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POBREZA, ECONOMÍA Y MISIÓN 2° Parte PDF Imprimir E-mail
Escrito por Consolata.org   
20.02.2006

III. Revisemos nuestra praxis económica

En este punto de la reflexión queremos "pasar página" y abordar una realidad diferente. Lo que hemos dicho sobre el ideal de nuestra vida religiosa, sobre el modo evangélico de considerar los bienes terrenos, sobre la enseñanza del Fundador y sobre la opción de los pobres deberá iluminar todos los aspectos concernientes a la economía del Instituto. No es posible, en efecto, leer la primera parte de la carta como "religiosos" y la segunda como "ecónomos". Somos personas a las que el Señor ha elegido para seguirle y, renovadas por el contacto con Él, hemos sido enviados a evangelizar a los pobres. Los bienes que el Señor pone en nuestras manos deben servirnos para lograr ese fin y para vivir coherentemente nuestra vocación.

Las páginas que siguen no pretenden sustituir o corregir el Directorio para la Administración de los Bienes[3]. Las cuestiones que vamos a tratar pretenden recordar aspectos que tienen que ver con un correcto uso de los bienes y que necesitan puntualizaciones y una especial atención en el contexto actual del Instituto y de la misión. Para orientaciones técnicas y detalladas, remitimos siempre al Directorio para la Administración de los Bienes.

A. Nuestra Providencia

Como hijos del Beato Allamano, que alimentó siempre la máxima confianza en la Providencia[4], creemos que el Señor por medio de los bienhechores no dejará nunca que nos falten los medios materiales que necesitamos para nuestra vida y para las obras misioneras. Además, el salario que algunos misioneros obtienen de su trabajo, las cantidades por los servicios pastorales y las entradas provenientes de las pensiones sociales, constituyen otras fuentes de entradas. Algunas Circunscripciones, gracias a sus ingresos, que son fruto de legados testamentarios y de obras productivas, hacen posible la realización del servicio de la Dirección General y la entrega de ayudas anuales a las Circunscripciones. Finalmente, el esmero de todos los misioneros en el campo administrativo es una aportación valiosa e indispensable para la realización de la autosuficiencia financiera en cada Circunscripción.

Los bienhechores

Son la expresión de la Providencia divina con nosotros. Al tiempo que elevamos cada día nuestra oración al Padre celestial para que no deje que nos falte el pan cotidiano y todo lo que necesitamos para nuestra vida, nuestras actividades y la solidaridad con los pobres, no podemos olvidarnos de nuestros bienhechores. Además de la oración cotidiana por ellos, cada comunidad misionera mantendrá un contacto epistolar constante con los bienhechores. No descuide nunca expresar puntualmente por escrito el agradecimiento por toda ayuda recibida. Los contactos con los bienhechores, aunque partan de iniciativas, no deben dejar de ser delicados y discretos.

Con el fin de que haya una coordinación ordenada en el ámbito del Instituto, ningún misionero comenzará campaña alguna destinada a recoger donativos sin el consentimiento previo del propio Superior Regional y del Superior de la Región donde los donativos se recogen. No debe faltar comunicación entre el misionero que se dispone a recoger fondos durante las vacaciones en su país y los responsables de la Región.

El trabajo

El misionero, por su profesión de pobreza, según una tradicional praxis de Instituto y por fidelidad a la enseñanza del Fundador, tendrá "estima y amor por el trabajo" (Const. 16), incluido el manual. El trabajo deberá estar siempre acompañado por el espíritu de iniciativa y de laboriosidad del misionero, que nunca olvidará expresar de este modo su proximidad al mundo de los pobres, al que tanto nos une nuestra vocación misionera.

Es importante que nuestros jóvenes sean hoy formados en ese espíritu. Durante los años de formación deben ser también iniciados en experiencias significativas de trabajo que, oportunamente remuneradas, constituyan una ayuda y un apoyo económico para su comunidad. Sean asimismo formados a la comprensión del auténtico espíritu de familia, que exige el interés de todos y de cada uno por la comunidad y el Instituto, su nueva familia, incluso en aspectos concretos como hacer acogedora la casa, contribuir a la autosuficiencia, colaborar en el orden de los ambientes y usar correctamente las cosas de la comunidad.

Salarios, estipendios y pensiones

Los salarios, los estipendios y cualquier otra entrada que sea fruto del trabajo y de la iniciativa del misionero, pertenecen, en virtud del voto de pobreza, al Instituto. Su administración será regulada por las normas regionales, o bien, si no existen, por las orientaciones dadas a este propósito por el Superior Regional.

También la pensión social y la que un misionero anciano puede recibir, debidas a las aportaciones con vistas a su jubilación, pertenecen al Instituto. El misionero cuidará su contabilidad y presentará al Superior balances regulares y periódicos.

Donativos

Todos los donativos que el misionero recibe de los bienhechores, sea cual sea su finalidad, son para el Instituto y la misión y no podrán ser utilizados por el misionero individualmente sin el permiso explícito del Superior, siempre de acuerdo con las Constituciones (cf. 48.1). Para solicitar donativos en favor de proyectos particulares, el misionero deberá contar con la previa autorización de la autoridad competente. En cambio, cuando el donativo se da al misionero individualmente, entra a formar parte de la caja común, comunitaria o regional, según las normas propias de cada Circunscripción, a no ser que, en cada ocasión, el Superior competente decida otra cosa. Los donativos sin finalidad específica serán destinados siempre a la caja común.

Al misionero le pertenecen solamente los donativos recibidos de familiares hasta el cuarto grado, como establecen las Constituciones. El uso de estos donativos no es discrecional, sino que está siempre sujeto al permiso del Superior.

Ofertas por santas misas

"Los misioneros sacerdotes aplican la santa misa según las intenciones del Superior General" (Const. 64). Por consiguiente, darán cuenta periódica de las misas celebradas, de las ofertas y de las intenciones recibidas. Cada Circunscripción proveerá a emanar normas precisas que regularán la recogida de ofertas y su destino. Es cometido del Superior Regional recoger los balances que informan de las misas celebradas y exigir a los misioneros este deber cuando hubiera descuido, falta de atención o denegación al respecto.

La Administración General cuidará de la provisión de ofertas de misas a las Circunscripciones desprovistas de ellas. En caso de exceso, las ofertas serán distribuidas al final de cada año entre las diócesis más pobres, evitando dárselas a sacerdotes que individualmente puedan pedirlas. 

Reservas financieras

La formación de fondos se ha convertido en una praxis en la economía del Instituto. A través de ellos se pretenden garantizar los recursos para las necesidades del Instituto y de la misión, que van a sumarse a los donativos de bienhechores y a las entradas provenientes del trabajo de los misioneros. Los interrogantes que surgen sobre este modo de administrar los bienes pueden ser múltiples y tener implicaciones sobre el modo de vivir el voto de pobreza. Es pues necesario continuar clarificando sus ámbitos y límites y trazar orientaciones para todo el Instituto. En esta carta mencionamos solamente algunos principios.

1. Es necesario reafirmar el principio de que el Instituto y sus miembros no pueden vivir basándose en las reservas de dinero. Como los pobres confiados en la Providencia, debemos vivir de nuestro trabajo, de la ayuda de los bienhechores y de la solidaridad del Instituto.

2. Las reservas de dinero que el Instituto posee se destinan generalmente a sostener las casas de formación, a cuidar a los ancianos y los enfermos y con vistas a nuevas fundaciones y aperturas misioneras.

3. En virtud del deber del reparto de bienes y del compromiso de la caja común, a las comunidades locales no les está permitido capitalizar. Pueden, no obstante, retener una cierta cantidad de dinero para gastos ordinarios e imprevistos, cuyo techo máximo será establecido por las Direcciones de Circunscripción. Lo que supere esta suma irá a parar a la caja regional.

4. Las Circunscripciones, en cambio, acumularán cierto capital, cuyos intereses se añadirán a los donativos de los bienhechores y otras entradas, para cubrir los gastos ordinarios o extraordinarios de la Región. El techo máximo de esta reserva será establecido por la Dirección General tras consultar con las Direcciones de Circunscripción.

5. Es cometido de la Administración General con su Consejo administrar el capital de las Regiones depositado en la Administración General, con una atención constante a las exigencias de testimoniar la confianza en la Providencia, a las necesidades del Instituto y de las misiones, a la ética de las inversiones y de los bancos en los que nuestro dinero es depositado.

Donaciones y herencias

Todas las donaciones que superen las competencias del Superior local necesitan autorización escrita del Superior de Circunscripción antes de ser aceptadas. Cualquier donación con gravamen necesita autorización para ser aceptada, previa consulta con el representante legal.

Todas las cuestiones relativas a los bienes inmuebles y a cuanto provenga de herencias son tratadas por el Administrador General, por medio de su departamento legal-inmobiliario (si lo tiene), en estrecho contacto con el Administrador General. Las entradas por la venta de bienes inmobiliarios y las provenientes de las herencias confluirán en el fondo general del Instituto, para ser a su vez compartidas con las Regiones. 

Fondo de solidaridad

Hace muchos años que se constituyó en el Instituto el Fondo de Solidaridad para el cuidado de los misioneros enfermos, que se surte con el 1,5% de las entradas brutas de todas las Circunscripciones. Pero actualmente sus entradas no se distribuyen ya cada año entre las Circunscripciones que más se han endeudado por el cuidado de los enfermos, con el fin de permitir al fondo convertirse en una verdadera reserva que ayude en el futuro a nuestros hermanos misioneros que no tienen seguros médicos. No obstante, las Circunscripciones que han tenido gastos médicos individuales, superiores a una cantidad establecida por el Administrador General, serán resarcidos extrayendo la cantidad del Fondo de Solidaridad.