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Fueron sus padres Giovanni Battista y Margherita Pautasso y nació el 26 de febrero de 1925 en Carignano (Turín). Ingresó en el Instituto en 1942, en plena guerra mundial, proveniente del seminario de Giaveno, donde había hecho quinto curso de bachiller. Escribiendo desde Carigano al Rector el 20-7-1942 para ser acogido en el Instituto, asegura que su mayor preocupación es "salvar un alma, hacer a alguien eternamente feliz..., atraer a muchas almas que todavía viven en las tinieblas y en el paganismo... y conquistarlas para Jesús". En 1946 se consagra al Señor con la profesión religiosa y en 1950 es ordenado sacerdote por monseñor Luigi Santa. Durante un año es capellán en la ciudad de Turín y seguidamente es destinado a Canadá, donde trabaja seis años como vicario parroquial en Mabitoba y Montreal. En 1956 se le destina a Colombia, donde alterna su actividad en la pastoral, en Caquetá, y en nuestros seminarios de Bogotá, Manizales y Medellín como profesor y director espiritual. En Caquetá trabaja como vicario parroquial en Florencia y Albania y especialmente como párroco de Montañita, primero de 1965 a 1973 y luego de 1978 a 1985. Durante algún tiempo es también supervisor de la educación cuando estaba dirigida por la Iglesia. Desde Caquetá envía de vez en cuando noticias al Superior General, siempre en tono positivo, manifestándose contento con su trabajo y alimentando grandes esperanzas para el futuro del Vicariato. Hay dificultades, pero "sirven para templarnos más y amar al Señor sinceramente. Ha venido a visitarme la hermana malaria, por más desagradable que sea su presencia. Dos veces he estado en las últimas (una parálisis facial y en las manos) y he visto que todo es paja y nada más que paja, que lo que queda es la eternidad. Es preciso haber pasado por algo para creer. Valen más estas pruebas que cualquier curso de ejercicios" (carta al P. Domenico Farina, superior general, el 9-3-1960). Por motivos de salud, en 1985 se le traslada a Bogotá, donde ofrece su colaboración alternativamente en las parroquias de la Consolata y de los Doce Apóstoles. Cuando esta última es entregada a la archidiócesis, el P. Bartolomeo pasa al seminario teológico como confesor. El 2 de octubre de 1996 cumplía cincuenta años de profesión religiosa y escribía al P. Piero Trabucco, superior general: "... parece un sueño. He hecho un retiro de ocho días en Manizales meditando sobre los beneficios y gracias abundantes que Dios me ha dado a pesar de mi falta de correspondencia. El Señor debe de haber querido cerrar los ojos a mis defectos y me ha dado un gran impulso para que llegara al 2 de octubre: me ha curado de la vista y de otros achaques... Gracias sean dadas a nuestra Madre Consolata y al Beato José Allamano que me han asistido siempre". Hacía algunos días que no se sentía bien y, pensando que se trataba de problemas de bronquios, trataba de curarse con sus recetas personales a base de hierbas y frutas, como hacía habitualmente. El sábado 12 de mayo fue hospitalizado urgentemente en el hospital San Ignacio de Bogotá y sus condiciones de salud se fueron agravando. Se trataba de problemas cardíacos de los que nunca se había dado cuenta. Aquella noche tuvo tres infartos seguidos que le debilitaron aún más y que se repitieron los días siguientes. Al no haber alternativas, aceptó someterse a una operación para limpiarle las arterias, casi totalmente obturadas. Era consciente del riesgo que corría. Lamentablemente sus fuerzas se redujeron al mínimo y el corazón no aguantó la operación. Su vida se apagaba a la una de la tarde del viernes 25 de mayo. Sus restos mortales se llevaron a la capilla del seminario teológico y fueron visitados toda la noche por gente de la parroquia, amigos de las misiones y muchas religiosas y religiosos. El 26 de mayo se llevó el féretro de forma privada a la contigua iglesia parroquial de la Consolata, donde a las dos de la tarde se celebraron solemnemente los funerales, y presidió la eucaristía monseñor José Luisa Serna, en la que concelebró una veintena de misioneros. La iglesia estaba llena de gente llegada también de la parroquia de los Doce Apóstoles. Había representaciones de varias comunidades religiosas. En la homilía, monseñor Serna puso de relieve la personalidad del P. Rasetto y resaltó su fidelidad de sacerdote y religioso, muy amante del Instituto. En una breve intervención, el P. Claudio Brualdi, superior regional, subrayó otros aspectos de su personalidad: su sabiduría y prudencia, además de su serenidad, que se expresaban con frases cargadas de humor y una serenidad de la que hizo gala hasta el final. Después de la misa, sus restos fueron inhumados en el cementerio del Sur de Bogotá.
P. Claudio Brualdi y Redacción del Da Casa Madre
TESTIMONIOS
El P. Bartolomeo fue un hombre de gran fe y un gran misionero. Tuve ocasión de vivir con él algunos años en la parroquia de los Doce Apóstoles y en el seminario y me ayudó mucho, con una ayuda que se expresaba con detalles menudos pero significativos.. En la cultura Makuwa el P. Bartolomeo forma parte de los "Makholos", los antepasados. Pidamos al Señor que le acoja en su Reino.
P. Sisto Karrau
Recuerdo que siempre que volvía a Colombia el P. Bartolomé me preguntaba cómo estaban mis ojos y se preocupaba de llevarme al médico. Le recordaré también por sus dietas y su conocimiento de hierbas y plantas. Pero sobre todo le recordaré por su amor a la gente de Caquetá y de todos aquellos con los que se encontraba. Su recuerdo me lleva a dar gracias a Dios por su vida y su entrega a la gente. P. José Jesús Giraldo Ospina
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