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Roma, 19 de marzo 2002 Fiesta de San José
Queridos hermanos: Era el domingo V "per annum" cuando la visita canónica a la Región Portugal comenzaba oficialmente. Aquel día la Liturgia nos hacía leer un texto sugerente, sobre todo para nosotros los Misioneros, tomado del sermón de la montaña. Esa lectura podía constituir no sólo una inspiración para el tiempo de la visita canónica, sino un verdadero programa de vida apostólica. Lo proponemos de nuevo ahora, momento conclusivo de nuestra visita a la Región. "Jesús dijo a sus discípulos: Vosotros sois la sal de la tierra. Si la sal se desvirtúa, ¿con qué se salará? Para nada vale ya, sino para tirarla a la calle y que la gente la pise" (Mt 5, 13). Jesús nos dirige a nosotros también ese reto y esa invitación: poned toda vuestra confianza en Dios solamente, porque la fuerza de la misión viene de Él, de Él la invitación al cambio, de Él la acogida de la salvación y todo itinerario de liberación. Si sabemos acogerlos saldrá sin duda ganando toda nuestra acción misionera y antes que nada nuestra propia vida. "Vosotros sois la luz del mundo. Un ciudad situada en la cima de un monte no puede ocultarse. No se enciende una lámpara para ocultarla en una vasija, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los que están en la casa. Brille de tal modo vuestra luz delante de los hombres que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos" (Mt 5, 14-16). Sólo la actitud permanente de discípulos permitirá que nos convirtamos en "luz" que ilumina y fuego que calienta. También la eficacia de nuestra acción misionera y apostólica, antes de ser el resultado de una estrategia estudiada y planificada, debería nacer de nuestra vida casi como una fuerza instintiva. Concentrados especialmente en ser verdaderos discípulos, la acción apostólica surgirá de nosotros como agua que brota de lo profundo de una fuente de agua cristalina. A través de nuestros proyectos de trabajo conseguiremos que esta agua no se pierda y que calme la sed. Este es el valor fundamental que quisiéramos que estuviera en la base de todo el mensaje y de las orientaciones concretas que el P. Giano Benedetti y yo tratamos de ofreceros al final de la visita a vuestra Región. El discípulo, convertido en luz del mundo y sal de la tierra, es la realización del sueño del Beato Allamano cuando quería que todos sus hijos estuvieran totalmente concentrados en el empeño de la santidad y constantemente afanados en conseguir lo mejor para sus vidas. PORTUGAL: REGIÓN EN CAMBIO
Han pasado seis años desde la última visita canónica realizada por la Dirección General a la Región Portugal. Aunque no se trate de un período muy largo, sí se ha visto marcado por acontecimientos capaces de repercutir profundamente en la vida y el rostro de la Región. Detallamos los elementos que nos parecen especialmente significativos y que pueden facilitarnos una relectura de la realidad regional y sugerir orientaciones y pistas para el futuro. a. Coyuntura vocacional
La Región Portugal, en el contexto crítico de Europa, ha sido durante mucho tiempo un punto firme de referencia vocacional y una esperanza. Efectivamente, todos los años un número significativo de jóvenes comenzaba el noviciado. Era el resultado de una animación que se realizaba a partir de la edad de la adolescencia. Improvisamente, en estos últimos años, la misma crisis vocacional sentida gravemente en las demás Regiones de Europa llegaba también a Portugal. El Seminario filosófico de Cacém, a causa del número demasiado exiguo de estudiantes, era cerrado y los pocos estudiantes que quedaban pasaron a Aguas Santas, ya sede del Seminario pre-filosófico, también éste con un número limitado de seminaristas. Esta situación, tal vez por haberse producido con cierta rapidez, no ha dejado de causar un desconcierto en los hermanos de la Región, sobre todo en aquellos que durante muchos años soportaron más el peso del trabajo vocacional. Esta fase de la coyuntura vocacional no da señales de cambio de tendencia y de ningún modo parece ceder. Confirman la misma situación crítica otros Institutos religiosos y los propios seminarios diocesanos, signo de un fenómeno generalizado. b. Fermento juvenil y laical
Mientras que la disminución de los candidatos misioneros procede inexorable, está afianzándose una realidad nueva: la de numerosos jóvenes que desean ponerse al servicio de la misión como laicos. Las comunidades de Cacém y de Aguas Santas han dado vida en estos años a grupos juveniles en cuyo seno están madurando vocaciones laicales. Podemos pues afirmar que, en el conjunto de la realidad regional, un nuevo fermento está aflorando entre los jóvenes, que encuentra sus expresiones en múltiples iniciativas de solidaridad y de caminos formativos. No se nota todavía, sin embargo, por parte de estos jóvenes, la atención a la consagración IMC que las comunidades y especialmente los animadores podrían esperar. c. La reestructuración
El sexenio pasado ha estado también señalado por nuevos pasos dados en la terminación de la reestructuración de los edificios de la Región. En la Casa de Fátima se ha completado últimamente el plan de reestructuración para acoger adecuadamente a las numerosas personas que componen esa comunidad. Queda por dar todavía una respuesta más definitiva a una estructura de acogida para hermanos ancianos y enfermos. Le llega ahora el momento al Seminario de Aguas Santas, cuya reestructuración está en fase de avanzada realización. Hace dos años que se cerró la comunidad de Figueira da Foz, decidida por la VIII Conferencia Regional. Un comisión acaba de concluir la realización de un esmerado estudio con vistas a la constitución de una nueva comunidad en la periferia de Lisboa. Además de obedecer a la petición del último Capítulo General de buscar situaciones ad gentes en Europa, esta nueva comunidad debería constituir un válido apoyo a la AMV, especialmente en lo que concierne al área juvenil. Pensamos en efecto que el número de personas en activo de la Región puede permitir que se constituya con serenidad una nueva presencia misionera como alternativa a la ya concluida en Figueira da Foz. Además, este proyecto permitiría ampliar el área de la animación misionera y evitar quizá una excesiva concentración de personal en la comunidad de Fátima. d. El personal de la Región
Continúa aumentando el número de misioneros jóvenes que trabajan intensamente en la Región. De ahí que sea cada vez más clara la división del personal en dos grupos: el de los ancianos de más de 60 años y el de los jóvenes que hacen su primera experiencia misionera (10). Este fenómeno, quizá no querido expresamente, pero que se ha creado poco a poco con la evolución del ritmo de la alternancia del personal, crea una situación crucial en la Región. Puede la misma ser positiva y enriquecedora si se la acompaña con una atenta animación del personal. Podría en cambio crear complicaciones y peligros en el camino regional si no se eliminan de raíz posibles enrocamientos en concepciones preconcebidas y cerrazón al diálogo y el discernimiento. Es digna de destacarse la inserción positiva de misioneros africanos. La convivencia intercultural necesita ser acompañada con atención y esmero, porque la buena voluntad de las personas interesadas no es suficiente. e. VIII Conferencia Regional Celebrada en mayo de 2000, la Octava Conferencia Regional fue la conclusión de un largo proceso de profundización y de concreción a nivel de Región de las orientaciones capitulares. En ella se quisieron tratar especialmente los temas que más preocupan: animación misionera y vocacional, formación permanente, organización regional. Precioso para la comprensión de las Actas de la Conferencia es el apéndice que contiene una lectura atenta y sincera de la realidad regional. Esta Visita canónica ha tenido la percepción de que el impacto de la Conferencia sobre la Región ha sido hasta ahora considerable. Tuvo su momento más intenso en la fase de preparación y sobre todo en su celebración. Ahora la Conferencia continúa siendo un punto constante de referencia, que sale a flote sobre todo en los momentos de revisión y de programación regional. Sugerimos que en el momento del cambio de la Dirección Regional, en el curso del presente año, no falte un retorno atento a las decisiones de la Conferencia por parte de toda la comunidad regional, con vistas a una programación del próximo trienio y para que nada se pierda de lo que se sembró con tanto esmero. Una espiritualidad para el Misionero de la Consolata en Portugal
Ser Misioneros de la Consolata en Portugal no significa simplemente desempeñar una serie de actividades, un cometido que se nos confía, organizar y concretar proyectos específicos. La cualidad de nuestra presencia debe constituir el alma de nuestra acción misionera. Por eso la debemos anteponer a cualquier otro proyecto organizativo u otra actividad. Recordemos ahora solamente algunos aspectos de esta nuestra espiritualidad, sobre la que nos hemos detenido en el curso de la visita y a la que hemos dedicado una atención especial. Duc in altum! El Misionero es esencialmente hombre optimista, de esperanza y por tanto hombre del futuro. Apelaré a estas actitudes propias de nuestra fe cristiana como un deber cotidiano del Misionero, en cualquier situación en la que se encuentre realizando su misión y en todo tiempo o momento de su existencia. El momento presente exige a su vez de cada uno de nosotros un afianzamiento profundo en estos valores. Vivimos efectivamente en una época de cambios profundos que están transformando la existencia humana con tal rapidez que da lugar en muchos a un miedo y una inquietud instintivos. Los interrogantes sin respuesta se multiplican de forma desmedida. Se interpela profusamente a los Misioneros y a nuestro compromiso específico en la sociedad. Nosotros mismos nos preguntamos: -¿Qué será de la sociedad que nos rodea, la cual, en su carrera hacia el bienestar, parece haber perdido tantos valores? ¿Qué está buscando el hombre de hoy? ¿Por qué su búsqueda religiosa está recorriendo caminos fuera de los ámbitos tradicionales de la fe cristiana? ¿Qué nos reservará a todos nosotros esta carrera hacia la globalización? Toda esta realidad en continua ebullición nos solicita a que hagamos una lectura atenta de la sociedad y del mundo eclesial en los que vivimos, tal como pide el XCG. Es algo que se repite anualmente con ocasión de nuestras periódicas asambleas regionales, contando también con la ayuda de personas expertas en este campo. Sentimos, en fin, como dirigidas a cada uno de nosotros las palabras de Juan Pablo II: "¡Caminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo. El Hijo de Dios, que se encarnó hace dos mil años por amor al hombre, realiza también hoy su obra. Hemos de aguzar la vista para verla y, sobre todo, tener un gran corazón para convertirnos nosotros mismos en sus instrumentos" (NMI 58). Cuidar la calidad de nuestra vida
El P. Fundador insistía en este tema y lo hacía con acentos especiales y mucha oración. Encontraba en la realización de este compromiso el secreto de toda vocación misionera plenamente realizada. Y quería que todos los Misioneros de la Consolata fueran felices en su vocación plenamente lograda. He aquí solamente algunos de los elementos que pueden ayudar a la calificación de la vida del misionero: - La oración: es el momento privilegiado del encuentro con el Señor. Y el momento en que se templan las fuerzas, alimentan los ideales, se reciben motivaciones. Los proyectos personal y comunitario de vida indican pistas concretas de realización, dentro de los compromisos específicos que tenemos. La oración es además una forma eficaz de animación misionera, porque la misión, antes que un "hacer", es un "ser". Además de favorecer las escuelas de oración, adquiramos la costumbre de invitar a los que frecuentan nuestras comunidades a nuestros momentos de oración. - El descanso: las peticiones para diversas prestaciones y servicios pastorales se multiplican. El tiempo a disposición nos parece siempre poco. Por eso en los individuos y en la comunidad se produce el estrés por el excesivo trabajo. Eso no es expresión de celo apostólico, sino más bien una cesión que daña a la acción. Se deriva de ello un daño para la persona y poca incisividad en nuestros servicios específicos. Algunos consejos útiles: sometamos a discernimiento comunitario nuevas peticiones de trabajo, atengámonos a lo específico nuestro, acostumbrémonos a formular siempre un orden de prioridades en nuestros compromisos, consideremos el descanso como un deber, no olvidemos establecer en nuestras programaciones tiempos específicos reservados al estudio. Diciendo descanso queremos decir tiempo libre de compromisos de trabajo para pensar en nosotros mismos, para recuperar las propias fuerzas, para el estudio, para la vida de comunidad. En la Región se está convirtiendo en costumbre el día comunitario semanal. Que se mantenga y refuerce en las comunidades que ya lo practican y que se introduzca en las que no existe. No olvidemos tampoco aprovechar las múltiples oportunidades que podemos encontrar también fuera del ámbito del Instituto para cualificarnos profesionalmente y para dar consistencia a nuestra formación permanente. Una palabra a los misioneros jóvenes
Sois relativamente numerosos, provenís de Países diversos y os encontráis viviendo aquí vuestra primera experiencia misionera. Mantened siempre viva la carga de entusiasmo que debe distinguiros, amad la Región y el trabajo que ella os ha confiado. Estad unidos entre vosotros: profundizad al máximo vuestros encuentros específicos y periódicos, que son momentos preciosos de comunión, de crecimiento y de apoyo mutuo. Buscad decididamente la comunión con todos y especialmente dentro de vuestras comunidades. Intentad relacionaros con todos los hermanos, incluso con quienes sean de distinta cultura, mentalidad y edad. Cultivad una espiritualidad profunda basada en abundante oración: será el secreto del éxito de vuestro trabajo y de una plena realización de vuestra vocación. Cuidad vuestra formación tratando de hacer cada año vuestro PPV, que deberá contemplar entre otras cosas iniciativas oportunas de renovación personal, como la dirección espiritual, los diálogos profundos con el Superior Regional y los tiempos dedicados a la lectura formativa. A los misioneros ancianos La edad adulta y la ancianidad son un don de Dios que debe ser acogido con agradecimiento y serenidad. Aceptémosla con sentido de la realidad porque toda edad tiene sus características y su ritmo. No nos esforcemos inútilmente en querer seguir practicando un ritmo de trabajo que no se adecua ya con nuestras fuerzas y que era propio de la edad juvenil. Si faltan las fuerzas para el trabajo, que aumente el deseo de dedicar tiempo a la oración. Aceptemos los achaques propios de esta fase de la vida con la fe que convierte en precioso el sufrimiento físico, al igual que la inactividad. Recibamos con serena disponibilidad, con espíritu de obediencia, la invitación de los Superiores a realizar un trabajo en lugar de otro, a residir en una comunidad en lugar de otra. Es un ofrecimiento hermoso que podemos ofrecer aún a la causa misionera. La Región está pensando en una estructura física que sea apta para responder a las necesidades del personal anciano o enfermo. Damos las gracias a los hermanos que se ocupan de quienes necesitan una asistencia especial y tratemos todos de facilitarles su servicio brindándoles toda posible colaboración. Una espiritualidad de la comunión
La NMI nos ofrece una página iluminadora al respecto (Cf. nn. 43-45), donde se presenta la espiritualidad de la comunión como una de las exigencias más fuertes de nuestro tiempo. Motivados ya por el carisma de Allamano y las exhortaciones de los documentos de la Iglesia y del Instituto, preferimos indicar aquí algunas pistas sencillas y operativas para nuestra vida personal, de comunidad y de Región. - Sigamos insistiendo en el PCV, non sólo en el momento de redactarlo, sino volviendo a él periódicamente durante el año. - El tejido organizativo regional debe ser siempre animado en profundidad por la espiritualidad de la comunión. Si no es así, podría convertirse en un peso con el que cargar y no con una ayuda para realizar la comunión regional. Participemos con gusto en los encuentros regionales, pues son momentos indispensables de crecimiento comunitario. - Estemos siempre dispuestos a hacer sitio a los demás en nuestra vida, ya sea la gente a la que servimos o nuestros hermanos con los que vivimos. Luchemos contra el protagonismo personal que va en detrimento de la vida comunitaria. Es mejor una realización menos perfecta pero hecha en comunión que las empresas aisladas realizadas por uno solo. - Crezcamos juntos en la fe: la Eucaristía, el Oficio divino y la Palabra de Dios compartida son medios indispensables para dar profundidad a nuestra comunión. "No nos hagamos ilusiones: sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expresión y crecimiento" (NMI 43). EN PORTUGAL, "AL SERVICIO DE LA MISIÓN AD GENTES"
La Octava Conferencia Regional encontró en esta expresión la descripción más incisiva y que mejor ilustra nuestro trabajo misionero hoy en Portugal. Describe una realidad ya presente, pero incluye nuevos desafíos y señala caminos quizá todavía no recorridos. Podría además ser una eficaz clave para leer críticamente la realidad actual y para volver a programarla con atención a los signos de los tiempos, a las nuevas situaciones de nuestro Instituto y de la sociedad y a las nuevas orientaciones de la Iglesia y de nuestra Familia. Sobre esta línea de reflexión, deseamos referirnos a algunos aspectos especialmente evidenciados durante la visita y especialmente en los coloquios con los Misioneros de la Región. Testimonios del ad gentes
Trabajamos en Portugal con la conciencia de ser los enviados, en nombre del Instituto, a suscitar y mantener viva la identidad misionera de las Iglesias locales. Debemos creer que somos, también aquí en Europa, auténticos Misioneros ad gentes. Y esto no sólo porque el XCG ha querido hacer que se derribaran las barreras que distinguen a los "Países de misión" de los demás, dando así también a Europa la posibilidad de poner en marcha un auténtico trabajo ad gentes. A partir de la Conferencia, la Región ha emprendido un camino que mira a definir mejor nuestra presencia en Portugal como un servicio a la misión ad gentes: en nuestras Iglesias locales y en favor de los territorios lejanos de primera evangelización. En todas partes, en todo sector de nuestro trabajo nos debemos definir como misioneros según el carisma del Beato Allamano. Esta clara conciencia de nuestra misionariedad que nos distingue debe tener un impacto en nuestro estilo de vida, en la espiritualidad, en la especialidad del nuestro trabajo pastoral. Debe convertirse en objeto de reflexión individual y comunitaria, y de revisión de vida. Crecer en esta nueva conciencia puede comportar una profunda conversión en nuestras personas, crear una mejor unidad de intenciones en conseguir los objetivos de la Región, eliminar a veces cierta nostalgia alienante de la "misión lejana" que rebaja el entusiasmo en el trabajo presente. Debemos estar convencidos de que para nosotros la misión no está sólo aquí: la tensión a partir a otros sitios no debe abandonarnos. El compromiso misionero aquí y el impulso ad extra deben ser mantenidos como situación normal para nosotros, necesaria y saludable. Por eso hemos propuesto al Consejo Regional que formule un preciso y gradual plan de alternancia del personal para los próximos años, de común acuerdo con la Dirección General.
Con presencia significativa
Al Misionero de la Consolata se le invita a estar "presente", no como individuo sino como comunidad. Y esto de forma significativa y participativa, de tal modo que su estar en un determinado lugar sea "signo" y profecía de cuanto constituye la identidad más profunda de la propia vocación. Estar presentes significa no solamente estar físicamente en un lugar determinado, sino estar con el corazón, intensa y completamente a disposición de las personas a cuyo servicio hemos sido enviados. Ya lo decía con palabras fuertes Vita Consecrata al presentar el testimonio de la propia vida, individual y comunitaria, como el camino más característico y eficaz de evangelización por parte de las personas consagradas. Somos una presencia significativa y misionera cuando formulamos de forma concreta: - Un proyecto de vida personal que integra de manera armoniosa actividad y contemplación, cuidado de sí mismo y donación incondicional a los demás. Sería una pena que no nos cuidáramos a nosotros mismos para cuidar a los demás, porque nos dañaríamos a nosotros mismos y no haríamos el bien que quisiéramos a los demás. Era esta la intuición paterna y profética de nuestro Padre Fundador, que sigue siendo para nosotros hoy el fundamento de toda su doctrina y el núcleo de su enseñanza. - Un proyecto de vida comunitaria, suficientemente elaborado, que contenga orientación, favorezca la unidad de intenciones, tenga presentes todos los aspectos de nuestra vida. Oración e intercambio comunitario deben contar con nuestra atención, para no destruir lo que con tanto esfuerzo tratamos de construir. - El carisma compartido entre nosotros y con los demás, con visión amplia, diálogo sincero y cordial con la Iglesia local, respondiendo siempre a quien nos pide que demos testimonio de nuestra vocación. Evitaremos el peligro de convertir a nuestras comunidades en islas, como recordaba la VIII Conf. Reg. (p. 29). Entre las infinitas peticiones de servicios que nos pueden llegar, elijamos los que nos cualifican, evitando prestaciones genéricas que vaciarían, a la larga, nuestro proyecto misionero. - La austeridad de vida: hace que sea más auténtico y creíble nuestro testimonio. El bienestar social que nos rodea y la sólida estructura económica de la Región imponen más que nunca a los individuos y a las comunidades un atento uso de los bienes. Y debemos ser capaces de decir con Francisco de Asís que "hay alegría perfecta" cuando algo que podría ser útil y quizá necesario nos falta y no lo tenemos a nuestra disposición. Si practicamos con atención esa austeridad de vida, no nos avergonzaremos cuando nos acercamos a los pobres. Desarrollando una animación misionera eficaz
Juntamente con la promoción vocacional, la animación misionera es la actividad primera y prioritaria de la Región. La visita a las comunidades ha visto que hay un empeño muy grande en este campo. No se ahorran iniciativas, programas, esfuerzos. Es evidente en todos la convicción de que la animación misionera constituye el primer compromiso de nuestra presencia en Portugal. Sabemos en efecto que sólo ayudando a formar una Iglesia más misionera en este País, en su interior y en su exterior, conseguiremos nuestra finalidad. De hecho, de esta nueva conciencia que la Iglesia debe adquirir de sí misma nacerán vocaciones misioneras, crecerá la solidaridad por los últimos, nos abrirá a las necesidades de los demás, nos hará capaces de transformar la pastoral ordinaria en verdadera evangelización. Creemos que debemos exhortar a todos los Misioneros de la Consolata que trabajan en Portugal a no perder el ánimo ante la aparente esterilidad del trabajo, cuando la respuesta no llega con rapidez, cuando no somos recibidos como quisiéramos en las comunidades parroquiales. Que nos valga de inspiración la parábola evangélica de la levadura, citada al principio, o estas otras palabras de Jesús: "gratis lo recibisteis, dadlo gratis". Aludimos ahora a algunos aspectos, característicos de esta actividad, cuya importancia vosotros mismos nos habéis hecho ver. - La revista "Fátima Missionaria": ha conseguido ser más atractiva, su difusión aumenta constantemente. Sin duda la prensa sigue siendo hoy uno de los medios para comunicar y difundir valores e ideales. Que sea un empeño de todos conseguir nuevas suscripciones, darla a conocer en las parroquias, colaborar a gusto con la Redacción mediante nuestros escritos. - Tras años de trabajo en las mismas zonas geográficas, debemos estar dispuestos a revisar el área donde realizamos la animación misionera y, si es necesario, modifiquemos ampliamente su radio. Toda siembra necesita ser derramada para producir fruto. - Las iniciativas en favor de la Justicia y la Paz son actualmente apreciadas, atraen la atención de muchas personas, son un medio privilegiado para interesarse de la esfera juvenil y pueden constituir la antecámara para una animación misionera profunda. Además nos recuerdan el deber de actuar siempre con la mayor corrección en relación con las personas que trabajan en nuestras casas. - Toda comunidad debe aprender "el arte de la oración" y empeñarse en ofrecer "escuelas de oración" (Cf. NMI, 32-34) a los que se interesan. Es esta una iniciativa accesible a todos, jóvenes y menos jóvenes, que además de distinguir a nuestras comunidades, realiza un válido y estimado servicio misionero y apostólico entre todas las categorías de personas. Promoviendo vocaciones misioneras
Muchos consideran este el punctum dolens de la Región. Y sin duda el reto más comprometido de nuestro trabajo es éste. Las iniciativas en este campo no faltan. Permitid que una vez más os digamos: no cedáis ante las dificultades, no perdáis el ánimo ante el aparente fracaso. Recordemos en este contexto la parábola evangélica de la siembra: nosotros tenemos que hacer la labor de sembrar, es decir, esparcir a manos llenas la propuesta de la vocación, y Dios se encargará de hacerla germinar. Nos referimos ahora a algunos aspectos que han sido objeto de una consideración especial a lo largo de la visita. - o Animación vocacional entre los adolescentes. Desde hace varios años, terminado el tiempo de los seminarios menores, habéis emprendido con empeño un trabajo capilar entre los adolescentes: en los colegios, en las parroquias, a través del Seminario en familia. Los frutos no han sido muchos, pero pensáis que aún es oportuno continuar con constancia, porque este campo os parece todavía prometedor. Os habéis propuesto hacer un breve examen global de esta experiencia. Que tal examen os ayude a realizar eventuales correcciones y a introducir posibles cambios para hacer más eficaz este trabajo. - o Animación vocacional entre los jóvenes. Esto parece difícil y complicado y con pocas previsiones de fruto. Sin embargo sigue siendo el período juvenil ideal para acoger la propuesta vocacional. Continuemos con empeño este trabajo, adoptando, si fuera necesario, algunas medidas, como por ejemplo distinguir a los jóvenes en tres categorías o fases formativas: 1. Los que emprenden el camino formativo: es la primera fase y debe ser atenta y cualificada hasta llevarles a una elección de vida, incluso de consagración IMC. Debe durar un período determinado y no ser muy prolongada. 2. Los que, terminada la primera fase formativa, eligen el camino del laicado misionero de la Consolata. Tendrán una formación propia, según el Estatuto de los laicos IMC. 3. Finalmente, los que al final de la primera fase desean continuar su formación y colaboración a la misión como AMC. Es oportuno entonces formar grupos de sólo jóvenes, aunque tengamos que mantener siempre una estrecha colaboración con los demás grupos de personas más adultas. - Laicos Misioneros de la Consolata: son una consoladora realidad en medio de una situación generalizada de crisis vocacional. Generalmente son jóvenes que, atentos a la voz del Señor, piensan poner su vida al servicio de la misión como "fieles laicos". Nuestro Estatuto no duda en denominar su opción una vocación misionera. Efectivamente, su compromiso no es un voluntariado, sino una respuesta de fe al Maestro que los ha llamado a seguirle y que luego les envía. Hemos encontrado entre los Misioneros de la Región algunos titubeos comprensibles, no sólo frente a un lenguaje nuevo, sino también por el temor de que esta atención al laicado pueda afectar a la fuerza y el sentido de la llamada a la consagración misionera IMC. Debemos estar convencidos de que si la animación vocacional se lleva con claridad, ninguna vocación entra en competencia con otra, y Cristo continúa llamando gente a seguirle en una gran multiplicidad de modos y formas. Acojamos pues con alegría y apertura esta nueva forma de servir a la misión a través del carisma de José Allamano. Es el Espíritu el que sigue suscitando siempre nuevas formas de seguir a Cristo y de ponerse al servicio de la misión. Formando candidatos IMC
Las estructuras formativas regionales están ahora concentradas en la única comunidad de Aguas Santas porque el número reducido de los alumnos sugirió en el pasado esta solución. Si por una parte esto responde a algunos criterios como el ahorro de personal formativo y a una mejor interrelación de los jóvenes entre sí, por otra presenta algunos inconvenientes que deberán ser eliminados adoptando algunas medidas. Sugerimos las siguientes: - Los alumnos del pre-filosofado y los del filosofado deben tener ritmos formativos separados más acordes con su crecimiento humano y espiritual vocacional. - La comunidad de los profesos siga prestándose gustosamente para los momentos formativos. Esta aportación no puede sin embargo obviar la figura de un educador que siga de cerca y personalmente a los jóvenes y que tenga con ellos una relación formativa constante. - Se deben buscar momentos y medios de formación externos que puedan integrar lo que falta en el interior de la comunidad misma a causa del número reducido de alumnos. Solidarizándonos con los pobres
Los pobres son siempre para nosotros una categoría privilegiada en medio de los cuales nos encontramos más tiempo y más gratamente. Además debemos ser capaces siempre de contagiar a todos esta pasión nuestra por los pobres, especialmente ofreciendo a los jóvenes la posibilidad de ir a su encuentro, concienciando a las parroquias y participando en las iniciativas diocesanas dirigidas a interesarse de los problemas de la gente más pobre y de los marginados. Limitemos ahora nuestra atención a dos aspectos: 1. Nueva apertura ad gentes: aunque la opción hecha no haya sido todavía realizada, hemos visto positivamente las orientaciones ofrecidas por la comisión de estudio, compuesta por Misioneros y Misioneras de la Consolata. Las líneas guía son de la Conferencia Regional, que pide una presencia en medio de los pobres de la ciudad, especialmente entre los marginados. Ofrezco la lista de algunos otros elementos que ciertamente deberán ser tenidos presentes en el momento de la realización de este proyecto, y que espigo del dossier de la comisión: proyecto comunitario, sencillez de estructuras, metodología para compartir, inserción gradual, implicación de los laicos, apertura para acoger a los jóvenes para experiencias misioneras significativas, espiritualidad de consolación, formación de líderes locales. 2. Ayuda a los pobres y a los proyectos de evangelización con los excedentes del balance anual de la Región. Hace ya años que esto se venía haciendo a través del apoyo dado a los misioneros, ya sea directamente, ya por medio de la Dirección General. En un reciente encuentro entre Dirección General y Regional, se ha aclarado ulteriormente el método para realizar del mejor modo este intercambio. Nos permitimos, en el contexto de esta visita, recordar algunas actitudes que deberían estar presentes en todos nosotros en el momento de poner en práctica este servicio de fraterna solidaridad: - Gratitud al Señor que, a través del trabajo de los hermanos, nos ha dado siempre lo necesario, no sólo para que la Región realice con serenidad su servicio, sino también para que pueda ofrecer una sólida ayuda a los pobres y en las circunstancias de mayor necesidad del Instituto. - Alegría por poder compartir con los demás lo que la Providencia nos da con generosidad. No es ésta una decisión opcional, sino un deber que nos incumbe en relación con nuestros hermanos que se encuentren en necesidad y con la gente más pobre. - Atención constante a no bajar la guardia sobre el correcto uso de los bienes en el desarrollo del trabajo regional. Todo derroche es dinero sustraído a los pobres de la misión. "ESTE ES EL MOMENTO FAVORABLE..."
Terminamos esta visita a la Región cuando la Liturgia cuaresmal continúa repitiéndonos con insistencia: "Este es el momento favorable, esta es la hora de la salvación". Esta invitación de la Iglesia nos estimula a hacer un acto de fe en el Padre providente que nos ha llamado a vivir y trabajar en este tiempo de la historia y en la realidad de hoy, como "momento favorable" para realizar la obra de salvación de Dios. A pesar de tantas realidades de signo contrario que nos rodean, debemos creer que este es el tiempo "oportuno" para que la Región Portugal realice su cometido misionero. Mantengamos pues el corazón, los oídos y los ojos bien abiertos parar percibir los signos de los tiempos, escrutar todo acontecimiento para tratar de ver el camino que el Señor ha trazado ya, por medio de su Espíritu, para esta Región de Portugal. En el tiempo que hemos pasado entre vosotros, hemos saboreado la fraternidad y la comunión. Por ello, llegue a todos nuestro agradecimiento, al tiempo que os acompaña nuestra oración para un futuro fecundo del Instituto en Portugal. Que os acompañe y guíe siempre la paterna cercanía del Padre Fundador. Pidamos a la Madre de Jesús, tan amada y venerada en esta tierra, que os bendiga a cada uno y que interceda por vuestro trabajo misionero. La peregrinación del 16 de febrero, con una participación tan masiva y devota, sea para todos un estímulo a proseguir con entrega y entusiasmo vuestra misión. Expresamos finalmente nuestro agradecimiento al Superior Regional, P. Luis Tomás, y a su Consejo por habernos facilitado de tantos modos esta visita y nuestro trabajo. Os saludamos a todos en el Señor e invocamos sobre vosotros la intercesión de San José, nuestro especial protector (VS 764). P. Piero Trabucco, IMC Superior General P. Jean André Benedetti, IMC Consejero Continental para Europa
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