en el budismo al monje, que tiene la misión de guiar hacia la iluminación. Una papel especial desempeñan los sacerdotes y los especialistas de lo sagrado. Figuras auxiliares en orden a la salvación son los bodhisattva en el budismo mahayanico. En el hinduismo tenemos al avatara, considerado una especie de encarnación de lo divino en una u otra forma creada, como por ejemplo es Krishna, considerado avatara del dios Visnú. Los bodhisattva, como han conseguido ya la salvación, de la iluminación, por la compasión con la que están animados,, retrasan voluntariamente su entrada en el Nirvana para de este modo ayudar a que también los hombres alcancen la iluminación.

 Naturalmente, hay que mencionar también la figura del "salvador", que puede pertenecer al pasado, al presente y al futuro. Son muchas las religiones que miran hacia un salvador futuro, especialmente las fundadas históricamente.

 No deben finalmente infravalorarse los medios de salvación, a los que la gente recurre con mucho gusto: oraciones, sacrificios, ayunos, peregrinaciones, ofrecimientos simbólicos, invocaciones a los santos protectores y mediadores de favores celestiales. Se trata en este caso de un aspecto universal de la religión, por cuyo medio el hombre busca su salvación con los medios que la intuición y la espontaneidad ponen a su disposición.

Pistas de reflexión

 • El itinerario que acabamos de recorrer por las diversas religiones demuestra que existe en todo hombre un anhelo intenso de salvación. ¿Damos los cristianos suficiente importancia a esta dimensión? ¿Subraya tu ministerio apostólico el aspecto de la salvación? ¿Qué elementos se callan algunas veces o no se ponen suficientemente de relieve?

 • Asia está sometiendo al Instituto a una nueva experiencia de contacto con las grandes religiones. ¿Cómo se deberían preparar los misioneros que hacen frente a esta realidad misionera?

 • ¿Consideras que nuestra presencia en Africa y en América ha valorado suficientemente la religión tradicional, como expresión del anhelo de estos pueblos a la salvación? ¿Qué se puede hacer hoy para valorar más las "raíces" religiosas de los pueblos en nuestro ministerio?

 • ¿Me gusta dialogar con los que pertenecen a otras religiones o con quienes no creen en Dios? ¿Qué método uso? ¿Qué aprendo de ellos?



 [1] Santo Domingo, 1992, n. 248.1.