| Inicio |
| Links |
| Buscar |
| Contáctenos |
| Mapa del sitio |
| Créditos |
| Administrador |
| Padre MARTINELLI TULLIO 1914-2002 |
|
|
|
| Escrito por P. Silvano Cacciari | |
| 20.02.2006 | |
|
Nació en Chiazzola-Ala, Turín, el 4 de febrero de 1914 y entró en el Instituto en 1926. Se consagró a Dios en 1936 y al año siguiente fue ordenado sacerdote. Sus primeros años de sacerdocio transcurrieron como asistente de los teólogos y de los novicios (1936-39). Durante la guerra (1939-45) fue director de la casa de Vittorio Veneto. En 1947 parte hacia Brasil y trabaja allí hasta 1959. Párroco de San Manuel y director del seminario, se dedica a la construcción del nuevo seminario y de la casa de las hermanas. Son años de intenso trabajo, de los que se resiente su frágil constitución física. Escribía al superior general, P. Domenico Fiorina, en 1950: "Ya no sé dónde ir y cómo comenzar... Además ahora... me ponen inyecciones de alcanfor y casi no tengo fuerzas para escribir. Ayer me afané excesivamente. Pero, a fin de cuentas, su bendición con la 'papilla real" de abejas me han dado fuerzas, pues pocas veces en mi vida he trabajado como en estos últimos meses, sin un solo día de descanso. De todos modos, adelante in Domino mientras tenga fuerzas. La voluntad no falta". A pesar de los trabajos y de su escasa salud, al P. Tullio le anima un gran afán en favor de su comunidad: "Pienso que la Providencia nos ha ayudado especialmente por la armonía completa que reina entre nosotros los padres. Todos coinciden al afirmar que es este el mejor año pasado en San Manual, y yo añado que es el año en el que más se ha trabajado, a pesar de los achaques. Lo confieso: muchas veces me siento humillado por la entrega de los padres, que merecerían ser ayudado y animados mucho más de cuanto yo lo hago. Y pensar que me rodean con sus atenciones constantemente, animándome a descansar y evitándome los trabajos más pesados. El P. Bisio nos protege desde el cielo" (carta al P. Fiorina el 2 de septiembre de 1950). "Al movimiento material le acompaña el espiritual y todos los padres de San Manuel trabajan incansablemente, incluso demasiado, en perfecta armonía. Entre otras cosas, se visitan todas las familias de la ciudad y la periferia con una especie de Peregrinatio Mariae. Tres casas cada noche y por tanto tres padres ocupados en ello... Pasamos unas trescientas y son más de mil. Pienso que Jesús y María estarán contentos de los padres de San Manuel y que por tanto también puede estarlo usted" (carta al P. Fiorina, 22-5-1951). Y cuando la cosas van mal se demuestra como un hombre de fe convencida: "Cómo me pesa la responsabilidad, y nunca la he buscado, sino que hasta he alejado cualquier pensamiento como tentación, convencido de no saberla llevar dignamente... Dios sabe lo que hace. A nosotros nos corresponde bajar la cabeza y llevar la cruz" (carta al P. Fiorina, 5-3-1952). En 1954 se le llama a Sao Paulo para que se encargue de la construcción de la Casa Regional. En el Capítulo de 1959 es elegido consejero general, cargo que ejerce conjuntamente con el de ecónomo general. Se le confirma en el cargo en el siguiente Capítulo de 1969. En 1976, al final de su mandato, que duró 16 años, a pesar de las grandes dificultades de salud, pide trabajar en Roraima. El 30 de junio de 1976 escribe desde Boa Vista al P. Mario Bianchi, superior general: "...hago todo lo que puedo y tapo agujeros. Soy superior en Colungà, sustituyo al P. Zintu en la escuela y sábado y domingo voy a Mucajaì. Mientras las fuerzas me acompañen no dejaré de ayudar en cualquier lugar y cargo. Creo que soy un elemento de unión, desdramatizando las situaciones. Me encuentro bastante bien en el ambiente de los padres y estoy contento. Es verdad que la salud es la que es. El clima de esta estación de lluvias excepcionales es pesado y de vez en cuando tengo molestias y me siento débil. Espero no contraer la malaria, que terminaría por derribarme. Si llega, la tomaré de las manos de Dios". En Roraima, durante un breve período, ejerce también de superior regional y más tarde se dedica a la pastoral entre los indios en Catrimani. En 1983 la escasa salud le lleva a Rio de Janeiro, donde trabaja como coadjutor parroquial, pero vuelve a Roraima en 1985, donde durante dos años es administrador regional. En 1988 vuelve a Italia y se establece en la casa de Bevera. El 5 de marzo de 1997, respondiendo al P. Piero Trabucco, superior general, por la felicitación que le envía con motivo de su 60º aniversario de sacerdocio, escribe: "Tengo el corazón henchido de agradecimiento a Dios, hasta el punto de olvidar mis miserias. Mis años de sacerdocio han sido hermosos, llenos de gracia, trabajo y responsabilidad, hasta el punto de que no hubiera deseado nada mejor, aunque tampoco hayan faltado sufrimientos, debilidades e incomprensiones que he aceptado como don de Dios para completar la pasión de Cristo en mí y como parte integrante de mi sacerdocio. Que la Santísima Consolata me ayude, como madre buena, en este último tramo de mi vida, mientras espero la bienaventurada esperanza y que venga nuestro Señor Jesucristo. Me siento también muy agradecido a nuestro Instituto, al que tanto he amado. Decía ya en el noviciado: 'O misionero de la Consolata o nada'. También me siento agradecido a los superiores, que quizá pusieron en mí mucha confianza y a los que siempre respondí 'fiat' aunque me costara mucho. Ahora me siento sereno y en paz, y por la noche, antes de dormirme, digo siempre: 'Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu'". Víctima de un tumor, pasa los últimos meses en la enfermería de Turín y el 8 de julio vuelve a la Casa del Padre. El 10 se celebra su funeral en la Casa Madre, presidido por el P. Ernesto Viscardi. Pronuncia la homilía el P. Silvano Sabatini. El féretro es llevado a Mori, en el Trentino, donde es sepultado en la tumba de la familia. La Redacción del Da Casa Madre
TESTIMONIOS
Activo y delicado
Había entrado pocos meses antes, con catorce años, en el seminario IMC de Vittorio Veneto cuando se produjo el cambio de guardia en el vértice. Al P. Ghiotti le sucedió el P. Tullio Marinelli. Me impresionó en seguida por su joven edad (acababa de cumplir 25 años) y aún más por su estilo fino y delicado al tratar con los jóvenes seminaristas y con el grupo de los profesores, todos mayores que él. Y vino la guerra y con la guerra el hambre. Hambre auténtica. El P. Tullio se prodigó en las actividades más variadas para conseguir comida para sus 80 muchachos. Recuerdo que un día había ido a buscar comida para condensar un poco la sopa que había en la cocina. Al volver se desmayó en el tren, cansado debido a dos grandes maletas que había conseguido llenar en S. Vendemmiano. Algunas buenas personas le acompañaron al seminario con su carga de alimentos. Apenas pudo compró tres hectáreas de huerto donde cultivar maíz y tener razones para comprar más campo. Los controles del gobierno y las penas consiguientes eran muy severos en estas circunstancias. Nunca quiso oír hablar de cerrar el pequeño seminario y enviar a los muchachos a casa por motivos de falta de comida, y nos llevó hasta el final de los cinco años de bachiller. En el desempeño de los diversos cargos que tuvo en el Instituto conservó siempre la delicadeza que le era característica y el afecto a aquellos muchachos de los tiempos de la guerra, a quienes siempre iba a saludar en sus visitas a África o América, por más lejos que estuvieran, en las selvas o en la pampa. P. Egidio CremaP. Egidio Crema Ayudaba a las personas a dar lo mejor de sí mismas
Conocí al P. Tullio Martinelli en San Manuel en 1949. Era superior del seminario. Su salud no era mucha. No se excedía en las palabras. Sin embargo, a pesar de las apariencias, era muy sensible, habilidoso e inteligente, sabía comprender y se sentía cercano a quien se aproximaba a él. Nunca elevaba la voz, sabía lo que quería y lo perseguía tenazmente. Tenía el don de saber llevar a las personas a asumir sus responsabilidades sin necesidad de imponerse. Con el tiempo, adquirió experiencia en la construcción, comenzando en San Manuel, donde el número elevado de clérigos le comprometió en la construcción del seminario, así como de la casa de las hermanas. Más tarde se le llamó ae dirigir los trabajos de la construcción de la casa regional de Sao Paulo. Esta experiencia, unida a una innata capacidad para afrontar y resolver problemas de carácter administrativo, fueron algunos elementos que le llevaron a ser nombrado ecónomo general. Desde Turín siguió manteniendo un intenso contacto con Brasil. Yo había sido nombrado ecónomo regional cuando en la Región estaba en marcha la construcción de numerosas obras (seminarios, casas, parroquias) para responder a las necesidades de las muchas vocaciones, y el P. Tullio me acompañaba muy de cerca en la realización de todas aquellas obras, animándome y dándome seguridad con su competencia. Inmediatamente después de mi nombramiento, vino a Brasil con el P. Bindo Meldolesi y viajamos a Roraima, que era entonces una delegación de la Región. Fue un viaje que marcó mucho al P. Tullio, porque vio con sus propios ojos la dramática situación en la que vivían nuestros misioneros: la extrema pobreza de medios, la falta total de asistencia para los misioneros que pasaban meses fuera de las misiones visitando a la gente... No creo que hubiera en el Instituto una situación tan difícil como aquella. La propia casa regional de Boa Vista estaba en condiciones calamitosas. Todo ello animó al P. Tullio a intentar cambiar la situación. Lo primero que se propuso fue emprender un proyecto de gran alcance para presentarlo al organismo gubernamental "Alianza para el progreso". Él mismo colaboró en la redacción del proyecto e hizo las gestiones en la capital para conseguir la aprobación. El P. Tullio miraba hacia muy lejos, como se deduce de este proyecto, que entre otras cosas pretendía la realización de tres misiones entre los indios Yanomami, una entre los Macuxi, una entre los Waiwai y otra entre los Waimiria Troari, más un gran número de escuelas en la sabana y otra para la formación laboral en la ciudad. El proyecto fue aprobado de forma previa y luego, debido a la oposición del gobernador de Roraima, no encontró viabilidad. El P. Tullio, no obstante, siguió comprometido en Roraima y a él se debe la casa de los padres en Boa Vista y la construcción de la escuela de formación profesional de Calungà, que en aquel tiempo hizo época. Luego, en compañía de monseñor Conti, quiso construir la catedral de Boa Vista: la apoyó totalmente, encargó el proyecto en Italia y acompañó de cerca la realización de la obra. Otra obra importante querida por él y por el P. Domenico Fiorina, superior general, fue el seminario internacional de Sao Paulo. El P. Tullio estaba muy interesado y preparó el proyecto, además de facilitar fondos para comprar un terreno en la ciudad. Pero tampoco este proyecto se llevó a cabo, por diversas razones. Fue ésta la primera vez que el P. Tullio facilitó fondos para la Región. La administración general no disponía de fondos y él tenía la capacidad singular de estimular a las personas a la creatividad. Animados por él, hicimos una campaña en el lugar, de diverso tipo, para reunir fondos y aprendimos a mantener contactos con el gobierno para conseguir ayudas financieras para nuestras obras. Él nos animaba siempre y nos ayudaba a analizar los problemas y encontrarles solución. Roraima, evidentemente, le había llegado al corazón. Por eso, cuando dejó de ser ecónomo general, quiso volver allí e ir a trabajar a la misión de Catrimani. Lo que me llamaba la atención es que, a pesar de su frágil salud, siempre daba con las fuerzas para proseguir. Era evidente su fragilidad física, que parecía afectarle interiormente, pero no se rendía. La realidad de Catrimani en aquellos tiempos era muy dura, y con todo se las arregló para seguir adelante, y es que creía profundamente en la misión entre los indígenas. Ni siquiera al volver a Italia se olvidó de Catremani y seguía recogiendo donativos para enviarlos a aquella misión. Los últimos días antes de morir le operaron de un tumor. Durante dos días estuvo casi inconsciente y la enfermera que le asistía quiso saber qué era Catrimani, un nombre que repetía inconscientemente. Conviví mucho con él los últimos meses de su vida. Estaba en la enfermería y la enfermedad le iba destruyendo por dentro. Le visitaba todos los días. Al principio estaba impaciente, pues acostumbrado a asumir responsabilidades, se sentía impotente debido a la enfermedad y no conseguía resignarse ni tener que depender en todo de los demás. Me quedaba a su cabecera en silencio y poco a poco conseguí hablarle. Entonces se sentía él mismo. Se advertía su trabajo interior y cómo poco a poco se purificaba y aceptaba la situación. Fue algo que consiguió lentamente, fatigosamente, pero supo así prepararse a la muerte. Conocía perfectamente la gravedad de su enfermedad y tenía conciencia de su fin inminente. Oraba mucho y en la oración encontró la aceptación de su impotencia. En un momento determinado pidió al P. Armanni una radio para seguir de noche Radio María y rezar. Los últimos días fueron para él un verdadero crisol, que le purificó interiormente y le llevó a aceptar con mucha serenidad la voluntad de Dios. P. Silvano Sabatini
Hospital Koelliker... Son las 4.00 h. del 8 de julio de 2002. El P. Tullio se marcha al encuentro con el Padre tras nueve días de sufrimiento y silenciosa espera. Nueve días transcurridos solamente con la mirada. Cuando me acercaba a su cabecera, ni una palabra. Una mirada encerraba muchas cosas, los veinte años de encuentros, coloquios, valoraciones económico-administrativas. Especialmente los años de colaboración directa (1974-75), sus dos últimos años de consejero y administrador general, que me permitieron descubrirle como hombre y misionero. Todavía con los estudios recientes y con una breve e intensa experiencia misionera en Roraima, se me catapultaba en el mundo de los asuntos económicos bajo la mirada del P. Tullio. Pocos días después me obtuvo el permiso notarial y ante mis evidentes miedos a errar, él, con la calma que le caracterizaba, me dijo: "No te preocupes, tus eventuales errores serán los míos". Me sentí aliviado. La frase fue un estímulo para mí, un compromiso y un deseo para no desilusionarle nunca. En aquella expresión estaba sobre todo el "padre", el hermano que infunde ánimo y confianza, el maestro que lanza al alumno. "El maestro". Sí, porque el P. Tullio era realmente un maestro de equilibrio, sentido común y humanidad. Esta actitud convertida en virtud no le impedía ser decidido y tenaz defensor de sus ideas. En 16 años de compromiso de consejero y administrador general no faltaron momentos difíciles y visiones diferentes en el ámbito del Consejo General. El P. Tullio sufría hasta el desánimo, pero sabía superarse con la fe y nunca con la resignación. Luchaba con energía porque creía profundamente que el dinero debía absolutamente ser destinado a los pobres, dinero que era fruto del sacrificio de otros algo menos pobres. ¡Cuánto disgusto por gastos a su juicio injustificables! Quiero terminar con una frase extrapolada de una homilía suya en la misa de apertura de un consejo de administración de 1975: "Cuando oramos, tengamos las palmas de las manos vueltas hacia el cielo como un pobre que pide limosna". Adiós, P. Tullio, padre y maestro. P. Silvano Cacciari |
| Quiénes somos... |
| El beato G. Allamano |
| Castelnuovo Don Bosco |
| La Consolata |
| Novena Beato Allamano |
| Santidad |
| Boletín |
| Documentación |
| Nuestras revistas |