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Hermano Mario Petrino PDF Imprimir E-mail
Escrito por P. Giovanni Tebaldi   
20.02.2006

Hermano

MARIO PETRINO

(1913-2003)

Se le conocía en Kenya como el misionero de “Garissa Boys Town”, el territorio del Noroeste achicharrado por el sol, o como “el misionero de los melones”. Algunos periodistas venidos de Estados Unidos escribieron que habían asistido a un milagro: plantaciones de hortalizas y frutas de todo tipo eran cosechados por los muchachos de la Boys Town y llevados a Nairobi. Era éste el modo de sostener una obra costosa en plena sabana.. El número de muchachos al principio era de pocas decenas, pero más tarde llegaría a 2.000, según aparece publicado en el periódico kenyata “East Africa Standard” el 19 de junio de 1970. Se trata de una información que no se verificó nunca, pero es verdad que una obra como aquella era única en Kenya. El H. Petrino tuvo la suerte de vivir al lado del P. Giovanni Bozanino, un hombre que tenía la virtud de resolver las situaciones incluso bajo un calor de 40º. Y no sólo eso, porque el P. Bonzanino había vivido ya esta experiencia cuando fundó la “Meru Boys Home”. La amistad y la colaboración prepararon un buen terreno para una acción misionera de alto valor. Mientras Bonzanino era un tipo calmo, el H. Mario tenía un carácter inquieto por naturaleza, además de por las circunstancias.

Conversión a la vida religiosa 

Mario Petrino había nacido en Miranda di Campobasso el 29 de noviembre de 1913, y en la iglesia de su pueblo fue bautizado el 7 de diciembre. Eran tiempos difíciles por motivos de recesión económica. Huyendo del paro y de la pobreza, su familia decidió emigrar a Estados Unidos. Y fue allí donde Mario tuvo que trabajar a fondo para sostener a su familia. Estas circunstancias hicieron que se volviera duro y cínico en relación con todo y contra todos.

La situación, con el paso del tiempo, cambió. Su familia adquirió en Denver un bar en el que Mario se afanó hasta la edad de veinte años, cuando se encontró con Mary Mosely, de Kansas City, con la que se casó civilmente hacia 1938. Pasaron algunos años de convivencia y en 1942 decidieron pedir en Missouri la anulación de su matrimonio. Poco después una amiga le sugirió que se hiciera misionero. Era como dar un salto en el vacío, pero comenzó a frecuentar ambientes misioneros. El arzobispo Vehr, de la diócesis de Denver, informaba el 18 de septiembre de 1960 al superior P. Joseph Moncher que, como no conocía a aquel hombre, tampoco podía concederle dispensa alguna.

Con carta del 15 de febrero de 1961, el P. Moncher declaraba que “el señor Mario Petrino deseaba sinceramente que se le admitiera en la vida religiosa, en el noviciado del Instituto Misiones Consolata, y que no hay en relación con él ningún impedimento, salvo el del matrimonio civil y respectivo divorcio”.

El P. Giovanni Piovano, canonista oficial del IMC, decía que la recusación del obispo de Denver era suficiente para anular cualquier concesión de otros obispos. Por tanto, el asunto debía ser resuelto por la Santa Sede.

La respuesta favorable a la petición hecha a la Santa Sede por el Superior General para que Mario Petrino ingresara en el noviciado fue comunicada por Propaganda Fide con carta del secretario monseñor Pietro Sigismondi.

Escribe el P. Leonard De Pasquale, superior regional: “Petrino se convirtió profundamente y decidió hacerse un hermano religioso. Buscó una orden religiosa y al final fue orientado por el P. Moncher al Instituto Misiones Consolata. Feliz de haber encontrado su camino, el H. Mario hizo el noviciado en Certosa di Pesio”. Agradecido, el H. Petrino escribía al P. Delio Lucca: “El noviciado ha sido para mí un tiempo de gran progreso espiritual, y así lo consideraré en el futuro. Estoy agradecido a la Consolata y a los Misioneros por haberme ayudado a realizar mi vocación”. Hizo la profesión temporal el 2 de octubre de 1962 en Rosignano Monferrato y la perpetua el 2 de octubre en Buffalo, N.Y. Hasta 1967 fue procurador de la comunidad de Estados Unidos.

Misionero en Kenya 

De 1969 a 1974, el H. Petrino estuvo en Garissa con el P. Giovanni Bolzanino, dedicado a la construcción de una carretera, una pista para pequeños aviones, un campo de juego y una huerta de melones. Pero su gran pasión era formar jóvenes para el trabajo y para su propia promoción y la del ambiente, así como para ganarse su sustento. Nada se hace por nada, decía. Y él daba ejemplo con su trabajo constante. Escribió cartas a sus amigos de América, invitó a periodistas a escribir sobre la Garissa Boys Town con el fin de recoger fondos para la realización del “five years development plan”. Pero no confiaba en los que, según él, tienen montañas de dinero pero no están dispuestos a darte ni un cigarrillo. Él, sin embargo, se sentía satisfecho de haber ayudado a la misión a ser autosuficiente, de haber promocionado a la gente del lugar y de haber creado un centro de adiestramiento para muchachos. Describió su experiencia en Garissa en un libro autobiográfico titulado “The Bomb Within Me, The Miracle os Garissa Boys Town”. El milagro fue posible gracias a la proximidad del P. Giovanni Bonzanino, al que expresa su afecto y admiración. En estas páginas, tan cortas para contener una verdadera historia, se percibe el fuego de una vocación misionera aceptada y vivida como una “bomba” a punto de explotar.

Animador misionero hasta la muerte

Escribía al superior: “Ahora se me ha asignado otro trabajo en América, el de difundir la idea misionera en las parroquias, escuelas y grupos de jóvenes, y de hacer amigos de los misioneros de la Consolata”. Próximo a los 68 años de edad, pedía al Superior General, P. Mario Bianchi, que se le destinara a hacer animación misionera en Toronto, Canadá.

“Vendrán días mejores”, solía decir. El P. De Pasquale escribe que era deseo suyo llegar en forma a los cien años. De todos modos, estaba agradecido a Dios por haberle dado la vida y la conversión a la vida religiosa. En el período vivido en Somerset, demostró su fidelidad a las prácticas de piedad y a la oración cotidiana. Era sacristán y el servidor de la comunidad. Ningún día dejaba de ir a la piscina para mantenerse en buenas condiciones físicas.

El 19 de febrero de 2002 comenzó a sentir algunos dolores. Él mismo se presentó rápidamente ante el médico conduciendo el coche. Terminaba de llegar cuando sufrió un infarto. Fue llevado inmediatamente al Jonhson University Hospital, donde fue atendido. A las 5,15, el P. Robert Rezac le administró la santa unción y a las 5.25 el H. Mario Petrino nos dejaba para siempre. Nos sentimos muy agradecidos por el testimonio que supo dar a todos los Misioneros de la Consolata.

P. Giovanni Tebaldi