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| A LA DELEGACION DE SURAFRICA |
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| Escrito por P. Antonio Bellagamba P. Norberto Ribeiro Louro | |
| 21.02.2006 | |
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20 de junio 2002
Queridos hermanos:
La visita canónica tuvo lugar entre el día de la Ascensión y el de Pentecostés. La liturgia del tiempo brindaba un ambiente perfecto a la visita. Los Hechos de los Apóstoles describían precisamente en ese tiempo los comienzos de la comunidad de los creyentes, primero en Jerusalén y a continuación lejos de allí (He 17,15-22). La Iglesia vivía sorprendida entre la aceptación y el rechazo de aquellos a quienes el nuevo mensaje era dirigido, entre la alegría por los resultados y la persecución, oposiciones que brotaban de la evangelización (He 18,1-8); entre la fuerte tentación de seguir anclados en el pasado y el más fuerte deseo de abrirse a los nuevo y especialmente al "ad gentes" (He 22,30 y 23,1-6). El evangelio de Juan hablaba del don del Espíritu a la Iglesia como maestro, guía y testimonio de Jesús y de su mensaje (Jn 16,12-15). El Espíritu es el protagonista de la misión de la Iglesia de la que dependemos para convertirnos en testimonios y anunciadores valientes del Evangelio de Jesús. Jesús nos abre en el Evangelio su corazón y nos hace partícipes de su amorosa e íntima experiencia del Padre (Jn 17,1-11), y nos invita a amarnos del mismo modo si queremos ser discípulos suyos, a perseverar en nuestra vocación y a producir los frutos de nuestro ministerio (Jn 17,1-11). Y con frecuencia leíamos en el Evangelio las expresiones de Jesús que constituyen el trasfondo de la visita canónica: "Si no me voy...", "el Espíritu no vendrá..." (Jn 16,7). Las lecturas y estas dos expresiones sintetizan muy bien el núcleo de la visita. Vuestra Delegación ha progresado considerablemente en los últimos años en la mayor parte de los aspectos de la vida espiritual y religiosa de los misioneros, en el modo de responder a sus deberes pastorales y de reorganizar los lugares donde estas actividades se realizan. La visita ha comprobado estos cambios y se congratula por los resultados obtenidos. Pero la Delegación necesita todavía abandonar algunos aspectos de la actividad en los que sigue aún anclada, que nunca darán fruto y que en el presente cortan las alas al vuelo hacia el futuro. Si no se producen algunos cambios próximamente, habrá muchos otros que no podrán hacerse en un futuro lejano, lo que podría tener consecuencias desastrosas para el pueblo de Dios. Vamos a enumerar estas situaciones y sus consecuencias en las páginas que siguen. Al comienzo de esta carta, sin embargo, deseamos repetiros uno de los lemas del Fundador, que es como el eco de las palabras de Jesús y del estilo de las primeras comunidades: "Animo" para dar los últimos pasos hacia una renovación total, y "Adelante" hacia cambios más radicales en vuestra vida misionera religiosa y hacia mayores éxitos en el trabajo apostólico. Vuestra Delegación de Sudáfrica no tiene nada que temer ni nada de que excusarse por su vida y actividades, pero necesita levantar la cabeza y mirar hacia el futuro con la confianza que nace de la conciencia de que Jesús está a vuestro lado y de que vosotros estáis con Él, de que su Espíritu es vuestra fuerza y vuestra luz, de que los superiores estarán junto a vosotros hasta el final del proceso de renovación. "Si no..."... "no se realizará": la misión seguirá siendo un sueño, la vida comunitaria una sombra descorazonadora, la transformación dentro de la inculturación una esperanza vana. Animo y adelante. Si no... no se realizará,
I. El ambiente donde vivís y obráis[1]
La última visita canónica tuvo lugar hace siete años. Era el año después de la derrota del apartheid, cuando todos los surafricanos se sentían entusiasmados por los resultados milagrosos y pacíficos conseguidos en los planes estratégicos por sus líderes. Era muy alta la esperanza de una mayor libertad y las expectativas de una mayor justicia parecían galopar, como eran mayores los deseos de educación y de salud iguales para todos, lo que infundía una sensación de seguridad. El cielo se parecía haberse inclinado hacia la tierra de Sudáfrica y el éxito parecía posible en todo, casi al alcance de la mano.
1. Una economía en mal estado
Hoy la situación económica no puede ser más miserable de lo que es. Una cuarta parte de los surafricanos son pobres, con unos ingresos inferiores a 100 R al mes. La mitad de la población aproximadamente vive en casas decadentes y sólo cuentan con 400 R al mes. Casi una cuarta parte de los niños por debajo de los seis años están insuficientemente alimentados. De 1990 al 2000 el número de parados ha aumentado un 20 por 100, lo que significa una pérdida de un millón de puestos de trabajo. Casi uno de cada tres trabajadores se encuentra en paro. En algunas zonas del país el paro llega al 50 por 100. La cuestión tierra es el problema central para el desarrollo del país y para la ocupación. Hasta el presente la mayor parte de la tierra cultivable en Sudáfrica está en manos de los pocos que históricamente la consiguieron con medios injustos. La falta de la propiedad de la tierra sigue afectando negativamente a millones de personas, a las que priva de un importante recurso de seguridad económica, lo que les obliga a trabajos poco remunerados que constituyen mayores ganancias para los bien situados económicamente. De ahí que las restricciones causadas por la pobreza sean cada vez más visibles. Los niños sufren daños permanentes en el desarrollo de su cerebro. La pobreza empuja a las jóvenes y las mujeres a aceptar contratos sexuales, lo que las pone en grave riesgo a causa de los abusos y el peligro de contraer HIV-AIDS.
2. La peor epidemia del país
El HIV-AIDS se ha convertido en una epidemia que alcanza proporciones escalofriantes. En este momento es responsable de una de cada cuatro muertes. En el 2000 el 40 por 100 de los fallecimientos de los adultos de los 15 a los 49 años fue causado por esta epidemia, que se ha convertido en la primera y más grave causa de muerte en el país. Estudios serios predicen que en el 2010 el SIDA habrá matado entre cinco y siete millones de surafricanos. La falta de moralidad en el pueblo y la carencia de serios remedios por parte del Gobierno en esta materia son los peores enemigos contra cualquier esfuerzo para combatir la epidemia. La autoridad civil intenta esconder la cruda realidad. Hace algunos meses determinó destinar fondos para la salud pública, pero no para la prevención y la curación de HIV-AIDS, sino para enfermedades más convencionales como la tuberculosis.
3. Problemas sociales
La falta de dignidad personal que, alimentada por la falta de los más elementales derechos humanos y por una economía en la que una buena porción de los parados no tienen más perspectiva que un trabajo efímero, poco retribuido y elemental, apenas suficiente para sobrevivir, pone de relieve los problemas sociales que atormentan hoy a este país: desesperación, frustración, crimen, violencia familiar, dependencia de las drogas, etc. Sudáfrica es uno de los países más violentos del mundo y los suicidios aumentan de año en año. También aquí la familia, como en todo el mundo, sufre los estragos de las modernas situaciones de separación de los padres de sus hijos, de los maridos de sus mujeres, así como de una sociedad permisiva que pierde gradualmente el sentido de los valores. Pero en Sudáfrica la familia está amenazada también debido a un sistema de trabajo migratorio que obliga a decenas de miles de familias a vivir separadas, a un trabajo extraordinario y a largas horas de viaje desde casa hasta el lugar de trabajo. Aunque se han emanado o se han propuesto en el parlamento leyes que prohíben la injusta discriminación contra las mujeres en el trabajo y en la sociedad, y aunque se han eliminado los impedimentos legales contra el empleo y el progreso de las mujeres, prosigue una situación en la que las mujeres deben hacer frente a obstáculos culturales, sociales y tradicionales que impiden la equidad y la justicia. Especialmente las mujeres negras se encuentran en un estado de desventaja económica enorme en relación con los demás grupos del país. No cabe duda de que la deshonestidad económica causa problemas tremendos en Sudáfrica. En la economía privada es común la evasión de impuestos, la doble contabilidad y otras formas deshonestas que privan a los demás de los recursos necesarios. La corrupción en el sector público va del nepotismo a los sobres y a la sustracción de la propiedad del Estado. La falta de seguridad es aterradora. La gente vive con el miedo de ser atracada por descerebrados, de ser robada a la luz del día, de ser agredida en sus propias casas y sobre todo tiene miedo de que la maten. Son peligros de los que no están exentos los sacerdotes y religiosos, y hasta parece que últimamente se han convertido en el blanco más habitual. En las dos diócesis donde trabajáis vosotros han sido recientemente asesinados dos sacerdotes.
4. La guía de las Iglesias
Las Iglesias, que fueron motivo de esperanza segura y de fuerza durante el apartheid, parecen haber perdido parte de su mordiente y su autoridad moral. Están todavía en primera línea en la lucha contra el AIDS, siguen siendo la voz de los pobres, aunque no tan fuerte como antes; participan en el esfuerzo moral de promover la justicia, la armonía y la unidad a los surafricanos y para garantizar principios morales en una sociedad que ve cómo se desvanecen la mayor parte de los valores morales de su tradición. Pero también las Iglesias necesitan renovar sus métodos de apostolado en esta sociedad que cambia rápidamente, como deben también cambiar su testimonios para que la gente pueda verlas. En realidad, la atmósfera materialista y hedonista que reina en el país ha impregnado los diversos estratos de la vida y del trabajo de estas Iglesias, la coexistencia de los más ricos con los más pobres, la separación por cuestiones de raza, color y clase, aún más sentidas en la sociedad, y desgraciadamente han penetrado en las instituciones y en las actividades de las Iglesias.
II. Los principales cambios en la Delegación
Vosotros, como Misioneros de la Consolata, no estáis exentos de los influjos del ambiente que acabamos de describir. Y os sitúan ante un reto como individuos, como comunidad y como ministros. Nuestra breve, aunque intensa, experiencia de vuestra vida y de vuestro trabajo durante la visita canónica nos ha permitido comprobar que vosotros, gracias a Dios, habéis comenzado en los últimos años una intensa etapa de renovación que os ha llevado a realizar diversos cambios, que promete su fruto de cara al futuro de la Delegación y que tendrá un mayor influjo en la sociedad. Veamos juntos lo que a nosotros nos parecen los cambios más relevantes, la mayor parte de los cuales fueron ya propuestos en la visita de 1995, que fueron luego confirmados por vuestra Conferencia de Delegación y que gradualmente se han ido realizando desde los dos últimos Consejos de Delegación. La presencia sustancial de Misioneros Africanos en la Delegación. En este momento constituyen casi un tercio del personal y su número puede aumentar todavía. Esto ha sido una bendición para la Delegación, pero también supone serios retos, especialmente en la vida común. Vida de comunidad. Siguiendo la invitación del Capítulo General, con el estímulo de la Dirección General y del Consejero continental y con el arrojo del Consejo de la Delegación, las comunidades han sido enriquecidas hasta contar todas con tres misioneros. Los casos "ad personam" se irán poco a poco eliminando debido a nuevas dificultades o a una correcta planificación. Este cambio ha introducido nuevas oportunidades, nueva riqueza y también nuevas tácticas que os plantean nuevos desafíos y exigen una espíritu renovado de comunidad y un amor más profundo en todas vuestras tareas. Afianzamiento de lugares de apostolado y apertura de nuevos centros más conformes con vuestra vocación misionera. Hasta la última visita trabajabais especialmente en el área rural y solo recientemente habéis comenzado a trabajar en la zona de Newcastle (Madadeni, Blaauwbosch, Osizweni, Newcastle), y aún más recientemente en Pretoria. Esos dos grupos se han consolidado y ahora estáis abriendo en Embalenhle y barajáis la posibilidad de abrir en Soweto. Diócesis diversificadas donde trabajáis. Hasta el Capítulo General de 1993 solamente trabajabais en la diócesis de Dundee. Ahora nuestras ramas se han extendido a la diócesis de Pretoria y tenemos la posibilidad de entrar en la diócesis de Johannesburgo. Esto no significó que disminuyera vuestra presencia en la diócesis de Dundee, e incluso se abrieron nuevos horizontes para vuestro trabajo, porque adoptasteis modos diversos de administración, de práctica pastoral, con unos conocimientos más amplios de los sacerdotes y de los laicos de las demás diócesis, todos ellos elementos útiles para el enriquecimiento de las comunidades y del trabajo apostólico. Vuestros trabajos pastorales diversificados. Cuando trabajabais solamente en el norte de la diócesis de Dundee, vuestro apostolado se dirigía especialmente a las comunidades rurales, pequeñas numéricamente, con muchos centros esparcidos en un área muy extensa, todos necesitados de asistencia religiosa sacramental y desarrollo apostólico. Hicisteis progresar aquellos centros hasta recibir los elogios del obispo de Dundee, alegrar a los parroquianos y mejorar las condiciones de vida del pueblo. Ahora encontráis en vuestros centros grandes masas de gente, en medio de una realidad totalmente diferente, que necesita que se adopten nuevos métodos de trabajo pastoral, más acordes con la realidad. Tratad con todas vuestras fuerzas de descubrir estos métodos, tratad de desarrollarlos, para lo que confiamos os haya podido ser de ayuda esta visita. Habéis comenzado y estabilizado el trabajo en equipo. En todos los nuevos centros el trabajo pastoral se hace en equipo, en cuanto que los misioneros hacen todo lo posible para planificar juntos y para ayudarse unos a otros cuando la necesidad lo requiere. Especialmente en las parroquias de Damesfontein y de Madadeni, el trabajo en equipo funciona con éxito. Este podría ser el cambio más importante que habéis hecho en vuestro trabajo apostólico si se toma en serio y se lleva adelante con perseverancia.
III. Respuestas futuras a los desafíos mayores
Mucho se ha hecho, especialmente desde el último Consejo, para superar los desafíos mencionados anteriormente, pero mucho queda por hacer todavía, y la esperanza está en que el próximo Consejo tenga el afán de continuar sobre el mismo camino de progreso que es actualmente tan visible en la Delegación. Los ciclos de los contrarios "muerte y vida", "si no... no se realizará", "rechazo y aceptación", que fueron objeto de meditación en la liturgia durante la visita canónica, deben continuar en vuestra Delegación hasta fructificar abundantemente en la medida que vosotros y nosotros esperamos de vuestro grupo. Habéis puesto cimientos sólidos ante los retos descritos en el contexto. Habéis introducido cambios significativos especialmente en el ejercicio de vuestro ministerio, que son de buenos auspicios para el futuro de las Iglesias y de los pueblos donde trabajáis. Queremos participar con vosotros en la discusión de estos cimientos y cambios, dando de cada uno de ellos una descripción breve y alguna sugerencia sobre el modo de conseguirlo mejor.
1. Renovación del personal para una vida religiosa y pastoral más incisiva
La Delegación es bendecida con el mayor número de misioneros que nunca haya tenido, muchos de los cuales son jóvenes y provienen de África y de América Latina. Puede mirar hacia el futuro con esperanza y garantía de continuidad. En general hemos encontrado entre vosotros satisfacción, alegría y unidad. Existe entre vosotros un profundo sentido de pertenencia, de identificación con el IMC, relaciones armoniosas y cooperación amistosa. Algunos de vosotros habéis establecido relaciones profundas con hermanos, que sin duda ayudan en los momentos de crisis o de dificultad. También hemos advertido algún resto de racismo que emerge en las palabras, a veces en el comportamiento, incluso rechazando a alguien por motivos de país o continente de origen. Tenemos la impresión de que en vuestro grupo existe todavía una carencia de identidad que aparece en algunas frases de vuestra aportación con motivo de la visita canónica. Para poner de relieve los elementos positivos de vuestro personal y corregir los negativos, sugerimos cuanto sigue: - consideraos miembros de la misma familia más que ciudadanos de países distintos; - no reduzcáis a la gente a un modelo estereotipado, sino tomadlos como individuos cuya personalidad difiere de unos a otros; - absteneos de hacer comentarios negativos sobre otros por motivos de su nacionalidad, seminario de procedencia, etc.; - pedid disculpas cuando os dais cuenta de que alguna de vuestras expresiones o gestos ofenden a alguien; - absteneos de críticas, correcciones, advertencias y hasta de chistes que tengan inspiración racista o reflejen discriminación de raza o nacionalidad; - evitad exponeros a riesgos no necesarios viajando de noche. Algunos lugares donde vivís son peligrosos y debéis estar atentos y no exponeros a posibles peligros; - debe darse a los nuevos misioneros una preparación introductiva más adecuada y seria, facilitándoles un estudio más metódico de la lengua, algunas consideraciones sobre la cultura local, algunas prácticas pastorales de acción, algunas pautas sobre el modo de llevar las cuentas, etc.; - la Delegación organizará una continua asistencia a los jóvenes misioneros para que tengan la confianza que les asegure que se les cuida y se les ayuda en los momentos de crisis; - prosígase, enriqueciéndolo, el estupendo programa de formación permanente para dar la posibilidad a los misioneros de ser más santos en sus vidas, más entregados a su comunidad, más ricos de experiencias y más vibrantes en su ministerio; - todos los miembros deben colaborar en el desarrollo de una más auténtica identidad de la Delegación, de tal modo que el apelativo de "Delegación cenicienta" se convierta en un convencimiento fuerte de que vosotros sois como los demás grupos IMC, que la Dirección General os acompaña de cerca y os ha ayudado con personal y dándoos su confianza. El pasado, pasado es, y todo lo que se haya hecho que creáis que haya ofuscado vuestra imagen debe ser olvidado y que vosotros y nosotros debemos estar atentos al presente y al futuro. La Dirección General está dispuesta a ofreceros su asistencia y espera que queráis responder positivamente a sus esfuerzos y ser lo que debéis ser: un joven y activo grupo del Instituto lleno de vida y del espíritu IMC, que trabaja seriamente por la evangelización de esta parte del país y que pone de relieve muchos aspectos del "ad gentes" propuesto por el Capítulo General.
2. Una llamada más fuerte a la santidad para contraponerla a los valores empobrecidos de la sociedad
La última visita canónica ha puesto de relieve la necesidad de desarrollar este aspecto de vuestra vocación. Y vosotros habéis respondido siendo fieles a los dos momentos diarios de oración. Algunos de vosotros recita una vez a la semana el rosario en comunidad, otros hacen la meditación privadamente, pero al mismo tiempo hay otros que reflexionan sobre las lecturas del domingo en comunidad. Nadie nos ha hablado de un plan de vida, pero nosotros os habíamos invitado a prepararlo como pide vuestra Conferencia. Dado que la mayor parte de vosotros no estáis ocupados en actividades por la tarde, os sugerimos que por la tarde, además de las vísperas, alternéis el rezo del rosario, la lectura espiritual, la adoración eucarística el jueves u otras oraciones que cada comunidad puede elegir. Tratad de ser fieles al espíritu de oración y a los demás ejercicios espirituales que establecen las Constituciones (58-68), a la característica de la santidad que proponen, especialmente a las devociones a la Eucaristía y a la Virgen María, a la práctica de recibir y ofrecer dirección espiritual, al plan personal de vida, de tal modo que vuestro crecimiento en la santidad sea constante, como el Fundador deseaba de todos nosotros (5). Estos ejercicios y características deben encontrar su unidad en el espíritu del Fundador y su pluralismo en la aplicación, como se desprende de las culturas de los pueblos (6). Vuestra renovación como personas, como discípulos de Jesús y como miembros de comunidades es la condición para posteriores cambios de las propias comunidades, de vuestro ministerio y de vuestra respuesta bajo todos los aspectos al contexto en el que vivís. "Solamente quien pertenece totalmente a Dios puede pertenecer totalmente a los demás" (XCG, p. 34).
3. Vida común como testimonio necesario en una sociedad dividida
La sociedad de Sudáfrica permanece dividida, aparentemente irreconciliable. Las Iglesias y especialmente los religiosos deben convertirse en referencias de unidad en la justicia y el amor. La última visita canónica ha enfatizado mucho este punto. Habéis progresado mucho en la mejora de vuestra vida común. La mayor parte de vuestras comunidades consta de tres miembros, y aunque se han manifestado algunas quejas al respecto, la mayor parte han reaccionado positivamente. Además de la razón de cumplir de este modo las exigencias de la vida religiosa, están las que tienen que ver con un trabajo más desahogado y fructífero y las que cualifican los servicios a las comunidades que servís. Cada comunidad prepara el PCV (Plan Comunitario de Vida), algunas tienen también un momento de valoración anual. Todas celebran reuniones comunitarias. Hay una buena atmósfera en todas las comunidades. La internacionalidad, la edad y los países de origen están bien reflejados en vuestras comunidades. Sois 17 misioneros en la Delegación y pertenecéis a ocho nacionalidades y a cuatro continentes. Son pocos los que pueden considerarse ancianos, la mayor parte forma parte del grupo de los jóvenes. Representáis perfectamente a vuestra sociedad. Esto debería animaros a trabajar para promover en vuestras comunidades unidad en la diversidad, coexistencia pacífica entre pueblos diferentes, ayuda mutua en el fin común. Y debería asimismo hacer que vuestras comunidades sean modelo para quien desee seguir el ejemplo del modo de ser un país pluricultural, multirracial e internacional. El progreso que os pedía la última visita canónica se ha consolidado estimablemente y tiene buenas perspectivas de futuro. Para aumentar los resultados, además de nuestras recomendaciones, que hemos hecho bajo el título de "Personal", sugerimos que paséis algún tiempo juntos para familiarizaros aún más, que expreséis respeto unos por otros como hermanos y que os ayudéis mutuamente en las actividades del ministerio y en las necesidades de la vida.
4. Vida religiosa como el mayor testimonio de vuestro ser
Nos habéis manifestado vuestra fidelidad a los compromisos y a los votos religiosos. Nos sentimos muy contentos de que sea así. No obstante, nos llegan comentarios sobre la superioridad de la vida misionera sobre la vida religiosa. Algunos desearían "más flexibilidad" en la vida religiosa que permitiera a los misioneros estar más libres para la misión, aun en detrimento de los compromisos religiosos. Ante esta realidad, os invitamos a estimar cada vez más el aspecto de nuestro carisma, que tiene su origen en este deseo de Allamano: Primero santos y luego misioneros. En el cumplimiento de vuestro voto de obediencia, tratad de hacer que el servicio de guía de los superiores les resulte menos difícil mediante vuestra cooperación pronta, cálida, honesta y sincera, especialmente en los momentos de crisis o de dificultad. Sed abiertos a la itinerancia recomendada por el Capítulo, tanto dentro de la Delegación como en el ámbito internacional. Nosotros os recomendamos una práctica del voto de pobreza que esté más acorde con el estilo de vida de los trabajadores pobres que con el de los que viven bien. Que sepáis encontrar vuestra felicidad en los bienes de que disponéis, no en los que quisierais tener. Recordad la frase del periodista y escritor Ennio Faliano: Para ser fieles hay que desear solamente lo que se tiene. Cuando compréis cosas, ordenadores, aparatos portátiles u otras comodidades que son habituales de la clase rica de Sudáfrica, pero no comunes de la clase de los trabajadores, haceos algunas preguntas. Seguid progresando en lo que atañe a la "caja común", haced partícipes de los dones de Dios y de los bienhechores a los demás misioneros, a fin de que haya mayor igualdad entre vosotros y mayores posibilidades de trabajo para todos. Sois afortunados en la diócesis de Dundee porque el obispo soluciona el tema de los medios de transporte y el de un subsidio para los empleados. No abuséis de estos dones y recordad que pueden durar poco, ya que la situación puede cambiar. Preparaos para cuando llegue ese momento. Además de lo que las Constituciones establecen sobre el voto de castidad, os invitamos a ser muy prudentes en vuestras relaciones con las mujeres en el contexto cultural de Sudáfrica. Sed abiertos y honestos en relación con vuestro comportamiento afectivo, especialmente en las respuestas a los superiores. Las nuevas normas aprobadas por la Conferencia Episcopal no admiten subterfugios, repuestas con rodeos, equívocos. La insistencia del gobierno de revisar todas las acusaciones de mala conducta sexual debe ser tomada seriamente en consideración, para evitar que se produzcan casos al respecto que pudieran escandalizar públicamente y que crearían una mala imagen de los sacerdotes y de los religiosos.
5. Ministerio en las grandes aglomeraciones de las ciudades de Sudáfrica
Hemos descrito anteriormente, en el N. II, los mayores cambios que se han producido en vuestra Delegación desde la última visita canónica hasta hoy. La mayor parte de ellos se refieren al trabajo de ministerio y al modo como habéis respondido a sus exigencias en el contexto de Sudáfrica. Nos hemos quedado muy bien impresionados por estos cambios y os animamos a manteneros fieles a ellos, especialmente a los cambios que han llevado a los laicos a participar en la Iglesia. El primer resultado que habéis conseguido ha sido la opción hecha de vuestro "ad gentes". Os habéis dado cuenta de que los "no-cristianos" son una pálida posibilidad misionera en las áreas donde trabajáis, por lo que no podíais elegir ese campo como prioridad para vuestra Delegación. Así que habéis elegido como vuestro "ad gentes" a los pobres de las grandes aglomeraciones africanas. Habéis trasladado vuestra presencia del área rural a la industrializada. Madadeni se ha convertido en vuestra primera misión en este nuevo contexto y el éxito ha sido tan palpable que el obispo ha elogiado vuestra misión como "la mejor parroquia de la diócesis", por lo que intentáis hacer lo mismo en Mamelody y en Embalenhle. Pedimos al obispo un encuentro para dialogar sobre el futuro de Damensfontein con el deseo de hacer lo mismo. Vuestra aprobada tentativa de Soweto, en la diócesis de Joannesburgo, puede añadir una nueva área, de tal modo que todo vuestro trabajo quede incluido dentro de las opciones hechas por el Capítulo. En estas misiones la evangelización debe preceder a la sacramentalización; la preparación de líderes laicos debe ser una de vuestras prioridades; el trabajo con la juventud, floreciente en todas las misiones, debe intensificarse; la asistencia los enfermos de SIDA, que forma parte de vuestra preocupación diaria, debe crecer; la inculturación, que es visible en la liturgia y en las celebraciones, debe nacer en otros campos de la vida de la Iglesia; el diálogo ecuménico e interreligioso debe convertirse en parte integrante de vuestro ministerio. La visita se congratula con vosotros y os anima a proseguir. Convertid la evangelización en el eje de vuestra vida y de vuestras actividades. En vuestras reuniones bimestrales confrontad las ideas sobre la evangelización, ayudaos mutuamente con la participación en las actividades emprendidas y los éxitos conseguidos. En este contexto, la visita canónica os anima a intentar una apertura en Soweto, así como a estudiar la situación de Damensfontein: el lugar de la misión, el terreno, los gastos mayores para atender a las capillas próximas, etc., con el fin de contar con una mayor variedad de trabajo misionero, actividades del ministerio más adecuadas y mayor facilidad. Estas recomendaciones nos las sugieren no solamente las necesidades que tenéis de contar con una mayor variedad en vuestro trabajo, sino también del hecho de que a Dundee llega un obispo nuevo, quien tendrá sus planes y sus ideas.
6. La importancia para los misioneros de dos ministerios
Dos ministerios de una importancia máxima para nosotros los misioneros: animación misionera y vocacional y justicia y paz.
a. Animación misionera y vocacional Es responsabilidad vuestra animar misionalmente todas las parroquias encomendadas en el IMC, así como las diócesis donde trabajáis. La Iglesia y el país necesitan este ministerio para ser más universales, más abiertos a los otros, y más acogedores de las diferencias de raza y nacionalidad. Nos complace que hayáis organizado la Comisión para la Animación Misionera y Vocacional, que es activa y ha preparado estupendos programas de acción para incrementar esta actividad de los institutos misioneros. Ha llegado el tiempo de preguntaros: ¿Podéis hacer algo más para promover este ministerio? Si la respuesta es que sí, ¿qué es lo que podéis hacer? Los obispos de las diócesis donde trabajáis están abiertos a esta actividad, así como al reclutamiento. Os pedimos que deis prioridad a este sector en los próximos tres años y que consideréis si ha llegado el tiempo de contar con un animador a tiempo completo, de fundar grupos vocacionales como el llamado Niños de María, de construir una casa para este fin, de crear comisiones vocacionales diocesanas, de trabajar con otras congregaciones, de hacer cualquier otra cosa que pueda conseguir un programa más sólido de animación misionera. Otra cuestión que inquieta en vuestra Delegación es la falta total de vocaciones. Es un tormento porque priva al Instituto de nuevos miembros, pero también porque la Iglesia local necesita personal de Sudáfrica para las diócesis y para los institutos religiosos con el fin de encarnarse y ser más aceptable a la gente. El IMC está presente en este país desde hace más de treinta años. Durante mucho tiempo se aconsejó que se promovieran las vocaciones diocesanas, ya que la diócesis de Dundee no tenía ningún sacerdote nativo diocesano. Es lo que habéis hecho y ha habido algún fruto. Pero en los últimos doce años se os pidió explícitamente que reclutarais para el IMC. ¿Cómo se explica que no tengamos todavía ni una sola vocación? ¿No las hay para nadie? ¿No las hemos buscado? ¿No las hemos atraído? El Nuncio nos dijo que los dos seminarios de Pretoria están llenos hasta los topes, hasta el punto de que el obispo ha tenido que comprar un convento para acoger a los que no caben. ¿No indica esto un cambio en la zona? ¿No puede ser una señal para vosotros de animar más vuestro plan de reclutamiento? En este contexto extendemos la invitación a las Misioneras de la Consolata y a los Laicos Misioneros para que vayan a Sudáfrica. Pero ¿por qué no formar vuestro propio grupo de laicos misioneros que pueda ayudar en el trabajo misionero en Sudáfrica y en otras misiones del IMC?
b. Justicia y Paz También en este campo habéis comprendido la importancia que tiene una congregación misionera de contribuir, aunque sea con una pequeña aportación, a los esfuerzos que la Iglesia y otras instituciones religiosas y civiles están haciendo. Recientemente habéis creado una comisión para comenzar este trabajo. Recomendamos que esta comisión, trabajando en unión con otras organizaciones, os inspire en la incorporación de este importante aspecto a vuestro ministerio, pues el país lo necesita, la misión lo requiere, la evangelización sin él está incompleta. Cuando Sudáfrica derrotó el apartheid, la mayor parte de los africanos tuvieron la impresión de que el país se convertiría en modelo de sociedad justa para los demás Estados africanos, lo que ayudaría a los países limítrofes en la lucha por construir una vida mejor para todos. No ha sido así. Como hemos descrito anteriormente, Sudáfrica sufre muchas situaciones injustas en su propio territorio y se ha convertido en fuente de relaciones injustas y de prácticas económicas injustas con los países vecinos. La necesidad de este ministerio ha aumentado y nuestro Instituto debería estar en primera línea en la promoción de este tipo de justicia y paz.
7. Dinero como medio de servicio mejor para la Misión y la Evangelización
Todo proyecto, sea cual sea su naturaleza, necesita medios para conseguir sus fines. La Misión, aunque es un proyecto de origen divino, no es una excepción. Y todos los que trabajan en este proyecto misionero de Dios deben ser muy prudentes en la selección de medios que llevan a la realización de la labor evangelizadora. La diócesis de Dundee, tras tomar nota de vuestras iniciativas y aprovechando el talento de uno de nuestros hermanos, ha desarrollado una tupida red de estructuras capaces no solamente de cultivar la fe de las comunidades cristianas, sino también de recibir a los que están buscando la verdad sobre Jesús: hermosas iglesias y capillas, salones parroquiales, centros pastorales, orfanatos, escuelas, etc. A todos estos centros se puede llegar en coche por carreteras cómodas. Indudablemente, se trata de una inversión fantástica. Dando por sabido que todos estos son medios y no fines, recordemos que todos los medios, para conseguir su finalidad, deben ser de la misma naturaleza que el proyecto mismo que es, para nosotros, la evangelización. Este proyecto general debería induciros a hacer el mejor uso posible de estos medios materiales, tanto para el afianzamiento de la Iglesia local formando comunidades cristiana y apostólicas, como para la promoción misionera y vocacional y para la preparación de líderes conscientes de su cometido esencial en la comunidad. En una palabra, invertir en educación. Al mismo tiempo, estos medios materiales deberían convertirse cada día más en signo de vuestra pobreza efectiva, permitiéndoos estar junto a la gente y preparar proyectos de consuelo para el pueblo, así como hacerles crecer en su responsabilidad con la Iglesia. En este sentido nos ha complacido ver que se han puesto sólidas bases en favor de la corresponsabilidad en la administración de los bienes parroquiales. Los consejos parroquiales tienen mucha responsabilidad sobre los bienes y las comunidades cristianas sienten que la Iglesia les pertenece a ellos. Señal evidente de esto es la aportación que ellos ofrecen en favor de la comunidad y para el mantenimiento de los pastores. En este momento la situación económica de la Delegación sigue siendo buena, aunque el administrador advierte que estáis erosionando el capital acumulado, y da las siguientes razones: un cambio en la búsqueda de fondos, un menor número de misioneros que consigue fondos y el encarecimiento del coste de vida. Sería lamentable que a estos factores se añadiera una práctica menos atenta del voto de pobreza, debida a exigencias personales y comunitarias en modo alguno necesarias, y a necesidades personales no justificadas. Dado que la Delegación no tiene entradas fijas, es necesario que todos vosotros ahorréis todo lo posible y que uséis los medios financieros con que la Providencia y los bienhechores os proveen para la evangelización y para los pobres. Os exhortamos a una apertura de colaboración entre el Administrador de la Delegación y los administradores locales con intercambio de información, con la preparación de balances financieros exactos y con una contabilidad más cuidada, consiguiendo que los modos de llevarla sea igual en todas las comunidades. Exhortamos asimismo a todos los administradores a pedir a cada comunidad un balance y a estar atentos a los gastos, de tal modo que se eviten sorpresas al final del año. Nos quedamos con la confianza de que todo esto os ayudará a tener una administración esmerada de los bienes de la misión.
Conclusión
Al concluir la visita canónica deseamos expresaros nuestro gozo, nuestro agradecimiento, nuestro interés y nuestra esperanza. Ha sido para nosotros un placer vivir con vosotros participando durante algunos días en la vida de vuestras comunidades, en la oración, en los sentimientos, etc. La alegría fue aún mayor por el modo como nos recibisteis y tratasteis. Hemos experimentado una satisfacción muy peculiar estando en medio de vuestro grupo y nos encantaría, si no hay razón que lo impida, volver a estar pronto entre vosotros. Queremos daros las gracias a todos y haceros patente nuestra gratitud. Agradecimiento y gratitud de manera especial a la Dirección de la Delegación, que nos hizo partícipes de todas las actividades de la Delegación, sin esconder nada, y al superior delegado, P. José Luis Ponce de León, que nos acompañó a lo largo de la visita, que nos alegraba con su buen humor y nos ayudó con su presencia silenciosa y discreta a conseguir una respuesta a todas nuestras preguntas. La alegría y el agradecimiento, no obstante, se ofuscan un poco debido a una pequeña preocupación que muchos de vosotros nos habéis manifestado: los cambios y las nuevas tendencias adoptados por la Delegación son todavía muy recientes como para hablar de afianzamiento de la Delegación. Esto os debería estimular a todos y especialmente a la nueva Dirección a trabajar en las direcciones emprendidas durante los últimos años para consolidar los resultados y debería inclinar a la Dirección General a concederos una mayor asistencia en los próximos años. Os manifestamos nuestra felicitación especialmente por tres aspectos de vuestra vida y de vuestro trabajo. Primero, porque demostráis un mayor afán de santidad, aumentando en calidad y cantidad vuestras oraciones comunes, desarrollando vuestro plan personal de vida con la elección de un director espiritual que os acompañe. Segundo, porque seguís cuidando más la vida común. Convertid vuestra comunidad en lugar de discernimiento, de tal modo que vuestro camino esté inspirado por el Espíritu en el discernimiento colectivo; haced de ella una comunidad reconciliada donde lo que verdaderamente cuenta es la fraternidad siempre renovada por el amor y el perdón: un comunidad para el servicio, ayudándoos mutuamente; una comunidad de alegría, más interesada por las virtudes que por los defectos de los demás; una comunidad libre, no condicionada por nacionalidad o raza, sino deseosa de ser signo de globalidad a la que toda la humanidad está llamada. Tercero, que vuestro ministerio esté en línea con las necesidades del pueblo, del ambiente donde vivís y trabajáis, signo de la presencia de Dios y guía en la historia de la humanidad. Que las tres divinas personas de la Santísima Trinidad, cuya fiesta celebramos el día en que dejábamos Sudáfrica, os inspiren una profunda relación con cada una de ellas, una vida común justa y armoniosa, que trata de imitar la que las tres personas divinas viven, así como el mismo esmero que pusieron en la creación del mundo y de la humanidad, que se expresa también en vuestro ministerio de promoción del Reino de Dios.
P. Antonio Bellagamba P. Norberto Ribeiro Louro Vice Superior General Consejero Continental [1] (Informaciones recogidas de "Repport of the Taylor Committee", 2002 (el Comité fue elegido por el Gobierno para estudiar el sistema de vida del país); "The South African Economy, A Pastoral Statement" (informe de la Conferencia Episcopal de Sudáfrica 2000); "Medical Research Council's Report on AIDS, 2002" (relación suprimida por el Gobierno y publicada después cuando nosotros concluíamos la visita).
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