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A LA DELEGACIÓN VENEZUELA Imprimir E-mail
Escrito por P. Piero Trabucco, IMC   
20.02.2006

Queridos Misioneros:

La visita canónica a vuestra Delegación, programada inicialmente para el mes de diciembre de 2002, fue suspendida por diversos motivos. Confirmada luego para el mes de febrero de 2003, se mantuvo incierta hasta la víspera debido a la precaria situación política por la que el país está atravesando. Gracias a Dios, ha podido finalmente desarrollarse serenamente en la primera mitad de febrero y nos ha ofrecido la posibilidad de palpar con nuestras propias manos algunas de las muchas dificultades que la gente está padeciendo desde hace bastantes meses hasta el presente en todos los campos.
Deseo con el P. Norberto Louro agradecer cordialmente al P. Agostinho Barbosa y a su Consejo habernos facilitado esta visita que, aun con poco tiempo a disposición, nos ha permitido visitar todas las comunidades y dialogar con calma con todos los misioneros. También hemos podido encontrarnos con los obispos en cuyas diócesis trabajamos, pasar media jornada con los Laicos Misioneros de la Consolata, visitar las obras y dialogar con muchos colaboradores laicos. Con las Misioneras de la Consolata hemos tenido momentos significativos de reflexión y hemos celebrado la fiesta del Beato Allamano, en la que pudimos dar gracias al Señor por el don de nuestra vocación misionera, vivida con la Familia que el Fundador quiso darnos como don del Señor a la Iglesia y al mundo entero.

VENEZUELA HOY

Como era fácilmente previsible, la visita tuvo como escenario la situación social y política que Venezuela está viviendo y que influye duramente en todos los sectores de la vida del país. Consideramos que es oportuno describir sumariamente las situación que se han creado en los últimos meses y que, aunque los medios de comunicación las han pregonado por todas partes, no siempre resulta fácil comprenderla. Lo hacemos con la esperanza de que de este modo los misioneros de la Consolata de otras circunscripciones puedan comprender de alguna manera el contexto en que vive la gente, la Iglesia y nuestros misioneros.
El 26 de abril de 2000 los obispos de Venezuela escribían una carta abierta al presidente Hugo Chávez preocupados por los continuos ataques del Gobierno a la Iglesia y rebatían en ella, punto por punto, las acusaciones que se le hacían. Terminaban su escrito manifestando sus deseos por la recuperación de un diálogo sereno entre todas las fuerzas del país, dentro del respeto mutuo y teniendo en cuenta el bien común. Transcribían un texto del documento de Medellín que explica cuál debería ser el cometido de la Iglesia en el ámbito político: “Nuestra misión pastoral es esencialmente un servicio de inspiración y de educación de las conciencias de los creyentes, para ayudarles a darse cuenta de la responsabilidad de su fe en la vida personal y social... La falta de una conciencia política en nuestros países hace imprescindible la acción educadora de la Iglesia, con el único objetivo de que los cristianos consideren su participación en la vida política de la Nación como un deber y como un ejercicio de la caridad, en su sentido más noble y eficaz, para la vida de la comunidad” (Medellín, doc., Justicia, 6 y 16).
Lamentablemente las preocupaciones de los obispos por el destino de la nación, debido al continuo enfrentamiento entre Gobierno y oposición, se demostraron bien fundadas. Esa polarización de actitudes creció hasta producir una fractura profunda en la nación, con posicionamientos incluso violentos en defensa del Presidente de una parte de la población y de repulsa de su comportamiento por parte de una oposición cada vez más mayor y más activa. La fractura fue aún mayor debido a la diversa actitud en el seno de las fuerzas armadas, que deberían garantizar la unidad de todos.
Los dos últimos años se han caracterizado por las proclamas y las demostraciones a favor o contra de lo que hace el Gobierno. La inestabilidad política y las tensiones sociales han tenido como resultado un gradual y constante empeoramiento de la situación social de la gente, lo que ha dado lugar a un aumento de la cifra de los pobres. Fue aumentando así la violencia, que culminó en la primera mitad de abril de 2002 cuando, en medio de manifestaciones y saqueos, hubo 17 víctimas mortales y centenares de heridos. El Gobierno de Hugo Chávez, obligado en un primer momento a dimitir, en 24 horas retomó nuevamente el poder. De los tristes acontecimientos de esos días nació la Comisión del Diálogo para resolver las tensiones mayores dentro del país. Pero esa Comisión no conducía a resultados tangibles, por lo que, a partir del día 2 de diciembre de 2002, se convocaron huelgas generales y parciales en numerosos sectores de la producción, especialmente en el del petróleo. Las consecuencias fueron y siguen siendo nefastas, especialmente en los sectores más débiles de la sociedad.
Hasta este momento, el Gobierno y la oposición no dan señales de una verdadera disposición para tomarse en serio el diálogo como forma única de hacer salir al país de la presente situación de estancamiento en todos los sectores. Las posiciones siguen siendo muy rígidas: el Gobierno, convencido de su legitimidad constitucional, acusa a la oposición de destruir la nación, mientras que la oposición apunta con el dedo contra el creciente totalitarismo y la incapacidad del Presidente para ver en las marchas multitudinarias la voluntad popular que quiere un cambio en el vértice del propio Gobierno.
El pueblo venezolano ha demostrado en estas circunstancias que está dotado de una enorme paciencia para sobrevivir día tras día, sabiendo esperar pacientemente en largas filas y durante varias horas para conseguir el combustible necesario para su trabajo y para sus casas. Como escasean los bienes de primera necesidad y puesto que la moneda pierde día tras día valor, ya que la huelga del personal que trabaja en la industria petrolífera ha sido rotunda, se derrumba la primera fuente de riqueza del país. La pobreza crece y el resultado ha sido el aumentado la delincuencia, especialmente en las grandes ciudades. Muchos inmigrantes vuelven a sus países de origen, lo que priva a Venezuela de fueras laborales muy importantes.
Ante este panorama, la Iglesia no ha dejado de hacer oír su voz y, a través de la Comisión de los Obispos, de llamar a todo el pueblo de Venezuela a:
- Trabajar por la paz, porque este es el bien primero y principal del país. Se invita al Gobierno a poner en marcha la mesa de la negociación y a aceptar todas las mediaciones que puedan venir tanto de dentro como de fuera del país.
- Reconocerse todos como hermanos, usando medios, actitudes y palabras que puedan facilitar la reconciliación nacional. Los obispos invitan especialmente a desechar ideologías preconcebidas y la descalificación de los demás.
- Considerar a la Iglesia como creadora de unidad, y no como si fuera un partido político o un grupo social. La Iglesia, en efecto, debe trabajar por el bien de todos, en la defensa de los derechos humanos, en la denuncia de la injusticia y proclamando la verdad.
- Comprometerse con el bien común, promoviendo y acompañando toda iniciativa que favorezca el encuentro, el diálogo y la paz entre los ciudadanos. Al mismo tiempo siente que no puede olvidar en su acción a los más necesitados.
- Proclamar la esperanza, pero sin crear falsas expectativas o favorecer ilusiones. Los dirigentes políticos y los medios de comunicación social deben escuchar a todos y no caer en fáciles posicionamientos partidistas. La oración por la paz debe ser intensa y constante.

Esta mirada al país se debe a la excepcionalidad de la situación actual en la que vive el pueblo de Venezuela. Por nuestra parte, como Misioneros de la Consolata, no podemos dejar de compartir, de hacer nuestros y de favorecer entre la gente con la que trabajamos las actitudes sugeridas por los obispos. Nuestra acción debe sintonizar, especialmente a través de la Comisión Justicia y Paz, con todas las iglesias locales en las que trabajamos.

TREINTA AÑOS DE PRESENCIA IMC EN VENEZUELA

La visita canónica nos ha ofrecido la ocasión de expresar en primer lugar nuestra gratitud al Dueño de la mies, que no deja de enviar apóstoles a su Iglesia y de acompañarles en nuestra tarea de evangelizadores. También hemos manifestado nuestro sincero agradecimiento a los misioneros que han realizado a lo largo de tres decenios un trabajo extraordinario en numerosas diócesis y a menudo en medio de dificultades nada desdeñables.
Deseamos recordar ahora, de forma rápida, las decisiones tomadas por la Delegación a lo largo de su historia con el fin de que se vea más claramente la razón de las opciones actuales. No podemos olvidar que casi la totalidad del personal actual cuenta con una presencia en Venezuela inferior a cinco años.
- La Delegación Venezuela se ha caracterizado siempre por sus decisiones misioneras claras y fuertes, entre las que merece atención especial el trabajo entre los indígenas Guajiros y la evangelización de la población afro de Barlovento.
- La constatación del constante e intenso movimiento de la población hacia las grandes ciudades ha inducido a la Delegación a abrir dos nuevas presencias misioneras en zonas pobres en la periferia de Barquisimeto y de Caracas.
- Desde los primeros tiempos, nuestros misioneros sintieron la necesidad de animar el sentido misionero de la Iglesia en Venezuela, tanto a través de la colaboración activa que dieron a las Pontificias Obras Misioneras como a mediante una intensa actividad del Centro de Animación Misionera de Barquisimeto. Este aspecto de nuestro servicio misionero es reconocido puntualmente por los obispos como un modo excelente de servir a la iglesia local.
- Nuestra acción misionera entre los indígenas ha sido siempre considerada una opción que caracteriza nuestro servicio misionero. Esta convicción llevó a la última Conferencia Regional a elegir un nuevo servicio misionero entre las poblaciones indígenas del país.
- La Delegación ha repetido la experiencia de otras pequeñas circunscripciones, donde para permitir la renovación del propio personal se ha tenido que recurrir a la alternancia con otras circunscripciones. Por este motivo la Dirección General ha impulsado y favorecido en los últimos diez años un cambio intenso de personal y la llegada de nuevas fuerzas. Indudablemente, esta medida, aunque por una parte puede haber debilitado a la Delegación por haberle quitado fuerzas válidas y con experiencia, por otra ha producido nuevas ideas y promovido una mayor unidad de intentos dentro de la Circunscripción.
- En línea con las orientaciones del XCG, la Delegación ha querido hacer hincapié en la disposición de que toda comunidad debe estar compuesta por lo menos de tres misioneros. Si por una parte esta disposición ha frenado la posibilidad de nuevas aperturas, por otra está ofreciendo múltiples beneficios tanto al personal como al servicio misionero.
La visita ha querido confirmar no solamente la validez de los compromisos misioneros asumidos, sino también el proyecto de una nueva apertura entre los indígenas, actualmente en fase de estudio juntamente con las Misioneras de la Consolata. Al mismo tiempo confirma las observaciones hechas por la Dirección General en el momento de aprobar las Actas de la Conferencia. Esas observaciones se hicieron con el fin de favorecer el desarrollo de la Circunscripción evitando que alguna dimensión de nuestra vida y de nuestros carisma pudiera verse afectado negativamente.

EL PERSONAL MISIONERO

“Los paganos han tenido que esperar siglos, así que pueden esperar todavía un poco...”. El Fundador dijo estas palabras cuando alguien dentro del Instituto hubiera querido quemar las etapas de la fase de formación de base y cuando no se daba la debida importancia a la preparación del personal y la formación específica para la misión. La tentación de mirar exclusivamente al trabajo misionero, descuidando o minimizando el cuidado del personal, no sólo estuvo presente en los primeros tiempos de la historia del Instituto, sino que la podemos descubrir en todos los tiempos.
También nuestra visita, especialmente después de los diálogos mantenidos con los misioneros, siente el deber de confirmar que la primera preocupación de una Circunscripción debe consistir en el cuidado del personal. Efectivamente, sólo un grupo de misioneros plenamente identificado con su vocación, atento a recuperar sus fuerzas constantemente en las fuentes perennes de la fe y del carisma, bien integrado en la comunión fraterna, puede realizar una auténtica evangelización. Animados con la enseñanza sabia y paterna del P. Allamano, queremos hacer hincapié en algunos aspectos de nuestra vida que debéis seguir teniendo muy en cuenta.

1. Cuidemos la vida comunitaria
La vida comunitaria no es un aspecto periférico en la vida cristiana, y especialmente en la nuestra. No en balde Juan Pablo II propone con energía a la Iglesia que sea “casa y escuela de comunión”. Y prosigue: “Este es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser files al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo” (NMI 43).
El XCG decía con esa misma fuerza: “El Misionero de la Consolata, según la voluntad del Fundador, no hace misión él solo. La comunión de vida y trabajo es para nosotros un valor de primer orden (cf. Const. 22). Estar unidos en fraternidad y comunión es un método y un modo de presentarnos al mundo como verdadera comunidad apostólica” (p. 29).
Estas convicciones, que se encuentran en la base de nuestro “credo”, nos estimulan a que todos sintamos al hermano no como un simple colaborador en el trabajo, sino como una persona que nos pertenece y cuyas alegrías y sufrimientos, deseos y necesidades, deben convertirse poco a poco en nuestros. Por consiguiente, cada uno se esforzará en ver en el otro lo que tiene de positivo, valorándolo como don que Dios le ha hecho a él y a la propia comunidad.
Cuidar la vida comunitaria significa también saber emplear el tiempo con los demás, en un diálogo que va más allá de la convivencia, hasta llegar a una profundidad de comunicación que hace crecer a quien ofrece y a quien recibe.

2. Demos solidez a la oración
Una comunidad auténtica se alimenta cada día con la oración, con esa acción que el Beato Fundador consideraba “nuestro primer deber” (VS 530). Hacemos hincapié en la norma dada por el XCG de que cada comunidad deberá prever “por lo menos dos encuentros de oración cotidianos, cualitativamente significativos, y la práctica de la ‘lectio divina’ como forma privilegiada de inspiración para la vida personal y comunitaria” (p. 33). Aunque todas las comunidades se encuentran por la mañana para la oración de Laudes, hemos podido constatar que las comunidades apostólicas sienten la dificultad de encontrarse por la tarde para orar juntos, debido a que los compromisos pastorales se concentran principalmente en las horas vespertinas. Esto podría ser evitado fácilmente dando mayor relieve a la Hora Intermedia.
Aplaudimos la laudable iniciativa de todas las comunidades para reunirse un día a la semana y reflexionar sobre la Palabra de Dios del domingo siguiente.. Que no sea solamente un medio que ayude a nuestra predicación, sino un verdadero momento de “lectio divina”.
Queremos, finalmente, invitar a orar también con la gente. A ellos nos exhortan nuestras Constituciones: “Como misioneros nos sentimos solidarios con la comunidad cristiana local y, con preferencia, rezamos con ella; la ayudamos a crecer en la oración; nos esforzamos por reconocer los valores peculiares de la oración y contemplación presentes entre los pueblos y las Iglesias locales” (59).

3. El descanso es un deber
Las actividades apostólicas nos dejan a veces poco tiempo para el descanso. Difícilmente sabemos sacar de nuestra densa agenda de compromisos semanales un día para dedicarlo totalmente a nosotros para el descanso, la formación, la lectura, alguna actividad deportiva, algo que necesitan especialmente los jóvenes, Las tensiones que a menudo brotan en nosotros mismos y en la convivencia comunitaria pueden tener su origen justamente en esta carencia de suficiente descanso.
No se olvide tampoco el período anual de vacaciones, que nuestro Directorio General sugiere que sea de tres semanas. Pedimos al Superior Delegado que se encargue de verificar, en la visita a la comunidad, que el descanso se contemple adecuadamente en el PCV.

4. La formación será “permanente”
A lo largo de la visita pudimos percibir cierta dificultad para llevar a cabo una formación permanente, tanto a nivel comunitario como individual, que sea constante e incisiva. Se lamenta que el número limitado de personas en la Delegación hace a veces difícil realizar programas de alcance, con personal cualificado y por un tiempo prolongado. Aunque constatamos la verdad de esta lectura, podemos no obstante entrever múltiples vías que pueden ofrecer ayudas para conseguir que sea “permanente” la formación en la vida de todo misionero. Aludimos a algunas:
- Es oportuno que vuestras asambleas de Delegación incrementen el tiempo dedicado a la profundización de temas formativos.
- La Dirección de Delegación haga conocer a todos las iniciativas que la Iglesia de Venezuela organiza en beneficio de los sacerdotes y los religiosos. Todo misionero debe empeñarse personalmente en participar todos los años en una de estas iniciativas.
- Dedíquese tiempo, especialmente aprovechando la “jornada semanal de la comunidad”, a la lectura de libros y revistas útiles, actualmente tan abundantes y ricos.
- Estúdiese la posibilidad de aprovechar las iniciativas de la vecina Colombia para ofrecer a los Misioneros de la Delegación una ayuda extraordinaria en el caso de que fuera necesario.

5. El personal joven y nuevo tiene siempre exigencias propias
La Delegación cuenta con un nutrido número de misioneros jóvenes con los que desde hace algún tiempo el Instituto tiene una especial atención sobre su formación. Conocemos bien los motivos de esto.
Creemos oportuno recordar aquí algunas iniciativas que pueden ser convenientemente realizadas a favor de los misioneros más jóvenes o nuevos:
- Deben continuarse e incentivarse las iniciativas a favor de los misioneros con menos de cinco años de ordenación sacerdotal o de profesión perpetua.
- Los misioneros que llegan por primera vez a Venezuela deben ser ayudados a conocer la realidad del país y el camino pastoral de la Iglesia. Se les introducirá también en el conocimiento de las opciones misioneras de la Delegación y del estilo de trabajo de los misioneros.
- Los misioneros nuevos y jóvenes tendrán fácil acceso a lecturas y cursos formativos en la iglesia local.

LA ACCIÓN MISIONERA

Nuestro ministerio de presencia y de evangelización se sitúa en un contexto coyuntural especialmente difícil hoy, El momento político y la situación social del país plantean nuevos retos a nuestra acción misionera, además de los muchos que la Delegación ha ido afrontando desde hace tres años con motivo de la celebración de la V Conferencia Regional. Realizar una simple acción pastoral no resultaría difícil, dada la continua petición de sacramentos por parte de los fieles y las numerosas manifestaciones de religiosidad popular. En cambio, transformar estas prestaciones pastorales en una acción misionera resulta muy difícil y llena de numerosos obstáculos. Recuerdo los que hemos percibido con más frecuencia a lo largo de la visita:
- La situación de pobreza y de marginación de la población en medio de la que realizamos nuestro ministerio, con los consiguientes y cada vez más frecuentes actos de violencia, consumo de droga y prostitución.
- El complejo de la “minoría étnica” de la población de Barlovento favorece una situación de pasividad ante el desarrollo social y económico y de escaso interés por la propia cultura. La pobreza y la heterogeneidad social y cultural de las poblaciones que viven en Carapita (Caracas) y en El Ujano (Barquisimeto) hacen que el ambiente en medio del que vivimos sea hostil y que resulte muy difícil la adopción de las propias raíces culturales.
- El porcentaje de la población que vive la vida de nuestras parroquias se mantiene a niveles muy bajos. En algunos casos se calcula que su participación no supera el 2-3 por 100. Aunque la gran mayoría de la población se declara religiosa, solamente manifiesta su religiosidad en algunos momentos “sociales”, como el bautismo, la primera comunión y la presencia en los funerales. No hay que olvidar que un número creciente de personas se pasa a las iglesias evangélicas o a otros movimientos y grupos pseudo religiosos.
- La calidad de vida de nuestros “fieles” es en general muy baja: escasa educación religiosa, indiferencia ante los desafíos que pueden venir de un cristianismo más auténtico, escasa participación en la vida de la Iglesia.
- Tampoco el mundo juvenil está suficientemente presente en las comunidades parroquiales y todavía responde poco a las invitaciones de nuestros animadores misioneros. Además los jóvenes son muy inestables y tienen pocos deseos de comprometerse de manera significativa.
- Este ambiente eclesial y religioso produce, por consiguiente, poco clero y pocas personas consagradas. Más escasos son aún los que se manifiestan dispuestos a ir a las misiones, debido al fuerte apego a sus familias.
- La misión es asimismo algo muy marginal en la vida y el interés de los fieles. La Iglesia, aun mostrando algunos signos estimulantes de que algo despierta, concede todavía poca atención a esta dimensión de su vida.

Esta larga serie de dificultades, lejos de provocar desánimo, debe convertirse en estímulo para nuestra acción misionera. La visita y los diálogos, en efecto, no han revelado ese desconcierto sino más bien un gran deseo de todos a favor de un renovado empeño en el propio servicio misionero. Hemos recogido algunas frases, pronunciadas en los coloquios, que nos llevamos de esta visita como un viático: “Los tiempos del Señor, no son como los nuestros”; “A nosotros nos corresponde sembrar”; “Somos Misioneros de la Consolata y por tanto debemos ser signo de consolación y de esperanza entre los más pobres”; “Cuanto más difícil es la situación de la gente y crítica la del país, más nos sentimos realizados como misioneros”; “La aridez del terreno en el que trabajamos hace que no envidiemos campos de trabajo misionero en otros continentes”.

Deseamos aludir ahora a algunos aspectos de la acción misionera que fueron objeto de especial atención a lo largo de esta visita. Somos conscientes de ser parciales, pero nos conforta el hecho de que un tratamiento más amplio y exhaustivo acaba de hacerse por la Delegación en el curso de la V Conferencia.

1. Formación, formación, formación...
Es el secreto para evangelizar con eficacia, es el camino obligado para formar verdaderas comunidades cristianas, es la actuación de una dimensión carismática IMC. En primer lugar y de forma especial debe cuidarse la formación de los catequistas y de los animadores laicos, porque son ellos los que podrán llegar allí donde no podemos hacerlo nosotros, dada la extensión y la complejidad de las comunidades confiadas a nuestros cuidados.
La familia es el núcleo de base no sólo de la sociedad, sino también de la Iglesia. Deben buscarse formas adecuadas para cualificar más la instrucción religiosa de los adultos y de las familias, en un momento histórico en el que el núcleo familiar está viviendo una crisis difusa y profunda. Debemos favorecer a los grupos y los movimientos que tienen el carisma especial de la pastoral familiar.
La homilía dominical, y una reflexión más sencilla a lo largo de la celebración eucarística, es un medio muy útil e importante a nuestra disposición para hacer madurar a nuestros fieles.

2. Promover las agregaciones laicales
En la “Novo millennio ineunte” el Papa invita a cuidar las agregaciones laicales y aprovechar sus grandes capacidades a favor de una nueva evangelización: “Promover las diversas realidades de asociación, que tanto en sus modalidades más tradicionales como en las más nuevas de los movimientos eclesiales, siguen dando a la Iglesia una viveza que es don de Dios constituyendo una auténtica primavera del Espíritu. Conviene ciertamente que, tanto en la Iglesia universal como en las Iglesias particulares, las asociaciones y movimientos actúen en plena sintonía eclesial y en obediencia a las directrices de los Pastores. Pero es también exigente y perentoria para todos la exhortación del Apóstol: ‘No extingáis el Espíritu, no despreciéis las profecías, examinadlo todo y quedaos con lo bueno’ (1Tes 5,19-21). (46).
En este contexto merecen una palabra aparte los Laicos Misioneros de la Consolata, a los que hemos tenido la alegría de conocer y de encontrarnos con ellos. Su formación está a cargo de los Misioneros y las Misioneras de la Consolata. Algunos ya han pasado por la experiencia del servicio misionero fuera de su país y otros se preparan para ello. Confiamos en que el nuevo Estatuto pueda guiarlos hacia una identidad más clara y una mejor formación en el espíritu misionero del Beato Allamano.

3. Dar continuidad al trabajo misionero
Es indudable que la movilidad del personal misionero y la consiguiente discontinuidad del trabajo afectan negativamente a la eficacia de la acción apostólica. Lamentablemente este movimiento del personal dentro de la Delegación es a veces inevitable debido al número limitado del mismo. Mientras que el Consejo de la Delegación procurará limitar estos inconvenientes, recordamos por nuestra parte que hay otros elementos que puedan dar continuidad al trabajo pastoral:
- un proyecto comunitario y apostólico, redactado y estudiado por la comunidad, se convierte en garantía de un trabajo serio y a largo plazo;
- la implicación del personal laico en nuestro trabajo y en la formación de los ministros competentes y con celo son elementos indispensables para un trabajo misionero duradero;
- el misionero que llega a una determinada comunidad debe poseer una sabiduría suficiente como para entender que no ha llegado para hacer “borrón y cuenta nueva” del trabajo de los demás. Debe acoger, continuar, discernir y, al final de ese proceso, proceder si lo considera oportuno a cambios que mejoren la situación con la que se encontró.

4. Método iluminativo
El P. Allamano quería de sus misioneros un método que fuera “iluminado”, es decir, reflexionado, estudiado y acordado todos juntos. Se ha convertido ya en praxis sólida en el Instituto redactar juntos y cada año la programación comunitaria. Es un momento importante y provechoso, que debe utilizarse del mejor modo posible, para conseguir que nuestra acción sea cada vez más eficaz.
Hemos visto con satisfacción que todas las comunidades tienen su proyecto comunitario de vida. Concierne principalmente a nuestra vida comunitaria, proyecta nuestro modo de vivir cada día y se interesa de la formación permanente.
Sabemos que algunos misioneros, especialmente en el curso de los ejercicios espirituales, redactan su proyecto personal de vida. Es un medio que tiene sus raíces en la espiritualidad de san Ignacio y ayuda mucho a trazar el camino formativo personal, teniendo presentes las diversas dimensiones de nuestra vida.
Existe también en algunas comunidades el proyecto apostólico, redactado por el equipo IMC juntamente con los laicos colaboradores. Es algo que ayuda a leer la realidad, traza las líneas de trabajo, estudia las orientaciones operativas y decide los objetivos. Puede referirse al camino de varios años y de este modo dar continuidad y consistencia al trabajo.
Mientras exhortamos a todos a usar estos medios, quisiéramos poner de relieve un aspecto que a menudo suele faltar: el de la revisión. Y es que no basta con proyectar; es preciso saber releer frecuentemente el proyecto y hacer una atenta revisión. En la capacidad de hacer esta revisión se juega a menudo la eficacia de todo proyecto de vida y de trabajo.

5. Animación misionera y vocacional (AMV)
Este aspecto de nuestra animación misionera no debe interesar solamente a los animadores misioneros y vocacionales, aunque sean ellos los interesados más directos. Debe interesar a todos los miembros de la Delegación porque todos, en virtud de su vocación, estamos llamados a animar a todo el pueblo de Dios y suscitar nuevas vocaciones en la Iglesia. Por encima de los resultados, generalmente escasos y a veces descorazonadores, debemos afirmarnos en nuestra fe en el Dueño de la mies, que sigue llamando nuevos obreros a su campo. A nosotros nos corresponde la tarea de acompañar el camino vocacional de los jóvenes y apoyarlos para que su respuesta pueda ser auténtica y valiente.
Convencidos de la importancia que la AMV tiene en la Delegación, solamente deseamos recordar algunos aspectos que pueden integrar los que fueron ya ampliamente descritos por la V Conferencia:
- Todas las parroquias deben tener uno o varios grupos vocacionales, como expresión más significativa del compromiso en la pastoral juvenil.
- El grupo vocacional debe tratar de acompañar a los jóvenes en su camino de fe hasta que sean capaces de hacerse esta pregunta: “¿Qué quieres de mí, Señor?”.
- Debe implicarse a los Laicos Misioneros de la Consolata en la animación misionera del pueblo de Dios, haciendo que fructifique su formación y su experiencia misionera.
- Tratemos de colaborar con las Pontificias Obras Misioneras (OMP), especialmente estando disponibles para la animación del sector juvenil (Joven Misión).
- Destínese en el presupuesto anual una suma de dinero a la producción de material útil para la animación misionera y vocacional. Los jóvenes de nuestro seminario, con la ayuda del formador, estudien la posibilidad de publicar un folleto vocacional teniendo presente la positiva experiencia de otras Circunscripciones.
- Que el día 16 de cada mes, dedicado al Padre Fundador, asuma también el carácter de un día de oración por las vocaciones y sea ocasión de hacer nuestra propuesta vocacional.

6. Formación de base
Consideramos positiva la iniciativa puesta en marcha por la Delegación para adquirir una nueva casa que se destinará a seminario. Su distancia relativa de la Casa regional puede asegurar una sana autonomía a la comunidad, pero no debe alejarla de la comunión con los demás misioneros. Que sea un compromiso de todos pasar regularmente a saludar a nuestros jóvenes y compartir con ellos la propia experiencia misionera.
Hemos comprobado un notable empeño en los jóvenes por su formación. Confiamos que esto sea indicativo de una creciente perseverancia vocacional de quienes llaman a nuestra puerta para llegar a ser Misioneros de la Consolata.
Es necesario redoblar nuestro empeño para que el número de jóvenes en formación crezca: lo exige no solamente el deseo de un aumento vocacional, sino también la calidad de su propia formación.

ORGANIZACIÓN

En el contexto organizativo de la Delegación, queremos terminar aludiendo a algunos aspectos tomados en consideración durante la visita.

1. Reestructuración de la casa regional
El proyecto, en estudio desde hace varios meses, todavía no ha podido llevarse a cabo por diversos motivos. La Dirección de la Delegación considera no obstante que podrá realizarlo dentro de poco tiempo, con lo que ofrecerá no solamente ambientes más sanos y adecuados a los religiosos misioneros de la comunidad, sino también una mejor acogida a los misioneros durante sus periódicos encuentros en las asambleas.

2. Administración
La reciente visita del administrador general ha confirmado la correcta praxis administrativa de la Delegación. Sin embargo, el compromiso de la Dirección General para ayudar financieramente a la Delegación no debe eximir a todos los misioneros de tratar de conseguir los recursos necesarios para él mismo y para la comunidad. Es oportuno que las ayudas destinadas a la evangelización y a los pobres sean distribuidas atentamente y en tiempos relativamente breves.
Mientras exhortamos a seguir solidarizándonos con las dificultades económicas de tantas personas, en este momento de crisis generalizada del país, sugerimos que se estudie algún proyecto concreto de ayuda a los que sufren estrecheces económicas, como signo concreto de nuestra capacidad para compartir y para solidarizarnos. Que se haga así con la ayuda de la Comisión de Justicia y Paz.

3. La nueva apertura entre los indígenas
Fue propuesta por la V Conferencia y su realización está actualmente en fase de estudio, con un proyecto común con las misioneras de la Consolata. Algunos pasos a nivel de estudio se han dado, mientras que se espera que, con la llegada inminente de nuevos misioneros, se pueda contar con personal suficiente que haga posible esa apertura.

CONCLUSIÓN

Llamados por vocación a llevar la consolación al mundo, nos sentimos más que nunca próximos al pueblo venezolano y solidarios con él en este momento histórico de gran sufrimiento. Lo hacemos con el estilo que nos viene de nuestro carisma, anunciando a Jesucristo, revelación amorosa de la ternura del Padre hacia todos los que sufren. Tratemos de estar al lado de la gente, escuchando, ayudando y consolando. Al realizar la promoción humana, tengamos siempre viva la conciencia de que dicha promoción debe ser para todos una verdadera consolación-liberación. Finalmente, debemos saber comprometernos siempre, en virtud del carisma, con nuestra presencia al lado de los pobres y de los que sufren y en la lucha con ellos en favor de la justicia y de la paz.
Que nos ayude y acompañe nuestra Madre Consolata. Que nos bendiga nuestro Padre Fundador, en torno a cuya fiesta litúrgica anual hemos vivido esta visita sexenal. Confiamos a su intercesión nuestro compromiso de hacer ahora fructificar lo que hemos madurado con la reflexión y la oración.
Fraternalmente vuestros,

P. Piero Trabucco, IMC
(Superior General)

P. Norberto Ribeiro Louro, IMC
(Consejero General)