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Padre Giovanni De Marchi PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Giovanni Tebaldi   
20.02.2006

Padre

GIOVANNI DE MARCHI

(1914-2003)

Hacía poco tiempo que había fallecido el Fundador cuando Giovanni de Marchi, el 15 de noviembre de 1926, ingresaba en el pequeño seminario de Camerletto.

Su vida es una encrucijada de coincidencias y de citas: procedía de un pueblecito de Belluno, Riva d’Arsiè, diócesis de Padua, donde nació el 21 de julio de 1914; fue a la escuela en Casale sul Sile, en el Trevigiano, y comenzó los estudios en Camerletto, para proseguirlos en Turín hasta 1932. Hizo el noviciado en Rosignano en 1932 y seguidamente fue trasladado a Roma para cursas estudios de filosofía y teología en el Pontificio Instituto de Propaganda Fide, licenciándose en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico (1933-1942). Fue ordenado sacerdote en Roma el 13 de marzo de 1937. Durante la guerra fue director del seminario teológico de Turín, luego director de la casa de Roma. En los años 1943-1951 fue superior y director en Portugal, y a continuación en Estados Unidos. De 1963 a 1970 trabajó en la diócesis de Nyeri como secretario del obispo Carlo Cavallera, y de 1970 a 1982 fue el primer misionero de la Consolata que volvía a Etiopía después de la expulsión.

A primera vista se podría decir que fue un correcaminos, si no hubiera sido hombre de garantía sólidas, que se comprobarán puntualmente en los años posteriores. Un juicio previo a su ordenación nos lo presenta así: “Excelente en todo, puntual, preciso, un tipo auténtico de estudioso, se adapta a cualquier oficio o deber, en el estudio de las lenguas podrá ser una honra para el Instituto. Es un poco distraído y no se da cuenta de que tiene una mente privilegiada. Es pobre, no posee absolutamente nada, se contenta con cualquier cosa, todo le parece bien”. No era un renunciatario, porque aceptaba los retos con la vida y afrontaba ésta con gran intensidad y valentía, con naturalidad, sin cálculos, sin angustias, seguro que todo para todo acontecimiento puede haber una solución.

P. De Marchi y la apertura IMC en Portugal

Fue esto lo que sucedió en Portugal, un país al que los Misioneros de la Consolata conocían indirectamente desde Mozambique y que podría convertirse en un campo de grandes esperanzas.

El boletín oficial del año 1943 reproduce, entre las actas del consejo, la noticia de la erección de una casa en Portugal.: Como conclusión de las gestiones comenzadas en 1942 a través de la Santa Sede para la apertura de una casa del Instituto en Portugal, el P. Giovanni De Marchi era sido enviado por el Instituto para establecer los primeros contactos con los obispos de esa nación...”.

El 10 de junio de 1943 presentaba sus credenciales ante el obispo de Aveiro, Dom Joâo Evangelista de Lima Vidal, quien le manifestaba su satisfacción ante la idea de fundar un seminario misionero en su diócesis.

La misma acogida encontró en el coloquio con el obispo de Leiria, Dom José Alves Correia da Silva. De Marchi llegaba al pueblo de Fátima como un peregrino solitario y se hospedaba en casa de las hermanas Soledade y Rosina Freitas, que le enseñaron portugués. En los momentos de mayor tranquilidad se dedicó a escribir dos historias noveladas, “Titiri” (1945) y “La hija de Bramane” (1946). Aventino Oliveira, que le acompañó desde los primeros días, recuerda que la gente de Fátima veía a aquel joven sacerdote con barba negra recorrer los caminos de los pueblos cercanos en una vieja bicicleta e ir todas las mañanas a las capillas a celebrar misa y a verse con amigos dispuestos a contribuir en la adquisición de un terreno. El contacto, primero silencioso y basado en la mirada, se convirtió luego en diálogo entre amigos.

El 3 de octubre de 1944, antes de comenzar los trabajos de construcción, inauguró un pequeño seminario dedicado a S. João de Brito, para una docena de muchachos, en una casita muy cerca de la “Pensión 13 de mayo”, en recuerdo de la aparición de la Virgen a los tres pastorcitos: Lucía, Jacinta y Francisco. Comenzó a escribir sobre Fátima y las apariciones: “Foi aos pastorinhos que a Virgem falou” (Seminário das Missôes de N.a Senhora de Fátima, Cova da Iria, Fátima 1945); The Crusade of Fatima (Minnesota 1948); Fatima, The Fact (Cork 1950); The Stepherd of Fatima (N. Y. 1952); The true Story of Fatima (Minnesota 1956); The true Story of our Lady of Fatima (The Immaculate Heart, N. Y.). Pero su obra principal fue “Era uma Senhora mais brilhante que o sol”, con 18 ediciones en portugués, 15 en italiano, 13 en inglés, 11 en español, 8 en francés y una en polaco. En julio de 1946, “Da Casa Madre” alude a un artículo que De Marchi había publicado en “L’Osservatore Romano della Domenica”, con una alusión “a la Casa de nuestro Instituto, la única comunidad religiosa en Fátima”. Colaboró con revista y periódicos americanos e irlandeses. “The Innocents of Fatima” fue un artículo que apareció en “Catholic Digest” en octubre de 1952.

En 1949 el P. De Marchi acompañó a la Virgen Peregrina a Estados Unidos y, gracias amigos y bienhechores, recogió fondos para la construcción del seminario. La primera parte fue inaugurada por el arzobispo de Aveiro, monseñor Giovanni Evangelista de Lima Vidal. También le llegaron laudatorios reconocimientos procedentes de Mozambique. El 6 de enero de 1950, el cardenal Teodósio Clemente de Gouveia, arzobispo de Lourenço Marques, escribe: “Reverendísimo P. De Marchi: le envío a usted y a todos sus queridos hermanos y alumnos una afectuosa bendición y le expreso mi agradecimiento. Crea que acompaño con simpatía e interés su esfuerzo y tenacidad para hacer crecer las raíces de su Congregación en Portugal y para dar misioneros portugueses al imperio portugués. ¡Mi felicitación más sincera!”.

La obra se va extendiendo por otras localidades de Portugal. El P. De Marchi podía contar con una nutrida comunidad de padres: Bosio L., Bianchi A., Bollino G., Bonino P., Cavallera L., Gaudissard G., Maggioni F., Mongiano A., Morando G., Peirone F., Zecchinell F. Y con el hermano Brunero Michele.

La presencia del Instituto comenzaba a ser segura en Portugal. El 31 de marzo de 1948 los alumnos de bachillerato inferior y superior eran 35. Tras participar en el Capítulo de 1949, el P. De Marchi se trasladó a Estados Unidos, visitó las misiones de África, preparó material de propaganda, envió ayudas a las poblaciones de Kenya sometidas por la guerrilla Mau Mau. En Estados Unidos pronunció conferencias en Detroit, Pittsburgh, Boston. Fundó el boletín “Rainbow Mission News”. En mayo de 1950 volvía a Portugal. “Da Casa Madre” de abril de 1950 decía en alguna de sus páginas: “Gracias a la obra entusiasta del P. De Marchi en las principales ciudades de Estados Unidos e Irlanda, la construcción de nuestro seminario prosigue ininterrumpidamente”.

P. De Marchi, misionero en Kenya

Había llegado para él el momento de ser misionero en África. Kenya iba a ser su campo de trabajo. Es probable que el obispo Carlo Cavallera, conociendo la capacidad del P. De Marchi y sintiendo la urgencia de construir la diócesis sobre las ruinas de la guerrilla Mau Mau, pidiera a la Dirección General que le destinaran allí. La decena de escuelas “harambee” que habían sido construidas en la diócesis, los dispensarios, las “prayer houses” y los catequistas necesitaban ayudas y fondos. El P. De Marchi era el hombre capaz de ayudar, pues había creado una red de amistades y se podía contar con su entrega a aquellas tareas. Se convirtió en el punto de referencia de muchas iniciativas diocesanas, como iglesias, asilos, escuelas, movimientos juveniles y scouts. Hubo una iniciativa especialmente grata para él, la de los voluntarios “Peace Corps”, necesitados de ayuda espiritual y moral para insertarse en algunos sectores de la Iglasia, como la enseñanza y la dirección de la librería.

El sueño de Etiopía

La diócesis de Nyeri comprendía entonces los territorios que se convertirían en autónomos: en la zona Norte, donde se encontraba la vasta extensión de Marsabit, que limitaba con Etiopía, y que en los primeros años había sido teatro de las expediciones conducidas por el P. Angelo Dal Canton. La posibilidad de llevar misioneros de la Consolata a Etiopía no carecía de fundamento. Como ciudadano americano, podía contar con algunas ventajas. En una carta al Superior General, P. Domenico Fiorina, hablaba de la posibilidad de una “nueva entrada” de los Misioneros de la Consolata. Hizo una rápida visita a Addis Abeba y mantuvo algunas entrevistas con los responsables de la iglesia católica de Etiopía, quienes se manifestaron dispuestos a aceptar la vuelta de los Misioneros de la Consolata, pero vestidos de agentes sociales. Se volvía a los días de Barlassina, cuando la presencia misionera se camuflaba dando la impresión de que se trataba de comerciantes. En 1969, con el cambio de Dirección, parece concretarse la realización del viejo sueño. El Superior General, P. Mario Bianchi, informa a los Misioneros de que ha hecho una rápida visita a Etiopía y que ha madurado la convicción de que resultaba posible reanudar “un servicio en aquella noble nación, tan querida por muchos Misioneros”. Un “decreto” de la Dirección General volvía abrir, tras decenios de silencio, las puertas de Etiopía y se comenzaba una labor de en los centros de los disminuidos físicos, de los niños ciegos y de los leprosos.

Pero todo tiene su ocaso y la salud del P. De Marchi comenzaba a declinar. El P. Aventino Oliveira, en un interesante artículo “in memoriam”, relata las confidencias que hizo a un hermano: “Cuando ya no sea capaz de trabajar, Virgencita mía, que me quede ciego, para que así pueda pasar el resto de mi vida en Fátima y escuchar las confesiones de los peregrinos”. Y así sucedió. En Fátima, como había sido su deseo, murió el 1 de enero de 2003, el día de la fiesta de María, Madre de Dios. Tenía 88 años, 69 de profesión religiosa y 65 de sacerdocio.

Han escrito sobre él...

El P. Norberto Ribeiro Louro, en nombre del Consejo General, escribe al Superior Regional de Portugal, P. Luís Tomás: “Aunque la muerte del P. De Marchi no nos haya cogido de sorpresa, teniendo en cuenta su avanzada edad y su precario estado de salud, nos ha impresionada profundamente y ha provocado genuinos sentimientos en nosotros. Aunque es verdad que la muerte de todo misionero de la Consolata nos deja una sensación parecida, la ausencia del P. De Marchi representa para el Instituto, para los Misioneros de la Consolata en Portugal y para Fátima algo distinto y muy característico. Se trata de la partida de un hombre realmente carismático, una figura de misionero pionero en tres continentes, capaz de abrir caminos en medio de las mayores dificultades, con naturalidad y al mismo tiempo siendo capaz de retirarse con discreción del escenario, sin pretensiones, desprendido de todo y con la ingenuidad evangélica de las palomas y de los niños. Lo mucho que hizo lo consideró siempre poco e insignificante. Tuvo razón en no querer abandonar Fátima, donde él, conviviendo con el mensaje de las apariciones de la “Senhora mais brilhante que o Sol” y con la vida transparente y sencilla de los pastorcitos a quienes Ella habló, se dejó modelar por aquella experiencia profunda, y con el nombre de la Señora de Fátima en su corazón y en sus labios y la sencillez de los pastorcitos en su alma y en su modo de ser, consiguió penetrar en los corazones y los ambientes prohibidos a otros. Razón han tenido los Misioneros de la Consolata de Portugal para quererle allí y amarle hasta el final, sin delegar en otros las atenciones que necesitaba y que se merecía. ¡Gracias! ¡Que el P. De Marchi descanse en la paz del Señor y que nosotros consigamos ser dignos herederos de su estilo de hacer el bien!”.

Con total entrega

“El P. Giovanni De Marchi era un hombre profundamente identificado con la misión. Vivía su vocación misionera radicalmente entregado, sin descanso, sin miedo. Tenía el don especial de contactar con la gente, de hacer amistad y transformar a las personas en bienhechores de la misión. Hablaba a todos de las misiones. Puede decirse que era un mediador y un puente entre los bienhechores y las misiones... Hablaba a todos de las misiones opportune et importune. Las personas con las que se encontraba se sentían desarmadas ante su sencillez y sinceridad. Algunas veces hasta los ricos y los poderosos de la Tierra sucumbían a su encanto. Nunca había en él artificio o gestos amanerados. Y era tan profunda la impresión que dejaba en las personas, que éstas permanecían fieles y ligadas a las causas que él proponía. Detrás de su apariencia sencilla había una voluntad de hierro y una resolución indomable para perseguir sus objetivos y sus planes. Por lo mucho que hizo era una persona admirada y aplaudida. Pero era un hombre sin vanidad, modesto y olvidado de sí mismo. No se cuidaba mucho de su persona ni de su salud, como tampoco de sus apariencias. No he conocido un misionero de la Consolata al que se le haya encomendado tanto dinero, pero no se dejaba atrampar ni por un céntimo. Vivía totalmente despojado y en auténtica pobreza [...] Era sobre todo un hombre de Dios y un gran devoto de la Virgen de Fátima. Muchos recuerdan que, año tras año, día tras día, nunca dejaba de rezar el rosario en la capillita de las apariciones o en la procesión de la Virgen. Siempre y en todas partes con el breviario en la mano [...] Creemos que el P. De Marchi fue una verdadera bendición para nosotros. Fue quien comenzó el Instituto en Portugal y dejó una enorme cantidad de amigos y bienhechores, lo que hará que sea un punto de confluencia entre nosotros y ellos”.

P. Luís Tomás, en el boletín “Encontro”, enero de 2003 

Otros testimonios

“En 1975 el P. De Marchi me decía que cuando no pudiera ya trabajar volvería a Fátima porque quería morir cerca de la Virgen de Fátima y el día de su fiesta. Y así fue como sucedió. Nos deja muchos ejemplos de vida misionera. Especialmente de desprendimiento y de amor con los más pequeños” (P. Joaquim Gonçalves).

“Estimé siempre mucho y admiré al P. De Marchi, pero esa estima creció después de haber hecho un pequeño trabajo sobre los primeros años de la Consolata en Portugal. En contacto con nuestras fuentes documentales, me di cuenta de su multiformes capacidad, que nunca hubiera imaginado encontrar en un hombre y en un misionero tan sencillo y aparentemente ingenuo con el que viví tantos tiempo. Que su memoria no desaparezca y que su vida nos sea de inspiración” (P. Manuel Tavares).

“Estamos seguros de que el P. Giovanni De Marchi vive al lado de la Consolata y del Beato José Allamano, y que ahora puede interceder por nosotros y vigilar más fácilmente sobre todos sus misioneros” (Teresa y Paulo, LMC en Tanzania).

“Me siento emocionada, impresionada y triste al pensar en su desaparición. Hay personas que parecen estar hechas para indicar el camino al mundo” (Clara, una joven de Alfena, Portugal).

“En el rostro de los misioneros se advertía el afecto y la ternura al P. De Marchi. En alguno vi también lágrimas que brillaban y se deslizaban por sus mejillas. Era una familia reunida que brindaba su homenaje al padre que tanto amaban y del que tanto habían recibido” (Giorgina Duarte, MMC, Lisboa).

“Lo que el P. De Marchi realizó en Portugal, Estados Unios, Kenya y Etiopía marcó la vida de todos nosotros. En los cinco años que viví con él pude admirar su modo ‘inquieto’ de vivir la misión, su desprendimiento total y su constante pensamiento en la misión” (P. Fernando Carneiro).

“Como Misioneros de la Consolata, tenemos ahora otra fecha para recordar. En 1926 el Fundador, Beato José Allamano, después de cumplir su misión, se nos fue a la casa del Padre. El 1 de enero de 2003, alguien que concretó el carisma de la consolación en Portugal, el P. De Marchi, se ha ido a contemplar el rostro radiante y sereno del Señor. Que la semilla de su vida,,,, ahora arrojada a la tierra, siga produciendo frutos de nuevas vocaciones para la misión. Desde Brasil, un abrazo solidario a toda la gran familia IMC de la Región portuguesa, amigos y bienhechores” (P. Albino Brás).

“Es motivo de luto para vuestra Región la muerte del querido P. Giovanni De Marchi. Sabemos qué significaba él para nuestra familia misionera. Pertenecía a los pioneros que lo dieron todo por la misión” (P. Francisco Lerma).

“Que el P. De Marchi se digne bendecir los nuevos y viejos caminos de nuestros Institutos e interceder por nuevas y santas vocaciones misioneras” (Sor Cesarina Corioni, MC).

“Trabajé con él en Etiopía. Creo que ahora está en el cielo para organizar un grupo de solidaridad por los niños etíopes... Estoy seguro de que no dejará de interceder por aquellos a los que tanto amaba. Que la Región de Portugal, por intercesión del P. De Marchi, obtenga todo lo que necesita” (P. Alvaro Palacios).

“Acabo de leer la noticia de la muerte del P. De Marchi... Pienso en sus cualidades de pionero en Portugal, en Estados Unidos, donde conviví a su lado dos años, y en Etiopía. También en Kenya dejó sus huellas. Sólo una cosa tenía presente en su corazón: la misión” (P. Giuseppe Inverardi).

“En un tiempo relativamente breve, en 1945, tenía listo un libro sobre las apariciones marianas de Fátima: Era uma Senhora mais brilhante que o Sol. El P. Giovanni era un narrador de pluma fácil, conmovido, apasionado, brillante. Sin cargarla de notas, la obra tenía un gran valor histórico. Y hasta se convirtió por su éxito en  best-seller. Se tradujo a varios idiomas. Los textos, por él reelaborados, fijaron de forma indeleble los acontecimientos de Fátima” (P. Giuseppe Mina).

(Para la reconstrucción de la personalidad y la obra del P. Giovanni

De Marchi son fundamentales los dos servicios publicados en “Fátima Misionera”, febrero de 2003, y “Encontro”, enero de 2003).

P. Giovanni Tebaldi