TEMA BIENAL (Tercera parte) 29 de enero 2002 Aniversario de la Fundación del Instituto
Queridos Misioneros, Durante el 2001 hemos reflexionado sobre el tema de la salvación en la realidad de los Continentes donde el Instituto trabaja (Boletín IMC, 91, pp.14-51) y como se desprende de la actual reflexión teológica y misionológica (Boletín IMC, 94, pp.3-40). Durante este año de 2002, concluiremos nuestra reflexión con una tercera parte de carácter más bien formativo y pedagógico. En ella haremos hincapié en las actitudes, es decir, en las disposiciones operativas con las que, como Misioneros de la Consolata, debemos estar provistos para realizar nuestro cometido de "dispensadores de los misterios de la salvación" en el momento actual, con el espíritu y el estilo de nuestro carisma. Desarrollaremos nuestra reflexión especialmente a la luz de la Palabra de Dios y con atención al Magisterio de la Iglesia. Para ser fieles al designio de Dios sobre nuestro Instituto y para responder a las expectativas de hoy, nos dejaremos guiar por la carta apostólica Novo Millennio Ineunte (NM). Ella nos iluminará en relación con los caminos de la espiritualidad misionera y la actuación del diálogo con el mundo moderno. Será también un punto de referencia constante el pensamiento siempre actual e incisivo de nuestro Fundador y las líneas maduradas a través de la experiencia centenaria de nuestra Familia Misionera. Para facilitar la reflexión personal y de comunidad abundaremos en las referencias a las fuentes. Al comienzo de su Mensaje para el Centenario del Instituto (Cf. Boletín IMC, 93, pp. 1-3), Juan Pablo II nos invita a "confirmar con vigor la vocación misionera ad gentes" que es siempre nuestra "principal razón de ser". Nos recuerda, además, que la vocación misionera debe ser confirmada "sin incertidumbres ni ambigüedades, convencidos de la validez y de la urgencia del mandato que el Resucitado confió a los Apóstoles y, a través de ellos, a la Iglesia" (2). En las páginas siguientes ofrecemos puntos de reflexión sobre cuatro de los principales aspectos íntimamente relacionados con nuestra vocación de misioneros ad gentes: el anuncio, el testimonio, el diálogo y la celebración de los misterios de la salvación.
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