| Inicio |
| Links |
| Buscar |
| Contáctenos |
| Mapa del sitio |
| Créditos |
| Administrador |
| Protector para el año 2003 |
|
|
|
| Escrito por P. Piero Trabucco, IMC | |
| 21.02.2006 | |
|
Beato Pablo Manna Roma, 15 de octubre del 2002 Queridos Misioneros: El domingo 4 de noviembre de 2001, en la Plaza de San Pedro de Roma, en el curso de una solemne Liturgia para la proclamación de ocho nuevos Beatos, Juan Pablo II pronunciaba las siguientes palabras: «En el Padre Pablo Manna descubrimos un reflejo especial de la gloria de Dios. Él entregó toda su vida a la causa misionera. En todas las páginas de sus escritos emerge viva la persona de Jesús, centro de la vida y razón de ser de la misión. Afirma en una de su Cartas a los misioneros: “El misionero en concreto no es nada si no refleja la persona de Jesucristo. Sólo el misionero que copia fielmente a Jesucristo en sí mismo puede reproducir su imagen en las almas de los demás” (Carta 6). En realidad, no hay misión sin santidad, como pone de relieve la encíclica Redemptoris missio: “La espiritualidad misionera de la Iglesia es un camino hacia la santidad. Es preciso suscitar un nuevo ardor de santidad entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana” (90)». 1. Pablo Manna realizó su vocación y su proyecto de santidad dentro de un Instituto exclusivamente misionero, viviendo su plenitud de vida, su espíritu y sus ideales. Y nos invita a cada uno de nosotros a identificarnos plenamente con el carisma y el espíritu de nuestro Instituto, como camino privilegiado que nos ofrece la Providencia para la realización de nuestro proyecto de vida que es el servicio a la Iglesia en la evangelización ad gentes y para conseguir la santidad que nuestro Beato Fundador quería de nosotros. 2. El último Capítulo General y las celebraciones centenarias del Instituto nos han hecho una invitación apremiante a reflexionar sobre el ad gentes con valentía, apertura de mente y docilidad al Espíritu que guía y acompaña el camino de la Iglesia y de la misión. El Beato Manna no fue un estudioso o un catedrático. Vivió y actuó siempre en el campo de trabajo, tanto en tierra de misión como en Europa, pero atento a leer, interrogar y pensar para dar con nuevos caminos de misión y una metodología más apta para anunciar a Cristo a las personas de su tiempo. Pone de manifiesto la necesidad de que el trabajo apostólico vaya siempre acompañado por una constante reflexión y un atento examen de los signos de los tiempos, además de simpatía hacia las culturas de los pueblos entre los que se trabaja. ¿Quién es el P. Pablo Manna? El 16 de enero de 1872, en Avellino, nace Pablo Manna, quinto hijo de Vincenzo y de Lorenza Ruggeri. La familia Manna pertenece a la pequeña burguesía de la Campania y cuenta entre sus miembros con empresarios, comerciantes y políticos. En 1874 fallece su madre Lorenza y Pablo es enviado a Nápoles con sus tíos. A los 10 años vuelve a Avellino y encuentra en casa una nueva madre, pues su padre Vincenzo había contraído nuevas nupcias. La vida del joven Pablo se desliza serena, aunque el ambiente familiar haya adquirido cierta rigidez en la educación moral y espiritual. Pablo Manna, maestro de misión Voy a tratar ahora de espigar entre la mole de los escritos del Beato Manna los aspectos de metodología y espiritualidad que mejor se adecuan a nuestro carisma y tradición IMC. Como la sintonía entre los santos es siempre un dato de evidencia, no debe sorprendernos que los Beatos Allamano y Manna tengan muchas cosas en común: sobre la misión, sobre la espiritualidad del misionero, sobre las exigencias de la vocación apostólica y el estilo de conducir la misión. En este trabajo de rastreo de orientaciones útiles para nuestra espiritualidad misionera y nuestro trabajo apostólico, trataré de dejarme guiar al máximo posible por los mismos escritos del P. Manna. 2. Activos, pero no en exceso El celo misionero ardía en el corazón del Beato Manna hasta convertirse en verdadera pasión. Así se lo inculcaba a sus misioneros. No podía imaginar un misionero apático o frío, que no ardiera con este fuego. No obstante, en diversas ocasiones vuelve en sus escritos sobre la necesidad de armonizar las actividades apostólicas con los espacios de estudio, la vida común, los momentos de la oración. Sabía lo fácil que resulta dejarse llevar por el activismo, que mortifica la eficacia de la misión y puede vaciar al misionero mismo de todo lo que le es indispensable para su vida. Oigamos estas recomendaciones suyas: 3. Para salvar hay que sufrir 4. La obediencia, madre y guardiana de todas las virtudes 5. Todo Instituto misionero está al servicio de la Iglesia 6. La esperanza de la mies debe estar en la semilla 7. No demos excesivo valor al dinero En todos sus escritos, pero especialmente en el opúsculo sobre la evangelización, el P. Manna es muy exigente y duro sobre el uso de los medios y del dinero en la misión. Llega incluso a desear una especie de moratoria económica en relación con las misiones cuando afirma: «Cabe casi augurarse que a las misiones les falte toda ayuda extranjera. Sería una gran purificación y un decisivo paso adelante hacia la constitución de las iglesias indígenas» (FM, 118). No es la suya una posición maniquea que vea en el dinero y en los bienes materiales solamente el mal y el pecado. Sus conclusiones se derivan más bien de un atento examen de la realidad misionera, confrontada con las exigencias del evangelio. Prefiere tratar este tema partiendo de dos perspectivas particulares: la espiritual y la ascética para la formación de los misioneros (el desprendimiento) y la pastoral de una metodología misionera (por un auténtico crecimiento de la Iglesia local). Éstas son algunas de sus ideas: ConclusiónMe doy cuenta de que este rastreo en los escritos del P. Manna se ha dilatado mucho. Siempre es fascinante volver a repasar los escritos de estos grandes testigos de la misión... Aconsejo a cada uno de los Misioneros que lean durante el 2003 especialmente "Virtù apostoliche" y "Osservazioni sul metodo moderno di evangelizazione"[3]. Confío a la intercesión del Beato Allamano y del Beato Manna a cada uno de vosotros y vuestro trabajo misionero para que, adoctrinados por la “teología vivida de los Santos”, nuestra vocación logre ganar en profundidad y en eficacia apostólica. Fraternamente os saludo en la Consolata. P. Piero Trabucco, IMC (Padre Generale) |
| Quiénes somos... |
| El beato G. Allamano |
| Castelnuovo Don Bosco |
| La Consolata |
| Novena Beato Allamano |
| Santidad |
| Boletín |
| Documentación |
| Nuestras revistas |