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| Padre SAAMBAYA LUKAS 1959 - 2002 |
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| Escrito por P. Dietrich Pendawazima | |
| 20.02.2006 | |
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Su padre se llamaban Nemes Kiwoi y su madre Práxedes Masaambaya. Nació el 9 de julio de 1959 en Kwingaci. Sus padres habían formado una excelente familia católica de la parroquia de Usseri, diócesis de Moshi, en Tanzania. Terminados los estudios primarios en su país de origen, entró en el seminario menor de los Capuchinos en Mahua (Moshi), donde cursó enseñanza secundaria. En 1981 participó en un curso de orientación vocacional que los Misioneros de la Consolata organizaron en Iringa. Lukas era un joven serio, abierto y sereno. Deseaba ser misionero y, atraído por el nombre de "Consolata", en agosto de ese mismo año se le admitió en el seminario de Langata, en Nairobi. Hizo el año del noviciado en Sagana (1984-85) y emitió la profesión religiosa el 6 de agosto de 1985. Para hacer estudios de teología se le destina al seminario teológico de Bogotá (Colombia). Aquí se compromete en la pastoral misionera en el ámbito de la parroquia de San Atanasio, dirigiendo su atención especialmente a los pobres, y trata de profundizar al máximo en las experiencias misioneras de Caquetá y Pasacaballos. El 17 de julio de 1988 se consagra a Dios con la profesión perpetua. De sus escritos emerge un intenso deseo de ser un discípulo fiel del Señor. Quiere conocer y acoger el proyecto de Dios para su vida. Se esfuerza para obrar con criterios y actitudes evangélicos, en la humildad, en el diálogo, en la aceptación de los demás y en la búsqueda de los pobres, a los que se dedica con amor sincero. Después de completar los estudios teológicos, vuelve a Tanzania, donde, el 17 de diciembre de 1989, es ordenado sacerdote en la parroquia de Usseri. Seguidamente es enviado a Roma-Bravetta, donde, en la Facultad Pontificia Marianum, consigue la licencia en Mariología. Destinado a la misión de Kenya, de 1993 a 1996 trabaja como vicepárroco en Chiga (Kisumu), donde acaba de inaugurarse la parroquia. Este destino supone para él un reto, pues debe aprender una lengua nueva y adaptarse a nuevas costumbres. En 1996 se le envía a Gatunga, en la diócesis de Meru, donde se dedica, como parte del equipo de pastoral, al trabajo entre los jóvenes y en las escuelas. Da lo mejor de sí en la organización del 90º aniversario de la fundación de esa misión y fiesta del centenario del Instituto.
Últimos días dolorosos
El 12 de abril de 2002, hacia las 15.00 h., el P. Lukas, en viaje hacia la misión de Charia en compañía de dos sobrinos, sufre un grave accidente de carretera, un choque frontal contra un coche que adelantaba. Uno de los sobrinos muere en el acto y el otro se salva, tras sufrir diversas heridas. El P. Lukas sufre múltiples fracturas y entra en coma profundo. Se le lleva al hospital de Meru, pero, dadas sus graves condiciones, se le traslada al hospital de Nairobi. Los médicos le someten a diversas operaciones para recomponer las diversas fracturas. Aunque en algunos momentos sus condiciones parecen mejorar, en realidad no se despertará y la esperanza acariciada deja paso a la tristeza el 23 de junio, cuando su corazón se para siempre y se nos va a la Casa del Padre. Los funerales se celebran el 4 de julio en Mujwa. Su permanencia en el hospital despierta la atención y el interés de muchos misioneros, Misioneras y amigos conocidos en su actividad pastoral, y por eso los funerales constituyen una gran manifestación de duelo. El rito, presidido por monseñor Mugambi, obispo auxiliar de Meru, contempla la participación de muchos religiosos, entre los que se encuentra el P. Giuseppe Inverardi, superior regional de Tanzania. Del pueblo de origen del P. Lukas llegan más de viente familiares suyos. También están presentes muchos religiosos de diversas congregaciones. La iglesia de Mujwa no es capaz de acoger a tanta gente. Quienes han conocido al P. Lukas quieren testimoniar su ejemplo en el trabajo y su amistad. Las emociones invaden los corazones. Sus restos mortales son llevados al "histórico" cementerio de Mujwa, donde ya descansan muchos padres y hermanas pioneros de la misión. Aquí la gente, numerosísima, manifiesta una vez más su afecto al P. Lukas con su presencia y arrojando un simbólico puñado de tierra en su tumba. Todos a una le hemos dado el "encargo" de continuar acompañando con nuestros Misioneros desde el cielo, siguiendo así en familia con nosotros y rogando por nuestras misiones. P. Luigi Brambilla
TESTIMONIO
Un gran amigo y hermano
Me encontré por vez primera con el P. Lukas en Tomasaganga, en mayo de 1981, durante un breve curso de orientación vocacional dirigido por el P. A. Placucci. Fue entonces cuando nos distinguieron con el apodo de "i placuccini". En aquel curso pudimos conocer el Instituto y su misión en el mundo. Recuerdo que Lukas participó con mucha seriedad, distinguiéndose por su aplicación en la oración, en el discernimiento y en el trabajo manual. Provenía del pequeño seminario de los Capuchinos de Maua-Moshi, donde había cursado estudios secundarios. Pero apenas conoció a la Virgen Consolata, decidió ingresar en el Instituto. Le gustaba el nombre de "Consolata" y hablaba de la atracción que sentía hacia Ella. Al final del curso Lukas fue admitido en el seminario filosófico de Nairobi, mientras que yo me vi obligado a cumplir con deberes militares en Mafinga. En las cartas que me escribió en aquel período me animaba a terminar pronto con aquel deber para unirme a él cuanto antes, lo que tuvo lugar en febrero de 1982. Fue él quien me ayudó a ambientarme en la nueva realidad del seminario. Su papel en la comunidad de formación fue muy positiva, pues hacía todo con convicción, lo que contribuyó a crear un clima de seriedad y serenidad en la comunidad. En el seminario teníamos un buen equipo de fútbol y de voleibol en los que Lukas participaba con el mayor entusiasmo. Era un buen portero y lo daba todo para que el equipo quedara en buen lugar. Luego fuimos destinados juntos a Colombia, un reto para nosotros, los primeros africanos destinados a estudiar en América Latina. Decía Lukas bromeando: "Hemos necesitado más de 25 horas de viaje para ir de Nairobi a Bogotá, lo que nos compromete mucho en todo lo que debemos hacer como misioneros". Probablemente no bromeaba, pues lo decía con lágrimas en sus ojos. Su empeño y su generosidad en el servicio lo atestigua sor Mary Beth, que en una carta me dice: "Recuerdo muy bien el trabajo que hacía Lukas en el comité para los pobres y los enfermos de Yomosa (Bogotá-Colombia). Era de mucha ayuda y se interesaba de los enfermos y de sus familiares. Era un buen misionero y discípulo de Cristo. Me siento feliz por haberle conocido y por haber trabajado con él". Después de la ordenación sacerdotal, Lukas fue destinado a Roma, donde se especializó en Mariología. No se trataba de un simple deseo de contar con un título. Conocemos su pasión por la Consolata, y este estudio le llevaría a conocerla y amarla más. Encontró la muerte en la carretera, justamente en aquella carretera que había recorrido tantas veces para llevar la consolación a los hermanos más pobres y necesitados. Con él he perdido a un gran amigo, porque, a pesar de las diferencias de carácter, nos comprendíamos siempre y nos ayudábamos como hermanos. Él no tenía secretos con los amigos y sabía expresarnos su afecto incluso con lágrimas en los ojos. Sus visitas al seminario eran muy estimadas porque sabía compartir sus experiencias de misión y animaba a todos a prepararse con empeño al trabajo misionero. Gracias, Lukas, por tu amistad. Gracias por la valentía y la alegría que nos transmitiste en los años que el Señor nos concedió de vida compartida. Que él te acoja en su paz. P. Dietrich Pendawazima |
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