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III. "QUE VUESTRA CONVERSACION SEA SIEMPRE AGRADABLE" (Col 4,6) Imprimir E-mail
Escrito por Consolata.org   
22.02.2006

Un tercer compromiso relacionado con la misión es el diálogo, especialmente el interreligioso. A partir del decreto Ad Gentes y de la declaración Nostra Aetate del Vaticano II, este tema se ha desarrollado mucho, y hoy, debido entre otras razones a las grandes migraciones, constituye uno de los retos más candentes para la misión.
El Magisterio postconciliar, sobre todo el de Pablo VI y el de Juan Pablo II, ha intervenido varias veces sobre el tema del diálogo, con el deseo de promoverlo, precisar sus términos y su espíritu, clarificar su relación con la misión y especialmente con el deber del anuncio del misterio de Cristo Salvador. Los documentos del Magisterio que contienen estas intervenciones son de todos conocidos. Aquí nos limitamos a sintetizar sus contenidos, para a continuación sugerir las principales actitudes necesarias a los misioneros.

1. Diálogo: camino necesario de la misión

Estos son, brevemente expuestos, algunos puntos que nos permiten comprender en qué consiste realmente el diálogo interreligioso:
- Comenzamos precisando que la misión ad gentes no se agota en el anuncio y en el testimonio, sino que comprende otras actividades, entre las que destaca el diálogo interreligioso. La RM habla de él en el capítulo titulado "Los caminos de la misión" (55-57) y afirma explícitamente que "forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia" (55).
- El diálogo interreligioso es un diálogo de salvación, como explica el documento Diálogo y anuncio (DA), publicado el 19 de mayo de 1991 conjuntamente por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. La razón fundamental que anima a la Iglesia al diálogo, en efecto, es principalmente de naturaleza teológica: "Dios, con un diálogo que perdura en el tiempo, ha ofrecido y sigue ofreciendo la salvación a la humanidad. Por consiguiente la Iglesia, si quiere ser fiel a la iniciativa divina, debe establecer un diálogo de salvación con todos" (38). Pablo VI, en la encíclica Ecclesiam suam, no dudó en afirmar que "la Iglesia debe dialogar" y que "la Iglesia se hace palabra" (192).
- El diálogo no nace de táctica o de interés, porque tiene concretas motivaciones religiosas, como el respeto de todo lo que el Espíritu realiza en el hombre; la importancia de descubrir las "semillas de la Palabra" que se encuentran en las tradiciones religiosas, juntamente con los "signos de la presencia del Espíritu", que nos ayudan a comprender mejor el mensaje del que somos portadores (RM, 56).
- El diálogo tiene como condición la igualdad de los dialogantes, que "se refiere a la misma dignidad personal de las partes, no a los contenidos doctrinales, y menos aún a Jesucristo, que es Dios mismo hecho hombre, en comparación con los fundadores de otras religiones" (Dominus Jesus [DJ], 22).
- Las formas de diálogo son múltiples: diálogo de la vida, es decir, vivir juntos, compartir con las personas; diálogo de las obras, con las que los cristianos colaboran con otros en actividades de promoción humana; diálogo de los intercambios teológicos, para profundizar en la comprensión de las respectivas herencias religiosas; diálogo de la experiencia religiosa, donde se verifica el intercambio de riquezas espirituales, como la oración y la búsqueda de Dios (DA, 42).
- El diálogo no exime del deber del anuncio, pues está orientado a él. El diálogo, en efecto, es sólo una de las acciones de la Iglesia en su misión" (DJ, 22).

2. Sentir y realizar el diálogo

Estas son las principales actitudes, con las consiguientes disposiciones operativas, en relación con el diálogo interreligioso:

a. La valentía del diálogo interreligioso es la primera actitud que debemos poner de relieve. De nada vale disimular las dificultades reales que encontramos en el camino del diálogo, hasta el punto de que incluso parece deslizarse cierto pesimismo sobre su eficacia, si no ya sobre su misma oportunidad. Efectivamente, a veces puede parecer que la voluntad de diálogo sólo la tiene la parte cristiana, lo que constituye un freno para pasar de una actitud interior a una disposición operativa, especialmente tratándose de ciertos grupos religiosos intransigentes. Es verdad que no encontramos indicaciones claras sobre este punto en nuestra antigua tradición, porque entonces el diálogo no formaba parte de los programas apostólicos de la Iglesia. Ahora, sin embargo, el diálogo interreligioso se considera indispensable en la praxis misionera. Ya nuestro Capítulo de 1969, recogiendo con sensibilidad el impulso dado por el Concilio, recomendaba a los miembros del Instituto que establecieran "relaciones de respeto y de diálogo con los seguidores de otras religiones no cristianas, reconociendo que Dios, en su amor, quiere que todos los hombres se salven (1Tim 2,4) y que en todas las religiones se encuentran semillas y gérmenes de su verdad" (190; cfr. también 191-193). El XCG, debido tal vez a las dificultades que los misioneros encuentran en su camino, hace una llamada explícita y vigorosa: "El diálogo interreligioso ha entrado así, a título pleno, en el ámbito de la Misión ad gentes y no podemos ya eximirnos de afrontar este tema. Tanto más que estamos siempre en contacto constante, atormentado y difícil, con el Islam en Africa. Un poco por todas partes nos encontramos con las religiones tradicionales de los pueblos y los nuevos movimientos religiosos. Hemos comenzado a abrirnos a Asia, donde el diálogo interreligioso asume especial importancia" (76).

b. Voluntad de conocimiento mutuo es el paso siguiente que debemos dar. Ignorar al otro engendra sospecha, mientras que el conocimiento conduce a la estima recíproca. Esto tiene que ver especialmente para los contenidos religiosos. "Un conocimiento y una comprensión insuficientes del credo y de las prácticas de las demás religiones conducen a una falta de estima de su significado y a veces también a interpretaciones erróneas" (DA 52, b).

c. Capacidad de escucha: es la tercera actitud indispensable para el diálogo. La escucha requiere serenidad interior, calma, libertad e inteligencia. El Papa reflexiona así sobre esto: "El deber misionero [...] no nos impide establecer un diálogo íntimamente dispuestos a la escucha. Sabemos, en efecto, que ante el misterio de la gracia infinitamente rico [...] para la historia del hombre, la Iglesia no terminará nunca de indagar, contando con la ayuda del Paráclito, el Espíritu de verdad (cfr. Jn 14,17), al que corresponde llevarla a la plenitud de la verdad... (cfr. Jn 16,13)" (NM 56). Esta disposición interior a la escucha hará luego posible, por nuestra parte, la acogida de los aspectos positivos presentes en las personas de toda confesión religiosa.

d. La cuarta actitud es estar siempre identificados con nuestra fe. "La fe escasamente enraizada" es el primer obstáculo al diálogo (cfr. DA 52, a). Lo explica la RM: "El interlocutor debe ser coherente con sus propias convicciones y tradiciones religiosas y abierto a comprender al otro, sin disimulos ni cerrazón, sino con verdad, humildad y lealtad, sabiendo que el diálogo puede enriquecer a cada uno. No debe haber ninguna claudicación ni irenismo [¼]. El diálogo tiende a la purificación y conversión interior que, si se busca con docilidad al Espíritu, será espiritualmente fructífera" (56).

e. Pensar de forma nueva: probablemente es la actitud más exigente. Sin embargo, a esto nos llama con palabras bien claras el último Capítulo. He aquí algunas expresiones de especial eficacia que merecen ser profundizadas: "No se puede anunciar el Evangelio como si fuera de él no hubiera ninguna posibilidad de verdad y de salvación [¼]. Sólo puede haber diálogo interreligioso entre dos experiencias auténticas de Dios" (XCG 77). Pasando a las correspondientes propuestas operativas, el Capítulo no duda en trazar un camino muy exigente para el diálogo. Después de invitar a asumir el diálogo interreligioso "como semblante, actividad y método nuevo de la misión hoy", pide que todo misionero se forme al diálogo y adopte actitudes adecuadas para practicarlo, y especialmente esto: "Evite toda actitud de autosuficiencia, cerrazón, intolerancia ideológica y fundamentalismo, poniéndose en cambio en estado de conversión para vivir la propia fe en profundidad y con convicción" (78).
En este campo, quizá todavía poco explorado por nosotros, pueden ya resultar claros algunos principios: la misión es de Dios y nosotros sólo somos humildes cooperadores; elemento propulsor decisivo y característico del auténtico diálogo interreligioso es el amor, difundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Porque el amor comporta un lenguaje comprensible para toda criatura y encuentra siempre un eco espontáneo en los seguidores de otras religiones o pertenecientes a otras culturas. Debemos crecer constantemente en este amor, viviendo todas las palabras de Jesús, y especialmente teniendo como modelo al Apóstol de los gentiles, esforzándonos por hacernos "todo a todos". Así nacerá espontáneamente, en este contexto también, un anuncio respetuoso, que no pretende conquistar sino llegar a ser más bien un acto de amor.
Camino indispensable será entonces un vaciamiento interior, lo que nos hará capaces de eliminar de nosotros mismos ideas, prejuicios y pensamientos que pueden obstaculizar el acercamiento a los hermanos de otras religiones y culturas y nos permitirá ver la presencia de Dios que salva en la existencia de todos los hombres.

PUNTOS DE REFLEXIÓN

- ¿Compartes plenamente la afirmación de la RM de que el diálogo "forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia" (55)? ¿Podrías motivarla partiendo de tu experiencia misionera?
- ¿Han modificado los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 tus convicciones sobre el diálogo interreligioso y el respeto hacia las personas de convicciones religiosas diferentes, especialmente de fe islámica?
- ¿Qué elementos carismáticos IMC pueden inspirar las actitudes mejores para una realización eficaz del diálogo (proximidad a la gente, testimonio personal de Cristo, dar razón de la propia esperanza)?
- ¿Cuidas una praxis pastoral contagiosa, activa, en línea con las enseñanzas de la Iglesia, con tu esfuerzo por actuar el diálogo interreligioso?
- ¿El diálogo es para ti el semblante, la actividad y el método nuevo de la Misión hoy?
- ¿Consideras aún presentes en ti algunas actitudes que podrían prejuzgar el diálogo, como autosuficiencia, cerrazón, intolerancia ideológica, fundamentalismo? ¿Qué puedes hacer para "convertirlas" al diálogo?