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P. SOLDATI GABRIELE 1927-2001 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Consolata.org   
22.02.2006

  Hijo de Luigi y Luigia Lucchini, nació en Corno Giovine en 1927. Fue el tercero de cuatro hermanos llamados todos por el Señor a la vida religiosa: Franco, misionero de la Consolata; Pietro, jesuita, y sor Luisa Piera, misionera de la Consolata. Entró en el Instituto en 1940. En 1948 se consagró al Señor con la profesión religiosa y en 1952 fue ordenado sacerdote. Hasta 1958 trabajó en Italia en las casas de Montevecchia y Bevera como asistente y enseñante. Seguidamente se le destinó a Tanzania y trabajó en la misión de Kisinga e Iringa, en funciones de profesor y vicepárroco. Dos años más tarde se le llamó a Italia y se le destinó a la casa de Rivoli como encargado de la prensa y redactor de la revista "Missioni Consolata".

 De 1962 a 1964 frecuenta la "Escuela de periodismo y medios audiovisuales" de Bérgamo y en 1967 consigue doctorarse en periodismo con una tesis titulada: "El socialismo africano en Présence Africaine".

 En 1969 es elegido consejero general y dirige el departamento general de animación misionera. Terminado este cargo, en 1975 se ocupa durante un año de los mass media de la Casa Generalicia en Roma y en 1976 es nombrado director de la revista "Missioni Consolata" y del boletín "Da Casa Madre", cargo en el que permanece hasta finales de 1983. Trasladado a Roma, de 1984 a 1990 es director del departamento de audiovisuales del Instituto.

 Víctima de un ictus que le semiparaliza y le deja casi mudo, tras largos años de ejercicios seguidos con una constancia admirable, recupera la capacidad del movimiento y del habla. En 1999 se retira a la casa de Alpignano, donde el 8 de julio de 2001 descansa en el Señor.

 Preside su funeral el Padre General y participan el P. Gottardo Pasqualetti, superior regional, y el P. Franco Peradotto, rector del Santuario de la Consolata, así como numerosos misioneros y misioneras de la Consolata, entre ellos tres sobrinas religiosas del difunto. También está presente su sobrino don Vittorio Soldati, numerosos familiares, parroquianos y conocidos, entre ellos don Achille Lumetti. Sus restos mortales se llevan al cementerio de Alpignano.

 Las palabras que se pronuncian junto al féretro le recuerdan como el "misionero de mente y corazón", siempre gozoso y sereno en la dolorosa enfermedad; como el técnico de la comunicación audiovisual, campo en el que deja un vacío que espera algún sucesor; como un hombre incansable en el trabajo, realizado noche y día; nunca decía que no a nadie y encontraba tiempo y fuerzas para todo. Era un hombre que llevaba la misión en el corazón.

 

 

TESTIMONIOS

 

Día y noche, incluso en un "Fiat 500"

 

 Luigi Soldati, su padre, murió de tisis en 1932 y no hubo ni tiempo para llorarle. Su madre, Luigina, se hizo cargo en seguida la Singer de su marido y comenzó a confeccionar vestidos para saciar el hambre de sus hijos: Franco, de 11 años; Pietro, de 9; Gabriele, de 5, y Luisa Piera, de dos, todos ellos nacidos en Corno Giovine, Milán. El cuarteto no contó durante mucho tiempo tampoco con mamá, que falleció en 1944. Lugina, antes de morir, confió sus hijos a Dios, entre otras cosas porque habían decidido ser misioneros: Pietro, jesuita; Franco y Gabriele, misioneros de la Consolata, y Luisa lo mismo.

 Hoy sólo queda el padre Franco, en Kenya, mientras que el padre Pietro y sor Luisa Piera se fueron con sus padres a la otra orilla. El 8 de julio, en Alpignano, se nos fue también el padre Gabriele, a sus 74 años, bien conocido por los lectores de "Missioni Consolata".

 Tras dos años de misión en Tanzania, Gabriele Soldati vino a Italia para desempeñar diversos cometidos. Consejero general del Instituto, escritor, periodista, conferenciante, operador en cinematografía al sur del mundo, montador y director de documentales, actividades todas realizadas con tenacidad, profesionalidad y pasión. Por ejemplo, el vídeo "Il miracolo delle stampelle" (sobre los niños portadores del handicap de Tuuru, Kenya), conmovió y sigue conmoviendo a todos. Y el padre Gabriele era además autodidacta.

 De 1980 a 1983 fue en Turín director mío en la redacción de "Missioni Consolata". Una noche hacíamos comentarios a la 11 de la noche. A la mañana siguiente coincidimos a las 6 en las escaleras, yo descansado y él subiendo a dormir algunas horas después de haber pasado toda la noche sobre su máquina de escribir.

 "Missioni Consolata", bajo su dirección, creció en novedades, color, páginas (de 64 a 72) y especialmente en calidad, pues de boletín y mensual se convirtió en "la revista misionera de la familia", de alcance universal. Del P. Soldati fue la idea de los "números especiales monográficos" sobre las grandes religiones, China, Africa, veinte siglos del Evangelio, etc., números que entraron en los institutos de enseñanza media y superior como instrumentos de educación a la globalidad universal.

 Cada final de mes, el viernes por la noche, Gabriele partía en su "Fiat 500" hacia Roma sin importale el tiempo que hiciera. Lo hacía por las carreteras del Estado porque su Fiat, supercargado de paquetes y con 150.000 km, no daba para muchas velocidades.

 Si no sucedía nada extraño (lo que no podía descartarse especialmente en su caso), al alba del sábado llegaba a la capital para redactar "Da Casa Madre", órgano interno de información de los Misioneros de la Consolata (32 páginas). Trabajaba incluso el domingo para meterse en su Fiat nuevamente por la tarde y el lunes por la mañana encontrarse en Turín, donde me llamaba: "¿Qué tenemos que hacer hoy?".

 En 1991 le afectó un ictus cerebral. Se convirtió en un "niño". Gracias a la fuerza de su voluntad y al apoyo de algunos amigos, volvió a ser "hombre", aprendiendo de nuevo a escribir, a arreglárselas él solo. En los últimos diez años muchos le oyeron decir: "Doy gracias a Dios y a la Consolata por el ictus, pues me ha dado la posibilidad de orar. Pero sólo orar es muy fatigoso. Y ahora digo un rosario por ti...". Gracias, P. Gabriele.

 

 P. Francesco Bernardi

 "Missioni Consolata", oct.nov. 2001

 

 

Carta del P. Giuseppe Inverardi al P. Franco Soldati

 

 Querido Franco:

 No necesitas mi pésame por la muerte del P. Gabriele. En la madurez de la vida y de nuestra fe, la muerte es sólo nuestra Pascua. La vida, con la muerte, se transforma en vida eterna. Pero me resulta difícil dejar de enviarte mi recuerdo de comunión, porque del P. Gabriele conservo un recuerdo grande, grato y cariñoso. Un hombre incansable en el trabajo, realizado literalmente día y noche, especialmente cuando fue director de "Missioni Consolata". A nadie decía nunca que no. Siempre encontraba tiempo y fuerzas para todo. Hombre creativo, sereno, bueno, de compañía, comprensivo, de oración. Tenía la misión en su corazón. Fue siempre tanzano y siempre mencionaba a Kisinga con nostalgia; era también su sueño. Hubiera vuelto de inmediato, incluso a pie. ¡Kisinga era Kisinga, ea! Sigue siendo un gran reto aún hoy.

 Otros dirán mil cosas sobre él porque contó con la estima y el afecto de muchos, de todos, dentro y fuera del Instituto. A mí me basta con un "recuerdo de comunión" contigo en su nombre. Me siento de verdad con deseos de dar gracias a Dios por su vida, su ejemplo y toda su inmensa actividad en el campo de los mass media y otros.

 Mi saludo más cordial y un abrazo en el Señor.

 

 P. Giuseppe Inverardi

 

Profundamente humano

 

 Tenía todavía pantalón corto cuando el P. Gabriele Soldati entró en mi vida. Yo me encontraba en Montevecchia en segundo curso cuando comenzó su primer apostolado misionero como asistente en el seminario. Lo vi en seguida como una figura dinámica y llena de recursos, en medio de su dulzura como educador. En Brianza se dio a conocer en seguida su celo misionero. Aún hoy yo, nativo como soy de Bevera, encuentro a muchos ancianos que me preguntan por él y me cuentan detalles de su vida.

 Le volví a ver al comienzo de los 70 cuando, como consejero general, encargado de la AMV del Instituto, intervino a nivel nacional como exponente en la Federación del movimiento "Manos Unidas". Entonces era yo el animador regional de la asociación. Eran años duros y difíciles. Su estilo sosegado me libró de las iras de algún celoso laico. Le estimaba profundamente por su gran humanidad.

 Luego llegó para mí el tiempo de la misión y nuestros caminos se separaron. A comienzos de los años 80 volvía a Turín para asumir la dirección del CAM. Las revistas "Missioni Consolata" y "Amico" formaban parte del Centro. La colaboración encontraba caminos sencillos y concretos para unas relaciones de mutua estima y afecto. El P. Soldati era director de "Missioni Consolata". No le bastaba, porque su pasión por los mass media le llevaba a la exigente fatiga de producir nuevos documentos y nuevas videocasetes. La proximidad a este gran trabajador y devorador de kilómetros arriba y abajo de Italia hicieron crecer en mí el afecto al padre y al amigo Soldati.

 Luego vino el momento de la primera prueba, cuando el ictus comenzó a marcar su vida. Nos volvimos a ver en la clínica Sanatrix, donde sor Giovanna, hermana mía, trabajaba. Nació entre ambos estima mutua y afecto de amigos, algo benéfico para ellos y para mí. Las mutuas atenciones fueron constantes y le aliviaron. Cuando sor Giovanna se le adelantó en el cielo, él me habló con ternura y emoción hasta las lágrimas de ella. Su escrito se encuentra entre los que conservo con mayor celo.

 Durante su larga estancia en Turín, nos encontramos muchas veces. En su enfermedad conservaba la sonrisa, la mirada jovial del hombre bueno, del hombre de la honradez, de la persona de fe. Muchas veces me prometió un rosario por las iniciativas que emprendía. Se alegró mucho cuando supo que se me había elegido para preparar una gran jornada misionera para el Jubileo 2000. Alegrarse del otro, hacer el bien y saber compadecerse me parece la síntesis de este misionero que por donde pasó supo llevar la buena noticia de Dios que salva.

 Gracias, Gabriel. Descansa en paz y diviértete también en el cielo.

 

 P. Giordano Rigamonti

 

Florilegio

 

 En 1976 el P. Gabriele Soldati es nombrado director de la revista "Missioni Consolata". Estaba acostumbrado a no conservar sus escritos, pero desde aquel año, hablan por él los editoriales con los que cada mes se abría la revista y los numerosos artículos que nos permiten entrever su personalidad humana y espiritual.

 

 "Missioni Consolata", febrero 1977: «'Tercer Mundo', una expresión que pregonaremos desde nuestra revista porque se está convirtiendo, se quiera o no, en un marco discriminador y humillante. La expresión no es del agrado ni de nuestro pueblo, de los jóvenes a los adultos, ni del de los demás pueblos. La expresión choca contra nuestra fe de cristianos. Mirando al mundo desde la óptica de Dios, descubrimos que el mundo es uno solo: la gran familia humana, donde todos son hijos del mismo Padre, redimidos por la sangre de Cristo y coherederos por el mismo amor salvífico de una gran promesa. Si para los cristianos como nosotros estas cosas son verdaderas, deja de haber 'primeros' o 'terceros'. Y si hay alguna precedencia, ésta es para quien sufre, para el más pequeño de todos».

 

 "Missioni Consolata", abril 1977: Comentando la masacre de los siete misioneros de Rhodesia, el P. Gabriele escribe: «Esos siete eran molestos y se les ha eliminado... En una época como la nuestra, en la que todos se encienden como cerillas cuando se habla de justicia e igualdad, en la que se habla con sumo gusto, desde los intelectuales hasta los lactantes, de liberación y de promoción, la palabra más honesta que podemos pronunciar es solamente una: desilusión.

 Pero el mundo está hecho así: por una parte se teoriza y por otra se muere. Los acróbatas de la dialéctica seguirán gastando palabras y esos muchachotes de misioneros la vida. Cuestión de opción: hay quien lucha por la justicia ensuciando las paredes con pintura, hay quien orquesta manifestaciones en las calles, hay quien dispara, hay quien redacta comunicados de condena contra los excesos de la derecha o de la izquierda.

 También los misioneros optan, y optan por dar testimonio del evangelio con la vida. Bienaventurados los pobres, bienaventurados los que tienen hambre, bienaventurados los que promueven la paz, bienaventurados los perseguidos por amor a la justicia... Y parten para ir a vivir en un hospital, en una leprosería, en una escuela, o bien para dedicar sus días a las llagas más desesperadas del mundo...

 ...A nosotros, los vivos, nos importa un pimiento quién ha sido; si ellos, los muertos, pudieran hablar, dirían simplemente: Hemos sido víctimas del odio. Y cuando es el odio el que mata, es la inocencia la que muere. Ante estas víctimas inocentes, el corazón siente que se abre en el horizonte: no todo está perdido para Rhodesia. Porque la inocencia no grita venganza. La inocencia grita amor».

 

 "Missioni Consolata", mayo 1977: «...Predicar el evangelio es cada vez más peligroso, especialmente cuando se le testimonia con la vida, sirviendo a los pobres, a los hambrientos, a los marginados, a los disminuidos, a los leprosos. Trabajar y callar, y aun dar gracias si los grandes y los poderosos toleran y dejan vivir.

 Tachados de "imperialistas" por los regímenes marxistas o de "comunistas" por las dictaduras militares, que quieren hacernos callar, los misioneros de hoy trabajan y se sacrifican "conteniendo la respiración en suspenso", es decir, con la continua inquietud de ser juzgados, procesados, expulsados o condenados sólo porque su testimonio anuncia la paz y el amor a los hermanos.

 También en nuestra casa el viento sopla en este sentido. Bajo la bandera de la emancipación, del laicismo y del secularismo, el rechazo del evangelio avanza al compás con la intolerancia religiosa, la disensión sistemática, las campañas difamatorias... ¿Dónde está la Iglesia de Cristo?, se preguntan los pusilánimes. La Iglesia de Cristo está ahí. No la busquemos en los consensos de las calles, de los cortejos, de los rotativos o de las tribunas políticas. Busquémosla donde hay persecución, donde se sufre y se muere por el evangelio. Descubriremos una Iglesia grande y viva como nunca».

 

 "Missioni Consolata", septiembre 1977: «¿Preocupaciones? ¿Dolores? ¿Enfermedades? ¿Desgracias? ¿Muertes? Es verdad que son hechos que se repiten e inevitables en la vida. Pero como el dinero, las abundancias, los honores y los placeres no bastan para hacernos felices, del mismo modo, si lo queremos, los afanes, las pruebas y las desgracias tampoco pueden hacernos infelices. Se puede reír y sentir dentro el infierno, como se puede llorar y sentir dentro la paz.

 Es un discurso que roza el absurdo (aunque tan verdadero) y no nos atreveríamos a hacer si no lo confirmara el evangelio. Pero la Palabra de Dios no puede engañarnos. Nos enseña que de él venimos y a Él vamos. Él es nuestro principio y nuestro fin. Por más que nos agitemos, no encontraremos descanso ni alegría sin Él.

 Entonces, si nuestra vida es un cortacircuito que parte de Dios y vuelve a Dios, ¿por qué interrumpir la corriente, es decir, vivir como si no fuera verdad que el hilo diminuto de nuestra vida parte de Él y vuelve a Él? ¿Por qué dejar pasar días y días, meses y tal vez años (cuando no toda la vida) sin un pensamiento, una atención, una expresión de afecto por Él? Aquí está nuestra verdadera infelicidad, es decir, nuestro aburrimiento, disgusto, desesperación de la vida.

 "¿No está acaso Dios aquí?", escribía un misionero a su anciana madre del centro de Africa. "Cuando Él está, la vida sólo puede ser hermosa. Nunca se cansa uno al trabajar por Él. Y cuando estamos cansados, basta que contemplemos una flor pensando en Él: ayuda más que unas largas vacaciones"».

 

 "Missioni Consolata", mayo 1979: «... Se oye decir a menudo que el sacerdocio será cada vez menos proponible si se sigue insistiendo en el celibato y el compromiso para toda la vida, y que la vocación religiosa, con sus tres votos de obediencia, pobreza y castidad, terminará por no ser comprendida ni aceptada por los jóvenes de mañana si no se la libera del absolutismo y del radicalismo que la distingue. ¿Será eso realmente así? Nosotros consideramos todo lo contrario. Estimamos mucho a los jóvenes, a los que vemos cada vez más cansados y aburridos por nuestras inseguridades, por nuestros titubeos y nuestros miedos.

 "...El Redentor del hombre, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia...". Estas palabras con las que empieza la encíclica [Redemptor hominis] son el teorema de la salvación del mundo y del hombre, que el Papa propone no solamente a los cristianos, sino a todos los hombres. Palabras que dan lugar a un cambio total, capaces de resolver, por lo menos para los que creemos, nuestros problemas, también los vocacionales. Proclamémoslas nosotros también, con la misma energía y seguridad que el Papa. Hablemos un poco más de Jesús a los jóvenes. Porque sin Jesús el evangelio y su radicalismo serán siempre problemáticos e incluso absurdos».

 

 "Missioni Consolata", junio 1980: «Han sido los misioneros los que más se han alegrado con la fatigosa pero bendita aventura africana del Papa, que quedará escrita con caracteres indelebles en la historia de la evangelización. Contemplando las muchedumbres que saludaban al Papa, que le acogían como si fuera Jesús, que le aclamaban, se arrodillaban y oraban no movidos por un ceremonial previo sino sencillamente llevadas por la fe, les parecía soñar. Y sin embargo, lo que veían era verdad. Africa cristiana estaba allí, ante sus ojos, viva, exhuberante, explosiva. Su alegría era íntima, saboreada o gozada gota a gota en lo secreto de su espíritu, de tú a tú con Dios, sin dar en el ojo a periodistas y técnicos. Saboreaba la felicidad de no haber trabajado en vano.

 Hace cien años Africa era en gran parte desconocida. Por los caminos del mar llegaban a sus playas los primeros misioneros. En el continente negro no había nada cristiano, o casi nada, ni misiones, ni iglesias, ni cristianos, ni catecúmenos. Gran parte de aquellos pioneros, hombres y mujeres llegados de Europa, llevados solamente por un gran amor por Cristo y por Africa, morían de la enfermedad del sueño, de la fiebre amarilla y la malaria. Pero llegaban otros para sustituirles.

 ...El viaje del Papa a Africa ha sido preparado en cien años de entrega y de sacrificios, testimoniados y sufridos por decenas de miles de misioneros, abrecaminos del evangelio, de la Iglesia, del Papa».

 

 "Missioni Consolata", marzo 1983: «...Dios es sobre todo amor, y como el amor tiende a unirse con la persona humana, ahí está la Eucaristía. "Atraeré a todos hacia mí": son palabras de Jesús que resumen toda la Eucaristía, entendida como punto de fusión de Dios con el hombre y del hombre con Dios; palabras que Jesús pronunció antes de ser crucificado para proclamar la más rotunda certeza: que el mundo, todo el mundo -el hombre, los pueblos, la tierra, los astros, las galaxias, el cosmos- han sido inexorablemente absorbidos por el vértice salvífico del amor de Dios. Dios nos ama. Esta es la buena noticia del cristianismo, esta es la razón de que Cristo dijera que se la llevara a todo el mundo y de que existan misioneros. La Eucaristía -presencia de Cristo, sacrificio de Cristo, comida de Cristo- es el centro de este volcán de amor que absorbe al mundo».