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Nació en Borgosesia (VC), el 27 de mayo de 1932, del matrimonio de Felice y Brusetti Clorinda. Entró en el Instituto en 1943, e hizo los estudios de bachillerato en el seminario de Varallo Sesia. Emitió la profesión religiosa en 1953 y fue ordenado sacerdote el 14 de marzo de 1959. Fue destinado en seguida a Colombia, donde comenzó a trabajar como asistente y profesor en el seminario menor de Galán (Bogotá). Con otros padres profesores, durante los fines de semana iba a ayudar en las misiones del Magdalena Medio (Cambao, Guataquí, Nariño, etc.). En 1961 pasa a Tocaima, donde es vicario cooperador. En 1964 lo encontramos en Manizales como administrador del nuevo seminario menor en construcción. Seis años después, en 1970, es nombrado párroco de San Félix y rector del colegio parroquial. Cuatro años después vuelve a Tocaima como vicario parroquial. Y en 1977 se encuentra en Bogotá para prestar sus servicios en la Casa Regional. En 1978 se le envía a Bucaramanga como vicario parroquial, rector del Colegio Colombo-Italiano y encargado de la capilla del Barrio Bucaramanga (hoy parroquia). Diez años después, en 1988, se encuentra de nuevo en Bogotá, donde desempeña tareas inherentes a la administración. A comienzos de 2001 se le destina a Manizales, donde trabaja como vicario parroquial en el Santuario de Fátima. Tras las vacaciones de verano en Italia, recuperada plenamente su salud y muy sereno, a principios de julio vuelve a Manizales, donde se encarga especialmente de la capilla de la adoración cotidiana, situada a la entrada del santuario. Le vi en los primeros días de agosto y le pregunté cómo se encontraba. "¡Muy bien! -respondió-. ¿Cómo no se va a encontrar bien uno al lado de la Virgen?". Parece que fue un deseo que siempre había acariciado, el de volver al Santuario de Fátima y terminar allí sus días. Pero estaba muy lejos de pensar que el Señor le llamaría el domingo 12 de agosto mientras, a las 11 de la mañana, explicaba a la gente que llenaba la iglesia la Palabra de Dios. El evangelio de ese día hablaba de la vigilancia cristiana y el mensaje se le dirigía precisamente a él. A las 9 había celebrado la misa de los niños, con mucha alegría. El día, lleno de sol y agradablemente templado, favorecía la serenidad de ánimo y la calma. Se preparó para la segunda celebración a las 11. La misa comenzó normalmente. Durante la homilía el tono de su voz, más bien alto, pareció algo extraño, pero nadie imaginaba lo que sucedería algunos instantes después. Terminada la homilía, recibió las ofertas y mientras volvía al altar para el ofertorio se desmayó. Sostenido por los dos acólitos, se le acompañó al asiento. La gente, dándose cuenta de que se trataba de algo grave, se acercó para ayudarle y un taxista presente en la misa se ofreció a llevarle a la clínica más próxima. Los médicos comprobaron inmediatamente que el padre estaba grave y diagnosticaron una hemorragia cerebral en la base del cerebro. No obstante, había que esperar algún tiempo para poder averiguar mejor sus condiciones. Una tenue esperanza se abrió paso el domingo por la tarde, cuando comenzó a mover los dedos y una pierna, esperanza que duró poco. El lunes por la mañana los síntomas de una posible mejora se desvanecieron. Los médicos dijeron que no merecía la pena intervenir quirúrgicamente y que prácticamente "estaba en las manos de Dios". A las 22 desapareció todo signo vital y se anunció su muerte. Los medios de comunicación locales difundieron inmediatamente la noticia en toda la ciudad. "La Patria", diario de Manizales, anunciaba así la muerte de nuestro hermano: "El sueño del p. Luigi Tagini, Misionero de la Consolata, comunidad encargada del servicio en el Santuario de Fátima, de morir a los pies de la Virgen, se ha cumplido. El sacerdote de origen italiano falleció, el lunes por la noche, en la Clínica La Presentación, donde había sido internado después de sufrir una hemorragia cerebral el domingo mientras celebraba misa a las 11". El martes día 14, muy de mañana, su cuerpo fue trasladado desde la clínica hasta el Santuario. El Santuario estuvo abierto hasta medianoche para que la gente pudiera acercarse y orar por el padre, quien en el poco tiempo que trabajó en él se había ganado la simpatía y el afecto de todos. Jóvenes, niños, adultos, sacerdotes, religiosos y religiosas, grupos de oración provenientes de otras parroquias cercanas se alternaron sin interrupción en torno a sus restos mortales para encomendarle a la misericordia del Señor. Las exequias tuvieron lugar el día 15 y fueron muy solemnes, tanto por la festividad de la Asunción como por la gran participación de gente que llenó el Santuario desde las primeras horas de la mañana. La misa comenzó a las 12. Los sacerdotes concelebrantes eran unos cuarenta (Misioneros de la Consolata provenientes de Bogotá, Bucaramanga, Medellín, Marialabaja y Manizales, sacerdotes diocesanos y otros religiosos de la ciudad). Presidió el rito el arzobispo, Mons. Fabio Betancur Tirado, quien como señal de su estima a nuestra comunidad, la noche precedente había visitado los restos mortales del p. Luigi. En la homilía recordó el misterio de la asunción de la Virgen y lo puso en relación con el que estábamos celebrando: también aquel funeral era la celebración de la vida y de la victoria sobre la muerte. Todos advirtieron, y el arzobispo lo dijo, la hermosa coincidencia: el p. Luigi había muerto el 13, día dedicado a la Virgen de Fátima, y se le sepultaba el 15, solemnidad de la Asunción. Más de una vez recordó y agradeció en nombre de la diócesis la presencia y el trabajo de la comunidad de los Misioneros de la Consolata desde los tiempos de su llegada a San Félix. Terminadas las exequias, el p. Luigi fue sepultado en el cementerio central de San Esteban de Manizales, en la zona reservada a los sacerdotes, en una tumba ofrecida por la propia Curia Diocesana.
P. Claudio Brualdi
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