16 de febrero de 2003 Fiesta del Beato Allamano Queridos Misioneros:
La visita a vuestra región coincidió con el tiempo de Adviento y Navidad. La Palabra de Dios que todos los días escuchamos y sobre la que reflexionamos, en comunidad o en la oración personal, creó sin duda un clima adecuado para la escucha mutua, para el discernimiento y para el intercambio. Tres expresiones del profeta Isaías, en especial, nos facilitaron la clave para tratar y profundizar en algunos temas significativos para nosotros los misioneros. 1. “Alzad vuestros ojos y mirad...” (Is 40,26) Este es el cometido principal y específico de toda visita canónica, que debe ser realizado no solamente por los visitadores, sino también por cada uno de los miembros de la Región. La visita, en efecto, es un tiempo propicio para alzar los ojos de la mente y del corazón hacia las múltiples realidades que forman el tejido de nuestra vida misionera. La mirada debe extenderse no solamente a nuestra realidad específica de Misioneros de la Consolata, sino también a la de la gente que nos rodea, al país que nos acoge, a los retos a los problemas que nos interpelan e implican a todos. Esa mirada debe ser de fe en el trabajo del Espíritu, que siempre nos precede y acompaña, de simpatía fraterna hacia la gente que nos gusta llamar “nuestra” y al país con el que tanto nos solidarizamos en su esfuerzo por salir de tres decenios de indecible sufrimiento y angustia. Mozambique se ofrece a nuestros ojos hoy como un país lleno de esperanza, aunque todavía se vea envuelto en infinitos problemas, originados en los años de lucha por la independencia y por los dieciséis años de guerra civil. Hace tres meses que este país celebraba con visible entusiasmo los primeros diez años de paz. Los motivos para alegrarnos son muchos: la situación económica va mejorando día tras día, del mismo modo que la renta y el desarrollo general, aunque todavía a paso lento. No solamente en Maputo, sino en muchas otras ciudades es visible un florecimiento de iniciativas que tienen que ver con las casas, las carreteras, la agricultura, las industrias, los centros de culto, las escuelas y las universidades. Por todas partes se pueden leer las señales de una paz y una tranquilidad bien asentadas. La democracia en Mozambique, aunque con evidentes signos de contradicción, sigue presente. Hay un partido en el poder y una coalición que hace de oposición, aunque sea al precio de cierta discriminación por parte de las fuerzas que tienen el Gobierno en sus manos. Han tenido ya lugar elecciones libres dos veces, y un cambio de liderazgo en el país podría darse en las próximas. Pero no debe olvidarse que, si bien no resuenan los tambores de la guerra, tarda en morir cierto espíritu de intolerancia en relación con los demás, que llega a veces al desprecio de los derechos humanos. También han aparecido ante nuestros ojos muy claramente signos de preocupación, el primero de ellos los efectos negativos de la epidemia del sida en el presente y el futuro del pueblo mozambiqueño. Si no se toman urgentemente medidas adecuadas, se calcula que para el año 2010 la esperanza de vida de un ciudadano de este país se reducirá a 27 años. Se puede hacer la lista de otros problemas que tienen sus causas en los años de la guerra, como la corrupción, que sigue cortando las alas al desarrollo, con sus consecuencias en el ámbito de la criminalidad. También el sistema judicial del país, admitido así por el propio Gobierno, adolece de grandes debilidades y prejuzga muchas veces la credibilidad del país a los ojos de los posibles inversores extranjeros. En este juego de luces y sombras, lamentablemente hay que decir que la mejora de la calidad de la vida de la gran masa de la gente resulta poco relevante. Los pobres siguen sin disfrutar de los beneficios de la libertad recuperada. Es evidente también, a los ojos más atentos, que muchos valores de la gente mozambiqueña, tanto como consecuencia de la lucha y el adoctrinamiento marxista como debido a la actual cultura dominante en el mundo, se han ido perdiendo. De ahí que la gente se sienta más pobre que nunca, por más que se mantenga la cultura del perdón, que desembocó en el milagro de la paz, firmada en Roma en 4 de octubre de 1992. También la iglesia de Mozambique está pasando por un momento caracterizado por un intenso y fecundo crecimiento tras los tiempos borrascosos de la guerra. Los datos estadísticos dicen que es católica el 24 por 100 de la población, que cuenta con doce diócesis y quince obispos, de los que trece son mozambiqueños. Los sacerdotes diocesanos, que llegan a 150, aunque apoyados válidamente por un millar de religiosas y religiosos, y por movimientos eclesiales, son pocos para la gran cantidad de trabajo pastoral y misionero. Es rica la “memoria histórica” de esta iglesia, de la que no se pueden dejar de recordar como especialmente significativas dos Asambleas Nacionales de Pastoral (Beira 1977 y Matola 1991), con sus valientes decisiones en el ámbito de las pequeñas comunidades, de los ministerios laicales, de la formación de los animadores, de la formación del clero local, de la inculturación y autonomía económica de la iglesia local. Los principales retos con los que la Iglesia se ve confrontada en este país en estos momentos de preparación de la tercera Asamblea Nacional de Pastoral se centran en la necesidad de responder a una nueva urgencia misionera: lucha contra la situación de miseria e injusticia en que vive la mayor parte de la gente, inculturación profunda de la fe, promoción vocacional seria y atenta tanto para el clero diocesano como para las vocaciones a los diversos ministerios, trabajo para promover la autonomía de las iglesias locales, respuestas adecuadas contra la proliferación de las sectas y necesidad de diálogo ecuménico. 2. “Una voz dice: ¡Grita! Yo responde: ¿Qué tengo que gritar?” Esta segunda expresión de la liturgia del Adviento invita al discernimiento. Efectivamente, no basta observar la realidad que existe dentro de nuestras comunidades y la del mundo que nos rodean. Necesitamos siempre una amplia confrontación y un discernimiento comunitario, no solamente para comprender a fondo la realidad misionera y el plan de Dios sobre ella, sino también para conformar nuestras respuestas con su voluntad. Por este motivo ha querido la visita detenerse largamente en la profundización y el discernimiento de la vida IMC y su misión, en el contexto del camino de la Iglesia hoy. He aquí, a grandes trazos, la realidad que hemos descubierto, con algunas de los múltiples aspectos, a lo largo de la visita que hemos realizado a las 16 comunidades de la Región presentes en las cinco diócesis donde ofrecemos nuestro apostolado misionero. A lo largo de los últimos años, la Región Mozambique ha podido mantener un número de personas casi invariable. Está compuesta por 52 misioneros, 7 novicios y 6 estudiantes de filosofía. En los últimos años se ha acentuado un cambio notable de personas, especialmente como consecuencia de las alternancias y la admisión de nuevos misioneros. Estas alternancias han sido requeridas muchas veces por la Dirección General. Otras han sido pedidas específicamente por los propios misioneros o han sido exigidas por diversos motivos. Este fenómeno, si por una parte ha debilitado a algunas comunidades, ha motivado la presencia de aire fresco en la Región. El estado de salud de los misioneros puede considerarse como normal. Aunque actualmente no hay casos serios de enfermedad, no obstante, debido a la situación grave de malaria en todo el territorio, es necesario no bajar la guardia. Alimento sano y bien cuidado, controles médicos periódicos y descanso adecuado son algunas de las precauciones indispensables que todo misionero debe tener en cuenta. El Superior Regional, en las visitas a las comunidades, no deje de interesarse de la salud de cada uno de los misioneros. Una labor eficaz de prevención es preferible siempre a cualquier remedio curativo. La composición numérica de las comunidades está alcanzando gradualmente un número mínimo de tres, como desea el Décimo Capítulo General y confirma la VI Conferencia Regional. Si queremos que la vida comunitaria y la ayuda mutua no se reduzcan a un elemento insignificante, es preciso tender decididamente hacia esta meta, sacrificando incluso, en el caso de que fuera necesario, otros compromisos misioneros. En estos casos, estamos seguros, no perderá nada la misión, como tampoco la eficacia de nuestro trabajo. Finalmente, hemos advertido un crecimiento en el sentido comunitario regional, afectado negativamente en el pasado por la imposibilidad de encontrarse en el ámbito de la Región. Aunque las distancias de una a otra comunidad sigan siendo grandes, la facilidad de los viajes pueden permitir a todos los misioneros de la Región encontrarse por lo menos una vez al año. Las actuales iniciativas en forma de grupo no pueden sustituir los momentos regionales, aunque permitan crear ocasiones de formación permanente útiles y fructíferas. 3. “Este es el camino, ¡recorredlo!” (Is 30,21). Esta intimación del profeta dirigida al pueblo de Israel resuena hoy en nuestros oídos como llamada a ser consecuentes con lo que vemos, profundizamos y decidimos. Se multiplican actualmente a todos los niveles, tanto en el Instituto como en la Iglesia, documentos, cartas, estudios y análisis sobre todos los aspectos de nuestra vida y de la misión. Lamentablemente constatamos que no siempre el esfuerzo de preparar estas ayudas produce los frutos que todos esperamos. Sin embargo, no siempre la medicina contra esta enfermedad coincide con una moratoria de toda ayuda o documento. Se mantiene siempre como un principio sabio el compromiso de volver una y otra vez y metódicamente a las orientaciones y a las decisiones tomadas comunitariamente para verificar su actuación o revisar su realización. La visita canónica no ha podido pues dejar de tomar en atenta consideración las Actas de la VI Conferencia Regional y volver a proponer con fuerza los compromisos programáticos por ella formulados. Deseamos especialmente poner de relieve los tres primeros, que están orientados a cualificar nuevamente nuestro ser para la misión. 1. El carisma del Beato Allamano (pp. 12-15) tiene un relieve fundamental en nuestra vida, en la espiritualidad y en la realización de la misión que la Iglesia nos ha confiado. Callarlo o ignorarlo afectaría negativamente al valor de nuestro testimonio y a la eficacia de nuestra evangelización. La enseñanza del Fundador debe entrar espontáneamente en la predicación de todos los Misioneros de la Consolata y en sus catequesis al pueblo cristiano. Sugerimos además que toda comunidad aproveche la propuesta de las dos Direcciones Generales de dedicar el día 16 de cada mes al Fundador, “implicando en ello a los amigos y a las comunidades que tenemos encomendadas. La celebración de este día [...] debe convertirse en un momento fijo de encuentro espiritual de todos: de los hijos y las hijas de Allamano y del pueblo cristiano” (Carta circular del 1-12-2002). 2. La llamada precede al envío (pp. 15-16), como la santidad anticipa a la misión, según la enseñanza del Beato Fundador. Por otra parte, nunca la misión es una tarea encomendada a una persona individualmente y para que deba ella realizarla según su genio personal. La referencia comunitaria no puede faltar nunca. Además, cuanto más crezcamos en el seguimiento de Cristo, más significativa será nuestra aportación a la construcción del Reino de Dios. Recordemos al respecto lo que pone de relieve el reciente documento de la Congregación de los Religiosos Volver a partir de Cristo: “El celo por la instauración del reino de Dios y la salvación de los hermanos viene así a constituir la mejor prueba de una donación auténticamente vivida por las personas consagradas. He ahí por qué cualquier intento de renovación se traduce en un nuevo impulso a la misión evangelizadora” (9). 3. Según el pensamiento del Fundador, la vida consagrada es la mejor forma de servir a la misión, porque es epifanía del amor de Dios en el mundo (pp. 16-20). Esta afirmación ha sido el eje del último Capítulo General, donde vida consagrada y misión pudieron finalmente conocer el connubio inseparable que nos hace verdaderos y auténticos hijos del P. Allamano. Sin embargo, como dice la propia Conferencia Regional, la vida consagrada aparece todavía a algunos misioneros como una camisa de fuerza que no permite expresar la misión al máximo de sus posibilidades. Proyecto personal y proyecto comunitario de vida, formación permanente, diálogo comunitario, planificación pastoral, valor de la internacionalidad, son algunos de los temas afrontados y de los muchos medios sugeridos por la Conferencia Regional. A lo largo del sexenio deberán ser nuevamente tomados en consideración y profundizados para que sean levadura de renovación y de vida nueva. Aludimos finalmente a la constante atención que todo misionero debe poner en las relaciones interpersonales y en la propia afectividad. Es necesario que la Región afronte abiertamente este tema, sabiendo aprovechar la ayuda, si es necesario, de personas expertas en esta materia. EN MISIÓN POR EL REINO Leemos en la instrucción Volver a partir de Cristo la siguiente expresión: “Abiertos a las necesidades del mundo en la óptica de Dios, [los religiosos] miran hacia un futuro con sabor a resurrección, listos a seguir el ejemplo de Cristo que vino a dar la vida y darla en abundancia” (9). Llegados a este punto de nuestra relación, no podemos dejar de detenernos, aunque sea velozmente, en algunos aspectos que pueden dar a nuestra vida y a la misión el “sabor de la resurrección”. Efectivamente, no podemos dejar de preguntarnos con valentía y convicción en el contexto de una visita canónica: ¿Por qué estamos aquí? ¿Hacia qué objetivos apuntamos? ¿Cuál es el fundamento de nuestra vida misionera? 1. “La vida espiritual debe ocupar el primer lugar en el programa de las Familias de vida consagrada” (VC 93). En la escuela del Beato Allamano hemos madurado todos la profunda convicción de que no existe consagración sin una profunda vida espiritual y que la vida espiritual sin oración continua no puede subsistir. Ha sido consolador para nosotros constatar que casi todas las comunidades tienen momentos diarios y comunitarios de oración. Seguid fieles a estos momentos y no los consideréis facultativos u opcionales, incluso a costa de posponer otros compromisos apostólicos, por más urgentes que sean. Recordemos siempre la expresión del Fundador cuando se le llamaba por razón de algún servicio cuando se encontraba orando: “Y yo dejo que sigan llamando a mi puerta...”. Porque no podemos llevar a Dios a nuestros hermanos cuando no hemos aprendido a cultivar en nosotros mismos con él una comunión viva y prolongada. Recordemos asimismo que no son suficientes los momentos comunitarios de oración para dar vitalidad a nuestra espiritualidad. La oración personal sobre la Palabra de Dios, el sacramento de la reconciliación, la centralidad de la celebración eucarística cotidiana en nuestra vida, una ferviente oración a María Consolata son algunos de los medios con los que nuestro carisma de Misioneros de la Consolata cuida la vida espiritual. 2. “Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión“ (“Novo millenio ineunte” 43). El espíritu de comunión y colaboración es repetidamente puesto de relieve en las directrices de la Iglesia mozambiqueña. En virtud de nuestro ministerio y del carisma que nos caracteriza, los Misioneros de la Consolata nos sentimos en el deber de continuar siendo en todas partes, en las iglesias locales, “expresión significativa de comunión” (VI Conferencia Regional, p. 309. La visita exhorta a continuar con empeño por el camino emprendido, a pesar de las inevitables dificultades, a pesar de las lentitudes en la actuación de las orientaciones pastorales o a pesar de rechazo de algunas fuerzas pastorales de caminar juntos por el camino de una significativa colaboración. El Misionero de la Consolata deberá ser el primero en disponibilidad para la planificación comunitaria y para la realización de la programación pastoral en equipo. Que nunca le falte la filial comunión con el propio obispo y la fraterna colaboración con el clero local. Que colabore además gustosamente con todos los religiosos y especialmente con las congregaciones diocesanas, nacidas del tronco de nuestro Instituto. Que a estas últimas se les preste una generosa colaboración, sin olvidar sus necesidades materiales y la necesidad de una formación permanente adecuada. 3. Permanecer en formación toda la vida Una vez más es la instrucción Volver a partir de Cristo la que nos describe de manera clara e incisiva el significado que la formación permanente debe tener en nuestra vida. “Será pues importante que toda persona consagrada sea formada a la libertad de aprender toda la vida, en toda edad y tiempo, en todo ambiente y contexto humano, por toda persona y por toda cultura, para dejarse instruir por cualquier fragmento de verdad y belleza que se encuentra alrededor de él. Pero especialmente deberá aprender a dejarse formar por la vida de cada día, por su propia comunidad y por sus hermanos y hermanas, por las cosas de siempre, ordinarias y extraordinarias, por la oración lo mismo que por la fatiga apostólica, en la alegría y en el sufrimiento, hasta el día de su muerte” (15). En el contexto de la importancia de la formación permanente, aludimos a algunos medios que pueden oportunamente ser utilizados a nivel regional. - Téngase especial cuidado de la formación permanente de los misioneros jóvenes. Con motivo de los momentos formativos o de reuniones anuales, que tengan la posibilidad de encontrarse entre ellos y profundizar los temas importantes para su vida y para su crecimiento en todas las dimensiones. El Superior Regional será su responsable y acompañará personalmente a los jóvenes misioneros a lo largo de estas iniciativas. - Que todos participen en las iniciativas regionales de formación, especialmente en la asamblea anual, para hacer juntos los ejercicios espirituales y tener un momento prolongado de formación permanente. En esta ocasión se podrán organizar reuniones sobre áreas de especial interés o iniciativas formativas en grupos, como prevé la Conferencia Regional. - Que continúen los encuentros en grupo, como una praxis bien asentada. Se demuestra que son un apoyo válido para las comunidades locales, especialmente en la formación permanente. VOLVER A EMPEZAR CON ESPERANZA El encuentro con una comunidad misionera y con sus animadores laicos nos ha ofrecido la ocasión de reflexionar sobre los motivos de esperanza presentes en nuestras comunidades y en la Iglesia de Mozambique hoy. Queremos recordarlo aquí no solamente para suscitar sentimientos de agradecimiento al Señor por todo lo que está realizando en su Iglesia, gracias a nuestra acción misionera, sino también para ofrecer motivos de reflexión y discernimiento a todos los misioneros. 1. Atención a la cultura y a la lengua Hemos percibido en la Región un creciente interés por el estudio de la cultura y por el aprendizaje de la lengua local, como primer paso hacia el comprometido objetivo de evangelizar en profundidad. Ninguna forma de evangelización, en efecto, podrá cualificarse como auténtica si no sabe penetrar en la cultura de un pueblo (cf. “Novo millennio ineunte” 19). Nos parece que el esfuerzo de la Región está siguiendo una buena dirección cuando pide a todos los misioneros que llegan a Mozambique que se dediquen un año entero al estudio de la cultura y de la lengua y que hagan una adecuada introducción en el nuevo campo de trabajo contando con la ayuda de los centros de Maúa y de Guiúa. 2. Una misión en sintonía con la gente El logro de la paz en el país ha permitido a los misioneros de Mozambique imprimir un nuevo impulso a la visita a las comunidades y a su convivencia entre ellas, incluidas las más distantes, a las que la guerra había impedido llegar debidamente o de forma muy difícil. Los misioneros jóvenes deben ser familiarizados con esta praxis nuestra y descubrir las infinitas posibilidades de evangelización que ofrece. 3. Evangelización y promoción humana: un binomio muy útil Estos dos componentes se fusionan fácilmente gracias a nuestro particular carisma de la consolación. Así lo enseñaba el Beato Allamano a los primeros misioneros, recordándoles que este era “nuestro método de evangelización” (“Carta a los Misioneros de Kenya”, 2-20-1910). Hemos percibido en todas partes dentro de nuestras comunidades una adhesión cordial a este tradicional estilo de hacer misión. Las nuevas situaciones de misión exigen que estemos siempre vigilantes para que ninguno de los dos aspectos se vea afectado negativamente. En especial en el campo de la promoción humana debemos realizar un atento discernimiento para encontrar las formas más adecuadas a los tiempos presentes y para no cargar a nuestros centros con excesivas estructuras. En este contexto, ¿cómo no dejarse inspirar por el episodio narrado en los Hechos de los Apóstoles, cuando los diáconos entraron a formar parte del servicio de las mesas para permitir a los apóstoles que se dedicaran plenamente al anuncio de la Palabra? 4. La presencia de los laicos Es una realidad en todas partes en la Región Mozambique. Los laicos son en efecto una parte activa del equipo apostólico y se convierten en la “longa manus” del misionero, especialmente en las comunidades más lejanas y menos accesibles.. La inserción de los laicos en el campo de la evangelización ha tenido un impulso especial en los años difíciles de la guerra, cuando los misioneros sufrían restricciones de movimientos. Hoy, en tiempo de paz, es oportuno no hacer un camino de retroceso hacia formas pasadas de clericalismo. Debemos continuar favoreciendo el protagonismo de los laicos en la acción pastoral estimulando su acción y su aportación propias de su vocación especial en la Iglesia. La multiplicidad de ministerios laicales y el creciente número de laicos implicados en las comunidades parroquiales suscitan una gozosa sorpresa. Pero no podemos olvidar que estos colaboradores laicos deben ser acompañados con asiduidad y formados en la doctrina y en la espiritualidad, para que puedan vivir a la altura de su vocación y de su especial llamada ministerial. 5. Compromiso educativo de la Región Digno de mención es el empeño que la Región está poniendo en el campo educativo y en su profundización desde cuando el Gobierno ha eliminado todo obstáculo de participación activa de la Iglesia en la educación de la juventud. Actualmente hay una gran demanda de escuelas en todos los niveles, y muchas parroquias están respondiendo a ella con admirable empeño. El algunas zonas del país, el compromiso de la Iglesia y el nuestro está dirigido a apoyar la formación de los profesores y a estar más presentes en las propias escuelas. La Universidad Católica de Mozambique sigue extendiéndose y consolidándose, gracias también a la aportación de nuestros misioneros, que hasta el presente han soportado el mayor peso de las responsabilidades. Pensamos, sin embargo, que es oportuno hacer una firme llamada a la Conferencia Episcopal para que destine nuevo personal a los cuadros de dirección de la Universidad en ayuda de los Misioneros de la Consolata. No se puede olvidar que la escuela es el campo privilegiado para renovar el tejido humano y social de la sociedad mozambiqueña, ya que brinda a las nuevas generaciones los indispensables valores culturales, morales y cristianos. Estamos seguros de que se trata de la mejor inversión para el futuro del país. 6. Las Misioneras de la Consolata La relaciones de comunión con las Misioneras de la Consolata de la Región Mozambique tienen lugar dentro de la diversas áreas de la misión: pastoral, animación misionera y vocacional, justicia y paz, educación. Las llamadas hechas por nuestros últimos Capítulos Generales en favor de un renovado empeño de colaboración han tenido en la Región una importante aceptación y ahora se ven sus frutos en las iniciativas de colaboración, en la fraternidad de relaciones y en las ayudas mutuas para la formación permanente. DESAFÍOS Y PROBLEMAS Esta última parte de nuestra carta quiere hacer la lista de los principales desafíos y de los problemas que tiene la Región Mozambique y que la visita ha podido percibir y en parte profundizar. Aunque no podamos facilitar siempre una clave para su solución, consideramos no obstante que hacemos un servicio simplemente recordando los temas y haciendo algunas puntualizaciones. 1. Laicos misioneros La Región Mozambique tiene una larga experiencia en este campo, lo que ha permitido a los laicos hacer experiencias significativas y a la Región aprovechar una colaboración provechosa en el trabajo misionero. Sobre los Laicos Misioneros de la Consolata (LMC), el nuevo Estatuto, redactado por la Dirección General, debe convertirse en plataforma que ayude a unificar poco a poco las varias experiencias en marcha en el Instituto y a ofrecer a los laicos mismos un apoyo más cualificado y una formación más adecuada.. 2. Las vocaciones La realidad vocacional de Mozambique sigue siendo problemática, tanto dentro del Instituto como en las diócesis. Se trata de un reto a para nuestra capacidad para hacer un serio acompañamiento vocacional y un atento discernimiento de las motivaciones de los jóvenes que llaman a las puertas de los seminarios diocesanos o de las congregaciones religiosas, para ofrecerles una previa y válida formación cristiana y crear una mentalidad vocacional en las familias y en todo el pueblo de Dios. Se lamenta en todas partes una escasa perseverancia, motivaciones inadecuadas, fundamentos humanos y cristianos demasiado frágiles e incapaces de mantener una vida en el seguimiento de Cristo. 3. Animación misionera y vocacional Fue propuesta por el XCG a todas las regiones del Instituto. Mientras que a las Circunscripciones de África se les pide que destinen personas exclusivamente dedicadas a este servicio, el propio Capítulo hace una llamada a todos los misioneros para que sepan contagiar a los fieles con el fuego de la misión. El esmero en la animación vocacional no podrá nunca faltar en las parroquias, conscientes de ofrecer de este modo el más precioso servicio a la Iglesia. 4. La formación de base La formación de base constituye otro reto para nuestro trabajo misionero, porque con ella está relacionado el futuro de nuestra Familia y de la misión. Los misioneros dedicados a la formación deben ser conscientes de que están llamados a ofrecer un servicio indispensable al Instituto mismo y por tanto deben dedicarle todo el tiempo necesario, dejando aparte, de acuerdo con el Superior Regional, cualquier otro compromiso apostólico que no sea compatible con él. Debe darse a todos los formadores la posibilidad de tener una preparación adecuada para su cometido. 5. ¿Qué opciones caben de cara al futuro IMC en Mozambique? La visita ha tomado nota de la mole inmensa de compromisos pastorales que la Región lleva actualmente adelante. Es urgente poner en marcha un estudio de la geografía de nuestras presencias teniendo presentes las exigencias actuales y futuras del Instituto. Sin aventurar propuestas específicas y concretas, que pueden ser discutidas y decididas en otras sedes, deseamos sugerir aquí algunos criterios: - Que se tenga la valentía de dejar algunos campos de trabajo cuando no se pueda tener a disposición un número suficiente de misioneros. - Que nunca se sacrifique la calidad a favor de la cantidad de compromisos apostólicos. Recordemos siempre a este respecto las sabias orientaciones de nuestro Padre Fundador. - Los criterios “ad gentes”, como fueron expuestos por el último Capítulo General, deben estar en armonía con las indispensables necesidades del Instituto y deben servirnos como guía para mantener, abandonar o asumir nuevos compromisos. 6. Radio María y Radio Rurumwana Con su desarrollo actual y su difusión, Radio María podría convertirse en el areópago privilegiado de evangelización en amplias zonas de Mozambique. En Maúa, además, está poniéndose en marcha una radio comunitaria llamada Radio Rurumwana. Al tiempo que exhortamos a realizar plenamente las orientaciones ya en su tiempo hechas por la VI Conferencia Regional sobre Radio María, confiamos en que estos medios encuentren la mejor utilización a favor de una promoción eficaz de los valores cristianos en amplias zonas del país. 7. La animación comunitaria del superior local Cada visita que hacemos a las comunidades locales nos confirma más en la convicción de la importancia del cometido del superior local. La comunión dentro de la comunidad, su compromiso formativo y el celo en la evangelización están en gran parte relacionadas con la eficacia del servicio que el superior local desarrolla. No se olvide que a su responsabilidad se confían también las siguientes tareas que el XCG expresa del siguiente modo: “Con motivo de la movilidad que nos caracteriza, para asegurar la continuidad y la coherencia en el trabajo y en las presencias, el superior local, además del diario de la casa, tenga actualizados los archivos y los ficheros con apuntes y estudios sobre el ambiente y sobre el trabajo, consideraciones y valoraciones sobre las diversas actividades e iniciativas, la distribución de las responsabilidades, la colaboración con personas y organismos y toda otra documentación útil” (59). 8. Pobreza, economía y misión Este será el tema que ocupe al Instituto a lo largo de 2003. Mientras exhortamos a todos a profundizar y vivir un uso correcto de los bienes que la Providencia pone en nuestras manos en beneficio de la misión, ofrecemos la lista de algunos aspectos que la visita ha considerado dignos de atención: - Los medios de transporte son incomparables instrumentos en nuestro servicio. Debe tratárseles con cuidado y ser usados con prudencia para evitar las costosas averías que pueden hacer peligrar la integridad propia y de los demás. Estúdiese la oportunidad de constituir en la Región un fondo para la adquisición de nuevos medios de transporte. - Considérense en toda obra y proyecto misionero los modos más adecuados de poner en marcha un proceso que lleve gradualmente a la autosuficiencia económica. - Todo proyecto misionero, desde la fase de estudio hasta su realización, debe ser sometido a un atento análisis. De manera especial, se mantendrá sobre él una contabilidad exacta y se enviará un balance del mismo a quien se debe. Ningún proyecto se pondrá en marcha sin el consentimiento previo y escrito del obispo y del superior regional. - Nos parece que la caja común se observa por la mayor parte de la comunidad. Donde así no fuera, que se ponga en marcha cuanto antes con la ayuda del Administrador regional. - El estilo de vida del misionero no debe estar en discordancia con el ambiente que le rodea. Las visitas del superior regional a las comunidades deben ser una ocasión para un examen y una atenta revisión de vida. 9. Justicia y Paz La Comisión Regional de Justicia y Paz, atenta a las nuevas situaciones del país, acompañará el trabajo de nuestros misioneros con oportunos subsidios. Les ofrecerá también orientaciones para una correcta y justa relación con nuestros empleados. Los misioneros deben saber realizar una obra de formación en la doctrina social de la Iglesia y responder con oportunas iniciativas a los dramas que azotan hoy a nuestra gente. Proponemos a la Dirección Regional, en colaboración con la Comisión Justicia y Paz, que estudie la posibilidad de realizar iniciativas a favor de las víctimas del sida y de tantos huérfanos como causa. CONCLUSIÓN Deseamos al terminar esta carta expresar una vez más nuestro sincero agradecimiento a todos los Misioneros de la Región por su fraterna acogida y su cordial disponibilidad al diálogo y al intercambio. Nuestro especial agradecimiento al P. Artur Marques, superior regional, por habernos acompañado en los largos viajes y por habernos ilustrado sobre tantas situaciones del país y de la Región desconocidas por nosotros. También agradecemos sinceramente al Consejo Regional por los dos encuentros celebrados con ellos Confiamos a María Consolata, en este año del Rosario, la Región de Mozambique. Que sea María la que nos guía a contemplar en profundidad el rostro de Cristo y a revelarle a las gentes de África. Que el Beato Pablo Manna, nuestro patrono para el 2003, interceda para que a todos nosotros se nos conceda el don de la santidad de vida, la valentía para las decisiones comprometidas y la sabiduría necesaria para aplicar en toda situación misionera el “método iluminado” querido por el Padre Fundador. P. Piero Trabucco, IMC (Superior General)
P. Aquiléo Fiorentini, IMC (Consejero General)
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