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A LA REGIÓN ARGENTINA PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Piero Trabucco, IMC   
22.02.2006

Roma, 15 de noviembre de 2001

 

 Queridos Misioneros de la Región Argentina:

 

 La visita canónica a vuestra Región tuvo lugar el año del centenario del nacimiento del Instituto. Esta coincidencia se integra armoniosamente y enriquece tanto las reflexiones comunitarias como los momentos celebrativos. En todas partes,  tanto dentro de nuestras comunidades como en las parroquiales, nos hemos detenido sobre los siguientes aspectos:

- Sentimos una necesidad instintiva de volver a recorrer el pasado, de retornar a nuestras propias raíces para encontrar identidad, inspiración y estímulos para nuestro presente.

- Los acontecimientos -como recordaba acertadamente el Beato Allamano- sirven para someter nuestra vida y nuestro trabajo apostólico al vigor de los ideales de la fundación. Hoy se habla de "refundar" nuestros Institutos, pero no para inventar algo nuevo o diferente sino para revivir en el presente el carisma con la fuerza y el dinamismo que hubo en los comienzos y que el Fundador quería de sus primeros discípulos.

- Tanto el jubileo del Instituto como la visita canónica son asimismo un tiempo providencial para mirar hacia adelante. Nos preguntamos, por tanto: ¿Cuál será el futuro del Instituto? ¿Qué puede servirnos para los próximos decenios? ¿Cuáles son los retos de mayor alcance que tenemos ante nosotros? ¿Estamos preparados para responder a ellos? ¿Qué temple deberá tener el Misionero de la Consolata que, inmerso en el convulso tiempo presente, percibe la necesidad de trazar nuevos senderos para el segundo siglo del Instituto?

 

 Estas celebraciones culminaron en la asamblea regional del 3 de octubre, que concluyó con la solemne celebración eucarística presidida por el Nuncio Apostólico y contó con la participación de cinco obispos y de numerosos sacerdotes, religiosos, laicos misioneros y amigos. Indudablemente, nos conmovieron tantos signos de afecto con nosotros y la estima por la obra misionera de los Misioneros y las Misioneras de la Consolata que han trabajado los últimos 50 años en Argentina.

 Una consecuencia nada secundaria de estos momentos celebrativos deberá ser para nosotros buscar motivaciones nuevas para presentar a las comunidades cristianas el Instituto, el Fundador, el carisma, espiritualidad y la vocación IMC, convencidos de que al hacer esto no traicionamos a la Iglesia local, sino que la enriquecemos con un don del Espíritu. Por lo demás, ¡qué gran necesidad tiene la Iglesia de hoy de laicos que sepan encarnar el espíritu del Beato Allamano, el celo apostólico que le distinguió, su visión amplia y ecuménica sobre todo el mundo!

 Al terminar estas palabras de introducción, no quisiéramos olvidarnos de expresar nuestro agradecimiento sincero a todos los que nos han facilitado nuestra visita de muchos modos. En primer lugar a todos vosotros, queridos hermanos, por habernos querido informar detalladamente sobre vuestra vida y vuestro servicio apostólico. A quienes han querido compartir con nosotros el camino espiritual y su vida interior, queremos decirles: ¡Nos habéis edificado! Al superior regional, P. Roberto Lorenzatti, por habernos acompañado a lo largo de un viaje de 7.000 km, permitiéndonos así visitar todas las comunidades, y por haber sido prodigio de respuestas ante tantos interrogantes. Un gracias especial al Consejo Regional por haber programado dos encuentros con nosotros (al comienzo y al final de la visita); a ellos les incumbe ahora la responsabilidad de encontrar los modos más eficaces de hacer operativos los objetivos y las orientaciones que la Visita ha señalado.

 

 

1. Seis años de intenso trabajo

 

 La última visita canónica, que tuvo lugar en 1995, exhortaba a la Región Argentina a emprender un doble y decidido camino hacia la recalificación de las presencias misioneras y a una renovación del personal. El Capítulo General de 1999, centrado totalmente en la búsqueda del ad gentes para el Instituto, señalaba objetivos precisos e invitaba a tomar decisiones con valentía y previsora clarividencia.

 El primer impacto con la Región nos hizo ver en seguida que la invitación de la última visita canónica y las indicaciones del Décimo Capítulo General [XCG] no fueron en vano. Veamos en los siguientes campos las verificaciones más significativas:

- acogida y acompañamiento formativo del noviciado continental, llevado a cabo con generosidad y empeño, incluso siendo escaso el personal;

- empeño en el largo y a veces angustioso discernimiento con vistas a la recalificación de nuestras presencias en este país;

- realización de la reestructuración en la fidelidad a las líneas trazadas por el Instituto y en consonancia con la sensibilidad de la comunidad regional;

- acogida cordial del nuevo personal en la Región, especialmente de los hermanos africanos, y ayuda a ellos ofrecida en favor de una eficaz inserción en la vida regional;

- esfuerzo para constituir comunidades numéricamente significativas, con al menos tres hermanos;

- valentía para afrontar el problema vocacional, especialmente con la constitución de un equipo insertado en una parroquia destinada a este fin;

- el problema de nuestros dos colegios, que desde hacía mucho tiempo se debatían entre dudas y esperanzas, ha sido abordado con vistas a un solución definitiva;

- la administración de los bienes para la subsistencia de la Región, gracias al interés de todos y a la especial abnegación de algunas personas, ha sido solucionado de forma que parece satisfactoria.

 

 

2. Reestructuración de la Región

 

 La reestructuración se ha hecho especialmente en los dos últimos años, pero su gestación ha sido larga y laboriosa. La misma historia IMC en Argentina es reveladora a este respecto. Los primeros años de nuestra presencia en este país, en efecto, vieron un constante y continuo movimiento del personal en busca de campos de trabajo que pudieran responder al carisma del Instituto y al deseo de entrega misionera de su personal. Así, después de mucho tiempo, se llegó a la inserción en algunas diócesis que ha durado casi 50 años ininterrumpidos.

 El deseo y las llamadas a una revisión global de nuestras presencias han comenzado a dejarse sentir insistentemente a partir de los primeros años 90. Se hacían hipótesis, se estudiaban líneas y orientaciones. Finalmente, el impulso del XCG fue decisivo para ponerla en marcha. Y ahora toda la Región está comprometida en dos polos de presencia:

- En el área de Buenos Aires: se cuenta con 5 presencias IMC -de formación, de AMV, de pastoral y de servicios regionales o a la Iglesia local. Digna de mención es la reciente aceptación de la parroquia de la Consolata que se ha querido expresamente con vistas a una relación fructífera entre el Centro de Animación Misionera y el trabajo pastoral.

- En el Norte del país se va perfilando el segundo polo: la reciente apertura en Jujuy se verá pronto acompañada por otra presencia en la diócesis de Orán, tras la entrega de la parroquia de Machagai a la diócesis de Saenz de la Peña. Estimo que en un futuro no lejano también la parroquia de Pirané, donde trabajamos desde hace 50 años, podrá ser confiada al clero diocesano. Esto permitiría fortalecer las presencias del norte con una nueva comunidad, que tendrá que estar no muy alejada de las ya existentes.

 

 La aceptación de la parroquia de N. S. de la Misericordia, en la zona más pobre de Mendoza, ha permitido continuar de manera significativa nuestro servicio misionero en esta ciudad. No obstante, su lejanía de todos los demás centros de la Región permite pensar que después de un conveniente período de trabajo para poner en marcha esa comunidad parroquial, el personal podrá ser retirado para reforzar los otros dos polos existentes. A no ser que la Región piense en constituir en esta diócesis un segundo centro de AMV.

 Durante la visita se habló también de la posibilidad de dividir la comunidad de Paso del Rey en dos, aunque continuando con una sola parroquia. Esta hipótesis, de naturaleza temporal, ha sido sugerida sólo en la eventualidad de una momentánea abundancia de personal y para dar los primeros pasos con vistas a la formación de la futura parroquia. Cualquier iniciativa en este sentido deberá contar con el permiso del obispo, especialmente en lo concerniente al tiempo de nuestro retiro de la actual parroquia de Pompeya.

 En este punto considero útil recordar los criterios que guiaron la primera fase de la reestructuración y que podrán todavía dirigir la futura:

- No se cierra una parroquia para sencillamente abrir otra, sino que todo cambio debe favorecer una verdadera recalificación de nuestra acción pastoral y misionera.

- Toda presencia IMC debe caracterizarse como centro de irradiación misionera y vocacional, evitando delegar toda actividad en este campo solamente al CAM de la parroquia de la Consolata en Buenos Aires;

- La elección de nuevas presencias, especialmente en el norte, asegura también una proximidad mayor de las comunidades para favorecer encuentros del personal misionero, actividades de formación permanente y ayuda mutua;

- En el discernimiento de los lugares y del tipo de trabajo, nos atenemos a los criterios del XCG y de la VII Conferencia Regional. El ideal de la misión no debe nunca separarse de las actuales posibilidades reales de personal que asegura luego la continuidad de la presencia.

- Toda fase de discernimiento implica siempre a la comunidad regional, aunque la decisión última corresponderá a la Dirección Regional, con la aprobación de la Dirección General.

 

 

3. "El bien más grande es el personal misionero"

 

 El cuidado del personal misionero (cfr. VII Conf. Reg., p. 4) constituye la primera preocupación del Superior Regional y de su Consejo, ya que las realizaciones misioneras de una circunscripción tienen éxito de acuerdo con la cualificación de los misioneros mismos. Pero ésta sería ineficaz si no encontrara una cálida acogida y un compromiso efectivo de renovación por parte de cada uno de los misioneros. Los han puesto claramente de relieve los últimos Capítulos Generales: las variadas iniciativas de formación permanente que continuamente se ofrecen deben ir acompañadas con el interés y el compromiso de los individuos. De ahí nuestra fraternal invitación, que quiere ser un eco de la continua preocupación del Padre Fundador: interesémonos vivamente por nuestra formación, sin escatimar al respecto tiempo y esmero, convencidos firmemente de que sólo el trabajo misionero no basta, de que éste debe ir acompañado con nuestro testimonio de vida. Me permito, por tanto, recordar algunos aspectos que tienen que ver con la formación permanente y que emergieron en el curso de la visita a las comunidades y en los diálogos personales:

- La oración: celebro que todas las comunidades hayan conseguido encontrar al menos dos momentos de oración cotidiana. Que no se convierta, sin embargo, en rutinaria, sino que mantenga siempre el valor de las cosas que cuentan. La comunidad que reza unida encontrará los modos y las formas para mantenerse unida y dar testimonio de la comunión fraterna. La oración comunitaria exige y presupone la personal, la reflexión sobre la Palabra de Dios, la debida atención a la centralidad de la Eucaristía. Así será más fácil que seamos nosotros mismos maestros de oración (cfr. Novo millennio ineunte, NMI) en la formación de los jóvenes, en la animación misionera y en la pastoral ordinaria.

- Repito una sugerencia ya hecha en la pasada visita canónica, aunque aparentemente no haya tenido eficacia: reservaos un día a la semana. Destinadlo al cuidado de vosotros mismos y de la comunidad con el descanso, con el encuentro comunitario y la oración más prolongada. No sintáis escrúpulo al reservaros un día a la semana de vuestras tareas normales; sentiréis bien pronto que los otros seis días serán más eficaces.

- Reafirmo el valor de los dos momentos fuertes de formación permanente decididos por la Región: el primero para los ejercicios espirituales y un tiempo formativo, y el segundo, más breve, en ámbito zonal. Aplaudo la opción del Consejo Regional de que el primero llegue a diez días. El segundo, a causa de las distancias, tendrá lugar en las dos zonas (norte y sur); debe prepararse bien, ser lo suficientemente largo como para permitir el desarrollo de un programa eficaz y cada zona debe contar con un coordinador responsable que garantice su continuidad.

- Retiros mensuales: Se organizan con regularidad en Buenos Aires, a turnos, por las diversas comunidades. Continuad con esta iniciativa y no dejéis que decaiga. Las comunidades más dispersas deberán dar con otros modos y formas de hacerlos: o entre dos comunidades más próximas o con el clero diocesano.

- Hemos notado que los encuentros semanales de la comunidad encuentran todavía oposición. Para evitarlos no basta con la excusa de los diálogos en la mesa, o que se sea pocos de comunidad. Debemos darles un ritmo semanal si queremos que tengan resultado y eficacia. Es un momento privilegiado de diálogo y confrontación para profundizar en los temas sugeridos por el Instituto, para preparar nuestra actividad y revisarla periódicamente.

- La Región Argentina cuenta al presente con un número estimable de misioneros jóvenes. Ya se ha puesto en marcha para ellos un programa formativo, que deberá ser posteriormente mejorado y reforzado y deberá coordinarse y dirigirse por el propio Superior Regional. Nos lo piden nuestros documentos y la necesidad misma de nuestros jóvenes para una mejor integración en la Región y para tener respuestas puntuales a sus exigencias y su formación.

 

 

4. Actividad pastoral y animación misionera

 

 Sobre la primera no nos hemos entretenido mucho, aunque siempre hemos escuchado con atención la información sobre vuestro trabajo y vuestras iniciativas de evangelización. La responsabilidad de dar orientaciones concretas es del obispo diocesano y no del superior religioso. A pesar de ello, quiero puntualizar algunos aspectos que nos interpelan directamente como Misioneros de la Consolata y que no podemos dejar de lado.

 Tal vez hemos delegado con demasiada facilidad en otros el compromiso de formación en campo pastoral y cualquier reflexión que se refiera a la evangelización. Al principio no era así: las Conferencias de Murang'a enseñan cuál debería ser nuestro empeño de reflexión en este campo y la aportación específica que debemos ofrecer como Misioneros de la Consolata. El Beato Allamano quería que nuestra pastoral fuera "iluminada". ¿Cuáles son los criterios y las opciones alternativas que pondremos en marcha para conseguir que se realice nuestro trabajo apostólico?

 El reciente desarrollo de la teología de los carismas nos advierte además de que no podemos ya delegar. Valorar el carisma misionero en el trabajo pastoral es un deber específico nuestro y una responsabilidad. Por este motivo se siente en nuestro Instituto la necesidad de reflexionar, y no sólo en el ámbito regional, sobre la aportación específica que debemos dar nosotros a la evangelización. En el momento de abandonar una parroquia o una obra no debe existir ninguna duda de que debemos ofrecer en herencia a las diócesis comunidades que sean misioneras, dinámicas, marianas, atentas a los pobres y los que sufren y con un claro timbre espiritual.

 Otra sugerencia que queremos dejaros es el deseo de que pongáis en marcha una reflexión, en ámbito regional, sobre la pastoral de las parroquias y sobre las líneas y orientaciones que la guían, para llegar a tener un proyecto pastoral con criterios comunes. Desgraciadamente, con mucha facilidad se repiten situaciones de cambio de personal, con el consiguiente cambio de estilo y de método pastoral que produce desconcierto en los fieles. Lo dicho para las comunidades parroquiales vale, con mayor razón, para la pastoral juvenil que se está realizando en nuestros colegios.

 Sobre la animación misionera quiero simplemente confirmar y reforzar el compromiso de la Región en el camino emprendido, es decir, el de fortalecimiento de la AMV. Argentina es, en efecto, uno de los países de América que cuenta con el mayor aumento de sacerdotes. Este dato puede sugerir que el futuro IMC en este país estará cada vez menos dirigido a apoyar a las Iglesias que carecen de clero y más orientado a favorecer una animación misionera de toda la Iglesia.

 La constitución de un equipo de AMV en el corazón de la Capital Federal e insertada en la realidad de la parroquia de la Consolata nos ha parecido un proyecto válido y digno de ser experimentado, pues ha sido sugerida justamente con la intención de relanzar con resolución la animación misionera y vocacional en la Región. Algunos han manifestado cierta perplejidad dictada por la eventualidad de que los Misioneros privilegien poco a poco el trabajo pastoral parroquial en detrimento de la AMV. Este peligro podrá evitarse si prevalece siempre el espíritu de equipo sobre el individual, si los objetivos son claros y aceptados por todos, si no se prescinde de las periódicas planificaciones comunitarias y de las revisiones del trabajo. Queda luego por especificar más y más el camino futuro que deberá armonizar el compromiso en la realidad local con una apertura y a poyo a toda la región.

 ¿Por qué no soñar una futura segunda comunidad con las mismas características? Otras congregaciones misioneras están llegando a Argentina y se están orientando claramente en la línea del AMV. Y nosotros, que desde hace 50 años estamos presentes en este país, ¿correremos el riesgo de perder el tren en la tarea de dar una respuesta misionera a las necesidades de esta Iglesia? La acentuación de la función del nuevo centro de animación misionera no debe, a pesar de todo, hacernos olvidar lo que muchas veces ha sido puesto de relieve en el pasado, es decir, que la AMV compete a todos y todos somos responsables de la misma en la realidad específica donde nos encontremos. Téngase en cuenta además la formación de comunidades que sean verdaderos "centros de AMV", donde junto con los misioneros encuentren colaboración laicos y religiosos sensibles a la temática misionera y vocacional. Del mismo modo, cada una de nuestras comunidades debe favorecer en todas las formas posibles el crecimiemnto y el desarrollo de los grupos vocacionales y de los misioneros.

 Señalo para terminar el valor significativo que tienen para la AMV regional el servicio del P. Jairo Calderón como director nacional de las Obras Pontificias Misioneras y la función de la revista Misiones Consolata. Realizan un servicio cualificado en la Iglesia argentina, que debe ser continuado, apoyado y compartido por todos los Misioneros de la Región.

 

 

5. Las vocaciones: promoción y formación

 

 Los jóvenes de este país -numerosos, despiertos y exuberantes- son sin duda la realidad más preciosa que el Señor ha confiado a nuestros desvelos pastorales. Son el futuro de la sociedad y de la Iglesia y tendremos que rendir cuentas a Dios si no sabemos cuidarles con amor y comprometerles en la construcción del Reino.

 Al final de la visita, nos parece que debemos poner de relieve con renovada convicción que la pastoral juvenil debe ser una de las prioridades de la Región Argentina, que todo misionero y toda comunidad debe asumir con empeño y decisión, hoy más que nunca. Los jóvenes interrogan y cuestionan, cultivan ideales y sueñan en grande, pero al mismo tiempo necesitan ser escuchados y acogidos. No debemos desilusionarles con nuestra ausencia o con nuestro poco interés.

 A veces surge la duda en algunos misioneros sobre la propia idoneidad para desempeñar este servicio pastoral debido a la edad, nada juvenil. Considero que esto es un error. Mientras que la forma de acercamiento puede cambiar entre el misionero joven y el ya mayor, siempre será verdad que donde haya voluntad de escuchar y de acoger personas, donde haya Misioneros dispuestos a hablar de Dios y del Evangelio, siempre que estamos disponibles para las personas y para compartir con ellas los ideales de nuestra vocación, habrá pastoral vocacional y pastoral juvenil.

 Hemos encontrado en vuestras parroquias múltiples grupos juveniles, vocacionales, misioneros. Su formación no debe ser delegada en otros, pues son justamente los jóvenes, juntamente con los enfermos, las personas que más necesitan nuestra presencia. Al tiempo que doy las gracias a los hermanos que con mayor disponibilidad se ponen al servicio de la pastoral juvenil, como aminadores y como formadores, haciendo un servicio impagable al Instituto y a la Iglesia, quiero exhortar a todos, jóvenes y menos jóvenes, a acoger este específico servicio pastoral en el caso de que se les llame a él.

 La Región Argentina ofrece un precioso servicio a todo el Continente americano al acoger el noviciado continental. Al tiempo que se pretende, juntamente con los Regionales del Continente, hacer que sea más consistente e internacional el equipo formativo, proponemos que esta comunidad se convierta en un punto privilegiado de convergencia de los misioneros de la Región tal como lo es la Casa Regional. He aquí nuestra fraterna invitación: pasad periódicamente a visitar a estos jóvenes nuestros, hacedles ver lo mucho que los queréis, que son ellos la parte más preciosa de la comunidad regional. Necesitan sentirse parte de una familia y no sólo parte de una comunidad específica; esta proximidad vuestra los forma del mismo modo que las catequesis y las reflexiones que cotidianamente reciben.

 Lo dicho sobre el noviciado vale también para la comunidad de los estudiantes de filosofía en lo concerniente a la consistencia numérica del equipo, a vuestra proximidad fraterna y al interés de todos en su formación.

 

 

6. El laicado misionero IMC

 

 En línea con las indicaciones capitulares, la VII Conferencia de la Región ha prestado atención a esta realidad que está naciendo y tomando forma concreta en todo el Instituto. Es todavía joven, en marcha, con contornos no siempre bien definidos, por lo que los interrogantes sobre su fisonomía concreta no faltan. Lo habéis comprobado recientemente hasta el punto de decidir que debías aplazar esta cuestión de los laicos misioneros IMC. Además, el hecho de trabajar en nuevas comunidades parroquiales os ha aconsejado una transitoria suspensión del proyecto para dar precedencia a la formación de las comunidades cristianas locales.

 La visita a vuestras comunidades, que nos ha permitido ver un laicado vivo y en marcha en diversos contextos, nos sugiere que debéis volver a tomar en consideración con valentía el tema del laicado misionero IMC. Juegan en su favor diversos motivos que paso a reseñar:

- El laicado misionero IMC quiere ser la propuesta que el Instituto ofrece a los laicos que, en estrecha colaboración con los Misioneros de la Consolata, desean dar un paso posterior en su entrega por la causa del Reino. No podemos desilusionar a los que en este momento están deseosos de un compromiso más exigente en la misión de la Iglesia.

- La Región Argentina realizó en un pasado no lejano experiencias válidas de colaboración con los laicos, tanto a nivel parroquial como entre los grupos juveniles misioneros (cfr. Jumico). El camino actual hacia la constitución del laicado misionero no aparece por tanto como la inserción de un cuerpo extraño dentro de la experiencia misionera de la Región.

- Compartir con los laicos la espiritualidad y el dinamismo misionero de Allamano es el objetivo último que se propone la constitución del laicado misionero IMC. El trayecto de itinerario puede pues asumir diversos ritmos y variar de una región a otra. Proponemos por eso que se haga con un ritmo que refleje la experiencia pasada de la Región y la situación concreta actual.

- Con la coordinación de la Dirección General en comunión con los representantes de las diversas circunscripciones, se está afrontando el estudio del nuevo estatuto del laicado mesonero IMC. Sugerimos que os incorporéis a él para aportar la riqueza de las experiencias pasadas y tratando de conseguir, a la par con las demás circunscripciones, las clarificaciones que puedan dilucidar algunas de vuestras dudas y dificultades.

 

 

7. Una presencia de consolación en el país

 

 Todo lo que los obispos de Argentina han escrito sobre la situación del país a lo largo de las periódicas reuniones y asambleas, es una puntual, valiente y firme denuncia de los males que afligen a este gran país. Cito, como ejemplo, algunas de sus expresiones:

 "Son muchos los que se preguntan en Argentina: ¿Qué está sucediendo? También nosotros hacemos esta reflexión y nos preguntamos: ¿Cuáles son las causas de esta impresión generalizada de abatimiento y desilusión? Indudablemente estamos pasando por un tiempo muy crítico" (11-11-2000).

 "Unos de un modo y otros de otro, todos están informados de las consecuencias de la crisis: exclusión social y mayores diferencias entre ricos y pobres, inseguridad, corrupción, violencia familiar y social, carencias serias en la educación y en la salud pública, aspectos negativos de la globalización y tiranía de los mercados. [...] Pero esta crisis no consiste sólo en estadísticas. Es sobre todo un problema humano" (ibid.).

 "La acción política, que es uno de los servicios más nobles para al hombre y la sociedad, se esteriliza a causa de la búsqueda afanosa, personal y sectorial, del poder y la riqueza y se está pervirtiendo cuando los grupos económicos y financieros la convierten en instrumento para sus propios intereses" (12-5-2001).

 "Por su duración e intensidad, la crisis de la escala de valores que nuestros gobernantes sufren y su resonancia en las instituciones están poniendo en peligro la identidad misma y la integridad de la nación" (ibid.).

 Ante esta crisis generalizada, los obispos no se dan por vencidos y apelan a todas las fuerzas vivas del país para construir todos juntos un futuro mejor para todos: "Todos, absolutamente todos, cada cual en la misión que Dios le haya dado en la vida, están llamados hoy a sintonizar con las circunstancias presentes" (11-11-2000). Se hace una invitación especial a los pastores para que multipliquen sus esfuerzos con el fin de recomponer el tejido social del país, basado en los valores tradicionales cristianos de la justicia, la solidaridad, la fidelidad a la palabra dada y la magnanimidad.

 Como Misioneros de la Consolata, nos sentimos interpelados de manera especial en razón del carisma de la consolación que está ligado a nuestra vocación misionera. Siguiendo la orientación de los obispos y de nuestros documentos, repaso algunas opciones operativas que deben estar especialmente presentes en nuestra acción pastoral, en la animación misionera y en la formación:

- En nuestras palabras y en nuestras actitudes no debemos ser propagadores de desconfianza y pesimismo, sino signos de esperanza y optimismo.

- Enseñemos la doctrina social de la Iglesia, presentemos a los fieles los mensajes pastorales de los obispos, formemos al pueblo en los valores que se encuentran en la base de todo desarrollo correcto y justo.

- Comprometámonos en usar el Manual de Justicia y Paz en nuestras catequesis y especialmente en la formación de los jóvenes.

- Favorezcamos la consolidación de la Comisión Regional de Justicia y Paz en favor de un crecimiento de los individuos y de las comunidades en la atención y la sensibilidad hacia esta realidad. Cooperemos asimismo en difundirla en las comunidades cristianas y en las Iglesias locales.

- Ante la limitación económica generalizada, evitemos escrupulosamente los derroches y el uso irreflexivo del dinero que la Providencia pone en nuestras manos.

- Tratemos de estar próximos a los pobres y a quienes más sufren las consecuencias de esta crisis. Apoyemos todas las iniciativas de solidaridad y la acción de Cáritas en nuestras comunidades cristianas, favoreciendo así el crecimiento de la solidaridad en el pueblo de Dios.

- No olvidemos que la oración convierte y cambia los corazones más que ninguna otra estrategia pastoral. Oremos y hagamos orar por el país y utilicemos la oración sugerida por los obispos.

 

 

8. Administración de los bienes para la misión

 

 La reciente vista del Administrador General a la Región y la lectura de la relación hecha por el Administrador Regional nos han permitido comprobar una situación de relativa serenidad en este sector. El logro de ese objetivo tiene sin embargo raíces lejanas y es el resultado del compromiso no sólo de los que han desempeñado y siguen desempeñando un trabajo administrativo, sino del esfuerzo de todos los miembros de la Región para llevar adelante con conciencia y empeño una correcta administración, para evitar gastos inútiles y buscar fondos para las obras misioneras. Pero está también muy difundida en la Región la sensación de que la crítica situación financiera en la que vive el país podría tener pronto consecuencias deletéreas en nuestra situación económica.

 Hagamos nuestras algunas observaciones que hemos podido sacar de las lecturas de la relación económica y que pueden resultar útiles para un uso cada vez más correcto de los bienes para la misión:

- Debe haber un empeño en crecer en el sentido de la responsabilidad y en el espíritu de la comunicación de bienes. Las metas conseguidas hasta ahora indican que ha crecido en la Región la confianza mutua, un mayor interés para los compromisos regionales y que está disminuyendo el individualismo en el uso del dinero y en la petición de las ayudas económicas.

- Debe haber un inventario de todos los bienes que pertenecen a una parroquia o a la casa IMC. Tales bienes no son propiedad de misioneros individuales sino que han de ser administrados en nombre de la Región o de la diócesis. En las parroquias debe hacerse un esfuerzo para corresponsabilizar a los fieles en la manutención de la misma y en el sustento del personal que trabaja en ella.

- El conocimiento de la situación económica de la Región será sin duda un factor de crecimiento en este espíritu. Por eso, al menos una vez al año el Administrador Regional ofrecerá a todos un informe de la situación económica de la Región. Es oportuno que para los gastos más consistentes se consulte a la comunidad regional.

- En sintonía con la situación crítica del país, cada misionero administrará los bienes que la Providencia le da para la misión escrupulosamente y con el mayor esmero.

- Quien tenga un cometido de administración deberá contar con la posibilidad de una preparación adecuada. Búsquense los modos más convenientes de coseguirla.

- Es deseable que el Administrador Regional pueda visitar periódicamente las comunidades locales para ayudar a los hermanos en el campo administrativo y para mantener una contabilidad correcta.

- Es oportuno, y no sólo por motivos económicos, que cada parroquia favorezca una colecta de limosnas cada año para nuestras casas de formación.

 

 

Conclusión

 

 Terminamos esta carta el día en el que nuestro Instituto recuerda a los hermanos fallecidos. Es hermoso sentirse en comunión con quienes nos han precedido en la paz del Señor. Pero también es útil hacer memoria de estos hermanos nuestros mayores que, en las diversas Regiones del Instituto, han escrito con su vida páginas muy hermosas de historia misionera. Argentina tiene en este campo tesoros preciosos que conservar y perpetuar en favor especialmente de las nuevas generaciones. Mantengamos la comunión con ellos y pidamos su intercesión.

 Deseamos finalmente hacernos portavoces de un triple recuerdo de congratulación vuestro que se expresó públicamente en el curso de la asamblea final de la visita:

- a los hermanos argentinos que en diversas Regiones del Instituto desarrollan su misión con empeño y entrega;

- a los hermanos ancianos que, aunque no ya directamente en el campo de trabajo, no cesan de contribuir al bien de la Región con su oración incesante;

- a las Regiones de África que han ofrecido a Argentina algunos jóvenes y entusiastas misioneros.

 

 Que nuestra Madre Consolata y el Beato Allamano os bendigan y os acompañen en vuestra misión.

 

 Fraternalmente

 

  P. Piero Trabucco, IMC

Superior General

P. Aquiléo Fiorentini, IMC

Consejero continental