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P. Bafico Maurizio 1926-2001 PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Giuseppe Villa   
22.02.2006

 Nació en Génova en 1926. Sus padres fueron Anselmo y Iolanda Piccardo. Futbolista, montañero y contable, deja el Banco y en 1957 se ordena sacerdote diocesano, pero le intriga la vida misionera. Desde Fegino, donde es párroco, escribe a su vicario general en 1970 la historia de su vocación: "Hacia los 17-18 años nació en mí un vivo deseo de una vida buena y, con este deseo, primero tímidamente y luego con mayor claridad, la vocación al sacerdocio. Pero no me veía, tal como me sentía, con fuerzas para serlo.

 El Señor quiso que encontrara en mi camino, durante el servicio militar, a un anciano estupendo, un padre jesuita que me ayudó a decidirme en poco tiempo. Mientras que por una parte tenía deseos ardientes, la realidad me llevaba a ser prudente, y por eso quería decidirme por la vida religiosa, más defendida y sosegada. Con el consejo del P. Poggi Michele, elegí el seminario. Desde allí podría luego elegir lo que considerara que sería la voluntad de Dios.

 Apenas entré en el seminario, me llamó mucho el deseo de ser misionero y de entrar entre Los Misioneros de la Consolata, de la que soy devoto por diversos motivos".

 En 1959, con el permiso finalmente de su obispo, entra en el Instituto, y en 1963 emite la profesión religiosa. Durante tres años es animador misionero en la casa de Bedizzole y luego parte hacia Colombia.

 Etapas de su apostolado son: Bogotá, San Félix, Tocaima, Manizales y Montañita. Se trata de quince años de trabajo pastoral realizado entre continuos problemas de salud que le obligan a un trabajo auxiliar en la parroquia o en el seminario.

 Su espíritu misionero es ardiente: los largos viajes a caballo o en barca para llegar a las aldeas más lejanas, aunque le agotan físicamente, le animan espiritualmente y le hacen sentir la alegría de la vocación apostólica. En contacto con la miseria de mucha gente siente intensamente la necesidad de evangelizar con el testimonio de la pobreza radical y ser así creíble ante quienes no tienen nada; llega hasta a privarse de sus efectos personales para ayudar a los necesitados. Entiende, sin embargo, en medio de todo esto que la aspiración de su corazón es "el puro y sencillo ofrecimiento de mi voluntad a Dios en sentido espiritual, y nada más". Ve en esto el sacrificio más perfecto que como religioso y apóstol puede ofrecer a Dios, consciente de que eso vale más que todo el activismo que no fuera acompañado de este ofrecimiento espiritual.

 Malaria y hepatitis interrumpen su misión de frontera y en 1983 se ve obligado a volver a Italia, a la casa de Alpignano.

 A pesar de su poca salud, se entrega con celo a la visita de los enfermos de la parroquia, al ministerio de las confesiones y a la celebración de la eucaristía dominical en las parroquias. Su presencia en la comunidad se caracteriza por la humildad, la obediencia y la oración. Tiene una gran devoción a la Virgen María, de la que se confiesa "esclavo encantado" y difunde constantemente su devoción. Su propósito consiste en "hacerlo todo con María, por medio de María, en María y para María; para hacerlo de este modo todo por medio, en y para Jesús".

 Hospitalizado por deficiencia hepática, se le opera, pero tras una hemorragia estomacal, vuelve a la casa del Padre el 17 de enero de 2001.

 El 19 de enero el P. Orazio Anselmi, que le debe su vocación misionera, preside la eucaristía fúnebre. En la homilía recuerda su gran pobreza y su gran generosidad con los pobres. Concelebran el superior regional, el párroco, P. Lucio Abrami, y los sacerdotes del centro misionero de Génova, y asisten hermanos y hermanas de las comunidades cercanas, así como numerosos conocidos y amigos de la parroquia. Su cuerpo es sepultado en el cementerio de Alpignano.

P. Giuseppe Villa

y Redazione del Da Casa Madre