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POBREZA, ECONOMÍA Y MISIÓN 3° Parte Imprimir E-mail
Escrito por P. Piero Trabucco, IMC   
20.02.2006

B. Algunos principios que regulan la administración de los bienes

La administración en el Instituto

Está regida por el voto de pobreza, en el sentido de que toda norma o directriz en el campo administrativo debe inspirarse siempre en ella, expresar su espíritu y transformarse en forma concreta de vida.

Con la profesión religiosa, todo misionero renuncia al uso de cualquier cosa material y de dinero sin el previo y explícito permiso del Superior. En virtud de la misma profesión religiosa, renuncia también al uso y a la administración de los propios bienes patrimoniales. Antes de emitir la profesión perpetua, deberá hacer el testamento para disponer de esos bienes con un acto que tenga valor civil. Estos actos pueden luego ser cambiados con permiso del Superior General. Con el consentimiento del Superior General un misionero de votos perpetuos puede también renunciar de manera íntegra o parcial a sus bienes patrimoniales. Es oportuno que ese permiso no se conceda antes de que hayan pasado muchos años de profesión perpetua.

Todo misionero al que se le haya confiado la tarea de administrar, debe ser consciente de que realiza un servicio importante en favor del Instituto y de cada uno de los misioneros, sus hermanos. Pero nunca olvidará los criterios que le deben orientar, como el testimonio de pobreza, el bien común, la justicia y la caridad fraterna.

Todo Administrador realiza su servicio bajo la responsabilidad del respectivo Superior: de comunidad, de Circunscripción y General. Las funciones del Superior y del Ecónomo, en todo lo que concierne a la administración de los bienes, no deben ser cambiadas o confundidas. Quien da el permiso en virtud del voto de pobreza es únicamente el Superior, y quien administra no es el Superior, sino el Administrador. Una clara separación de las dos funciones garantiza una sano y recíproco control.

Austeridad en la vida cotidiana

Nuestra sociedad, influida por un consumo sin frenos, interpela nuestro estilo de vida, que deberá encontrar formas y modos concretos y visibles de vivir la pobreza en el día a día. El vestido, los viajes, las vacaciones, los medios de transporte, todo deberá reflejar la austeridad de vida de un misionero. Del mismo modo, nuestras casas y los medios que usamos en nuestro trabajo deberán estar inspirados en la funcionalidad y en la sencillez.

Toda comunidad debería hacer uso del discernimiento antes de decidir un gasto importante que afecte a su vida. Criterio importante para determinar nuestro estilo de vida es compartir la forma de vida de la gente en cuyo contexto nos encontramos viviendo y trabajando. Medio eficaz para llevar a la práctica la austeridad de vida es la atención que se debe dar al informar de los gastos y el estudio de presupuesto, analizando atentamente tanto los gastos ordinarios como los extraordinarios que se piensen hacer. El presupuesto debe ser elaborado y valorado por la comunidad misma antes de presentarlo a la instancia superior para su aprobación. Esto debe hacerse normalmente en el momento de la redacción del Proyecto Comunitario de Vida. Es oportuno que se programen también momentos periódicos para su revisión.

Cada Circunscripción decide la cantidad de dinero del que las comunidades locales pueden disponer sin tener que recurrir al permiso de la Dirección Regional, así como los modos que regulan la adquisición y alienación de cosas.

El Directorio General del Instituto regula de manera detallada los casos en que el misionero puede volver a su país (cf. Const. 25,3-25.5). Los Superiores de Circunscripción vigilarán para que estas normas sean cumplidas escrupulosamente y para evitar de este modo abusos contrarios a nuestro estado de religiosos y al voto de pobreza.

Es praxis del Instituto, sancionada por el Directorio General, que a ningún misionero "le está permitido la posesión de automóviles para su uso personal. El uso de éstos es común y está regulado según las exigencias de las tareas y servicios de la comunidad" (45.1).

El Directorio General establece que no le está permitido al misionero "tener cuentas bancarias a su nombre fuera de las administraciones del Instituto" (48.2). No obstante, actualmente, en algunas Circunscripciones a los misioneros se les puede pedir que tengan una cuenta personal en el banco para su ordinaria administración. En estos casos, el permiso escrito debe ser pedido al Superior Regional, el cual vigilará para que cada una de estas cuentas bancarias tenga una segunda firma. Los misioneros deben facilitar un balance regular y periódico al respectivo Superior sobre el modo como utilizan esas cuentas bancarias.

Peculio personal

Se denomina así la cantidad de dinero que cada misionero recibe de la propia comunidad para sus gastos ordinarios. Esta cantidad de dinero no se da con fecha fija, sino que se facilita tras presentar una información de los gastos hechos precedentemente.

Conviene que en las comunidades formativas nuestros jóvenes profesos sean educados al uso correcto del peculio personal, evitando incluso la apariencia de que se le considere una especie de "salario mensual" del que cada cual puede disponer libremente.

Fidelidad a las leyes civiles y a las orientaciones de la Iglesia local

El misionero estará atento no solamente a seguir la normas emanadas por el Instituto en materia administrativa, sino también a las que provienen de la sociedad civil y de la Iglesia. Eso deseaba el Beato Fundador de sus misioneros. Efectivamente, la escrupulosa observancia de las leyes y normas no es solamente una respuesta a las exigencias de la justicia; es también un testimonio muy necesario ante la sociedad en la que vivimos. Sin hacer la lista de todas las instancias donde esa fidelidad debe ser practicada, recordamos algunas a las que es necesario estar especialmente atentos.

- Los salarios y los estipendios a las personas que trabajan en nuestras comunidades no solamente deben ser conformes con las normas civiles, sino que también deben responder a los parámetros de la justicia.

- El misionero no realizará ningún proyecto de ayuda sin haber obtenido el previo permiso de las autoridades civiles y eclesiales. Téngase la máxima precaución en la implicación de la gente del lugar en esos proyectos, además, evidentemente, de hacerlos objeto de un atento discernimiento dentro de la comunidad misionera antes de pedir y obtener la autorización del Superior mayor.

- En la realización de obras y en cualquier otra actividad económica, los Administradores y los Superiores, según los propios niveles de competencia, sigan fielmente las normas civiles y eclesiales en lo concerniente a tasas, contribuciones, impuestos y normas de seguridad.

- Los Superiores y las comunidades estarán atentos a responder a las llamadas de ayuda y a las peticiones de donativos que nos pueden llegar especialmente de entes eclesiales o de organismos humanitarios, según las posibilidades de las Circunscripciones y en armonía con los criterios de nuestra legislación, de acuerdo con nuestra la solidaridad con los pobres y la disposición a compartir los bienes con quien se encuentra necesitado.

- Los Superiores y los Administradores evitarán de todos los modos contraer deudas u obligaciones con terceros por necesidades internas del Instituto. En el caso de misioneros individuales que contrajeran deudas importantes de manera ilícita y sin permiso, las Direcciones de Circunscripción, consultando con la Dirección General y respetando la legislación civil, establecerán la oportunidad o no de implicar al Instituto en la extinción de esas deudas. En el caso de que esto sucediera, se especificarán claramente los modos y el grado de la intervención del Instituto en favor del miembro del Instituto.

Respeto de la intención de los donantes

En la administración de los bienes que la Providencia nos envía a través de los bienhechores, la intención del donante debe ser tenida muy en cuanta. A nadie y por ningún motivo le está permitido descuidarla, eludirla o transgredirla, especialmente cuando ésta está claramente expresada. Cuando un proyecto misionero encuentra el apoyo de los bienhechores y luego, por cualquier motivo, no se puede realizar, es una obligación pedir su consentimiento antes de destinar los donativos recibidos para otro fin. Si el permiso no llegara, los donativos recibidos, por razón de honradez, deberán ser restituidos al donante.

Estamos obligados a instruir a los bienhechores a que dirijan sus donativos hacia obras o iniciativas útiles y programadas con los debidos consentimientos y permisos.

Los donativos recibidos en favor de las misiones, pero sin un fin específico, serán depositados en la caja común regional o de la comunidad local, y no estarán a disposición del misionero individualmente.

Cuidado de los bienes inmuebles

Es responsabilidad y deber de toda comunidad cuidar las casas y los bienes inmuebles del Instituto. Para la buena conservación de las casas, habrá un plan anual que trate de evitar deterioros que podrían tener consiguientes y costosas intervenciones.

Las Circunscripciones dotadas de edificios grandes y sólo parcialmente utilizados, estudien soluciones oportunas para proveer a las comunidades de casas más sencillas y funcionales, disminuyendo así de manera considerable los gastos por su conservación.

Es deber del Ecónomo local tener un inventario completo y detallado de todos los bienes, inmuebles o no, pertenecientes al Instituto o a la iglesia local. Cada año lo actualizará anotando las adquisiciones hechas y lo que haya podido ser alienado.

C. Economía de comunión

En tiempos pasados, la pobreza religiosa intentaba especialmente conseguir de los religiosos la austeridad de vida, el ahorro y la renuncia a las cosas no necesarias. El trabajo de los ecónomos tenía como objetivo la reducción de los gastos, el ahorro escrupuloso y una discreta acumulación de recursos para poder llegar al final del año con un balance positivo de las cuentas. Hoy se va descubriendo una nueva dimensión a la pobreza religiosa, designada de modo diverso: reparto de bienes, comunión de bienes, economía de comunión, solidaridad. Estos dos aspectos no deben ser separados, para que así nuestro reparto de bienes no se reduzca a las meras "migajas que caen de la mesa del rico". No solamente deben compartirse las cosas superfluas, sino también las que habitualmente consideramos "oportunas", y en algunos casos las "necesarias". Todos los misioneros deberán convertirse a esta nueva visión de "comunión", que exige la apertura del corazón y de las manos hacia los que se encuentran más necesitados. Los jóvenes, de manera especial, deben ser formados no a acumular para sí mismos ni a pensar solamente en las propias obras, sino a comportarse como hermanos con los demás miembros de la Familia religiosa y con los pobres.

Comunión de los bienes en el ámbito local

La administración en el ámbito de la comunidad local se hará conforme al principio de la caja común. Toda entrada será entregada al Superior y para que el Ecónomo la introduzca en la caja de la comunidad. Los gastos ordinarios para proveer a las necesidades de la comunidad serán normalmente hechos por el Ecónomo de la misma. Cada misionero recibe de la caja lo necesario para las necesidades ordinarias de su vida y del trabajo. Para gastos especiales necesitará el permiso del Superior de la comunidad.

Para un uso correcto de la caja común comunitaria son indispensables el presupuesto anual aprobado por la Dirección Regional y la atenta lectura del balance de gastos, juntamente con el discernimiento periódico sobre la situación financiera, la claridad sobre la función y el cometido del Administrador local y el correcto informe de las entradas y salidas de todos los componentes de la comunidad. Todos los miembros de la comunidad deberán estar atentos a su sobriedad de vida y a la contención en los gastos e incentivar la búsqueda de las entradas necesarias.

En el caso de que las entradas no fueran suficientes para cubrir todos los gastos de la comunidad, se solicitará la intervención de la Región a través de una conveniente petición al Superior Regional.

Comunión de los bienes en el ámbito de la Circunscripción

La circulación de los bienes en el ámbito de la Circunscripción será eficaz solamente cuando todas las comunidades estén dispuestas a compartir lo que tienen de sobra, constituyendo e incrementando el fondo regional. Es pues necesario que la Región establezca el techo máximo de reserva financiera que cada comunidad local puede tener, sobre la base de los gastos ordinarios. El resto será destinado periódicamente a la caja regional. Otra fuente de entradas para la caja común regional, a no ser que las normas de la Circunscripción hayan dispuesto otra cosa, serán los donativos que los bienhechores envían a los misioneros sin indicar una finalidad específica y las ayudas anuales provenientes de la Administración General.

Cada Circunscripción, especialmente con ocasión de las Conferencias regionales, puede idear otros medios para incrementar el fondo regional. Algunas obras regionales pueden tener una finalidad lucrativa para apoyar la autosuficiencia regional. Evítese, sin embargo, caer en formas de negocio contrarias al espíritu de pobreza y a la confianza que debemos tener siempre en la providencia humana y divina. Las peticiones de ayudas por parte de las comunidades locales serán normalmente dirigidas al Administrador de la Circunscripción, el cual, tras un estudio hecho con la comunidad local y, si lo considera necesario, pedido el parecer del Consejo de Administración, lo presentará al Superior y al Consejo de la Circunscripción para su aprobación.

No es especialmente la cantidad del fondo, sino más bien la participación unánime y fraterna de todos los misioneros en la constitución y el mantenimiento de la caja común regional, lo que constituye un índice significativo del espíritu de familia que debe distinguir a toda Circunscripción.

Comunión de bienes en el ámbito del Instituto

El Instituto posee un fondo controlado por el Administración General y del que se ésta se sirve para las necesidades de la Dirección General, para ayudas a las Circunscripciones y para las necesidades particulares del Instituto. Este fondo se alimenta con los legados testamentarios, con los intereses bancarios y con las aportaciones de algunas Regiones. No se le aumenta para evitar que se convierta en una acumulación indebida y contraria a la pobreza, pero al mismo tiempo no se le disminuye para que siga siendo una reserva previsora para el Instituto.

Al final de cada año, la Dirección General distribuye a las Circunscripciones todo lo que exceda del ejercicio financiero precedente, y deposita en el fondo una cifra correspondiente a la inflación experimentada. Las ayudas distribuidas se destinan a ayudar a la caja común de las Circunscripciones y a subvencionar proyectos en beneficio de la evangelización y de los pobres.

Desde hace algunos años, la Administración General ha puesto en marcha un incremento gradual del fondo de las Circunscripciones más pobres. Teniendo en cuenta el principio de la igualación y de un fraterno intercambio, que la Administración General promueva y guíe a las Regiones que han alcanzado el techo establecido a distribuir lo que le supere en favor de las Circunscripciones más pobres.

Solidaridad con los familiares necesitados

Fiel a la enseñanza del Fundador y al espíritu de familia, el Instituto se esforzará para ser abierto y sensible a las situaciones de necesidad real de los familiares de los misioneros, especialmente en caso de emergencias y enfermedades graves que afectan a los padres de los misioneros. Toda aportación será dada por la comunidad a la que el misionero pertenece, en diálogo con el Superior Regional y con su autorización. Las familias de los misioneros que trabajan fuera de su país, sean visitadas periódicamente por otros miembros del Instituto y mantengan contacto con el Instituto. Será fácil así conocer situaciones de verdadera indigencia e intervenir oportuna y tempestivamente.

Normativas y puntualizaciones que regulan el apoyo económico que el misionero de una Circunscripción o de un continente puede dar a la propia familia deben ser estudiadas por la Circunscripción o por el Continente, sobre la base de nuestra legislación y las normas contenidas en la presente carta. Para evitar que arraiguen tradiciones locales contrarias al voto de pobreza o que nazcan exigencias excesivas por parte de las familias de los misioneros, los animadores misioneros y los formadores sensibilizarán a los familiares de los alumnos sobre la nueva relación que la profesión religiosa y el voto de pobreza crean en relación con ellos. Donde se considere necesario, en el momento del ingreso del joven en el Instituto, exíjase una declaración escrita en la que los padres afirmen que permiten a su hijo ingresar en el Instituto y no esperar de él en el futuro compensaciones económicas. No deben aceptarse alumnos provenientes de familias en las que la ayuda del hijo sea necesaria para la subsistencia de la misma, fieles al precepto: "Honra a tu padre y a tu madre".

Compartir nuestros bienes con los pobres

"No es posible la misión sin ser 'para' y 'con' los pobres. La pobreza en la vida consagrada establece sus premisas con una sobriedad y estilo que permiten la solidaridad, el reparto de bienes y la proximidad a la gente" (XCG 30). Fieles a la enseñanza capitular y a la tradición centenaria del Instituto, cada uno de los misioneros y las Circunscripciones cultivarán apertura y sensibilidad al intercambio de sus bienes con los pobres que podrán realizar de formas diversas. Efectivamente, no podemos olvidar que los bienes que la Providencia pone en nuestras manos, además de socorrer las necesidades del personal misionero, están especialmente destinadas a los pobres y la evangelización. Compartir lo que tenemos es efectivamente una de las formas más "misioneras" de vivir la pobreza religiosa y lo que la gente más espera de nosotros.

Cada uno de los misioneros y las propias Circunscripciones traten de responder positivamente, dentro de los límites de sus posibilidades, a las llamadas que periódicamente hace el Instituto a través de la Dirección General para ir al encuentro de situaciones de especial necesidad, como catástrofes naturales, guerras, etc. Sepan también implicar en estas iniciativas de solidaridad a las comunidades cristianas.

Nuestras casas, compatiblemente con el servicio que deben ofrecer a los misioneros y respetando siempre la vida privada de cada uno, sean acogedores con los pobres. Se trata de un signo de nuestra capacidad para compartir y de fraternidad.

Evite el misionero la sutil tentación de presentarse individualmente como "el bienhechor" de los pobres a través de la realización de obras que gratifican más al que las ofrece que al destinatario. Busque siempre en estas obras la colaboración de la gente y de otros organismos locales para que su función no parezca predominante.

Se confirma la costumbre, puesta en marcha en algunas Circunscripciones y utilizada durante las celebraciones centenarias del Instituto, de distribuir al final de cada año parte de lo que sobre a los pobres. Será signo y memoria del compromiso que incumbe al Instituto y a cada uno de nosotros en virtud de nuestra vocación misionera.

Ayuda a los que dejan el Instituto

Con caridad evangélica y con equidad, el Instituto, a través de la Dirección Regional y General, será solidario con los profesos perpetuos que abandonan definitivamente la Congregación, independientemente del modo y los motivos que les han llevado a esa decisión. Se estudiará cada caso individualmente y se tendrá en cuenta la edad, las posibilidades de trabajo y los títulos de estudio. La ayuda del Instituto podrá ayudarles especialmente en sus primeras necesidades. Naturalmente, esas ayudas no están previstas para los misioneros sacerdotes que se incardinan en alguna diócesis.

D. Administración de los bienes

Los Administradores

En el campo de la economía del Instituto, una función de fundamental importancia corresponde al Administrador General y a los Circunscripción. Teniendo en cuenta la experiencia del pasado y las actuales posibilidades del personal del Instituto, trazamos brevemente los rasgos característicos del Ecónomo, no para idealizar su figura sino especialmente para poner de relieve las características que todo misionero llamado a este servicio debe esforzarse en adquirir.

1. El Ecónomo es un misionero de la Consolata plenamente identificado con el Instituto y su misión. Conoce sus características y su espíritu y se esfuerza en vivirlas. El conocimiento y la capacidad técnica exigidas por su servicio en el campo administrativo deberán integrarse con su identidad vocacional y someterse a ella.

2. Es una persona capaz de colaborar con los demás. Hoy más que nunca, las exigencias en el campo económico se multiplican y ninguna persona puede pretender cubrir y desarrollar este cargo de manera individual y aislada. Debe ser consciente de sus límites y por consiguiente estar dispuesto a dejarse ayudar y aconsejar por expertos. Además debe ser capaz de diálogo constante con el Consejo de Circunscripción o General, en cuyo nombre desempeña su cometido.

3. Debe incrementar su interés por las cuestiones sociales y por la solidaridad con los pobres. Se mantendrá en guardia contra los excesos propios del capitalismo neoliberal o unas leyes de mercado sin escrúpulos. Conocerá la doctrina social de la Iglesia y se actualizará con estudios convenientes.

4. Debe cultivar siempre una actitud de aprendizaje, porque es consciente de los continuos cambios que se verifican en este campo, especialmente el lo relativo a las leyes vigentes sobre el patrimonio y los empleados. La propia justicia social plantea muchos interrogantes que afectan a la administración de los bienes del Instituto.

5. Debe ser capaz de conjugar un indispensable realismo en la gestión del dinero con los valores propios de la vida religiosa y del Evangelio. No hay, en efecto, nada más concreto que el dinero, pero tampoco nada que sea tan influenciable por las corrientes del pensamiento y de las ideologías como la economía. El Administrador debe pues ser capaz de gestionar la economía del Instituto teniendo en cuenta la justicia social, la pobreza religiosa y las exigencias de la misión.

6. Sepa ser discreto y reservado al divulgar informaciones relativas a los Miembros del Instituto. En cambio, sea pródigo en comunicar a la propia comunidad y la propia Región las informaciones que hacen crecer la responsabilidad y consolidar los lazos de familia.

7. Las competencias del Administrador son diversas de las del Superior. Corresponde al Administrador realizar los actos de administración ordinaria, mientras que corresponde al Superior con su Consejo autorizar al Administrador para los actos de administración extraordinaria.

Lo que hemos dicho hasta aquí del Administrador General y de Circunscripción se puede también, en buena parte, aplicar a los Ecónomos locales. Los Administradores regionales, antes de tomar posesión de su cargo, transcurrirán un período adecuado de tiempo en la Administración General para familiarizarse mejor con las técnicas administrativas y con la praxis del Instituto. En la medida de lo posible, en la comunidad local se evitará la función conjunta de superior y de ecónomo. En el ámbito de la Circunscripción habrá encuentros periódicos de los Administradores locales, para que tengan la oportunidad de perfeccionar su técnica contable y administrativa y conseguir una actualización sobre los aspectos relacionados con su cargo.

Los principios que nos guían

Una correcta administración de los bienes no puede ser solamente fruto de la buena voluntad de quien está llamado a desempeñar el cargo de administrador. Un conocimiento suficiente de las reglas de administración debe poder conseguirse por todos los misioneros, porque todos están llamados de alguna manera a administrar. Utilícense, por consiguiente, las ayudas preparadas por la Administración General[5] y otros medios que pueden estar disponibles en las Circunscripciones.

Nuestros documentos han expresado en diversas ocasiones el deseo de que nuestros estudiantes profesos aprendan la nociones básicas de nuestra contabilidad y puedan tener familiaridad con los principios vigentes en el uso y la gestión de los bienes del Instituto. Esto debe realizarse ahora sin dilación. Por consiguiente, que todos los años provea el Administrador Regional a facilitar a nuestros estudiantes profesos un curso adecuado sobre esta materia, acordado oportunamente con los responsables de las comunidades formativas. Se impartirán no solamente nociones técnicas, sino que también se explicará ampliamente el espíritu que subyace al uso de los bienes en el Instituto. Asimismo se les debe informar sobre la situación financiera real de la Circunscripción, sin esconder sus dificultades y problemas.

Algunas reglas de buena administración

1. Toda verdadera administración comienza con una atento análisis del balance del año que termina y de la formulación del presupuesto del siguiente. Recuérdese que para ahorrar dinero nunca se permitirá "escapatoria" alguna sobre impuestos, salarios o justicia social.

2. Quien administra dinero u otros bienes debe rendir cuentas a la instancia superior: el Administrador local al Superior local, el Administrador regional al Superior regional y el Administrador general al Superior General. Del mismo modo, toda administración subalterna deberá estar sometida para su examen y aprobación a la superior. La necesidad de rendir cuentas implica además que el Superior competente, en su propio ámbito, controlará personalmente o a través de otros (revisores de cuentas) que todo esté en orden y que cualquier acto administrativo se haga de forma correcta. 

3. Cada vez que se tenga que hacer frente a un gasto extraordinario sin tener el dinero disponible, y por tanto que resulte indispensable contraer deudas, será necesario contar con el permiso explícito del Superior mayor competente. En el discernimiento se tendrán en cuentas los siguientes criterios: que el gasto sea realmente inaplazable y necesario; que no sea considerada suficiente la palabra dada por los bienhechores de aportar la suma necesaria o la promesa de obtener una cantidad de un ente público o privado. En cualquier caso, se sugiere que preferiblemente se acuda al fondo regional o general antes de contraer deudas con los bancos.

4. En el caso de alienaciones, adquisiciones o reestructuraciones de cierta entidad de bienes inmuebles, se necesitará permiso de la Dirección General. Solicítese además el parecer de los expertos, hágase un discernimiento atento por parte de la comunidad interesada y considérense también las consecuencias económicas futuras de la obra o del gasto que se quiere realizar.

5. Ningún buen administrador se limita a pensar únicamente en el presente, a que cuadre el balance del mes o del año, sino que considera también el futuro. El remanente que resulte al final de un ejercicio no debe ser necesariamente gastado de cualquier manera. Debe reservarse para la comunidad o la Región, o bien destinarse a la comunión de bienes. El compromiso de la tramitación de los asuntos cotidianos y corrientes no debe impedir al buen administrador tener una visión amplia de los asuntos importantes que incumben a la comunidad o a la Región.

Autosuficiencia

La autosuficiencia en el ámbito de comunidad local o de Circunscripción es un objetivo al que todos debemos tender, aun cuando la multiplicidad de situaciones misioneras no permita que se la pueda conseguir en todas partes con facilidad. En muchos países, en efecto, la asistencia por parte del Estado es mínima, nula la previsión social e insignificante la ayuda ofrecida para obras hospitalarias o para las escuelas. En muchas diócesis el personal misionero no recibe ninguna ayuda por parte de la Iglesia local, y la aportación de la comunidad cristiana sigue siendo muy baja. Es pues obvio que las Circunscripciones que trabajan en estas situaciones consideren la autosuficiencia como una meta todavía muy lejana.

A pesar de tantas dificultades, el compromiso y la buena voluntad por nuestra parte para conseguir que las comunidades locales y las Circunscripciones sean autosuficientes, no deben faltar nunca. Ofrecemos algunas posibles pistas que pueden seguirse para lograr gradualmente esa autonomía. Su aplicación deberá ser estudiada atentamente por las Circunscripciones.

1. Los gastos ordinarios sean posiblemente cubiertos con las entradas locales. Para los gastos extraordinarios (construcciones, medios de transporte, casas de formación) se puede recurrir a la ayuda exterior.

2. Hágase uso posiblemente de los productos locales, evitando la importación del extranjero de los bienes que se pueden encontrar en el lugar.

3. Tiéndase a simplificar del estilo de vida, haciéndolo compatible con los medios a disposición.

4. Antes del noviciado, que los alumnos contribuyan, financieramente también, a su manutención. Los misioneros, por otra parte, sepan solicitar la constitución de bolsas de estudio en favor de nuestros jóvenes en período de formación.

5. Las Circunscripciones, en comunión con el Administrador General, pongan en marcha la constitución del fondo regional, cuyos intereses servirán para la propia autosuficiencia. Ese fondo, sin embargo, no debe ser utilizado para las necesidades de la Región, sino solamente sus intereses. Aunque el capital pertenece a la Circunscripción, su finalidad no podrá ser cambiada sin permiso explícito del Consejo General.

6. Estúdiese en el ámbito de Circunscripción la posibilidad de realizar proyectos que puedan asegurar una entrada económica, disminuyendo así la dependencia del extranjero. Esos proyectos deben en cualquier caso ser compatibles con nuestro trabajo misionero y el estilo de vida de una comunidad religiosa.

7. Pasos indispensables para lograr la autosuficiencia económica pueden ser los siguientes: la atenta planificación económica de los recursos disponibles, la adecuada preparación del personal destinado a los servicios económicos, la transparencia y la información, los controles periódicos de las actividades económicas.

Transparencia administrativa e información comunitaria

Son elementos de importancia fundamental en una correcta gestión administrativa y deberán concretarse:

- en la búsqueda de una colaboración lo más amplia posible en el momento de elaborar los presupuestos y en el estudio de proyectos de cierto alcance;

- sometiéndose a controles periódicos, esmerados y serios, realizados por personas competentes;

- ofreciendo balances exhaustivos y detallados a nivel local, regional y con ocasión de asambleas de Instituto;

- organizando encuentros de carácter económico, no sólo para los Ecónomos sino también para los Superiores que tienen responsabilidades sobre sus respectivas administraciones.

IV. La reflexión continúa...

Como decíamos ya al comienzo de este escrito, el documento que enviamos se propone poner en marcha un trabajo de reflexión que todo misionero debe continuar, al igual que toda comunidad y Circunscripción. Estamos convencidos de que se podrá convertir en ocasión adecuada para abrir en nuestro Instituto un diálogo franco, sincero y concreto sobre los temas relacionados con la pobreza religiosa. El documento es en efecto un paso obligado y una condición indispensable para conseguir el objetivo que nos propuso el XCG. El resultado de la reflexión de todas las Circunscripciones, si se comunica a la Dirección General, podría luego ser enviado a todo el Instituto, como primer paso hacia una mayor inculturación de este valor en los contextos variados donde el Instituto actúa.

Ninguno de nosotros ignora, en efecto, que el tema de la pobreza, de la economía y del uso de los bienes materiales para la misión es uno de los que pueden suscitar no solamente dificultades en el momento de ponerlo en práctica, sino también incomprensión entre los misioneros, sobre todo si son de extracción cultural diferente. La interculturalidad es una gran riqueza, pero se la debe conquistar, comprender y madurar por parte de todos mediante un proceso lento y gradual. Recordemos siempre que ninguna cultura puede erigirse como un escudo de defensa ante las exigencias radicales que nuestra opción de vida nos propone, y que toda cultura está llamada a confrontarse, mediante el trabajo cotidiano del diálogo y de la comunicación sincera entre hermanos, con el núcleo fundamental de referencia para todos, constituido por el Evangelio y por nuestro carisma misionero. Solamente con apertura y disponibilidad plenas podremos deducir de los principios expuestos en este documento las opciones operativas y justas, así como las actitudes que nos deben caracterizar, comprendidos por todos de la misma forma y con la misma fuerza, y compartidos asimismo por todos no por la fuerza sino por convicción íntima. La Dirección General piensa organizar una asamblea especial de los Administradores regionales para finales de 2003, con el fin de encontrar las opciones operativas más adecuadas para la concretización de las orientaciones expuestas. En esa asamblea estarán presentes la Dirección General y los miembros del Consejo General de Administración.

Al tiempo que agradecemos a todos los Superiores de Circunscripción su valiosa colaboración en la redacción de esta carta, queremos ahora pedirles que preparen, en colaboración con los Departamentos Regionales, un programa de profundización de esta temática, en diversos ámbitos de la su Circunscripción. El impacto que este documento puede tener en nuestra Familia depende mucho de este trabajo capilar de base que ellos consigan poner en marcha.

V. Conclusión

El Instituto acaba de terminar sus celebraciones jubilares: cien años al servicio de Dios y de la Iglesia. Al tiempo que con corazón agradecido y gozoso hemos elevado al Señor nuestra acción de gracias, hemos expresado también nuestro fervoroso propósito de emprender con renovado empeño el camino que tenemos por delante. Y al tiempo que lanzamos nuestra mirada hacia el segundo siglo de vida de nuestra Familia, dejamos que resuene en el corazón de cada uno de nosotros el eco de estas palabras proféticas de nuestro Padre Fundador: "Es verdad, no lo olvidéis, que de la observancia de esta virtud y voto de pobreza depende el futuro de toda nuestra comunidad, y que cuando se relaja en esto, todo su espíritu se diluye [...]. Estoy seguro de que si nuestra comunidad, nuestro Instituto, observa estas normas, progresará siempre. ¡Ay si llega el momento en que estas reglas dejan de observarse!" (Conf III,9-10). Y añadía también: "Mientras la comunidad observe el espíritu de pobreza, hará un gran bien. ¡Ay si falta! Cuando alguien comienza a faltar, todo termina perdiéndose" (Conf II,469).

Que la Consolata, nuestra Madre, y San José, tradicionalmente venerado en el Instituto como protector de los Ecónomos, nos bendigan y nos guíen siempre.

Os saludamos fraternalmente

P. Piero Trabucco, IMC
(Padre General)

P. Antonio Bellagamba, IMC

P. Norberto Ribeiro Louro, IMC

P. Aquiléo Fiorentini, IMC

P. Jean André Benedetti, IMC



 [1] Cfr. Economía y misión en la vida consagrada hoy, Unión de Superiores Generales, mayo 2002.

  [2] G. Pasqualetti, Poveri per arrichire gli altri, Roma 1988, p. 21.

  [3] Cfr. IMC, Directorio para la Administración de los Bienes, Dirección General 1989.

 [4] Cf. G. Pasqualetti, Poveri per arricchire gli altri, IMC, pp. 21.-36.

  [5] Cf. La contabilidad en el Instituto Misiones Consolata, Roma 1993.