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Padre GRUPPO SERGIO 1930-2002 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Consolata.org   
20.02.2006

Nació en Arzignano el 13 de febrero de 1930 y fueron sus padres Giuseppe y Anna Remonato. Entró en el Instituto en 1947, emitió la profesión religiosa en 1953 y fue ordenado sacerdote en 1956. Trabajó como asistente-profesor durante un año en Bevera y seguidamente fue destinado a Portugal, donde realizó el mismo trabajo hasta 1966. Aquí, desde 1958, participó anualmente en la Semana Gregoriana de Fátima y consiguió el diploma en canto gregoriano, expedido por el Centro de Estudios Gregorianos de Lisboa, que le habilitaba como profesor de música y organista en el Santuario de Fátima.

De 1966 a 1970 es profesor de música en el seminario teológico de Turín. Al mismo tiempo se especializa en canto gregoriano en el Pontificio Instituto de Música Sacra de Milán. Poniendo su talento al servicio de la liturgia, ofrece a Portugal la colección de cantos Cantate Domino, a Italia la colección Canticum novum, a Colombia la colección Cantemos al Dios de la vida y a Ecuador una colección de cantos religiosos indígenas.

En 1970 es nombrado superior de la casa de Varallo Sesia y pasados tres años se encuentra de nuevo en Turín como director regional de animación misionera. En 1979 se le destina a Colombia, donde trabaja como miembro del equipo de Tocaima, primero como vicepárroco y luego como párroco de la parroquia de Nariño-Guataqui. De 1984 a 1990 desempeña el cargo de maestro de los novicios en Bucaramanga. Seguidamente se le traslada a Ecuador y durante cinco años trabaja en la pastoral, primeramente en Punin y luego en Licto, diócesis de Riobamba.

Víctima de la enfermedad de parkinson, de 1995 a 1997 se somete a curas médicas en Turín. Convencido de que era todavía útil a la misión, vuelve a Ecuador, pero pocos meses más tarde la enfermedad le obliga a aceptar la realidad y vuelve a Italia para retirarse a Alpignano, donde compone la última misa y regala a la capilla de la casa un precioso armonium. Su largo calvario, en el que le acompañó la presencia cariñosa de su hermana Marisa, concluye el 28 de junio a las cinco de la mañana, momento en que vuela a la Casa del Padre.

La misa por su eterno descanso se celebra al día siguiente. Preside la ceremonia el P. Emmanuele Maggioni. El P. Claudio Brualdi, superior regional emérito de Colombia, le recuerda con su testimonio. La celebración concluye con la despedida que hace el P. Ugo Luise y las palabras emocionadas del P. Ignazio Mondin. El lunes 1 de julio el féretro es llevado a Brugherio, donde al atardecer se celebra una misa y se procede a la inhumación.

 P. Giuseppe Villa

TESTIMONIO DEL P. GIUSEPPE MINA 

Mi primer encuentro con el P. Mina tuvo lugar cuando ingresó en la casa IMC de Vittorio Veneto en 1945, cuando arreciaba la Segunda Guerra Mundial. Estuve próximo a él como padre espiritual. Era tímido, tenía deseos de hacer cuanto antes estudios que había comenzado para conseguir ser un válido Misionero de la Consolata.

Eran años duros aquellos, y no tardó en llegar la carestía para los alumnos, por lo que se trató de hacer de todo con tal de no cerrar. Le perdí de vista cuando se me envió entre los Hermanos Coadjutores de Comoto. Pero conservé siempre viva su imagen, el recuerdo de su personalidad equilibrada, serena, expansiva y llena de deseos de vivir. Sé que contrajo enfermedades largas, que consiguió superar con virtud y paciencia, además de contar con la ayuda de su madre, que hizo todo lo posible para aliviarle.

Cuando volví a encontrarme con él comprobé su madurez en la entrega sin límites a su vocación misionera. Digo esto porque, estando adornado de muchos dones naturales, especialmente el de la música, del canto y del arte de las notas, supo prescindir de las oportunidades que se le ofrecieron en el mismo Instituto para proseguir en los estudios musicales, a fin de entregarse al al servicio de la misión en las casas, como la de Varallo Sesia, donde fue superior.

Cuando me encontraba con él me hablaba de su deseo de ser enviado fuera de Italia, un deseo que siempre debía quedar para más tarde. Finalmente fue enviado a Colombia. Nombrado maestro de los novicios en el período de 1984 a 1990, me escribió pidiéndome algunas aclaraciones. Sufría cuando no se le comprendía en sus deseos.

No estoy al corriente de todo su iter, pero en los tiempos en que se encontraba en Ecuador, comprobé que vivía seriamente "el nuevo pionerismo" de experimentación apostólica. Al volver a afectarle la enfermedad que se convertiría en su calvario, hizo cuanto pudo para eludirle y volver a la misión.

Mientras tanto había mantenido una serie de contactos con su gente en Italia, contactos que fueron haciéndose más sólidos y que mantuvo en los años que pasó en la Casa Beato Giuseppe Allamano. Aprendió a usar el ordenador para leer y escribir, actividad que mantuvo incluso en el período de Navidad y Pascua del 2002, gracias a la ayuda de su hermana Marisa, que siempre estuvo a su lado. El P. Romolo Lumetti le ayudó en la correspondencia cuando ya no podía hablar ni moverse, aunque siempre estaba sereno y sonriente.

El calor del verano le impedía respirar a gusto. Incluso le resultaba difícil recibir la hostia santa al comulgar, en lo que le ayudaba pacientemente el P. Genta.

Hasta que llegó el día en que su vida se apagó suavemente, que fus justamente el 28 de junio del 2002, aniversario de su ordenación sacerdotal.

Revisó sus textos de cantos populares colombianos, en magnífica edición, que llamaron la atención de todos en un país donde el canto, la fe, la muerte y la resurrección se acompasan, como queriendo en honor del P. Sergio Gruppo hacer de la vida un canto de la misión.

TESTIMONIO DEL P. ANTONIO BONANOMI

Caminé durante muchos años al lado del P. Sergio Gruppo y trabajamos juntos. En ese tiempo creció entre nosotros una gran sintonía de espíritu y de ideas.

Comenzó su labor en Bevera como profesor-asistente. Luego fue a Portugal y a la vuelta fue nombrado superior de Varallo Sesia. Eran los difíciles años inmediatos al Concilio Vaticano II. Yo fui a Varallo como formador, con la idea de renovar muchas cosas: quitar el hábito, llevar a todos a los colegios públicos, hacer que todos tuvieran una base humana más rica en la formación, comenzar una reflexión sobre la nueva forma de misionar.

El P. Sergio se quedó al principio un tanto perplejo, pues estos cambios habían despertado cierta perplejidad en algunos padres y profesores de la casa. Su labor fue apaciguadora. Nos entendíamos y nos queríamos. Con su sabiduría y serenidad, aun apoyando mi trabajo, frenaba mi irruencia y hacía de intermediario con los padres de la casa. Esta actitud suya favoreció un profundo entendimiento mutuo. Su presencia fue muy positiva para mí y para el propio seminario. Él defendía la disciplina, el orden, la limpieza, la organización, pero aceptaba la renovación.

Luego fuimos los dos a Bedizzole y aquí se formaron los secretariados. El P. Sergio fue nombrado responsable del secretariado de animación misionera. Los padres Mura y Pellegrino eran los responsables del secretariado de animación vocacional y yo del de la formación. Los encuentros y la colaboración con los demás institutos misioneros llevaron a la creación del Secretariado Unitario de Animación Misionera (SUAM), como lugar de reflexión sobre los nuevos temas y realidades relacionados con estos secretariados. El P. Gruppo, por sus dotes de sabiduría y capacidad de mediación, fue elegido primer secretario de SUAM.

Más tarde los secretariados fueron disueltos, pero el grupo no perdió los contactos y entre 1975 y 1978 mantuvimos reuniones periódicas en las que reflexionábamos sobre una posible experiencia de trabajo en equipo misionero. En 1978 pedimos ir juntos a Colombia, comenzando así nuestra experiencia en Tocaima. Éramos cinco: A. Bonanomi, E. Roattino, S. Mura, V. Pellegrino y S. Gruppo. Vivimos juntos cinco años, aunque trabajábamos en pueblecitos diferentes. El P. Gruppo lo hacía en Nariño-Guataquí y, considerando que todos nosotros éramos bastante irruentes, mientras que él era calmo y organizado, le elegimos todos a una superior del grupo.

Fueron años maravillosos. Cinco años más tarde el equipo se disolvió y el P. Gruppo fue nombrado maestro de novicios. Yo fui a trabajar a Toribio, entre los indios, al igual de el P. Gruppo, en Ecuador. Nos sentimos pues unidos en la reflexión sobre el modo de hacer pastoral indígena. En síntesis, puedo decir que se dio entre nosotros una triple coincidencia: lugar de reflexión, de trabajo y de vida común. Son tres aspectos que unieron nuestras vidas.

Su figura

Deseo poner de relieve tres aspectos del P. Gruppo:

1º. Una riquísima humanidad: era un hombre de una gran sensibilidad. Sentía las cosas profundamente y lo expresaba de diversos modos: era atento a los detalles, a los cumpleaños, a la salud. A veces le decía: "Eres como una madre...", porque se preocupaba por el hermano que tenía al lado hasta cuando le oía toser, momento en que le decía que fuera a acostarse. Humanamente era muy rico.

Su riqueza se convertía en arte, pues era músico y la música le sonaba por dentro. A veces volvía de visitar una "vereda" o pueblecito y se ponía a componer algo sobre ella, sobre su panorama, sobre lo vivido. Al morir dejó mucho material musical que expresaba su profunda y rica sensibilidad artística.

Puedo añadir que nunca le oí hablar mal de nadie. Por eso sufría las faltas de delicadeza de la gente o las críticas que oía que nos hacíamos unos a otros. Veía en ello una falta de caridad también. Dejar Italia para ir a la misión no le fue fácil, pues debía dejar la música y ponerse a trabajar con los pobres, que pobres eran los que formaban su parroquia, pero desplegaba con ellos su sensibilidad y paciencia exquisitas. En ello fue siempre un ejemplo para mí.

2º. Fue un buen discípulo de Jesús. Sin hablar todo el día de Él, se tomaba su Evangelio en serio y lo tenía en el centro de su vida. Lo expresaba con una oración bien hecha, una celebración eucarística bien preparada, la atención a los pobres, la misericordia, la compasión y la pasión por el Reino de Dios. Sobresalía en la vida espiritual, en lo que fue un ejemplo para mí. Bromeaba con él y le decía, por su claridad y valentía para llamar a las cosas por su nombre, que se asemejaba a la figura de Natanael, un hombre sin doblez, sin malicia. Al elegir a los pobres lo hacía porque así se lo sugería el corazón, no por motivos ideológicos, lo que quiere decir que era un testimonio, no un ideólogo.

3º. La pasión misionera. Fue un aspecto en le que le admiré mucho. Con él publicábamos la revista "Amico" durante la teología. Así el grupo que formábamos el equipo se abrió a los seminarios diocesanos en torno a temas misioneros. Lo hacíamos con multicopista y tratábamos los temas con mucha espontaneidad, pero también con mucha reflexión. De alguna manera contribuimos a que el Instituto reflexionara sobre la misión. La cima de esta reflexión fue el Capítulo de 1975, que se convirtió en el "Capítulo de la Misión" por excelencia.

Considerábamos que era urgente vivir la misión de forma nueva, por ejemplo trabajando en equipo. Pero también con nuevo espíritu, sin identificar la misión con la propaganda misionera y la sacramentalización, sino ahondando en las fuentes de la evangelización. El equipo misionero debería ser el instrumento

para testimoniarla. Y en el equipo se debía valorar la diversidad de carismas: sacerdotes, laicos, religiosas...

Esta riqueza de ideas la expresó el P. Gruppo en la SUAM, como yo lo hice en el Centro Nacional Vocaciones, influyendo de este modo dentro y fuera del Instituto.

El P. Sergio puso en esta labor lo mejor de sí, mucha reflexión y mucha vida. Admiré, por ejemplo, cómo al llegar a Tocaima, siendo él un gran músico, renunció a esta afición de su vida en la medida que le impedía ser misionero. Renunciaba a todo porque se sentía animado por la pasión del Reino.

He admirado al P. Sergio: era un hombre humilde, muy reservado, pero para mí fue siempre un hombre extraordinario en lo ordinario. He conocido y admirado a muchos misioneros, pero el P. Sergio era especial en esta capacidad de unir humanidad, evangelio y misión.