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| III. "QUE VUESTRA CONVERSACION SEA SIEMPRE AGRADABLE" (Col 4,6) |
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| Escrito por Consolata.org | |
| 22.02.2006 | |
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Un tercer compromiso relacionado con la misión es el diálogo, especialmente el interreligioso. A partir del decreto Ad Gentes y de la declaración Nostra Aetate del Vaticano II, este tema se ha desarrollado mucho, y hoy, debido entre otras razones a las grandes migraciones, constituye uno de los retos más candentes para la misión. 1. Diálogo: camino necesario de la misión Estos son, brevemente expuestos, algunos puntos que nos permiten comprender en qué consiste realmente el diálogo interreligioso: 2. Sentir y realizar el diálogo Estas son las principales actitudes, con las consiguientes disposiciones operativas, en relación con el diálogo interreligioso: a. La valentía del diálogo interreligioso es la primera actitud que debemos poner de relieve. De nada vale disimular las dificultades reales que encontramos en el camino del diálogo, hasta el punto de que incluso parece deslizarse cierto pesimismo sobre su eficacia, si no ya sobre su misma oportunidad. Efectivamente, a veces puede parecer que la voluntad de diálogo sólo la tiene la parte cristiana, lo que constituye un freno para pasar de una actitud interior a una disposición operativa, especialmente tratándose de ciertos grupos religiosos intransigentes. Es verdad que no encontramos indicaciones claras sobre este punto en nuestra antigua tradición, porque entonces el diálogo no formaba parte de los programas apostólicos de la Iglesia. Ahora, sin embargo, el diálogo interreligioso se considera indispensable en la praxis misionera. Ya nuestro Capítulo de 1969, recogiendo con sensibilidad el impulso dado por el Concilio, recomendaba a los miembros del Instituto que establecieran "relaciones de respeto y de diálogo con los seguidores de otras religiones no cristianas, reconociendo que Dios, en su amor, quiere que todos los hombres se salven (1Tim 2,4) y que en todas las religiones se encuentran semillas y gérmenes de su verdad" (190; cfr. también 191-193). El XCG, debido tal vez a las dificultades que los misioneros encuentran en su camino, hace una llamada explícita y vigorosa: "El diálogo interreligioso ha entrado así, a título pleno, en el ámbito de la Misión ad gentes y no podemos ya eximirnos de afrontar este tema. Tanto más que estamos siempre en contacto constante, atormentado y difícil, con el Islam en Africa. Un poco por todas partes nos encontramos con las religiones tradicionales de los pueblos y los nuevos movimientos religiosos. Hemos comenzado a abrirnos a Asia, donde el diálogo interreligioso asume especial importancia" (76). b. Voluntad de conocimiento mutuo es el paso siguiente que debemos dar. Ignorar al otro engendra sospecha, mientras que el conocimiento conduce a la estima recíproca. Esto tiene que ver especialmente para los contenidos religiosos. "Un conocimiento y una comprensión insuficientes del credo y de las prácticas de las demás religiones conducen a una falta de estima de su significado y a veces también a interpretaciones erróneas" (DA 52, b). c. Capacidad de escucha: es la tercera actitud indispensable para el diálogo. La escucha requiere serenidad interior, calma, libertad e inteligencia. El Papa reflexiona así sobre esto: "El deber misionero [...] no nos impide establecer un diálogo íntimamente dispuestos a la escucha. Sabemos, en efecto, que ante el misterio de la gracia infinitamente rico [...] para la historia del hombre, la Iglesia no terminará nunca de indagar, contando con la ayuda del Paráclito, el Espíritu de verdad (cfr. Jn 14,17), al que corresponde llevarla a la plenitud de la verdad... (cfr. Jn 16,13)" (NM 56). Esta disposición interior a la escucha hará luego posible, por nuestra parte, la acogida de los aspectos positivos presentes en las personas de toda confesión religiosa. d. La cuarta actitud es estar siempre identificados con nuestra fe. "La fe escasamente enraizada" es el primer obstáculo al diálogo (cfr. DA 52, a). Lo explica la RM: "El interlocutor debe ser coherente con sus propias convicciones y tradiciones religiosas y abierto a comprender al otro, sin disimulos ni cerrazón, sino con verdad, humildad y lealtad, sabiendo que el diálogo puede enriquecer a cada uno. No debe haber ninguna claudicación ni irenismo [¼]. El diálogo tiende a la purificación y conversión interior que, si se busca con docilidad al Espíritu, será espiritualmente fructífera" (56). e. Pensar de forma nueva: probablemente es la actitud más exigente. Sin embargo, a esto nos llama con palabras bien claras el último Capítulo. He aquí algunas expresiones de especial eficacia que merecen ser profundizadas: "No se puede anunciar el Evangelio como si fuera de él no hubiera ninguna posibilidad de verdad y de salvación [¼]. Sólo puede haber diálogo interreligioso entre dos experiencias auténticas de Dios" (XCG 77). Pasando a las correspondientes propuestas operativas, el Capítulo no duda en trazar un camino muy exigente para el diálogo. Después de invitar a asumir el diálogo interreligioso "como semblante, actividad y método nuevo de la misión hoy", pide que todo misionero se forme al diálogo y adopte actitudes adecuadas para practicarlo, y especialmente esto: "Evite toda actitud de autosuficiencia, cerrazón, intolerancia ideológica y fundamentalismo, poniéndose en cambio en estado de conversión para vivir la propia fe en profundidad y con convicción" (78). PUNTOS DE REFLEXIÓN - ¿Compartes plenamente la afirmación de la RM de que el diálogo "forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia" (55)? ¿Podrías motivarla partiendo de tu experiencia misionera? |
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