Narrow screen resolution Wide screen resolution
A los Laicos Misioneros de la Consolata PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Piero Trabucco, IMC   
20.02.2006

15 de noviembre de 2002

Queridos Laicos Misioneros de la Consolata,

"Id también vosotros. La llamada no se refiere únicamente a los pastores, sacerdotes, religiosos y religiosas, sino que va dirigida a todos: también los fieles laicos están llamados personalmente por el Señor, de quien reciben una misión para la Iglesia y para el mundo". (Christifideles laici 2)

La Misión os necesita también vosotros. La llamada-envío a la Misión es, de hecho, la vocación de todo bautizado y de toda comunidad cristiana. "Los fieles laicos, justamente porque son miembros de la iglesia, tienen la vocación y la misión de ser anunciadores del Evangelio: para esta labor están habilitados y comprometidos por los sacramentos de la iniciación cristiana y por los dones del espíritu Santo"(CL33). Es el bautismo que habéis recibido el que os da el "derecho-deber" de comprometeros, "para que el anuncio de la salvación sea conocido y recibido por todos los hombres, en todos los lugares"(Redemptoris Missio,71)

Ya desde los principios de su historia el Instituto tiene una larga tradición de colaboración con los laicos y ahora reconoce que el desarrollo actual del laicado misioneros, y las propuestas que habéis presentado, constituyen hoy un verdadero signo de los tiempos, al que hay que prestar oído. De lo contrario, como afirma el X Capítulo General, "se pasaría por alto un verdadero servicio misionero y se privaría de un precioso potencial para poner a disposición de la Misión". El Instituto por tanto reconoce y acoge con gozo vuestra vocación misionera laical, convencido de que vuestra presencia "exalta el valor del testimonio, refuerza la capacidad de colaboración y de vida de la Misión en la comunión y en la complementariedad".

El compromiso común por la Misión Ad Gentes constituye pues, un primer y fundamental vínculo de unión entre el Instituto y vosotros. Un vínculo que se refuerza y profundiza aún más por vuestro deseo de compartir directamente el carisma y la espiritualidad que nos dejó en herencia el Beato José Allamano.

Vemos en este deseo vuestro un ulterior don del Espíritu, que contribuye sabiamente para desplegar toda la riqueza del carisma, en la complementariedad de las diversas formas de vida, en una eclesiología de comunión.

En estos últimos años se ha intensificado la reflexión común y el diálogo sobre estas realidades. Juntos hemos buscado las formas y los modos mejores que nos permitan vivir la Misión con el mismo espíritu.

Creemos que haya llegado el momento de asumir con decisión, el Instituto y LMC, orientaciones concretas, que nos permitan poner en práctica el compromiso común por la Misión y por compartir el carisma y la espiritualidad del Beato José Allamano.

 

Os presentamos este documento que el Secretariado General para la Misión ha acompañado con empeño en sus varias fases de redacción. No pretende ser un Estatuto en el sentido jurídico del término. Es más bien una plataforma de salida que ofrece:

- Algunos elementos, muchos de los cuales han madurado junto a vosotros en la reflexión de estos últimos tiempos, y que consideramos indispensable conservar y promover, para que se pueda hablar de Laicos Misioneros "de la Consolata".

- Algunas orientaciones y sugerencias, simplemente a modo de ejemplo, para que vosotros mismos construyáis con responsabilidad vuestra organización y vuestro compromiso misionero, en el camino concreto que estáis recorriendo, en el contexto de las diferentes realidades socio culturales en que vivís.

Lo que si os prometemos es que a partir de esta base, el Instituto se compromete a acogeros, acompañaros, y a ayudaros a crecer, a sosteneros en todos los modos posibles, trabajando juntos para que la buena semilla que representáis llegue a ser una mies abundante de frutos, para el bien de la misión y del mundo.

 

Somos conscientes de que el camino por recorrer es todavía largo. Y deseamos recorrerlo juntos, IMC y LMC. El documento expresa el "sentir" del Instituto acerca de los principios que rigen su relaciones con los LMC; y convencidos de que tales principios se comparten en línea de máxima por vosotros mismos, pedimos que este documento se considere una plataforma común sobre la que apoyarse para iniciar el camino. Os invitamos ahora, Laicos Misioneros de la Consolata, a definir mejor, a nivel nacional, vuestra organización; a asumir (también oficialmente) el compromiso de LMC; a constituir las primeras comunidades locales LMC; a empezar al menos en forma embrionaria una organización nacional. Como fecha para alcanzar tales objetivos os sugerimos el 20 de junio de 2003, fiesta de María Consolata.

En un Congreso de LMC y Delegados IMC, cuya fecha se decidiría de mutuo acuerdo, se podrían confrontar eventuales discrepancias, o enriquecer aún más el texto que hoy os presentamos. Aquella fecha podría ser también la promulgación oficial del nacimiento de los LMC

Se considere el presente documento ad experimentum hasta el año 2005, cuando, con ocasión del capítulo general del IMC se podrá hacer una evaluación. La experiencia concreta será maestra de eventuales cambios y adaptaciones. El Señor bendiga todo esfuerzo y la buena voluntad de cada uno.

Confiamos este camino de compartir y de comunión que se nos presenta delante a la guía segura del Espíritu, primer agente de la Misión, a la materna protección de nuestra querida Consolata, y a la solicitud de aquél al que todos miramos como padre, el beato José Allamano.

P. Piero Trabucco, IMC

(Padre General)

P. Antonio Bellagamba, IMC

P. Norberto Ribeiro Louro, IMC

P. Aquiléo Fiorentini, IMC

P. Jean André Benedetti, IMC