Roma, 16 febrero 2002 Fiesta del Beato José Allamano
"Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que han tocado nuestras manos acerca de la palabra de la vida, pues la vida se ha manifestado, la hemos visto, damos testimonio de ella y os anunciamos la vida eterna, que estaba junto al Padre y se nos ha manifestado, eso que hemos visto y oído, os los anunciamos para que estéis unidos con el Padre y con su hijo Jesucristo" (1Jn 1, 1-3).
Queridos hermanos de la Región Roraima:
Deseamos abrir este mensaje que recoge las orientaciones de la visita canónica a vuestra Región, realizada del 13 de diciembre de 2001 al 6 de enero de 2002, con las palabras, incisivas y fuertes, de la primera carta de Juan. La Liturgia nos las hizo leer algunos días antes de Navidad, como si quisiera resumir en esos versículos el espíritu genuino con el que todo creyente debe acercarse al misterio del Verbo encarnado y concretarlo en la propia vida. Y este espíritu se revela misionero, es decir, marcado por una fuerte carga evangelizadora. Toda verdadera evangelización puede pues encontrar aquí algunas de las motivaciones más auténticas: La Palabra encarnada, acogida, contemplada y vivida, debe ser anunciada a los otros, pues la Palabra que no se comparte pierde incisividad y eficacia en la vida del creyente. Pero nosotros no somos capaces de anunciar la Palabra a los otros si antes ella no echa sus raíces en nuestra vida personal. Evangelización no significa simplemente proclamar principios, instruir o catequizar. Significa compartir con los otros la experiencia personal de un Dios que se rebajó hasta nosotros en su Hijo, Jesús de Nazaret, y que nos implicó en su aventura de salvación para todos. El mismo Fundador, José Allamano, en sintonía con este espíritu juaneo, nos exhorta a crecer en nuestro dinamismo misionero y en el celo apostólico, a través del empeño constante y fuerte de tender a la santidad de vida. ¿Qué es este "ver", "oír", "tocar" sino nuestra implicación plena y total en el seguimiento de Cristo, en la tensión a una conversión que sea radical, en crear en nosotros el hombre nuevo? Notemos también el uso del plural hecho por el autor de la carta. Ninguna experiencia apostólica podrá ser nunca un hecho individual o aislado. Es esencialmente eclesial. O nosotros estamos en plena sintonía con la Iglesia, en comunión con los hermanos de nuestra Familia, en solidaridad con las personas a quienes se dirige nuestro servicio misionero, o corremos el riesgo, temido ya por San Pablo, de dar puñetazos al 'aire" y de "correr en vano". La misión, hoy más que nunca, debe estar marcada por la espiritualidad de la comunión. ¡Qué hermoso sería si el esfuerzo de renovación de nuestra acción misionera en Roraima adoptara el programa que nos trazó el apóstol San Juan! 1. VIª CONFERENCIA REGIONAL
La visita canónica se hizo a poca distancia de la celebración de la VIª Conferencia Regional, celebrada en el mes de mayo de 2000. Sin duda fue una piedra miliaria en el camino de vuestra Región. Preparada con esmero a través de un itinerario que os vio implicados a todos los religiosos, supo volver a tratar los temas principales de nuestra vida de acuerdo con las indicaciones hechas por el Capítulo y ofrecer orientaciones actuales, valientes y precisas. La lectura de la realidad en la que os encontráis, junto con las indicaciones capitulares, fue la referencia constante para encontrar las propuestas que pudieran ser una renovación segura y eficaz de las personas y de las comunidades misioneras. Y justamente esa lectura, ampliamente descrita en su contexto cultural, político, socio-económico, religioso, misionero, eclesial y de Instituto, os exonera ahora de representarla en el ámbito de nuestra vida. Puede suceder, sin embargo, que acontecimientos significativos de nuestra vida terminen en la nada si no retornamos a ellos con frecuencia, reflexionando sobre ellos con atención y esforzándonos en la desmenuzación de su eficacia en la vida cotidiana. Podría suceder lo mismo con la Conferencia Regional. Este era el significado de cuanto la Dirección General quiso sugerir en el momento de ofrecer su aprobación de las Actas: "Deseamos que la Dirección Regional acompañe el camino de los hermanos con un plan detallado, completo y anual, en el que se especifiquen las propuestas operativas, especialmente donde las Actas de la Conferencia se han limitado a presentar orientaciones generales" (Actas, p. 5). Al final de la visita deseamos repetir el deseo expresado en aquella circunstancia. Más aún, deseamos proponeros la celebración de una asamblea especial con ocasión de la próxima renovación de la Dirección Regional, para retomar entre las Actas de la Conferencia y redefinir programas concretos para su actuación en el próximo trienio. Sería una verdadera pena que algunas partes de este documento, madurado con tanto empeño por la Región, quedaran frustradas por falta de atención o escaso interés en el momento de su realización. Las propias Actas de la Conferencia nos eximen por tanto de insistir en algunos temas específicos, que habitualmente encuentran sitio en las relaciones de las visitas canónicas. Preferimos, en cambio, en las páginas que siguen, fijar nuestra atención en algunos aspectos que afloraron con particular insistencia en la asamblea regional y en los diálogos con los misioneros, como queriendo hacernos eco de la VIª Conferencia Regional, a dos años de su celebración. 2. PERSONAL MISIONERO
En los últimos años, el personal de la Región ha sufrido un cambio muy fuerte. Ofrecer a todos los misioneros de la Región la posibilidad de llevar a cabo un cambio de circunscripción y de trabajo, con el fin de evitar el peligro de asentarse tras largos años de compromiso misionero en una Región bastante circunscrita, era algo que se pedía en el pasado con tonos incluso fuertes. El último Capítulo General, de manera explícita, pidió a todos los misioneros que estuvieran disponibles para una alternancia después de nueve años aproximadamente de permanencia en un determinado lugar (Cf. X Capítulo General [XCG], 27). Este cambio de personal, iniciado en la Región Roraima hace algunos años, gracias a la disponibilidad de los misioneros, ha podido realizarse de manera serena y constructiva. Ahora debe continuar hasta convertirse en una praxis normal. No cabe duda de que una alternancia, después de muchos años de trabajo en la misma Región y con gente que se nos ha hecho familiar y amiga, puede constituir para el misionero un sacrificio no indiferente. Sin embargo, los beneficios que aporta a cada misionero, a la Región y a la Misión, recompensa ampliamente el sacrificio personal y el esfuerzo de las Circunscripciones en llevarlo a cabo. El primero y más evidente resultado del camino emprendido es la llegada a la Región de numerosos nuevos misioneros. Vienen cargados de entusiasmo, deseosos de compromiso y con nuevas ideas, que no siempre se colman con las opciones del pasado. A los recién llegados, por tanto, les decimos: No vengáis a una Región con programas preconcebidos, que no sirven. Dedicad pues mucho tiempo a dialogar, a ver, a interrogar: la historia, también en este nuestro caso, puede ser una maestra preciosa de vida. No seáis demasiado proclives a juzgar: sed conscientes de que lo hecho en el pasado puede haber costado a los hermanos sudor y sangre. Comprometeos gradualmente en el camino de la Región sin quedaros mirando desde la ventana. Vuestro compromiso concreto, muy al lado de los hermanos que han hecho ya un largo trecho de camino en la Región, podrá ser vuestro medio más eficaz para aprender "con sabiduría" y para insertaros en el programa de la Región gradualmente y con eficacia. A los misioneros más ancianos les hacemos esta sugerencia: Acoged con alegría a los hermanos más jóvenes que llegan para echaros una mano. Son una verdadera bendición de Dios para el futuro de la misión y garantizan la continuidad del trabajo que con tanto empeño comenzasteis vosotros. No seáis demasiado fáciles a resaltar sus límites: podríais mortificarles y apagar su entusiasmo. Sed más bien pródigos en el diálogo con ellos, y al mismo tiempo permitid que sea su propia experiencia la que diga lo que se habría podido hacer de otra manera o de mejor modo. Animadles a probar, no os impacientéis si algunas veces expresan un juicio precipitado sobre lo que con tanto sacrificio habéis hecho vosotros. Aplicad en relación con ellos el programa de Juan Bautista sobre con Jesús: "Es necesario que él crezca y yo disminuya". Confiamos de manera especial al Superior Regional los misioneros jóvenes: es el aspecto más delicado de su trabajo. Que esté a su lado de ellos, que dialogue a menudo, que organice un plan concreto de encuentros formativos con ellos. Que no descuide nada que pueda ser útil para facilitarles una adecuada introducción en la vida de la Región y en el trabajo apostólico. 3. PROMOVER LA ESPIRITUALIDAD DE LA COMUNIÓN
Durante decenios, el trabajo misionero en la Diócesis de Roraima se distinguió por la presencia intensa, a veces incluso exclusiva, de las fuerza IMC-MC. La falta de clero diocesano y de otras fuerzas pastorales, si por una parte podía facilitar un camino de conjunto, por otra empobrecía notablemente el componente eclesial. En los últimos años, un cambio notable se ha producido con la llegada de nuevos agentes de pastoral de diversa extracción, quienes han supuesto un gran beneficio para la Iglesia de Roraima. También la elección de la Región para reforzar un segundo polo de presencias en Manaus, reduciendo el peso de nuestra presencia en Roraima, facilitará sin duda la integración de las nuevas fuerzas pastorales que llegan a la Diócesis. Todo esto puede tener repercusiones importantes en nuestras actitudes y en nuestro trabajo. Aludo sólo a algunos aspectos: No es ya la comunidad IMC la que determina las orientaciones pastorales de la Diócesis. Éstas provienen ahora del obispo, en comunión con todas las fuerzas vivas de la Diócesis. Con la nueva situación que se ha creado en la Diócesis, nuestro tradicional estilo de hacer misión puede haber sido puesto en crisis. El disgusto de muchos misioneros, que ha aflorado de forma explícita durante la pasada visita canónica, parece que se atenúa, lo que es un signo de madurez y también de afinamiento de la sensibilidad eclesial. Esta nueva realidad no debe mortificar o empobrecer nuestro dinamismo misionero y apostólico. Debemos continuar siendo propositivos, debemos ser abiertos para confrontarnos con todos y para alegrarnos con todos cuando una nueva orientación pastoral se encuentra gracias a la colaboración y la aportación de todos. Recordemos la pasión del Fundador por la Iglesia y la actitud que exigía de nosotros. Su enseñanza era: ¡No hacer nada sin la Iglesia! Y nosotros lo confirmamos: Mejor un camino más lento hecho en la comunión, que las empresas arriesgadas de agentes pastorales "solitarios". Demostremos que nos distinguimos como hijos de Allamano también en esto: amor a la Iglesia, a la Iglesia local con su Pastor, colaboración sincera en toda iniciativa diocesana. Si con ello gana la Iglesia, ganará también el Instituto y el espíritu misionero de sus miembros. Hagamos crecer en nosotros y en derredor nuestro una "espiritualidad de comunión", como pide con insistencia a toda la Iglesia el Papa Juan Pablo II en la exhortación apostólica Novo millennio ineunte. Busquemos el diálogo con todos, tratando de que nuestros proyectos apostólicos estén siempre en armonía con los diocesanos y sintonizándonos siempre con las líneas pastorales que de ellos emanan. 4. LAS COMUNIDADES LOCALES
La visita ha podido observar gratamente que la orientación dada por el XCG sobre la configuración de las comunidades locales se ha tomado en serio. Buena parte de las comunidades locales han conseguido ya el número de tres miembros. Será más fácil así llevar a cabo las orientaciones que desde hace tiempo está pidiendo el Instituto a las comunidades. Se pide a cada una de las comunidades que:
oTenga su propio proyecto comunitario de vida y que se redacte cada año por todos sus componentes, con la presencia del Superior Regional o de otro miembro del consejo regional; oSea el lugar ideal para el crecimiento de las personas, donde se cuida atentamente la formación permanente, los momentos comunitarios de oración, el descanso, los encuentros semanales de la comunidad, durante los cuales se tomará también en consideración la profundización de los textos de reflexión propuestos por el Instituto; oCuide la formulación del proyecto apostólico, juntamente con las demás fuerzas pastorales, como guía y estímulo de nuestro trabajo, medio eficaz de comunión y garantía de continuidad en la actividad misionera. Es oportuno que ese proyecto apostólico se haga conocer a las demás comunidades de la Región en el curso de las periódicas asambleas regionales. En este contexto consideramos oportuna una llamada a una mayor estabilidad del personal en las comunidades locales. Se facilitarían así la presencia del misionero entre la propia gente y el conocimiento del ambiente que le rodea, la forma de compartir gozos y problemas, luchas y esperanzas de aquellos a los que se nos envía. En cambio, frecuentemente se lamentan ausencias incluso prolongadas de la comunidad, que no siempre están motivadas por la participación en cursos formativos o en las reuniones diocesanas. Un antídoto a estas ausencias podría ser la regularidad en las vacaciones anuales, aunque no deben superar, como está previsto por nuestros Documentos, un período superior a los veinte días. La comunidad de la Casa Regional de Calungá merece una palabra aparte. Se esfuerza en acoger y hacer sentir a gusto a los que por cualquier motivo piden hospitalidad en ella. Todos los misioneros, sin embargo, deben estar atentos a vivir los ritmos comunitarios que la casa exige, a programar con el Superior local su permanencia, notificando oportunamente y a tiempo las llegadas y las partidas. Hemos advertido también con complacencia el camino de colaboración con las Misioneras de la Consolaba emprendido por las comunidades de Surumú y Catrimani. Además de responder a la exigencia de un trabajo pastoral eficaz, ello supone un elemento carismático, intensamente querido por nuestros últimos Capítulos Generales. Animamos por tanto a continuar por el camino emprendido para hacer cada vez más vivo y eficaz vuestro testimonio misionero. 5. USO CORRECTO DE LOS BIENES
Un elemento de nuestra vida religiosa y misionera, que puede considerarse como un papel de tornasol de la consistencia de nuestro sentido de pertenencia al Instituto y de la autenticidad de nuestro celo misionero, es el uso correcto y transparente que hacemos de los bienes que la Providencia pone en nuestras manos en favor de la obra misionera y de los pobres. Mezquindad y paternalismo en el uso de los bienes son los dos peligrosos extremos entre los que pueden anidar una infinita variedad de actitudes, que podrían chocar con el "espíritu" que el Fundador quería de nosotros . A lo largo de la visita hemos tratado de aportar algunas clarificaciones sobre el uso correcto de los bienes en el contexto de vuestro trabajo misionero, inspirándonos en orientaciones que forman parte de la praxis del Instituto o que están contenidas en nuestra legislación. Tales orientaciones emergen fundamentalmente de tres principios que ordenan y, al mismo tiempo, aclaran las múltiples implicaciones relacionadas con el uso de los bienes: 1. Con su consagración religiosa, el Misionero de la Consolata renuncia al derecho de disponer libremente de los bienes que recibe en favor de la misión. Ya la Carta Circular del Superior General del 1-5-1985 decía al respecto: "Todos somos en nuestro ámbito administradores de bienes que son de todos y están destinados al "servicio de la evangelización" (Const 158). Sea cual sea el departamento o el lugar donde se trabaje, el proyecto es único. Es necesario saberse elevar por encima de mentalidades restringidas a las propias exigencias, para pensar en el bien común. De lo que se deriva que nadie, independientemente de la mansión donde se encuentre, puede disponer de nada a su gusto o según sus planes" (p. 4). 2. El misionero sabrá usar de los bienes con la actitud del "siervo fiel y prudente" del Evangelio, consciente de que el primer recurso del Instituto es la Providencia. Administrará todo con conciencia y escrupulosa atención, transparencia y sentido de la responsabilidad. 3. El principio de la caja común, vigente en el Instituto, debe estar presente en primer lugar a nivel de comunidad local y luego a nivel regional y del Instituto. Este principio empuja a todos los misioneros a crecer en la corresponsabilidad, a mirar al bien común, buscando ofertas y conteniendo los gatos en el propio trabajo mediante un estilo de vida austero. En razón de estos principios, todo misionero tendrá que comprometerse en observar escrupulosamente las normas que el Instituto establece en este campo. Exhortamos a la comunidad regional, bajo la guía del Administrador Regional, a retomar la lista de las orientaciones que la visita ha ofrecido en el curso de la asamblea final. Se la podrá integrar con posteriores aclaraciones para que todos los hermanos puedan conocer nuestra legislación sobre el uso de los bienes y sepan tener una correcta contabilidad.
6. ANIMACIÓN MISIONERA Y VOCACIONAL (AMV) Al aprobar las Actas de la última Conferencia Regional, la Dirección General hacía la siguiente observación sobre AMV: "Ha resultado evidente el empeño de la Conferencia para relanzar la animación misionera y vocacional en la Región. Animamos a todos los misioneros a asumir esa tarea con valentía y creatividad, siendo este un campo de trabajo en gran parte inexplorado en la Región Roraima". La visita ha constatado que muy poco se ha podido realizar hasta ahora en esta área. Las alternancias del personal y algunas enfermedades de los hermanos han impedido al consejo regional realizar este aspecto de nuestra actividad misionera y de formular un programa concreto de actividad. Queremos ofrecer ahora algunas sugerencias que hemos podido madurar en el curso de nuestra visita y que, tratadas en la debida sede, podrán ayudar a poner en marcha de manera decidida este sector de actividad misionera. - Recordamos que allí donde haya pastoral juvenil debe también hacerse una clara pastoral vocacional. Si este principio vale para toda comunidad cristiana, es aún más evidente en las comunidades cristianas de las ciudades, donde abundan los jóvenes y donde se pueden encontrar con mayor facilidad personas sensibles a la llamada vocacional. Pensamos que el fortalecimiento de nuestra presencia en Manaus debe coincidir también con un relanzamiento vocacional IMC. - Debe haber en todas las parroquias un grupo vocacional, con un preciso programa de vida y de actividades formativas, así como iniciativas de oración por las vocaciones. - Entre las diversas opciones vocacionales presentadas a los jóvenes, la misionera IMC y MC debe estar siempre presente y se la debe ilustrar especialmente con nuestro propio testimonio de vida. El compromiso que la VIª Conferencia Regional asumió de presentar al pueblo cristiano el testimonio de vida del Beato Allamano y el carisma del Instituto, constituye una oportunidad única para presentar nuestra vocación específica. - En el caso de que surgieran candidatos y aspirantes IMC, aprovechemos las estructuras de la Región Brasil. No obstante, todos los misioneros se prestarán a acompañar el discernimiento vocacional, que deberá ser siempre esmerado y capaz de descubrir los verdaderos signos de la llamada del Señor, y que estará disponible al diálogo y a la dirección espiritual. Debe darse mucha importancia al estudio de la dimensión humana del candidato, ya que el ambiente del que estos jóvenes provienen genera a menudo problemas de notable dificultad. - Todos los años se pondrá aparte una suma de dinero para publicaciones útiles que permitan conocer al Instituto y al Fundador y para material vocacional IMC. Debe haber por parte de todos empeño en difundir la revista "Missões" y otras de carácter misionero. Queremos recordar, finalmente, que el elemento decisivo de la animación vocacional es siempre la significatividad de nuestra propia vida de consagrados y de misioneros. Una significatividad que ahonda sus raíces en el seguimiento de Cristo, que nos ha fascinado hasta el punto de que lo hemos dejado todo para seguirle solamente a Él. Es Él quien llama e interpela a los jóvenes con nuestro testimonio de vida y nuestra coherencia entre lo que anunciamos y lo que somos.
7. NUESTRA PASTORAL MISIONERA
Ofrecemos en primer lugar algunas indicaciones sobre los dos polos de pastoral característicos de la Región: el que se hace entre los indígenas en la región de Raposa-Serra do Sol y con los Yanomami del Catrimani, y el de los compromisos en las ciudades de Boa Vista y Manaus. Hacemos también una alusión a las actividades en favor de la Justicia y la Paz, por la importancia que tienen en el contexto de la pastoral regional. Para una reflexión más exhaustiva, remitimos una vez más a la Conferencia Regional, que se detuvo largamente en la profundización del significado de estas actividades y ofreció orientaciones y sugerencias útiles para el trabajo pastoral. a. Pastoral indígena El Instituto y la Diócesis de Roraima han hecho una selección prioritaria de la misma desde hace más veinte años. Los resultados de este esfuerzo conjunto son múltiples, entre los que cabe recordar: el nacimiento y desarrollo de una conciencia de "pueblo indígena", la organización capilar en defensa de los derechos a la vida y a la tierra, el compromiso en el campo de la salud y de la educación, la búsqueda de la Palabra de Dios y el camino de una renovada vida cristiana. Queremos recordar aquí algunas opciones hechas por el Instituto y por la Diócesis, al tiempo que ofrecemos diversas propuestas de carácter práctico y organizativo. - Instituto y Diócesis sienten con urgencia especial la necesidad de contar con una coordinación eficaz de la pastoral indígena. Hemos visto complacidos la disponibilidad de la Región para poner a disposición para la coordinación diocesana de esta pastoral a uno de nuestros misioneros a tiempo pleno. Las estructuras, sin embargo, no son suficientes. Que haya en cada uno de nosotros plena disponibilidad para colaborar con todos los que trabajan en esta área y una profunda convicción de la necesidad de una comunión plena en un trabajo tan comprometido como es, por muchos motivos, el que se hace entre la población indígena. - Sugerimos que se redacte un plan detallado de acompañamiento de los misioneros que por primera vez se insertan en este trabajo. En especial, que se les dé la posibilidad de estudiar y aprender la lengua de la gente. Por parte de ellos, que haya disponibilidad para insertarse plenamente y responsablemente en el camino pastoral que el Instituto y la Diócesis establecen. - Se confirma el valor y el significado de nuestra presencia en medio del pueblo Yanomami, sobre todo en lo que concierne a la defensa del derecho a la vida, a la salud, a la educación, así como un diálogo interreligioso cada vez más significativo. Pensemos que la orientación tomada hace ya tiempo de cerrar la carretera que lleva a la Misión del Catrimani favorecerá nuestro contacto con la población indígena y nos liberará del peso de muchas estructuras. El equipo deberá poner de inmediato en marcha un proceso de readaptación del propio proyecto pastoral a la situación que aflorará pronto, agilizando las estructuras de la Misión y orientando de otro modo las diversas actividades de apoyo a los grupos indígenas que viven en las proximidades de la carretera. No es difícil percibir los efectos positivos que esa decisión puede tener para nuestro trabajo, facilitando la concentración en lo que es más importante para nuestra presencia en medio de los Yanomami: estudio de la lengua, conocimiento de su mundo religioso, profundización de la cultura, diálogo interreligioso. - En la aprobación de las Actas de la última Conferencia Regional, la Dirección General había sugerido que se enviaran al Catrimani misioneros con experiencia de trabajo pastoral. Además de renovar esta sugerencia, la visita propone al consejo regional que estudie el modo mejor de permitir al personal misionero que trabaja entre los Yanomami (especialmente sacerdotes) que alternen periódicamente el trabajo en el Catrimani con momentos significativos de colaboración en la actividad pastoral, especialmente en la ciudad. b. Pastoral de la ciudad La Región está orientada a hacer de la pastoral de la ciudad otro polo importante de trabajo misionero. La ya próxima entrega a la Diócesis de nuestras dos presencias entre la gente del campo (Alto Alegre y Taiano), permitirá el reforzamiento de los equipos que trabajan en la ciudad y una próxima apertura en una de las inmensas periferias de Manaus. La parroquia de Santa Lucía, en Manaus, podrá constituir entonces un apoyo precioso para la nueva apertura, implicando a los laicos y los religiosos en la constitución de nuevas comunidades cristianas en la zona periférica que el Obispo nos indique. - La pastoral urbana, según el nuevo estilo deseado por los Obispos, es una realidad todavía relativamente nueva para los misioneros de la Región. Debe pues existir un empeño sincero en quienes trabajan en esta área para tener en cuenta las orientaciones diocesanas y un esfuerzo para que cada vez sea más adecuada su preparación pastoral. - Pensamos que en obediencia a las orientaciones de la Iglesia local y al Instituto, las siguientes características no deben faltar en la pastoral urbana: inserción de los misioneros en los barrios de la ciudad y su proximidad a la gente; formación de los laicos y empeño para suscitar los ministerios laicales; apoyo y colaboración con quienes trabajan en la pastoral indígena; atención privilegiada a los jóvenes y a la pastoral vocacional; uso de los medios de comunicación. c. Justicia, paz y conservación de la naturaleza La Región ha sido siempre muy activa en su reflexión sobre los temas que tienen que ver con la justicia, la paz y la conservación de la naturaleza. Se han lanzado campañas internacionales para sensibilizar más a la opinión pública sobre las realidades concernientes a las poblaciones indígenas, los pobres de las ciudades, la defensa de los derechos humanos y las culturas. La visita exhorta a continuar con empeño por el camino emprendido, a pesar de los muchos obstáculos que se presentan en nuestro camino. Caminad también en comunión con todas las fuerzas de la Iglesia y de la sociedad y en colaboración estrecha con la pastoral indígena y con la de la ciudad. Queremos recomendaros el uso de los medios modernos de comunicación para una eficaz sensibilización de la población de las ciudades, especialmente la utilización de la Radio diocesana que entrará pronto en funcionamiento. Continuad formándoos y formando, participando activamente en iniciativas nacionales como la Cuaresma de Fraternidad, las semanas de estudio organizadas por la Diócesis, y valorando el estupendo Manual apenas publicado en portugués: Justiça e Paz (2001). 8. LAICOS MISIONEROS DE LA CONSOLATA (LMC)
La visita ha querido verificar en todas las comunidades la posibilidad de que los Laicos Misioneros de la Consolata se unan a los demás misioneros como compañeros de camino y colaboradores en su trabajo. Se ha comprobado, con sorpresa nuestra, que las posibilidades existen y son múltiples. Además varias comunidades se han declarado disponibles para acoger laicos misioneros, formados según el proyecto del Instituto. Mientras la Región se prepara a recibir una ya inminente y nutrida presencia de LMC, quisiera recordar algunas actitudes que cada uno de nosotros debería cultivar, para que la aportación de estos jóvenes pueda ser fructífera para la misión y de beneficio para las personas. - Y en primer lugar se debe recordar que LMC no es un simple voluntariado que parte para ofrecer una prestación profesional en lugares de necesidad, sino más bien un cristiano que, respondiendo a una llamada de Cristo, se pone al servicio de la misión. Su persona, por tanto, y su testimonio de vida deben contar para nosotros tanto como su prestación profesional específica. - En la convivencia con ellos, debemos recordar que son "laicos" y que nosotros no debemos constreñirles a vivir la vida de los religiosos consagrados. No obstante, en su formación a la misión se han preparado para valorar la oración, la colaboración, el diálogo, el compartir la vida, el seguimiento de Cristo Misionero como ingredientes indispensables en su servicio misionero. - De manera especial, estos Laicos desean compartir con nosotros el carisma del Beato Allamano, a quien han aprendido a acoger y amar come padre y maestro. Debemos ser nosotros, los hijos "primogénitos" del Fundador, los que no debemos dejar que les falte el carisma que ellos desean ver encarnado en nosotros. - El laico que llega a nuestras misiones deberá ser insertado en el equipo pastoral, acompañado gradualmente en su trabajo y encontrar en nuestras comunidades apoyo humano y alimento espiritual. Debe ser elaborado con ellos un atento plan de trabajo y de vida, donde actividad, formación y descanso estén bien repartidos y tenidos en la debida consideración. - Responsables primeros de los Laicos Misioneros IMC son el Superior Regional y el local, que deberán acompañar a las personas con la cercanía y el diálogo, tratando de apoyarlos con vistas a una serena y fructífera inserción en las comunidades apostólicas. - La comunidad local y la Región se encargarán de algunas cargas financieras siguiendo las orientaciones que están a punto de publicarse por el Instituto. Será también esta una forma de ofrecerles el apoyo debido, pero también de hacerles que se sientan expresión verdadera de nuestra Familia. CONCLUSIÓN
Aunque esta visita se haya realizado a apenas tres años de la anterior, hemos encontrado realidades nuevas y diversas, situaciones emergentes que necesitan respuestas puntuales, misioneros ante su primer impacto con unas realidades siempre muy exigentes. Al mismo tiempo hemos encontrado, a nivel político y social, las situaciones de siempre, que nos exigen una acción eficaz de presencia y consuelo. Hemos vivido entre vosotros los días de Navidad, siempre hermosos y densos de significado. Con vosotros y por vosotros hemos suplicado al Hijo de Dios para que encontréis luz en los momentos de persecución y valentía para solidarizaros siempre con los pobres y los últimos. Vuestro compromiso y vuestra determinación para acompañar a las poblaciones indígenas para recuperar su propia identidad y para defender sus derechos, se han convertido en ejemplo significativo para muchas personas. El Instituto y la Iglesia local y los propios indígenas os están agradecidos. Conscientes de que la meta no se ha logrado todavía, sentís como dirigidas a cada uno de vosotros las palabras paternas e intensas del Fundador: ¡Adelante! ¡Ánimo! Toda la visita nos ha parecido una celebración familiar, porque hemos crecido más en la comunión. Hemos recordado los 100 años de vida del Instituto, dando gracia a Dios por la vocación que nos ha dado y por la obra misionera confiada al Instituto, especialmente en estas tierras tan necesitadas de la Amazonia Brasileña. Los cuatro Misioneros de la Consolata que descansan en el cementerio de la ciudad (PP. Calleri, Monticone, Colucci y Silvestri), juntamente con el P. Paolo Galbusera, sepultado en Manaus, interceden en favor de nuestro camino misionero en la Región. Estamos muy agradecidos al P. Sergio S. Weber por habernos acompañado en la visita; también al consejo provincial por los diversos encuentros que ha querido celebrar con nosotros, y a todos vosotros por habernos acogido como hermanos. En Roraima, más aún que en otros sitios, hemos sido conscientes de no haber venido en calidad de "maestros" sino de hermanos. Vosotros nos habéis hablado de vuestro trabajo y de vuestra vida y nosotros hemos compartido con vosotros nuestros puntos de vista, así como el camino y los problemas del Instituto y de los misioneros que en otras partes del mundo se empeñan en realizar la misión según el carisma del Beato Allamano. Las indicaciones y las orientaciones que os hemos presentado aquí son solamente algunas de las que vosotros nos habéis sugerido por el bien de la Misión y de la Región. Que la Virgen Consolata y el Beato Allamano os acompañen en su realización. Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), protectora del Instituto este año, interceda por vosotros delante del Señor para que os dé valentía apostólica y coherencia de vida. Fraternalmente. P. Piero Trabucco, IMC Superior General P. Aquiléo Fiorentini, IMC Consejero Continental para América
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