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| ENCUENTRO ADMINISTRADORES REGIONALES IMC |
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| Escrito por P. Marco Marini | |
| 22.02.2006 | |
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(Roma, 15-20 octubre del 2001) Mensaje final Al final del encuentro de los Administradores regionales IMC, que tuvo lugar en Roma del 15 al 20 de octubre de 2001, y durante el que fue examinada la diversa problemática relativa a la economía del Instituto, sentimos la necesidad de hacer llegar a los hermanos un mensaje. En este tiempo hemos tomado mayor conciencia de que, como administradores, nuestra tarea no es sólo técnica-administrativa, sino que debemos también mantener vivo en el Instituto, en el que conviven seguramente mentalidades y sensibilidades diversas respecto al uso de los bienes, el espíritu que surgió del corazón de Allamano y que él transmitió a sus misioneros. A la luz de nuestra experiencia podemos afirmar que la Providencia nos ha ayudado y sigue ayudándonos en nuestro trabajo misionero y apostólico. Con sentimiento de agradecimiento a la Divina Providencia, podemos afirmar que la mayor parte de nuestros hermanos vive su vocación misionera con auténtico espíritu de pobreza y sabe hacer fructificar cuanto de ella recibe. Además de destacar este elemento positivo, consideramos que es también un deber nuestro señalar a los Superiores Mayores algunas actitudes de signo opuesto que pensamos deben ser corregidas. Es necesario, en efecto, que ciertas realidades de orden económico sean objeto de atenta verificación para evitar que crezcan presentes o futuras incorrecciones o abusos.
Consideramos oportuno hacer presentes los siguientes aspectos, emergidos de nuestro discernimiento: 1. En el período de formación de base debemos estar atentos para ayudar a nuestros jóvenes a aprender el espíritu de pobreza religiosa y la praxis correcta en el uso de los bienes, de acuerdo con los compromisos por ellos asumidos con la consagración y de acuerdo con las Constituciones. 2. Exhórtese a los misioneros de votos perpetuos o temporales a la transparencia al presentar sus informes mensuales del uso del dinero, comprendido el peculio personal (pocket money / argent de poche). Estos informes deben ir posiblemente acompañados con los justificantes de los gastos. Este ruego no debe parecer una falta de confianza; sólo la motiva el hecho de ser una forma ordinaria y correcta de presentar los informes. Además, es algo que forma parte de nuestro voto de pobreza y educa al uso responsable de los bienes. 3. Percibimos que se ha generado en algunos ambientes la mentalidad de considerar el peculio personal (pocket money / argent de poche) como un salario que debe ser dado al misionero en fechas fijas. Queremos insistir a este respecto en las normas dadas por la Dirección General y publicadas en el Boletín 69, pp. 39-40. Esas normas no son sólo para los seminarios; lo son también para las circunscripciones donde vige esa praxis. 4. Queremos recordar que los salarios y las pensiones de jubilación son bienes que pertenecen al Instituto y no a la persona del misionero. Deben pues ser usados con el espíritu de la comunión de los bienes y a norma de las Constituciones. En el caso de que existieran necesidades particulares, las tomará en consideración una a una el Superior responsable, sin crear con ello una praxis común. 5. Santas misas. Se nota que el informe de las misas, celebradas o por celebrar, llega a las administraciones regionales de una forma no siempre cuidada y puntual. Debe hacerse un trabajo de sensibilización en relación con las ofertas de las misas, pues se trata de una fuente importante para el mantenimiento de los miembros del Instituto y de una responsabilidad en relación con los bienhechores. 6. Caja común. Se siente la necesidad de uniformar más la praxis de la caja común en el Instituto. Existe todavía mucha diversidad, lo que puede generar confusión en las personas e imprecisión en la contabilidad. 7. Sugerimos a la Dirección General que estudie la posibilidad de traducir el libro "Poveri per arrichire gli altri", por lo menos a la lengua inglesa. Para concluir, queremos una vez más recordar la enseñanza del Fundador en relación con el espíritu de pobreza. Decía él con energía: "Es verdad que de la observancia de esta virtud y voto de pobreza depende el futuro de toda nuestra comunidad, y que cuando se va cediendo en esto, todo el espíritu decae. [...] Yo estoy seguro de que si nuestra comunidad, nuestro Instituto, se atiene a estas normas, progresará siempre. Pero pobres de nosotros si llega el día en que estas reglas dejan de observarse" (Poveri per arrichire gli altri, p. 64). Agradecidos por habernos escuchado, os saludamos a todos en la Consolata. P. Marco Marini (Adm. Gen.) y los Administradores Regionales IMC |
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