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Padre Rosano Stofella Imprimir E-mail
Escrito por P. Giovanni Tebaldi   
20.02.2006

Padre

ROSANO STOFELLA

(1914-2003)

El P. Rosano Stofella nació el 21 de septiembre de 1914 de una familia campesina de Piana di Vallarsa, provincia de Trento. Sus padres fueron Leone y Emma, quienes el 28 del mismo mes le llevaron a la iglesia del pueblo para ser bautizado. Frecuentó la escuela en Vallarsa (1924-1927) y, tras ingresar en el Instituto, estudio primeramente en Rovereto (1927) y luego en Camerletto y Favria Canavese (1931-1933). El resto de su formación la recibió en Turín, Certosa di Pesio y Rosignano Monferrato, terminando nuevamente en Turín haciendo los estudios de teología, de 1936 a 1940. Fue entonces cuando la guerra arreció en el nordeste de Italia. Su ordenación sacerdotal tuvo lugar en la iglesia de la Auxiliadora de Turín el 23 de junio de 1940. De este año hasta 1946 trabajó en la oficina IMC del santuario de la Consolata de Turín, de la que el Fundador había sido rector durante tantos años.

Brasil, primera misión

Al final de la Segunda Guerra Mundial se abrieron las fronteras y el Instituto comenzó a enviar misioneros a América Latina. El P. Rosano fue destinado a Brasil, donde trabajó en el campo de la pastoral desde 1946. Primeramente fue vicario en la parroquia de San Sebastián y seguidamente en la comunidad de San Benito en Jaú (SP). De julio de 1948 a diciembre de 1951 ejercitó el ministerio en la parroquia de San Pedro en Tamôio (SP). De 1952 a 1957, en la parroquia de San Pedro de Alcántara (actual parroquia de la Consolata), de Jardim São Bento, en São Paulo. Seguidamente, de 1958 a 2002, en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima de Imirim, también en São Paulo. Los años de su estancia en Brasil fueron muy importantes para el desarrollo del Instituto. El Superior General, P. Gaudenzio Barlassina, había realizado la visita canónica visitando los seminarios y las parroquias donde los misioneros de la Consolata formaban futuros sacerdotes y pastoralistas. Brasil, como las demás regiones, estaba a punto de abrir un territorio misionero impulsado por Propaganda Fide, el territorio de Roraima. Esta empresa tuvo benéficos efectos en la pastoral misionera y en la formación en los seminarios.

El P. Rosano no fue deslumbrante en su actividad, sino un sacerdote misionero que desempeñó su tarea con humildad y silenciosamente. Se le conocía por su asiduo amor a los enfermos, o padre que ia aos velórios para encomendar os corpos dos falecidos e confortar as pessoas enlutadas, o padre das bênçâos, o padre do confessionário (P. Jordâo Maria Pessatti, IMC). Son suficientes expresiones como éstas para esbozar su figura de sacerdote misionero hecho para los demás. También su vida comunitaria era un continuo testimonio de obediencia, disponibilidad y alegría.

Escribe con emoción sobre él el P. Célio Pedro Saldanha Dornelles: “El corazón del P. Rosano era un corazón rebosante de misterio, un corazón sacerdotal en medio de la alegría o del sufrimiento. Conocía los momentos del Tabor y de Getsemaní”. Vivió santamente todos los días y su vida se caracterizó por su sencillez y su capacidad de contemplación.

El sufrimiento del misionero 

De los testimonios de los misioneros que le conocieron se desprende un estado de sufrimiento en él y de aceptación sincera por parte de los demás misioneros. Pasaba horas enteras en la capilla y se consideraba el último de todos. Pero ante los ojos de Dios era grande justamente porque se sentía el más pequeño. No salía una queda de sus labios, sino que, mirando con aquellos sus ojos llenos de afecto, solía decir: “Nada, não dói nada, está tudo bem comigo: Deo gratias! Quer que chame alguém da enfermagem para lhe passar algum remédio que lhe dê um pouco de alívio?”. Y la respuesta era siempre ésta: “Nada, não preciso de nada, não sinto dor nenhuma”. Esta santidad silenciosa que se reflejaba en sus ojos y en su sonrisa era un modo insólito de disimular el sufrimiento que atenazaba su cuerpo.

El último adiós de un perfecto misionero de la Consolata

El 17 de diciembre de 2002, el P. Rosano se sintió improvisamente enfermo. Sintió su cuerpo parcialmente paralizado. Fue llevado al hospital São Camilo de Pompéia, en São Paulo, y asistido continuamente por los fieles de la comunidad parroquial de Imirim, y especialmente por los padres Michelangelo Piovano, Eugenio Butti, Severino Bordignon, Claudio Cobalchini, Jaime Carlos Patias y Valeriano Paitoni, que se turnaban por la noche y parte del día a la cabecera del enfermo.

El P. Rosano Stofella murió el 11 de febrero de 2003 en el hospital São Camilo. Tenía 88 años de edad, 67 de vida consagrada y 62 de sacerdocio misionero. Su cuerpo fue velado por gente que oró por él en la parroquia Nuestra Señora de Fátima de Imirim (São Paulo). Al día siguiente, Dom Odilo Pedro Scherer, obispo de la región episcopal de Santana, concelebró con los padres. El P. Valeriano describió en su homilía la figura y la obra del P. Rosano, el “perfecto misionero de la Consolata”. Y la gente comentaba sin una y otra vez: ¡Este padre era un santo!

(Estas informaciones han sido extraídas de los testimonios de los padres Célio Pedro Saldanha Dornelles, Jordâo Maria Pessatti, Michelangelo Piovano y Severino Bordignon).

P. Giovanni Tebaldi