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VI. Temas varios PDF Imprimir E-mail
Escrito por Consolata.org   
20.02.2006

En esta última parte queremos aludir a algunos temas que la Dirección General desea someter a la consideración de esta asamblea, bien porque no han podido tener su sitio en la Relación o bien porque no han sido tratados por ella suficientemente. Se trata de algunos problemas o preocupaciones que nacen del contacto con las múltiples realidades que el Instituto está viviendo en este momento. Nos limitamos a hacer de ellos una breve descripción y a hacer algunas preguntas que pueden desprenderse de la reflexión y a guiar un intercambio de pareceres.

1. Estilo y metodología de evangelización

Nuestros últimos Capítulos Generales y las iniciativas de formación permanente puestas en marcha en las últimas décadas han tenido siempre un impacto muy limitado sobre el estilo y el método de hacer pastoral, a pesar de que en esta última área trabaje la mayor parte de nuestros Misioneros. Existen múltiples motivos que explican esta situación. A pesar de ello, todos consideramos que no es oportuno bajar la guardia en un área tan importante de nuestra misión. También el XCG quiso insistir en la necesidad de tratar valientemente este tema: "La función prioritaria de la evangelización comporta una constante actualización bíblica, mientras que nosotros, evangelizadores, no siempre nos dejamos evangelizar, haciéndonos extraños al camino de la fe propuesto a los demás. No pocos misioneros parecen vivir de las rentas, evangelizando con esquemas que se remontan al período de sus estudios, ya totalmente superados y que no se corresponden con la evolución de la realidad y las necesidades de la gente" (p. 37).

Como Misioneros de la Consolata, no podemos renunciar a la necesidad de evangelizar según un estilo y un método que tienen sus raíces en el carisma del Beato Allamano y que han adquirido contornos más claros a lo largo de un siglo de evangelización. ¿Qué medios podemos utilizar ahora para afrontar con valentía y eficacia esta realidad? ¿No podría el próximo Capítulo General hacerse intérprete de este tema y asumirlo como argumento privilegiado? ¿Qué espacio tiene en la formación de nuestros jóvenes el estudio del estilo y el método de evangelización IMC? ¿Cómo implicar a todos los misioneros en una profundización seria de este tema y en el estudio de orientaciones concretas?

2. Perseverancia y renuncias

El cuadro estadístico de la perseverancia de nuestros estudiantes profesos en los últimos diez años nos ofrece una situación que podríamos sin dificultad calificar de alarmante. Bastan unos simples datos para expresar el alcance de este fenómeno.

La primera tabla muestra las renuncia de los profesos temporales en los últimos diez años por grupos de noviciado:

Añn

1992

1993

1994

1995

1996

1997

1998

1999

2000 

2001

Novicios

26

34

35

39

21

39

31

25

26

31

Abandonos

14

14

9

12

10

23

9

10

5

2

Perc. abandonos

54%

41%

26%

31%

48%

59%

29%

40%

19%

6%

La segunda tabla nos ofrece el número de profesos temporales que abandonaron en los últimos diez años:

Año

1992

1993

1994

1995

1996

1997

1998

1999

2000

2001

Profesos aband.

13

17

11

16

18

13

25

15

16

24

El último decenio presenta por tanto las siguientes cifras globales: 329 novicios; 193 profesos perpetuos; 172 ordenaciones sacerdotales; 108 renuncias.

¿Cuáles pueden ser las causas de estos abandonos? Sugerimos algunas, a manera de ejemplo y como introducción a un debate:

- El influjo de nuestro mundo postmoderno hace que sean muy frágiles las opciones de vida.

- Las raíces familiares, religiosas y culturales no apoyan opciones de vida que van contra corriente y exigen una entrega total.

- La exposición de nuestros jóvenes a contextos culturales, comunitarios y religiosos diversos durante la formación de base puede crear un estado de inseguridad que a la larga resulta nocivo para su maduración vocacional.

- El camino de fe parece no ser adecuado con una opción de consagración ad vitam. Efectivamente, muchos jóvenes parecen no identificar su vocación con el seguimiento de Cristo, sino con una profesión.

En la base de la formación inicial o permanente, debe haber una educación a la fidelidad que lleve a reconocer el primado de la iniciativa divina; a desarrollar la dimensión contemplativa de la propia existencia; a crecer en la capacidad de superar crisis y desánimos; a solidarizarse con el prójimo y con los pobres.

El fenómeno de los abandonos en los años de la formación de base podría, no obstante, tener un aspecto positivo. En efecto, en algunos aspectos hemos observado que nuestros jóvenes, ante la opción de una consagración misionera para toda la vida, se interrogan con mayor seriedad y honradez. ¿Será éste el fruto de un creciente sentido de responsabilidad o el miedo a dar un salto en el vacío? ¿Es el temor a no dar respuestas adecuadas a una vocación tan exigente lo que les frena o la indecisión ante la radicalidad de la vocación misionera?

3. Realidad vocacional IMC

El número de los Misioneros de la Consolata disminuye. Este dato no puede dejarnos indiferentes. Tenemos una responsabilidad tanto con el Instituto como con la Iglesia y la misión. Descubrimos campos de trabajo misionero cada vez más numerosos en todos los Continentes, Asia se está abriendo a nuestro Instituto, los nuevos y numerosos areópagos de la misión exigen personal especializado... ¿Qué otra respuesta podemos dar que no sea el envío de nuevos Misioneros, numerosos e identificados con el carisma del Beato Allamano?

La pregunta para nuestra reflexión puede ser: ¿Cómo invertir la tendencia? Presentamos tres pistas:

1. Cuidar más la formación de nuestros estudiantes. No queremos volver a la "vieja cuestión" de la duración del noviciado, aunque todos los maestros de novicios sigan estando de acuerdo en decir que el trabajo formativo del noviciado desgraciadamente termina en el momento en que comienza a ser rentable. Los últimos cuatro Capítulos Generales discutieron sobre la oportunidad de añadir un segundo año de noviciado, pero luego decidieron mantener la praxis actual. Consiguientemente, no queda más salida que centrarse en nuestro esfuerzo por cuidar las diversas fases formativas, reforzando en primer lugar los equipos de los formadores de nuestros Seminarios. Deberíamos además crear las premisas para que los propios formadores sean más "perseverantes" en este servicio. También podría discernirse la oportunidad de que todos los estudiantes, a lo largo de su formación, pudieran hacer, por lo menos una vez, un trabajo misionero directo. 

2. Ayudar a los Misioneros jóvenes en el cambio de la formación de base al trabajo misionero. Frecuentemente, en esta delicada fase, se pueden producir traumas que llevan a las personas a cerrarse, al aislamiento, hasta el punto de terminar abandonando el Instituto y la vocación. Repasamos aquí someramente algunas de las causas posibles de este fenómeno: el periodo que va del final de los estudios al comienzo del trabajo misionero se prolonga a veces desmedidamente; el primer destino en la Región no siempre tiene en consideración las exigencias de acompañamiento y de la gradual introducción en el trabajo; las comunidades locales no siempre son capaces de acoger de manera positiva a los que llegan; el número reducido de Misioneros en algunas Circunscripciones hace sentirse a los jóvenes solos y nada acompañados; los programas regionales de formación permanente no consiguen dar respuestas satisfactorias a las exigencias de estos Misioneros.

3. Dar mayor cabida a la animación misionera y vocacional. Esto será posible únicamente si tenemos el valor de revisar otros compromisos. Se debería además estudiar la posibilidad de distribuir mejor el número actual de animadores entre las diversas Circunscripciones del Instituto. Finalmente, tampoco descartamos la hipótesis de que en la propia Europa se pueda abrir un nuevo frente vocacional, como dijimos anteriormente. Evidentemente, todos estos aspectos necesitan un atento estudio y una verificación posterior.

4. Los desafíos de la internacionalidad

El Instituto, que se presenta cada día más internacional, está cambiando rápidamente de rostro, de color, de lugares y contextos. Y es porque está recibiendo el don de la entrada de nuevos miembros provenientes de países y de culturas diferentes. Las nuevas generaciones de los Misioneros de la Consolata no provienen ya de las áreas geográficas que tradicionalmente han sido las que lo han surtido de vocaciones en sus primeros cien años. El pluralismo étnico y cultural dentro de nuestras comunidades es cada día mayor. Cambiará pronto nuestro estilo de presencia y de acción misionera. Y los más atentos se dan cuenta de que poco a poco se está produciendo una "refundación" del Instituto.

¿Cómo acoger esta nueva realidad? Debemos en primer lugar estar abiertos a todos los desafíos que nos llegan de la internacionalidad, por más que puedan dar lugar a conflictos y tensiones. Es necesario además acompañar este cambio en todas las áreas con tacto y sin paternalismo, con paciencia, con mucho diálogo y mucha confianza, sin perder nunca de vista la autenticidad de nuestro carisma.

¿Cuáles son los caminos que pueden facilitar este cambio? Aludimos a algunos:

- Preparemos con esmero a los líderes para el mañana del Instituto, conscientes de que ese mañana está ya presente entre nosotros. En todos los campos y a todos los niveles. Demos responsabilidades a estos hermanos nuestros, aunque sin exponerles precozmente a situaciones demasiado comprometidas o "desesperadas".

- Hablemos unos con otros frecuentemente del carisma, del Fundador, del espíritu del Instituto. Estamos abiertos a acoger con interés los nuevos modos de expresar las realidades que provienen de nuestros jóvenes. Esforcémonos en crear comunidades en las que la internacionalidad, el intercambio y la acogida mutua sean posibles y puedan convivir en la misma casa.

- Nuestras comunidades formativas internacionales son realidades ambivalentes: hagamos lo posible para que se conviertan en ambientes donde les sea fácil a los jóvenes crecer en este "espíritu nuevo" y donde el Instituto pueda desde hoy experimentar in nuce todos los valores que alimenten su vida mañana.

5. Ad extra

El XCG hizo hincapié una y otra vez en que nosotros, dada nuestra vocación, estamos llamados "a salir de los límites territoriales y culturales, e incluso de la propia área religiosa, para ir a otros lugares de la Tierra a anunciar el Evangelio en las avanzadillas de la Misión (cf. EN 69)" (p. 19). Consideramos que esta voluntad clara y explícita del Padre Fundador y esta constante tradición del Instituto deben conservarse aun en medio de los cambios de las nuevas fronteras de la misión.

Las exigencias de trabajo en las Circunscripciones de origen hacen a veces difícil la aplicación de este principio y a muchos Misioneros se les pide que se queden en su Iglesia de origen. La Dirección General se empeñará en realizar al máximo el ad extra para todos los misioneros, especialmente para aquellos del primer destino, al tiempo que se apela a los Superiores de Circunscripción para que faciliten este plan, especialmente en el momento de realizar las alternancias. Pedimos asimismo a cada uno de los Misioneros que se mantenga siempre en actitud de plena disponibilidad a salir de su país, especialmente cuando se le pide que lo haga por segunda vez de la propia Circunscripción de origen.