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A la Región Brasil PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Piero Trabucco, IMC P. Aquiléo Fiorentini, IMC   
21.02.2006

 Roma, 8 de junio de 2002

  Queridos Misioneros:

A un mes de distancia del final de la visita a vuestra Región, deseamos una vez más expresar nuestro agradecimiento al Señor porque nos ha permitido sumergirnos prolongadamente en vuestra realidad regional y nos ha enriquecido mediante el contacto con todas las comunidades. Nos sentimos también agradecidos a cada uno de vosotros porque quisisteis compartir con nosotros vuestra vida, las dificultades y los gozos que encierra el trabajo apostólico día tras día. Lo hicisteis con sinceridad y con el deseo de que nuestra presencia en medio de vosotros pudiera ser de inspiración para vuestra vida y para la misión. No tanto por lo que nosotros os hayamos podido comunicar, sino más bien por lo que conjuntamente hemos podido descubrir a la luz del carisma IMC y con la luz del Espíritu del Señor.

Nos inspiró a todos la Palabra de Dios en el tiempo pascual, rica en detalles misioneros. Pudimos contemplar, día tras día, los primeros pasos de una Iglesia que, nacida de la Pascua de Cristo, descubre pronto una riqueza de santidad y se siente capaz de un intenso impulso misionero. Eran justamente estos dos elementos los que el Beato Allamano quería que acompañaran siempre presentes en sus Misioneros. Los amonestaba diciéndoles que descuidar uno de ellos significaba poner en peligro el propio proyecto que la Providencia le había inspirado, mientras que armonizarlos sería siempre, y lo sigue siendo, el ideal constante y el mayor desafío para todo Misionero de la Consolata.

Cuarenta días de viajes y encuentros

Los cuarenta días transcurridos entre vosotros nos han permitido contactar con todas las comunidades. Hemos advertido situaciones -tanto positivas como problemáticas- que consideramos dignas de relieve y que repasamos velozmente:

- Son una excepción los Misioneros que viven solos. Todos trabajan en un contexto comunitario de dos o más miembros. El compromiso del consejo regional para hacer que sea operativa la orientación capitular que pedía que se reforzaran las comunidades locales, comienza ya a dar sus frutos.

- En cambio, siguen siendo débiles los equipos de animación misionera y vocacional. Los formativos, además, están reducidos al mínimo, un hecho que afecta en general a la formación que debe darse a los jóvenes.

- Aunque las comunidades son numéricamente significativas, permanece la desproporción entre compromisos y personal. Es casi general la queja de que el trabajo es excesivo. En relación con esto, consideramos oportuno reclamar vuestra atención sobre la revisión de algunas de nuestra obras, especialmente cuando la escasez de personal o el envejecimiento del mismo lo exigen.

- Las medidas que la Región está adoptando para atender a los hermanos enfermos son dignas del mejor aplauso. Se las deberá acompañar con otras que tengan en cuenta a los misioneros ancianos que necesitan atenciones particulares.

- Hemos notado un esfuerzo concreto de todas las comunidades para redactar el proyecto comunitario de vida que hace que la vida comunitaria sea más viva, lo mismo que la formación permanente de los miembros. Algunas comunidades parroquiales han preparado también, juntamente con otras fuerzas pastorales, el proyecto pastoral. Es un esfuerzo que se ve recompensado con una mayor unidad de objetivos y una mayor claridad en el trabajo.

- Es evidente en toda la Región un esfuerzo por la comunión con la Iglesia local y el deseo de ofrecer a la misma la mejor colaboración. Mientras que normalmente nuestra aportación pastoral está a la altura de las exigencias diocesanas, consideramos en cambio que no somos igualmente eficaces al ofrecer una aportación en el ámbito de nuestro específico carisma misionero.

- El sentido de la comunidad regional es vivo y se ha hecho mucho camino para integrar aún más las nuevas aperturas de la Bahía en el contexto de la Región. Es necesario dar un mayor impulso a las iniciativas que pueden fortalecer la unidad regional y favorecer la disponibilidad de todos a ofrecer su aportación en cualquier actividad y lugar de la Región.

- Nuestra presencia en Bahía merece un comentario aparte, pues es ella la expresión última y más novedosa de nuestra misión en Brasil. Con la puesta en marcha del Propedéutico y del Centro de AMV en Feira de Santana, los Misioneros que trabajan en esa región consideran que han dado un gran paso al frente para la realización del proyecto original, es decir, trabajar en un ad gentes significativo para el Instituto y para la apertura de un nuevo frente vocacional. Añadamos, asimismo, que a los cohermanos que son destinados a este campo de trabajo se les debe prestar una atención especial en relación con los fenómenos culturales, sociales y religiosos del pueblo (por ejemplo: familia, sincretismo religioso, cultura afro, etc.).

- La autosuficiencia económica de la Región se está convirtiendo en una realidad. Una aportación importante a este objetivo procede del esfuerzo de las comunidades locales al tratar de reducir los gastos y ser autosuficientes. La llamada de los Ordinarios de nuestras iglesias en favor de un esfuerzo de los Pastores para conseguir que aumente la sensibilidad de los fieles para contribuir a la autosuficiencia económica de las propias comunidades cristianas, ha sido recibida bastante positivamente por los misioneros. Quedan por dar, sin embargo, nuevos pasos, evitando la tentación de confiar excesivamente en la ayuda de los bienhechores de ultramar.

Un juicio objetivo sobre la realidad regional necesita que se le complete con una mirada más amplia sobre la compleja situación del país. Hace ya dos años que la Conferencia Regional, en línea con la metodología capitular, se esforzó en describir los contextos que desafían nuestra misión en Brasil. El resultado fue una presentación clara y completa del panorama del país bajo el punto de vista cultural, político y socioeconómico, religioso y eclesial. Teniendo en cuenta el trabajo realizado en la Conferencia Regional y algunos estudios recientes de la CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil) trataremos de presentar algunos cambios que condicionan nuestra misión, con la intención de facilitar la comprensión del trabajo IMC en este país por parte de los nuestros hermanos de otras Regiones.

Una realidad compleja


Ante los ojos de quien desea conocer de cerca a Brasil se le presenta una realidad muy compleja. Múltiples factores contribuyen a crear este escenario tan pluriforme. Nos limitaremos a aludir a algunos cambios que han producido o están produciendo un impacto de alcance en el trabajo misionero.

1. Los cambios socioeconómicos son los más evidentes. No se puede dejar de partir de la globalización que, aparte las repercusiones que puede tener en el ámbito mundial, en Brasil tiene las peculiares de este país. Si hace treinta años se hablaba de dependencia o desarrollo, actualmente, tras la expansión de la globalización, es oportuno aludir al algunos factores como los siguientes:

- concretización cada vez más evidente de la riqueza en manos de pocos y exclusión completa de masas de personas y de pueblos enteros de los bienes de consumo;

- el "libre mercado" termina siempre en manos de un número limitado de personas, excluyendo a los empresarios pequeños y medianos;

- disminución de la oferta de trabajo a causa de la automatización, con el consiguiente aumento de los que no tienen empleo ni trabajo;

- aumento de la deuda del país;

- crecimiento consiguiente de la delincuencia y aumento del consumo de las drogas y su comercio.

Se prefiere hoy, en razón de estos fenómenos, hablar no de "pobres", sino de "excluidos" y de "masas inútiles". Simultáneamente están apareciendo movimientos activos que tratan de invertir una marcha aparentemente imparable. Son los movimientos que se oponen al "libre mercado" (ALCA, Asociación Libre Comercio de América) y que luchan por la reforma agraria. También la acción de la Iglesia está presente a través de las semanas sociales, las jornadas de sensibilización ("el grito de los excluidos") y otras iniciativas que favorecen la consolidación y el desarrollo del llamado "profetismo colectivo".

El Misionero, ante este horizonte cada vez más negro, no puede dejar de solidarizarse con la Iglesia y tratar de ser voz profética de las masas de los pobres, que siguen siendo maltratados en sus derechos fundamentales.

2. Los cambios más significativos que se han producido últimamente en Brasil y en todo el Continente afectan, no obstante, al área cultural. Hace algunas décadas, toda América Latina se caracterizaba por su efervescencia cultural, generadora de esperanzas utópicas y de militancia revolucionaria. Con la caída del muro de Berlín, el escenario cultural ha ido cambiando radicalmente y ha dado lugar a la llamada "depresión psicológica colectiva", que produce desencanto, escepticismo e incredulidad ante cualquier utopía. El pensamiento dominante inculca la convicción de que es imposible cambio alguno o una alternativa al orden mundial actual.

Y sin embargo, la misión cristiana, si no quiere caer en compromisos, debe ser siempre utopía y proyecto, pasión y contemplación, empeño y gratuidad. 

3. Cambia también la religiosidad del pueblo, como resultado del crecimiento de la urbanización, de la hegemonía cultural del neoliberalismo y especialmente de la revolución de las comunicaciones, que llega a todos los rincones del país. La práctica religiosa del mundo rural y la religiosidad popular están retrocediendo inexorablemente y está suplantándolas un tipo de religiosidad con las características propias del mundo postmoderno: individualismo religioso, primado de la subjetividad y la emotividad, pertenencia flexible a las Iglesias, con el consiguiente pluralismo de las Iglesias cristianas, el indiferentismo religioso, la moral considerada como asunto personal, eclecticismo de tradiciones y prácticas, aparición de nuevas problemáticas como la ecología...

No podemos continuar nuestro servicio misionero como si nada estuviera sucediendo en el campo religioso. Los grandes cambios de nuestra época nos deben encontrar atentos y vigilantes, aun cuando las respuestas no sean sencillas.

4. Una alusión a los cambios en el campo teológico. Estudios recientes demuestran que la teología de la liberación no ha terminado en América Latina ni ha sido sustituida por la teología de las religiones, que es hoy atentamente estudiada en todas partes. Más allá de los juicios que se puedan hacer y de las interpretaciones que se quieran dar de estos caminos teológicos, siguen siendo sin duda un punto de referencia que no puede ignorarse. Los interrogantes que han hecho y siguen haciéndose a la evangelización obligan a los Misioneros a reflexionar sobre lo que significa "vivir y luchar por la causa de Jesús" y "poner a la Iglesia al servicio del Reino". La causa de los pobres debe estar hoy más que nunca en el centro de la predicación de la buena noticia, aunque no tenga ya el apoyo de las masas militantes de las décadas pasadas. Se le preguntó recientemente a un profeta de los pobres qué quedaba de la opción por los pobres en Brasil, tan viva hace algunos años. Y respondió: ¡Queda Dios y quedan los pobres! Mientras haya Dios y haya pobres habrá también una buena noticia que debe ser proclamada por los Misioneros que trabajan en el Continente.

5. La Iglesia de Brasil es más consciente que nunca de los grandes desafíos que tenemos delante y a los que hemos aludido brevemente. En sintonía con el valiente camino de las décadas precedentes, aunque no siempre libre de conflictos y tensiones, las orientaciones actuales del episcopado siguen siendo puntuales y claras. Las asambleas anuales de la CNBB son un momento irrenunciable de reflexión, verificación y planificación. En todos los campos (institucional, carismático, evangelizador y de la praxis de liberación) se nota un doble movimiento: ad intra y ad extra. El primero se expresa en el esfuerzo de organizar y acompañar con atención los aspectos tan variados de la vida interna, como por ejemplo los seminarios, el desarrollo de diversos movimientos, los centros de estudio teológicos, la misión de los laicos. En el movimiento ad extra se pueden recordar, con énfasis diversos, una función activa de todos esos movimientos, especialmente los carismáticos, el uso frecuente de los medios de comunicación, las lecturas actualizadas de la situación del país, el esfuerzo de respuesta a los desafíos de la modernidad, del sincretismo religioso, de la necesidad de una evangelización inculturada.

Estas alusiones rápidas a los cambios que se están produciendo en Brasil y en el Continente pueden acompañarnos en las reflexiones que haremos posteriormente, de tipo más doméstico pero no menos exigentes para nosotros. Más aún, justamente teniendo en cuenta los amplios horizontes de la Misión será más fácil afrontar el nuestro y el de nuestro personal, con respuestas valientes y actuales.

Dos elementos

Dos elementos nos revelan, a nuestro parecer, el verdadero rostro de una Región: la calidad del trabajo apostólico y el estilo de vida de su personal. Son inseparables entre ellos y se influyen recíprocamente. Fueron puestos muy de relieve por el X Capítulo General (XCG), se tomaron en consideración por la IX Conferencia y se concretaron en orientaciones operativas adecuadas a la situación regional. 

En torno a estos dos elementos queremos ahora agrupar nuestras reflexiones como final de nuestra visita y ofrecer al mismo tiempo algunas sugerencias que se han decantado a lo largo de los diálogos personales y los encuentros con las comunidades locales y con el consejo regional. Somos conscientes de que no ofrecemos recetas milagrosas. Sí creemos, en cambio, justamente en el espíritu de una visita de hermanos a otros hermanos, en el valor de hacer hincapié en urgencias y desafíos, resaltar convicciones, reiterar orientaciones, proyectar eventuales caminos nuevos...

A. La calidad de nuestro trabajo en Brasil

Ya hemos subrayado el espíritu de acercamiento a la Iglesia local y de consonancia con las directrices pastorales que caracterizan nuestro trabajo en Brasil. El último Capítulo General, al resaltar la importancia de nuestra sintonía con la Iglesia local, afirma con énfasis que hoy "se impone la necesidad de encontrar formas nuevas de estar presentes en las Iglesias con el específico carisma misionero" (XCG 14). Y al hablar del carisma del Fundador y del Instituto, las actas capitulares vuelven a poner de relieve el mismo concepto: "El Instituto debe [...] revisar su forma de estar en las Iglesias locales, manteniendo viva la especificidad del carisma ad gentes con sus características" (XCG 22). Esta clara disposición capitular nos ha guiado en la confrontación y el discernimiento con las comunidades locales. Nos hemos preguntado si nuestras parroquias, dentro de las Iglesias locales, tienen una fisonomía propia y cuál esa fisonomía, o si en cambio repiten los esquemas habituales de toda comunidad parroquial.

De este modo hemos encontrado algunas líneas operativas que, aunque ya fueron expuestas en otros momentos y contextos de la vida de la Región y del Instituto, pueden ofrecer ahora a la Región Brasil una ocasión para revisar su capacidad de respuesta a los desafíos del XCG.

I. Animación misionera

El Capítulo describe la animación misionera "como el servicio más cualificado y específico que el Instituto ofrece a las Iglesias" (p. 45). Es pues necesario que todos crezcamos en la sensibilidad de que la AMV es un auténtico trabajo ad gentes y que el personal que se dedica a él realiza un trabajo misionero de primer orden en una de las fronteras más comprometidas para el Instituto.

Deseamos sugerir al respecto algunas orientaciones concretas:

- Es oportuno dar más impulso a la Secretaría de la Misión, haciéndola capaz de influir positivamente en la Región. Que sea, posiblemente, un órgano de reflexión sobre la misión, de sensibilización de la comunidad regional y de acompañamiento de las comunidades locales.

- A los centros de AMV de la Región (Cascavel, São Paulo, Feira de Santana) se les debe capacitar para realizar un servicio eficaz y continuo en favor de los hermanos y la Iglesia local a través de una dotación de personal apto y suficiente. El centro de Feira está dando sus primeros pasos: es preciso que trabaje en estrecha relación con los hermanos de Bahía y trace con ellos las líneas de orientación que faciliten el trabajo de AMV en el noreste del país.

- Todas las parroquias deben tener un grupo misionero para animar a la comunidad cristiana a abrirse a la misión ad gentes, tanto hacia su interior como hacia horizontes más amplios. Que haya un religioso encargado de acompañar a ese grupo en la formación y en las actividades.

- Al redactar el Proyecto pastoral, todas las comunidades parroquiales traten de identificar claramente los ámbitos ad gentes en los que quieren actuar. Las parroquias dirigidas por personal IMC deben convertirse en centros de irradiación misionera, ofreciendo asimismo, cuando se los pidan, servicios de animación a otras comunidades cristianas.

- La revista Missões, que a lo largo de este año vuelve a estar totalmente bajo la responsabilidad IMC, debe tratar de buscar la mayor difusión en nuestras parroquias y debe contar con el interés de todos en su utilización. Que la Secretaría de la Misión estudie y lance campañas para incrementar el número de suscriptores.

- En las comunidades parroquiales donde trabajan tres misioneros, que al menos uno se dedique específicamente a las actividades de AMV, tanto dentro como fuera del contexto parroquial.

2. Pastoral juvenil y vocacional

La juventud en Brasil es una realidad numéricamente muy relevante, aunque al mismo tiempo es también una realidad olvidada. Los Pastores de las diócesis donde trabajamos nos han indicador varias veces a lo largo de la visita que el mundo juvenil es una de las opciones privilegiadas para nuestra obra misionera. Aunque varios Misioneros confiesan sus dificultades para realizar una eficaz pastoral juvenil, no podemos dejar de hacer frente a los retos que nos llegan del mundo de los jóvenes, pues es con ellos con quienes se juega el futuro del Continente, de la Iglesia y del Instituto.

Al mismo tiempo debemos recordar también que la pastoral juvenil debe desembocar de forma natural en la vocacional. Las dos pastorales se reclaman entre sí. No se puede ayudar a los jóvenes a crecer cristianamente sin tener en cuenta la dimensión vocacional.

Ofrecemos a continuación una lista de las iniciativas que nos ha parecido vislumbrar a lo largo de los diálogos con las comunidades locales:

- Cada comunidad parroquial debe contar con su grupo vocacional, con el fin de mantener viva la temática vocacional a través de la catequesis, la oración y la preparación de subsidios. Todo ello deberá hacerse en sintonía con las directrices diocesanas.

- Cada uno de los Misioneros ofrecerá complacidamente el servicio de la dirección espiritual a los jóvenes que se la pidan, acercándose preferentemente a los estudiantes universitarios. Por eso mismo debe ser ayudado a perfeccionar su servicio de dirección espiritual mediante encuentros periódicos de actualización.

- Aunque toda comunidad debe cuidar la pastoral juvenil y la vocacional bajo la dirección de un "acompañante", en la Región deben seguir actuando los "animadores" en favor de un servicio de reflexión, de coordinación y de apoyo a todos los hermanos.

- Las comunidades formativas, especialmente las del Propedéutico, por su fisonomía peculiar son lugares privilegiados de pastoral vocacional donde el "ven y ve" puede ser ejercido con facilidad y eficacia.

- La comunidad de Cascavel y el Consejo Regional están revisando oportunamente los criterios de acogida de los candidatos al seminario y consideran oportuno elevar su límite de edad, que debe ser el del Propedéutico ya a partir del próximo año. De este modo podrá ofrecer una más eficaz y constante colaboración a la AMV.

- La página web de la Región debe cuidarse con la ayuda de los propios jóvenes y debe ser enriquecida con temas formativos y de contenido misionero y vocacional. Estos modernos medios de comunicación son especialmente útiles para dialogar con los jóvenes y para ofrecerles material de reflexión.

- En el contexto de la pastoral juvenil y vocacional, queremos aludir a los Laicos Misioneros de la Consolata (LMC). El Instituto, en colaboración con los propios laicos, está estudiando el espíritu, la organización y el servicio misionero de la asociación LMC. Brasil, por la diversidad y variedad de los campos de trabajo, puede ofrecer mucho a esta asociación. Que haya interés y participación por parte de todos los Misioneros con el fin de favorecer la expresión misionera de los laicos, siguiendo atentamente las líneas aprobadas por la IX Conferencia Regional (p. 31) y las que están a punto de ser publicadas por la Dirección General.

3. Pastoral ministerial

Uno de los caminos privilegiados para evangelizar y llevar el primer anuncio a quien no lo ha recibido es conseguir que todas nuestras parroquias se conviertan en "verdaderas comunidades ministeriales". Un excesivo clericalismo ha impedido muy a menudo en el pasado la aparición de ministerios y el deseo de los laicos de desempeñar en la Iglesia la misión activa que les competía. Actualmente este ministerio de los laicos parece que se puede expresar más fácilmente. Aludimos a algunas de sus modalidades:

- El consejo pastoral parroquial debe valorarse al máximo. Es un medio eficaz que favorece la implicación de los laicos, crea comunión, despierta nuevas energías en el campo de la evangelización.

- Algunos grupos y movimientos están creciendo por todas partes y pueden realizar un precioso servicio en muchos campos. Por consiguiente, se les debe favorecer, acompañar y dotar de la necesaria formación para que puedan conseguir sus fines en comunión con las demás fuerzas pastorales de la comunidad cristiana.

- Debe ser oportunamente cuidada la dimensión cultural en todas nuestras comunidades y parroquias. En una sociedad como la nuestra, caracterizada por el pensamiento débil, la formación cultural sigue teniendo una función importante que realizar. Cada parroquia debe organizar adecuadamente cursos formativos que aborden las cuestiones que en nuestros días se debaten de manera especial. Hemos considerado positiva la creación de algunas bibliotecas parroquiales.

4. Consolación y pobres

"Los primeros Misioneros de la Consolata eligieron desde el principio obras y medios que hoy llamaríamos 'de consolación'. Los iluminó Aquella que es para nosotros inspiradora de una Misión que sea expresión de un Dios que 'consuela a su pueblo y se compadece de sus pobres' (Is 49,13). Del corazón compasivo de Dios nace la Misión que lleva la consolación a la humanidad" (XCG 49). Nos interpela asimismo, en lo concerniente a esta dimensión de nuestra vocación, la situación del país y del Continente que hemos tratado de describir detalladamente.

Recordemos, en este contexto, algunas opciones hechas por la última Conferencia Regional y otras emergidas durante la visita:

- Nuestra presencia entre los afro-brasileños, entre los trabajadores del campo y sin tierra, entre los pobres de las periferias de las grandes ciudades son desde hace tiempo algunos de nuestros campos privilegiados de trabajo. Hemos percibido el deseo de que no tenemos que contentarnos con una simple presencia, sino que una verdadera "pastoral" debe ser estudiada y realizada. Se trata, en efecto, no tanto de dar el pez al pobre sino más bien de enseñarle a pescar. La IXCR sugirió en su momento que para cada uno de estos campos se constituyera un equipo de estudio y de trabajo para hacer más eficaz nuestra obra en favor de los pobres. Parece que hasta ahora esos equipos no han conseguido ser operativos.

- Los temas y las cuestiones relativos a la justicia y la paz están entrando cada vez más en la esfera específica de nuestra vocación y de la propia praxis pastoral. La violencia de la ciudad, las desviaciones juveniles, la pobreza y la corrupción en las campañas y las nuevas enfermedades deben ser estudiadas y afrontadas con iniciativas apropiadas que conduzcan a formar e informar sobre éstas y otras grandes cuestiones más sentidas y debatidas.

- Sugerimos que en cada parroquia sea constituida la comisión de Justicia y Paz para sensibilizar a todo el pueblo de Dios sobre las cuestiones relacionadas con la pobreza, la justicia y la paz. Hágase uso del útil y precioso manual que por iniciativa del Secretariado General de la Misión ha sido traducido al portugués.

- La Región, en la IX Conferencia Regional, ha querido hacer suya la actividad relacionada con los enfermos de SIDA y los portadores de HIV. A nosotros nos parece que esta iniciativa realizada por la Asamblea Regional no se siente todavía suficientemente por los hermanos. El servicio de Lar Betânia ha sido hasta ahora llevado adelante por el interés de la Dirección Regional y gracias a la buena voluntad de algún religioso. El objetivo, en cambio, consiste en crear en todos los agentes de pastoral una sensibilidad que estimule un interés activo y efectivo en favor de los que están afectados por esta enfermedad o que son potenciales víctimas de ella.

5. Temporalidad de nuestros compromisos

 Siendo el nuestro un Instituto misionero, sus compromisos en relación con las Iglesias locales tienen necesariamente el carácter de la temporalidad. No estamos en una iglesia local para quedarnos en ella de manera indefinida, sino para ofrecerle una ayuda cualificada y temporal. Después deberemos irnos a otro sitio. Quizá sea éste el elemento que más cualifica a nuestra obra misionera, sea cual sea el lugar donde nos encontremos, por lo que debemos ser fieles al mismo.

Esta orientación debe pues guiar cada una de nuestras opciones e iniciativas pastorales, con el fin de conducir cuanto antes a la comunidad parroquial a una madurez ministerial y a una autosuficiencia económica. Creemos además oportuno resaltar la directriz de la Dirección General en la programación sexenal en la que se pide que todas las presencias IMC que tienen una duración de más de veinte años han de ser sometidas a un discernimiento sobre la oportunidad de dejarlas para dirigirnos a otros sitios (cf. BU port. 88, p. 8).

Del mismo modo, en el momento de redactar o de renovar las convenciones con los Ordinarios, es conveniente no solamente acordar los modos de nuestro servicio en una Iglesia local, sino también establecer con claridad la duración de nuestros compromisos sobre la base de los criterios que ha establecido especialmente el XCG.

Al terminar esta primera parte deseamos exhortar a todos los hermanos, a algunos de los cuales tal vez se le ha pedido un servicio especial en algunos de los sectores a los que hemos aludido, que se mantengan con la mente y el corazón abiertos a toda la acción pastoral y evangelizadora. No es positivo cerrarse en compartimientos estancos, que a larga distancia pueden hacernos correr el riesgo de esterilizar nuestra obra. Los proyectos pastorales, el diálogo fraterno, los contactos periódicos con todas las pastorales pueden incentivar la creatividad y conducir a la realización de un proyecto pastoral orgánico y regional.

B. El estilo de vida del personal misionero


El XCG dio un mandato claro tanto a la Dirección General como a las direcciones de las circunscripciones sobre la importancia fundamental del cuidado del personal. Una ocasión como la de la visita canónica no puede dejar de aludir a este compromiso y a la responsabilidad en relación con el personal misionero. En efecto, al hablar de la formación permanente las actas capitulares afirman:

"La Dirección General en sus planes de trabajo y las circunscripciones en las conferencias promoverán una acción vigorosa de renovación de todos los Misioneros a través de la formación permanente, que no tiene que limitarse a una puesta al día sino que debe motivar de nuevo a las personas mediante la profundización y asimilación del carisma, del espíritu del Fundador, de los ideales de la consagración, de la comunión y de la Misión" (XCG 47).

Conscientes de la importancia de esta acción vigorosa de renovación de todos los Misioneros, queremos recordar ahora algunos valores propios de nuestra vocación y de nuestro carisma que la visita ha podido evidenciar como elementos de los que se carece. Estamos convencidos de que no puede haber una renovación verdadera de nuestra acción misionera sin un esfuerzo "vigoroso" en el ámbito de la vida interior del misionero mismo, de la formación permanente del personal y de la formación de nuestros candidatos. Creemos que así nos mantenemos tras las huellas de nuestro Padre Fundador cuando nos inculcaba lo de "primero santos y luego misioneros".

Conscientes de la complejidad de esto, queremos hacer un énfasis especial solamente en algunos aspectos que consideramos de relieve y fundamentales en la realización de nuestra vocación.

1. Interioridad y oración

Una pedagogía correcta de la santidad pone de relieve especialmente una interioridad rica en valores y en el arte de la oración. Ni a nosotros ni a nuestro trabajo misionero pueden bastarles la supervivencia espiritual, lo mínimo indispensable, o lo que nos puede venir de la realización de nuestra acción pastoral. Juan Pablo II, al final del Jubileo sobre la Redención, quiso poner a la Iglesia en actitud de marcha hacia un nuevo milenio de evangelización. A ella le pide, sin titubeos ni perplejidades, que se dote de una espiritualidad robusta, apta para las exigencias que emergen de la evangelización del mundo de hoy. Pide que se aprenda y se siga una pedagogía eficaz de santidad, que se aprenda y se enseñe el arte de la oración (cf. NMI 30-34).

Nosotros queremos también, al final de esta visita y en este año centenario de la Misión, apelar a vosotros, hermanos de la Región Brasil, para que sepáis atender a la santidad de vida cultivando una interioridad rica y en la línea con el carisma de Allamano y la centenaria tradición del Instituto. Algunos Misioneros han confesado su escaso compromiso personal en la oración y ritmos comunitarios de oración insuficientes en las comunidades apostólicas. Los retos de nuestra misión son muchos, por lo que decidida ha de ser nuestra voluntad de ir en busca de una mística misionera que haga eficaz el trabajo y nuestra evangelización.

Además de esta reflexión de orden general, queremos llamar vuestra atención sobre dos aspectos específicos:

La Eucaristía 

El Concilio Vaticano II dice que la Eucaristía es el punto de llegada de la evangelización (cf. SC 10). El Fundador la consideraba punto de convergencia de toda comunidad misionera, realidad a donde acudir frecuentemente a lo largo de nuestras jornadas cargadas de tantas tareas.
¿Cómo, siendo así, puede faltar la Eucaristía en la vida personal del Misionero de la Consolata? Cuando eso suceda, las jornadas carecerían de la referencia ideal indispensable. ¿Qué otra acción salvífica podría sustituir a la Eucaristía, dar alma a la misión y voz a las llamadas de tantos hermanos que invocan luz, fuerza y esperanza? Queremos hacernos eco de las palabras persuasivas del Fundador cuando reclamaba de todos nosotros que fuéramos "sacramentinos", es decir, capaces de situar la celebración eucarística en el centro de nuestra jornada y de considerarla en nuestra vida apostólica como un momento irrenunciable.

Si alguna vez no tuviéramos la posibilidad de celebrarla nosotros mismos para el pueblo, no por eso dejaremos pasar la ocasión de concelebrar con otros hermanos sacerdotes. Hemos comprobado con satisfacción que algunas comunidades parroquiales están introduciendo momentos de adoración eucarística para el pueblo a fin de que la oración de adoración se convierta en dinamismo para la acción apostólica.

La Palabra de Dios

También en NMI leemos que el primado de la santidad no es posible sin una renovada escucha de la Palabra de Dios. Uno de los elementos básicos de la nueva evangelización, que justamente en el continente latinoamericano está encontrando la expresión más feliz, está en la escucha meditada y orada de la Palabra de Dios por parte de los ministros, religiosos y fieles laicos. Se convierte así en fuente de alimento personal y medio eficaz de evangelización. La milenaria tradición de la lectio divina puede hoy ser practicada oportunamente y convertirse para nosotros y para los demás en "la palabra que interpela, orienta y plasma la existencia" (NMI 39). Solamente quien se alimenta con ella puede convertirse en "siervo" fiel y anunciador eficaz. ¡Y la tarea del anuncio es primaria en nuestra vida!

Para nosotros, Misioneros de la Consolata, este retorno a la Palabra de Dios responde además a una doble exigencia de nuestra tradición espiritual: la fidelidad a la meditación cotidiana y la asiduidad a la Liturgia de las Horas. Esta última ha sido asumida a su vez por los ministros ordenados con un compromiso solemne ante la comunidad cristiana el día de la ordenación diaconal. Viendo a los fieles laicos deseosos de alimentarse de la oración de los salmos, aprendiendo a gustarla y usarla cada día con fidelidad, renovemos nosotros el compromiso de usarla todos los días, personalmente y en comunidad, para convertirla en alimento de nuestra vida y en medio eficaz para introducir a los fieles en el arte de la oración.

2. Renovación de vida

Más decididamente cada vez, a partir del Concilio Vaticano II, la formación permanente de los religiosos y de los sacerdotes va identificándose con el proceso de renovación de vida. Es éste el objetivo último de toda iniciativa de formación permanente: ayudar a las personas a ser "nuevas" para responder cada vez más adecuadamente a las exigencias del ministerio apostólico y de la misión.

La Región Brasil no ahorra esfuerzos y empeño en el esmero formativo de su personal. Permitidnos que también nosotros ofezcamos algunas sugerencias al respecto:

- Una persona puede ser ayudada en una renovación eficaz y en la formación personal solamente cuando se abre, colabora y se esfuerza para ser protagonista de ese proceso. Nada podrá sustituir el esfuerzo personal de cada uno en favor de una renovación de la propia vida. El hábito del discernimiento personal, de la revisión de la propia vida, de la lectura de obras de espiritualidad religiosa y misionera hace más aceptables los medios orientados a una renovación eficaz.

- Es oportuno que toda comunidad tenga su ritmo diario y semanal de reflexión y de lecturas apropiadas. Hemos advertido que varias comunidades hacen un laudable uso de los textos provenientes de la CNBB o de la CRB. Deben no obstante preferirse los textos que provienen del Instituto y los temas que el Capítulo General sugirió como reflexión bianual.

- Los retiros espirituales mensuales, por motivos diversos, no se hacen con la regularidad que sería necesaria y deseable. En el caso de que no puedan ser hechos con la comunidad local o con las comunidades IMC más próximas, que se sustituyan con la participación en las iniciativas de la Iglesia local, o bien buscando un tiempo prolongado y personal cada mes para la oración, la reflexión y la verificación de la propia vida.

- Un elemento sobre el que raramente solemos detenernos, cuando se trata del cuidado de nuestras personas, es nuestra afectividad. Oportunamente formada, se convierte en creadora de energías indispensables para nuestra vida personal y comunitaria y para una actividad apostólica serena. Vivimos en una sociedad en la que desgraciadamente todo lo que se refiere a este tema se trata de manera irrespetuosa e incluso provocadora. De ahí la necesidad de utilizar los antídotos necesarios, como una ascesis más atenta, una mayor vigilancia, más oración, relaciones fraternas y sinceras en nuestras comunidades, frecuencia de la dirección espiritual y, oportunamente, recurso a personas especializadas en este campo.

3. Algunos elementos importantes en el proceso formativo de base 

La visita nos ha puesto en contacto con todas las comunidades en formación de la Región. Hemos encontrado en ellas jóvenes en marcha hacia la realización de su vocación misionera IMC. También hemos podido comprobar sus dificultades y sus problemas. Sin entrar de manera detallada en esta área, queremos volver a tocar brevemente aquí algunos puntos que hemos desarrollado en nuestro diálogo con ellos, como signo e invitación para todos los hermanos de que aprendan a sentir a estos jóvenes en formación como parte integrante de la Región y objeto de una gran atención.

Una espiritualidad unitaria

La formación de base tiene aquí uno de los elementos más destacados y un estímulo inigualable en el camino formativo. La formación de base debe tender, efectivamente, a facilitar a nuestros jóvenes que se preparan a la vida misionera los medios indispensables para conseguir ser personas felices y misioneros eficaces en la actividad apostólica. Nuestros jóvenes deben aprender a ser hombres de oración como los quería el Fundador y según las modalidades queridas por las Constituciones. Que encuentren un apoyo constante en la comunidad y una referencia segura en el testimonio de sus formadores.

Convertirse en personas de comunión

Durante los años de seminario el joven en formación debe aprender el arte de la vida comunitaria y de la comunión fraterna. Mientras aprende a organizar responsablemente sus jornadas, debe experimentar intensamente que el hermano que está junto a él ha de ser objeto de su preocupación y de sus desvelos. Solamente viviendo intensamente y positivamente todas las dimensiones de la vida comunitaria demostrará que tiene las cualidades para ser un misionero de la Consolata.

Carisma y sentido de pertenencia

La vida de nuestros jóvenes está cargada de numerosas actividades. Sin embargo, no debe faltar en ella el interés por nuestra Familia y el estudio de su carisma. Nuestros alumnos tienen además necesidad de sentir a los misioneros más ancianos a su lado, de conocerles y de enterarse de sus actividades apostólicas. Entre la Región y los seminarios debe conseguirse un aumento paulatino de fraternidad, de interés y de ayuda mutua.

Formación

La formación de base será eficaz si el joven se deja formar, si se convierte en protagonista activo de la propia formación, si toma la iniciativa y usa todos los medios que comunidad y formadores ponen a su disposición. Ser agente de la propia formación no significará, sin embargo, individualismo, espontaneísmo o improvisación. Al tiempo que el joven pasa de una a otra fase de la formación, debe saber demostrarse a sí mismo y demostrar a los demás que su maduración avanza siguiendo un ritmo constante. Lo contrario sería el fracaso del proceso formativo y un presagio negativo para su futuro como misionero de la Consolata.

Conclusión

La celebraciones centenarias del Instituto nos invitan a dirigir la mirada al pasado para dar gracias al Señor y son ocasión propicia para mirar abiertamente al nuevo siglo de vida de nuestra Familia. En la celebración del pasado debemos encontrar la fuerza para hacer frente al presente y para tener la lucidez necesaria para programar nuestro futuro.

De acuerdo con el espíritu del Centenario hemos vivido esta visita. Hemos ido a menudo con el pensamiento al servicio generoso y hasta heroico de nuestros Misioneros en el pasado. Por ellos hemos alabado y dado gracias al Señor. Estimulados por su testimonio de vida, renovemos ahora nuestro compromiso para vivir el presente de nuestra misión con la intensidad que nos debe caracterizar siempre y con fidelidad a las intuiciones carismáticas de nuestro Padre Fundador.

Nos ha edificado la serenidad de vida de nuestros ancianos. Nos han infundido esperanza nuestros jóvenes. El celo misionero y la entrega apostólica de todos son garantía para la Región. El deseo renovado de caminar en comunión con las Misioneras de la Consolata responde a un deseo muy sentido en nuestros dos Institutos. Que el Señor colme a cada uno y a cada una con sus bendiciones.

Terminamos manifestando una vez más nuestro agradecimiento especial al P. Michelangelo Piovano, superior regional, que nos acompañó durante toda la visita y que de diversos modos nos facilitó la comprensión de la realidad regional. La crónica casi diaria de la visita, redactada por él y enviada a las comunidades, contribuyó a crear expectativa, comunión y un clima de oración en torno a este acontecimiento sexenal de la Región.

A María Virgen Aparecida, Patrona de la Región y "estrella de nuestra evangelización", le confiamos nuestra misión en Brasil. Al Beato José Allamano le pedimos que multiplique en esta tierra el número de sus hijos, herederos fieles de sus ideales apostólicos, a ejemplo del P. Giovanni Battista Bisio.

P. Piero Trabucco, IMC P. Aquiléo Fiorentini, IMC

Padre General Consejero Continental