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A LA REGIÓN ITALIA
11 de junio de 2003 Memoria de San Bernabé
Queridos Misioneros:
La visita a la Región Italia, que comenzó el P. Antonio Bellagamba en el mes de febrero de 2003 en Piemonte, la continuó el Superior General en los meses de abril y mayo, manteniendo contactos con las demás comunidades de la Región. Acompañaron a los dos visitadores los Padres J. A. Benedetti, consejero general, para Europa, y Franco Gioda, superior regional. La alternancia de dos visitadores fue sin duda una experiencia inédita, promovida por el último Capítulo General, cuyos aspectos positivos se han manifestado especialmente porque ha permitido estudiar los múltiples problemas que ocasiona la amplitud de la Región y la complejidad de sus actividades, partiendo de las diferentes sensibilidades, perspectivas y puntos de vista. Asimismo, la convergencia de las diversas lecturas de la realidad y de las sugerencias operativas, todas ellas reflejadas en esta carta, han hecho que los visitadores se convencieran más aún de que la Región Italia sigue teniendo una función especialmente significativa en el actual momento histórico que el Instituto está viviendo.
“Bajo el umbral del templo brotaba agua; por donde el agua pasaba, todo prosperaba” (cf. Ez 47,1-9.12)
Nuestro recorrido por las diversas comunidades de la Región ha tenido lugar en los tiempos litúrgicos de Cuaresma y Pascua. La reflexión cotidiana sobre la palabra de Dios, que a menudo hemos podido hacer juntamente con nuestros hermanos en las celebraciones eucarísticas, nos ha permitido detenernos en algunos temas que tienen especial relieve para nosotros los misioneros. Recordamos solamente una que nos complace volver a proponer aquí a todos nuestros hermanos de la Región. Está sacada de una página del libro bíblico del profeta Ezequiel (47,1-9.12) y describe la visión que tuvo el profeta cuando estaba sentado a las orillas del río Kedar, en Babilonia. Eran tiempos difíciles para el pueblo de Israel: deportación, esclavitud, pérdida de la patria y del templo, riesgo permanente de contaminación religiosa. La esperanzas de un regreso próximo a la patria eran cada vez más pequeñas, mientras que la dura realidad del exilio se dejaba sentir con toda su dureza. ¿Hasta cuándo durará este tiempo? ¿Cuándo se acordará Dios de su pueblos? La originalidad del texto bíblico está justamente en que señala y propone al pueblo que sólo en Dios se encuentra el secreto de toda esperanza futura y la capacidad de construir algo nuevo y duradero. Por este motivo, en el centro de la gran visión está el Templo de Jerusalén, del que brota un agua capaz de fertilizar la tierra árida y transformarla en un paraíso terrenal. El significado profundo de esta visión profética ilumina el camino que puede hacer que se recupere la esperanza aun en medio de situaciones muy difíciles y desesperadas, como podían ser las de un pueblo sin patria. Poner a Dios en el centro de la propia existencia significa para el creyente de todo tiempo que todo puede transformarse en gracia y que cada situación puede convertirse en experiencia de salvación. Lo importante es saber captar su sentido sabiendo discernir su presencia. La visita a la Región Italia ha puesto claramente de relieve lo pronunciada que es en los misioneros que trabajan y viven en ella la sensación de encontrarse en un momento especialmente crucial, con pocas perspectivas claras y estimulantes. La media de edad del personal sigue siendo cada vez más alta, las perspectivas vocacionales se mantienen reducidas, el peso de las obras y de las estructuras se deja sentir pesadamente en los que están llamados a hacerse cargo de ellas. Las perspectivas de un cambio de ruta de la situación presente no parecen perfilarse en el horizonte. Y sin embargo debemos saber mirar hacia adelante, con esperanza, confianza e inteligencia. Pensamos que tampoco debe ser difícil para nosotros, conforme a la visión de Ezequiel, encontrar un estímulo para no perdernos de ánimo ante las dificultades presentes. También hoy el agua que purifica y sana, que da vida y restaura, está ahí y sigue manando de la fuente perenne del Misterio Pascual, y toma forma en todo lo que nos gusta llamar “espiritualidad” o “vida según el Espíritu”. Pero sigue siendo indispensable que utilicemos los medios concretos para el agua llegue a nosotros.
Para inmunizarnos del síndrome del envejecimiento y del activismo
Hay un doble síndrome que está contagiando a muchos institutos religiosos presentes en el continente europeo. También nuestros misioneros que viven y trabajan en Italia pueden verse expuestos a ese peligro, por lo que se impone el deber de inmunizarnos adecuadamente contra él. El primero se manifiesta en un pesimismo persistente ante la realidad de la Iglesia y del Instituto, que posteriormente desemboca en la nostalgia del pasado o en la aceptación pasiva y resignada de la situación actual. La segunda, que es también una reacción al malestar actual, se evidencia en un excesivo activismo, en una reticencia a reflexionar y a discernir con serenidad, que se convierte con facilidad en deseo de aceptar compromisos que resultan desproporcionados para las fuerzas de que disponemos El envejecimiento de las personas –bien lo sabemos– es la consecuencia del fuerte descenso de las vocaciones que se ha producido en Italia, al igual que en los demás países de Europa, a partir de los años 70. Basta dar un vistazo a las estadísticas para darnos cuenta de este dato irrebatible. En 1972 los miembros IMC italianos eran 931, mientras que en 2003 han descendido a 467. La bajada más considerable se advierte, no obstante, en el número de los jóvenes en formación. En 1972 los estudiantes profesos italianos eran 95 y los novicios 24. Treinta años después, tenemos 3 estudiantes y ningún novicio. De 1977 a 2003 han sido 53 los misioneros de origen italiano que han hecho la profesión perpetua, con una media de dos al año. De cara al futuro inmediato, no se advierte cambio de tendencia. Las causas de esta drástica bajada son bastante conocidas. Ante un escenario como éste puede aparecer otro síndrome, igualmente negativo, y hasta más engañoso en sus diversos aspectos. Este síndrome adquiere visos de laboriosidad y de abnegación, y lleva a los misioneros, especialmente a los de edad intermedia y a los de más edad, a entregarse sin medida. No se quiere atemperar una efervescencia en las actividades que sólo era posible cuando las comunidades contaban con un número de personas que duplicaba al actual. Las consecuencias de esta situación repercuten no solamente en la salud física y en el descanso necesario, sino también en los momentos de la oración, de la reflexión comunitaria y de la formación permanente. Los misioneros más jóvenes, a su vez, se ven obligados muchas veces a asumir tareas para las que no se sienten preparados y aptos todavía. Se ven así expuestos algunas veces a situaciones muy exigentes y se deben dirigir actividades y obras sin el apoyo de un grupo de trabajo o de la comunidad. Tal vez la descripción que acabamos de hacer parezca a primera vista un poco negativa, pero la verdad es que no dista excesivamente de muchos otros análisis del panorama actual de los Religiosos en Italia. El realismo es siempre una actitud virtuosa que no puede dejarse al margen, por más que debamos evitar fijar la atención solamente en los aspectos negativos. Son muchas las realidades positivas en el panorama eclesial italiano y en el servicio misionero que la Región ofrece a esta Iglesia. Si nos hemos detenido en ello y si volveremos sobre esos elementos problemáticos es porque intentamos todos juntos descubrirlos debidamente y buscar los remedios más adecuados.
Nuestra terapia es la santidad y el discernimiento comunitario
Nos resulta espontáneo preguntarnos sobre las indicaciones que el Padre Fundador daría en este momento a sus misioneros que trabajan en la Región Italia y que pueden ser víctimas del desánimo o de la tentación de entregarse a un trabajo excesivo. Consideramos que podemos sugerir dos:
1. Vida según el Espíritu
No podemos afrontar este tema sin partir de un texto breve, pero profundo, de nuestras Constituciones: “El fin que nos caracteriza en la Iglesia es la evangelización de los pueblos; lo realizamos para gloria de Dios y en santidad de vida, según lo entendía el Fundador, cuando repetía: ‘Primero santos y, después, misioneros’. Este fin debe impregnar nuestra espiritualidad, guiar las opciones, cualificar la formación y las actividades apostólicas, orientar totalmente la existencia” (Const. 5). Santidad de vida o vida según el Espíritu fue siempre el primer objetivo propuesto por el Beato Allamano a sus misioneros. Si el Instituto llegara un día a perder esta meta, es evidente que el Fundador no lo subestimaría un instante, como si se tratara de una realidad ajena a su espíritu y a su proyecto misionero. La contingencia actual, como quizá ha sucedido en otros momentos cruciales en la historia del Instituto, no puede tener más vías de salida que la vuelta a las fuentes del carisma. Y allí es donde encontramos la fuerte e insistente llamada a la santidad de vida, como condición indispensable para ser misioneros de la Consolata. Hoy la Iglesia, con una insistencia que asombra y sorprende, sigue proponiendo a los Religiosos una alta medida de espiritualidad, con el fin de llegar a la santidad, que es su vocación específica en la Iglesia. Baste una cita de la instrucción Partir nuevamente de Cristo: “Se trata de apostar por la espiritualidad considerada en el sentido más fuerte del término, es decir, la vida según el Espíritu. La vida consagrada necesita especialmente hoy un impulso espiritual, que ayude a llevar a lo concreto de la vida el sentido evangélico y espiritual de la consagración bautismal y de su nueva y especial consagración” (n. 20).
2. La práctica del discernimiento
“Las dificultades y los interrogantes que la vida consagrada vive hoy pueden ponernos en un nuevo kairós, un tiempo de gracia. En ellos se esconde una auténtica llamada del Espíritu para descubrir las riquezas y las posibilidades de esta forma de vida” (Partir nuevamente de Cristo, 13). Nos corresponde a nosotros la tarea decisiva de vivir positivamente este “hoy”, dispuestos a discernir la voluntad de Dios y los caminos que en todo momento Él abre ante nosotros. De ahí que para nosotros los misioneros sea tan importante el discernimiento, así como la búsqueda y el cumplimiento de la voluntad de Dios, tan insistentemente inculcada por el Padre Fundador. Está fuera de toda duda que estamos viviendo un momento histórico de grandes cambios. Se habla de “tiempo de crisis” o de una “crisis generalizada”, que se extiende a todo, hasta a las realidades más sólidas y los valores más afianzados. Abundan en nuestro tiempo las incertidumbres, las ambigüedades y las dudas. ¿Qué podemos hacer nosotros para descubrir en todo esto el kairós y los caminos que el Señor nos indica? ¡El imperativo del discernimiento lo tenemos aquí! Sin entrar en los modalidades concretos de realizarlo (cf. Boletín IMC, 90), recordamos aquí algunas actitudes que no deben faltarnos si queremos descubrir la voluntad de Dios sobre nosotros mismos y sobre nuestro servicio misionero en Italia, para hacer surgir así en medio de nosotros motivos para la esperanza:
- El discernimiento debe ir siempre acompañado de una fe profunda en Dios, convencidos de que Él y el hombre son los constructores de la historia, incluso de la pequeña historia de nuestro Instituto. - Necesitamos leer frecuentemente la realidad que nos rodea. La invitación que nos llega del último Capítulo General no solamente exhorta a hacerla operativa en todas las Circunscripciones, sino que nos da ejemplo (XCG 9-17). Sugerimos que los responsables de la Región faciliten de manera especial esta lectura de la realidad italiana a los misioneros extranjeros y a los que vuelven a la patria después de muchos años de ausencia. - Mantengamos viva la esperanza en el futuro, conscientes de que Dios no nos abandonará. Después de la noche aparecerá nuevamente la luz. La comunidad regional debe implicarse al máximo en los diversos procesos de discernimiento frente a las opciones regionales más relevantes. - Todas nuestras búsquedas deben ir acompañadas de una actitud de honradez, evitando idolatrar o demonizar el presente. Tratemos de ver en todo momento el mal que existe, pero también los gérmenes de bien que siempre nos acompañan. El diálogo no debe faltar nunca, ni siquiera cuando, al tratar de buscar nuevos caminos, descubrimos que nos encontrarnos en posiciones opuestas.
Una Región decidida a ser “creíble y visible”
La Conferencia del 2000, momento significativo de la Región reunificada, quiso conjugar realismo y esperanza, poniendo tal vez más de relieve la segunda que la primera, en un proyecto que adoptó como lema: “Ser creíbles y visibles en Italia”. Siguiendo a grandes rasgos las líneas trazadas por la Conferencia, deseamos ahora ofrecer algunas reflexiones maduradas en el curso de la visita y resaltar los aspectos y las realidades que más han sido tomados en consideración a lo largo de los diálogos con los misioneros. Los detallamos de forma un tanto esquemática, con la esperanza de que puedan servir de ayuda al Consejo Regional y constituir un estímulo posterior en el camino emprendido por la Región.
La comunidad regional y su espíritu
La visita ha permitido ponernos en contacto con una realidad regional rica y compleja: las comunidades son 21, algunas de ellas numéricamente poco consistentes; los misioneros son actualmente 152, con una media de edad de 70 años; las casas de formación son dos: una para aspirantes y postulantes y otra para novicios; las parroquias son cinco, y cinco son asimismo las comunidades que sirven en las iglesias públicas o santuarios. Por otra parte, son innumerables las actividades a cargo de la Región, algunas de las cuales desbordan el ámbito regional y existen para ayudar a todo el Instituto (misioneros enfermos, cursos de formación y de lengua italiana, etc.). Ante un escenario como éste, tan complejo y variado, se imponen las visitas frecuentes y la permanencia del Superior Regional en todas las comunidades. Es un medio indispensable que asegura la unidad de la Región y favorece el crecimiento del espíritu de cuerpo. La primera visita del año debe ser programada para acompañar a las comunidades locales a redactar su proyecto comunitario de vida, y la última para compartir con ella una revisión global del año transcurrido. El Consejo Regional, siguiendo las indicaciones de la última Conferencia, ha decidido que el Director Regional para la Animación Misionera y Vocacional (AMV) no tenga más ocupación que ésta y se dedique especialmente al cuidado del personal que realiza este trabajo tan exigente. También esta opción nos parece correcta, no sólo porque promueve la unidad en las actividades de AMV, sino especialmente porque así se apoya a los propios animadores, que con frecuencia pueden sentirse aislados en su servicio e inermes ante tantos desafíos. Es oportuno que también él comparta la vida y las actividades de los hermanos mediante visitas prolongadas a las comunidades. La presencia, en fin, del Administrador Regional en las comunidades locales, en lo relativo a los ámbitos de su competencia, es asimismo apreciada y útil. Comunión y participación son otros dos elementos de importancia fundamental para crecer juntos y formar familia. No sólo la comunidad local debe encontrarse diariamente para la oración, sino que ha de saber reservarse un tiempo cada semana para una reunión comunitaria. Esta permite que compartamos todos juntos los problemas de la comunidad, del Instituto y de la Iglesia. Es un momento útil para escucharse, para manifestar los propios pensamientos, estudiar el camino de la comunidad, revisar y volver a programas todos juntos. Estos momentos, especialmente para las comunidades más grandes, son indispensables y deben anteponerse a cualquier otro empeño. La comunión y la participación deben asimismo ser vividas en ámbito regional con encuentros periódicos, informativos y comunicaciones frecuentes a través del correo electrónico. Invitamos a todos a poner el máximo empeño para que la comunidad local se convierta y se mantenga siempre como centro vital nuestra comunión. Sabemos lo fáciles que pueden resultar las fugas de la comunidad, enmascaradas tal vez por los compromisos de apostolado, por el debido descanso o el necesario recreo. Todo esto puede dañar seriamente la vida comunitaria y apagar el compromiso apostólico. Aludimos, finalmente, a otro medio que es fundamental para mantener y acrecentar un espíritu vigilante, creativo y positivo en la Región: la formación permanente. Sin adentrarnos ahora en este tema, nos limitamos a poner de relieve la oportunidad de que se repitan anualmente algunas iniciativas regionales de formación permanente que duren algunos días, que han sido ya experimentadas y han producido frutos evidentes. Concédase atención especial a los misioneros jóvenes por medio de momentos formativos especiales, oportunamente inscritos en la programación anual y presididos posiblemente por el Superior Regional o por un miembro de su Consejo.
“Id vosotros también a mi viña..”
El texto evangélico que cuenta que el dueño envía operarios a su viña en todas las horas del día nos recuerda una ley fundamental del Reino, según la cual la medida de la eficacia no siempre depende de tener un as en la mano. El celo, la fe y el amor son, por el contrario, los ingredientes que todos, jóvenes o ancianos, personas de experimentada habilidad o que sólo han hecho la primera experiencia, podemos utilizar, y son éstos una garantía de que los frutos pueden madurar incluso en terrenos muy difíciles o en situaciones nada propicias. El personal de la Región puede parecer a primera vista poco apto para trabajar en la viña que es la actual sociedad italiana, donde los retos son tantos y las dificultades, incluso dentro de la Iglesia, parecen insuperables. Sin embargo, el Señor sigue dirigiendo no solamente a los jóvenes de la primera hora, sino también a los de media edad o a los ancianos estas palabras: “Id vosotros también a mi viña...” Todos en la misma viña, aunque cada cual con una función específica, todos a cultivar el mismo campo al que la Providencia nos ha llamado, todos en torno al mismo proyecto que el discernimiento comunitario ha sabido determinar. Desde hace algunos años, en esta viña de Italia trabajan también misioneros de extracción geográfica y cultural diferente. La internacionalidad no puede ser solamente un dato efectivo. La internacionalidad debe convertirse en un reto que interpela la vida de cada uno y puede convertirse luego en un testimonio precioso, como dice el XCG: “La internacionalidad de nuestras comunidades expresa la catolicidad de la Iglesia y la hace visible. [...] Damos testimonio de que es posible vivir en fraternidad, superando toda barrera racial, cultural, social” (p. 29). Queremos dirigir aquí una palabra a las diversas categorías de misioneros con quienes nos hemos encontrado en la Región y que, especialmente en el diálogo personal, nos han abierto su corazón:
A los misioneros ancianos
Sois numerosos, contáis con una rica experiencia de trabajo apostólico en otras naciones y continentes, habéis vuelto a vuestra patria por motivos diversos, os encontráis con frecuencia un poco desorientados y casi os sentís extranjeros en vuestro propio país, lleváis frecuentemente en el fondo del corazón una nostalgia profunda recordando los campos misioneros que habéis tenido que abandonar. Vuestra misión, sin embargo, no ha terminado y no es tiempo de dejar los remos arrinconados en la barca. Para el misionero no llega nunca el tiempo de la jubilación. Os espera todavía una tarea importante y hermosa en la economía del Reino y del Instituto. Tres son los tareas que queremos recordaros y confiaros:
- El testimonio, que es de importancia fundamental para el pueblo de Dios y para nuestras comunidades. En vosotros habla la vida, una vida que anuncia, que propone. En una sociedad cansada de tantas palabras, vuestra existencia, transfigurada por años de misión y de entrega por la causa del Reino, es de una elocuencia muy especial, sobre todo cuando la acompaña la serenidad, el optimismo y la esperanza. Vuestra presencia es especialmente válida para animar a los jóvenes, que, aunque en medio de tantas contradicciones, son siempre muy sensibles a lo que es verdadero y auténticamente evangélico, y hasta se sienten fascinados por ello. - La oración: mientras vuestras fuerzas se debilitan, el espíritu se hace más vigilante en la oración y más atento en la contemplación. A lo largo de la visita hemos tenido la suerte de encontrarnos con muchos misioneros que se han enriquecido con la oración, que son capaces de encarnar lo escrito por el llorado monseñor Carlo Cavallera: “Cuando la misión se hace contemplación”. En la economía del cuerpo místico, ¡cuán útil es el tiempo pasado delante de la Eucaristía, el constante rezo de rosarios, la contemplación silenciosa y el dolor ofrecido! - El ministerio pastoral: a pesar de que los años van sumándose, todavía deseáis ser útiles en actividades pastorales. Efectivamente, el ministerio de la reconciliación, la Eucaristía celebrada con devoción por el pueblo de Dios, la disponibilidad para aceptar a las personas que tienen necesidad de una palabra de consuelo y de consejo, así como la visita a los enfermos, son actividades que pueden practicar muchos misioneros ancianos que encarnan perfectamente estas palabras del salmo 92: “En la ancianidad seguirán dando fruto, se mantendrán lozanos y floridos” (Sal 92,15).
A los misioneros de media edad
Vuestro número no es bastante alto; sin embargo, se os piden muchos compromisos y que os responsabilicéis de muchas tareas. Os entregáis con entusiasmo y celo, hasta dejaros llevar en algunos casos por una excesiva actividad por querer llegar a todo y responder a todos. Y así, día tras día, vuestra vida puede caer en el estrés o en la aridez. Algunos de vosotros, además, pueden haber pasado ya por la segunda o la tercera “alternancia” sin haber podido dedicarse durante un tiempo prolongado a un trabajo “misionero” en el que siempre se ha soñado. A todos vosotros queremos deciros lo siguiente:
- Cuidad vuestra persona, concedeos el descanso suficiente y tiempos bien programados para la lectura y la oración. No descuidéis la vida espiritual, que podría causar una decadencia de todo vuestro servicio misionero. - Cuidad la comunión con todos, pero sobre todo alimentad el máximo interés hacia la vida comunitaria, especialmente cuando sois responsables de comunidades. Alejad de vosotros la tentación del protagonismo que mortifica la comunión y divide a la comunidad. No concentréis sobre vosotros responsabilidades, sino sabed distribuirlas entre todos los que os rodean, bien sean los demás misioneros o los colaboradores laicos. Sentid al hermano que está cerca de vosotros como “alguien que os pertenece” (Vita consecrata, 51) y cuyas alegrías y sufrimientos, deseos y necesidades reclaman toda vuestra capacidad de compartir. - Cuidad la formación permanente, la vuestra y la de la comunidad. A vosotros especialmente, por el papel que quizá tenéis en la comunidad y por las responsabilidades que se os han confiado, están dirigidas especialmente estas palabras de la instrucción Partir nuevamente de Cristo: “Será entonces sumamente importante que toda persona consagrada sea formada a la libertad de aprender durante toda la vida, en toda edad y en todo tiempo, en todo ambiente y contexto humano, de toda persona y de toda cultura, para dejarse instruir por todo fragmento de verdad y de belleza que se encuentra alrededor de ella” (15).
A los misioneros jóvenes
Vuestro número es relativamente pequeño si lo comparamos con las cifras de hace algunos años en la Región Italia. Algunos de vosotros procedéis de otras Circunscripciones, especialmente de África. Os encontráis todos en vuestra primera experiencia misionera. Vuestro campo de trabajo es la AMV, campo sin duda muy exigente. Sentimos que debemos deciros también a vosotros en este momento lo siguiente:
-Gracias por haber aceptado el reto nada fácil de trabajar en el campo vocacional y de hacerlo en Italia. Como dijo el XCG, vuestro trabajo ad gentes es sumamente necesario para el futuro de la misión y del Instituto. Amad este servicio hecho a la misión entre los jóvenes. - Desead ser introducidos adecuadamente en vuestro trabajo, especialmente al comienzo de vuestro servicio. Esto vale no solamente para los que proceden de otras Regiones, sino también para los italianos que han recibido su formación de base en el extranjero. Pedimos al Consejo Regional que se inserte a estos hermanos nuestros en verdaderos grupos o comunidades de trabajo y que no queden abandonados a sí mismos. - Habéis dejado el seminario, pero vuestra formación prosigue. Inscribios periódicamente en el curso de cada año para profundizar junto con el Superior Regional en vuestra vocación, para compartir entre vosotros vuestras primeras experiencia de vida misionera y de trabajo, y para poderos identificar siempre más con vuestra familia misionera. Tened todos un guía espiritual que os ayude a crecer y superar posibles dificultades. - Os encontráis con frecuencia compartiendo vuestro tiempo con los jóvenes. Mientras por una parte vuestra presencia es un medio indispensable para conocer a la juventud y dialogar con ella, por otra debéis dar testimonio de un modelo de vida alternativo, que sabe encontrar tiempos necesarios y suficientes para la oración, el descanso y la comunidad.
Las vocaciones en Italia: entre el invierno y la primavera
Las vocaciones siguen siendo el objetivo prioritario de la Región Italia como confirmó con convicción la Conferencia Regional del 2000. Los misioneros que trabajan en este país saben que a ese fin tienden todas sus actividades y todo su esfuerzo. A pesar de empeño puesto en los años pasados, los resultados en este campo siguen siendo escasos. No nos adentraremos ahora en el análisis de los motivos que están en la raíz de esta situación, motivos que van bastante más allá del ámbito de nuestro Instituto y que afectan a todas las comunidades religiosas en Italia. En el contexto de esta visita, preferimos más bien detenernos en algunos temas que han sido más debatidos y confirmar convicciones que se querría que se convirtieran en patrimonio común del mayor número posible de misioneros que trabajan en Italia.
1. Que no falte la valentía de la propuesta
Es una impresión bastante difundida de que en la Región, aunque las iniciativas en el campo vocacional son muchas, persisten aún los titubeos y las reticencias para presentar claramente a los jóvenes la propuesta vocacional misionera. Quizá en la base de esta actitud podría haber cierta desconfianza del misionero en relación con los jóvenes, quizá un complejo suyo de delegación (¡”eso no es cosa mía!”), o tal vez la incapacidad para establecer un diálogo vital con el mundo juvenil. Sea como fuere, es éste sin duda el mejor servicio que podemos hacer a una persona que se pregunta sobre su futuro y sobre el sentido de su vida. Según la programación regional, todas las comunidades de la Región y especialmente las específicas de AMV deben poner en marcha iniciativas vocacionales. Tales iniciativas, que suelen ser llamadas “puntos de luz”, deben contar con el apoyo y el interés de todos los misioneros. Son ellas la punta diamantina de todas las demás actividades de animación misionera. Nuestros jóvenes en período de formación pueden también ser agentes privilegiados de esa propuesta gracias a su fácil inserción entre otros jóvenes y muchachos de su edad. Las iniciativas que prevean la participación de nuestros jóvenes en período de formación deben ser debidamente estudiadas y promovidas.
2. Iniciativas vocacionales que crean escuela
Muchas han sido las iniciativas vocacionales que se han puesto en marcha en estos últimos años en Italia para conseguir llegar hasta los jóvenes y presentarles la belleza de la vocación misionera. Algunas de ellas han tenido más éxito y eficacia que otras. Ofrecemos la lista de tres tipos que, a nuestro parecer, pueden servir como inspiración para todas las comunidades y ser objeto de discernimiento. Serán fecundas en la medida que se integren mutuamente:
- Las escuelas de oración y la dirección espiritual: sólo quien hace una experiencia en la escuela del Maestro es capaz de escuchar la llamada a seguirle en la misión. Ejercicios espirituales, jornadas de espiritualidad y lectio divina continuada han contribuido a crear en los jóvenes el gusto de la oración y del silencio. Algunos frutos de esto son ya visibles y otros no tardarán en llegar. - El compromiso en el campo de la justicia, de la paz y de la integridad de la creación es parte intrínseca de la misión. Invitar a los jóvenes a iniciativas en favor de la paz, en proyectos de solidaridad y de intercambio con los pobres, en la defensa de los derechos humanos, en campañas de sensibilización sobre temas ecológicos y de promoción del comercio justo y solidario, significa tocar las cuerdas íntimas de la sensibilidad e iniciar un diálogo que, integrando poco a poco otras dimensiones de la fe cristiana, pueden desembocar en un camino vocacional. - El contacto directo con la misión se ha convertido para algunos jóvenes nuestros en una experiencia decisiva que los lleva a hacerse esta pregunta: “¿No será que el Señor me llama a mí también a la misión?”. Hoy en día, en una sociedad como la italiana, los viajes intercontinentales son fáciles para muchas personas. Si se les prepara con una formación adecuada y se les acompaña debidamente, en comunión entre la Circunscripción que envía y la que recibe, constituyen un medio válido de propuesta vocacional misionera.
3. Un camino personalizado
Toda vocación cristiana nace y madura cuando la persona sabe escucha íntimamente a Jesús, cuando se establece una relación de discípulo con su Maestro. En el misterio de una vocación, nosotros sólo podemos ser mediaciones y portavoces de Otro que llama. Él es quien ha ofrece este don. A nosotros sólo nos corresponde favorecer el clima y ofrecer los medios para que los jóvenes puedan entrar en este diálogo amoroso con Cristo. Aludimos a dos: la dirección espiritual y la acogida de los jóvenes en nuestras comunidades para una experiencia de vida y misión. En Italia existen cinco centros específicos de animación vocacional, y son éstos los primeros que deben ofrecer a los jóvenes tales medios. Pero cada uno de nuestras comunidades puede ser un lugar adecuado para el “venid y ved” (Jn 1,39) si allí se encuentran misioneros realizados en su vocación y gozosos de trabajar por el Reino de Dios, es decir, capaces de escuchar , de dar testimonio de vida y de acompañamiento espiritual.
4. Nuestros jóvenes en formación
Con alegría hemos visto que su número ha crecido en los últimos años, aunque todavía no sean muchos. La Región Italia se siente contenta de acogerlos y les ofrece lo necesario para su discernimiento vocacional y para prepararles a responder definitivamente a la llamada de nuestro Instituto. Deseamos poner de relieve tres aspectos de su camino formativo:
- Conviene insistir, desde el principio de su formación, en la centralidad de la vida espiritual, en la dimensión misionera propia de nuestro carisma y en la responsabilidad de los jóvenes como primeros sujetos de su formación. - Aunque su camino formativo acabe de empezar, hay que introducirles gradualmente en experiencias pastorales significativas y acordes con nuestra vocación. Recordemos también que su presencia en medio de jóvenes de su edad puede ser una propuesta vocacional fuerte y significativa. - Un elemento formativo que debe tenerse en cuenta desde su entrada en la comunidad es la comunión de bienes y la austeridad de vida que la vocación misionera implica. También se les debe someter, a lo largo de su primera formación, a experiencias de trabajo para ayudar financieramente a la propia comunidad. En este contexto, queremos expresar nuestra satisfacción por la disponibilidad del Consejo Regional para acoger e insertar jurídicamente el Seminario Teológico de Roma en la Región Italia.
5. Laicos misioneros de la Consolata
Consciente de que el Señor llama también a los laicos a seguirle en la misión, el último Capítulo General invitó a todo el Instituto a abrir sus puertas y acompañarles en la realización de su vocación misionera según el carisma del Beato Allamano. El nuevo estatuto, cuya redacción acaba de completarse, favorecerá un camino de unidad en todas las Regiones, aunque permitiendo a los laicos la debida autonomía en la realización de su vocación La invitación que la visita dirige a todos los misioneros que se encuentran en Italia quiere disipar los últimos titubeos para conseguir que estén disponibles y sean acogedores con los laicos que se acercan a nosotros y nos piden que los acompañemos en la realización de su específica llamada misionera. La Región maduró en el pasado iniciativas diferentes en favor de los laicos misioneros. La petición que nos hizo el Capítulo General fue que trabajemos en un camino unitario en todo el Instituto. Con esto no se quiere eliminar la peculiaridad de las experiencias positivas pasadas, sino que se quiere exaltar su complementariedad, asegurando así un futuro a los laicos que quieran vivir la misión en comunión con nosotros y según el espíritu del Beato Allamano.
Animar misionalmente a Italia
El último Capítulo General fue muy explícito sobre la función y el significado que la animación misionera debe tener en Europa. Lo que dice el Capítulo ilumina la realidad actual de Italia y sugiere orientaciones útiles. Recordemos algunos textos: “El Capítulo cree que las Circunscripciones de Europa y Norteamérica deben continuar la animación misionera y vocacional como una importante tarea que les incumbe. Reconociendo que las mismas exigencias de animación se imponen en los demás continentes y consciente de la escasez de personal en el Instituto, les pide que reelaboren un proyecto propio de animación misionera y vocacional compatible con estas exigencias. Teniendo como objetivo la cualificación del personal dedicado a este sector, elijan ámbitos prioritarios de acción, como la promoción de la reflexión teológica, los medios de comunicación social, la animación juvenil, la cooperación y la solidaridad” (p. 87). Nos detenemos en algunos aspectos que la visita ha afrontado con atención especial.
1. Ad gentes en Italia
De acuerdo con las directrices capitulares que abrían las puertas a nuestro peculiar ad gentes también en Europa, la Región Italia, tras un atento discernimiento, ha optado por un trabajo pastoral en la parroquia de Platì, en Calabria. Esta localidad, donde la gente, pero especialmente la juventud, vive en un clima de delincuencia muy extendido, se presta bien para un trabajo pastoral que podemos considerar como ad gentes. Nuestros misioneros, además de ofrecer un trabajo pastoral útil y de nueva evangelización en una iglesia local muy necesitada de clero, están disponibles para acoger a nuestros jóvenes en formación y a otros que se encuentran en período de discernimiento vocacional y en busca de experiencias significativas. Dos años de presencia en esta parroquia no permiten todavía sacar conclusiones. Pero podemos hacer una lista de algunas orientaciones útiles para un camino futuro que se han decantado durante la visita:
- El trabajo de pastoral y de evangelización debe siempre avanzar al compás de una atención a las exigencias de la animación misionera y vocacional de las comunidades de la Región; - Una simple experiencia pastoral no es suficiente. Debe ser “misionalmente iluminada”, es decir, debe reflejar un plan pastoral estudiado atentamente, que tenga presente la compleja realidad local y las características evangelizadoras de nuestro carisma; - La necesidad de un trabajo de consolación y de reconciliación se impone con cierta urgencia. Las experiencias hechas en este campo por algunas de nuestras Circunscripciones pueden ayudar a trazar una metodología apropiada de trabajo en Platì; - Es oportuno favorecer el encuentro de la gente del lugar con otras experiencia eclesiales y pastorales significativas. Los laicos y los jóvenes provenientes de fuera pueden ser una forma oportuna de superar una mentalidad cerrada y condicionada por la delincuencia; - La comunicación frecuente con las demás comunidades de Italia puede ser un medio indispensable para evitar que esta experiencia se quede aislada y para que pueda jugar un papel importante en el contexto de la animación misionera de la Región.
2. Sembremos misión con confianza y a manos llenas
Una mirada de conjunto a la realidad de la animación misionera ha afianzado la convicción de que hay que aprovechar al máximo las potencialidades que Italia ofrece todavía. Basta recordar la riqueza de la experiencia misionera de tantos hermanos nuestros, el impacto que dos de nuestras revistas pueden producir en el público italiano, la difusión de los libros misioneros que la Editorial IMC publica en gran cantidad y calidad, nuestra página web constantemente actualizada y teniendo en cuenta especialmente al público juvenil, el museo, la biblioteca y la librería de Turín. Deben asimismo cuidarse los innumerables grupos de apoyo y de voluntariado que mantienen contactos con nuestras realidades misioneras en África o en América y que actúan en el territorio de la Región. Si se les acompaña y forma debidamente, pueden convertirse en inigualables animadores misioneros de nuestras iglesias locales. Los seminarios menores del pasado formaron innumerables grupos de jóvenes que, aunque no hayan optado por la vida consagrada en el instituto, siguen aún hoy siendo sensibles a los valores de la misión y al compromiso cristiano. Son colaboradores muy útiles para sembrar los valores de la misión en las parroquias, en el mundo del trabajo, en los colegios y en las familias. Animamos a promover nuestra presencia y la de los laicos en las escuelas en favor de una sensibilización de la juventud hacia los valores de la mundialidad, de la interculturalidad y del conocimiento de los pueblos. Es un medio que la Región valora nuevamente y que en muchos lugares encuentra acogida entusiasta. Constituye un primer contacto y un diálogo con los jóvenes, que podrán ser luego continuados con modalidades diversas fuera de las escuelas. Los medios más tradicionales de animación misionera, así como las jornadas misioneras y las semanas de sensibilización, la difusión de la prensa misionera y la formación de grupos de oración por las vocaciones no deben olvidarse, sino tenerse muy en cuenta junto a otros medios más modernos como las intervenciones en las televisiones locales y en los programas de radio, la semanas de estudio y de profundización misionera, etc. Tampoco debemos olvidar la siembra de iniciativas de AMV en ámbito continental. Tales iniciativas pueden ser eficaces en el contexto social actual y a favor de nuestra presencia en el continente. La Región Italia, por la entidad de sus obras y el número de sus miembros, puede desempeñar un papel especial de estímulo y de animación.
3. Vigilantes sobre los temas de la justicia y de la paz
El Capítulo General nos recuerda: “Con evangélica conciencia crítica nos convertimos en voz de los excluidos de todo tipo, y a ellos les damos voz. Es una forma de hacer misión claramente indicado en muchos documentos del episcopado latino-americano, así como por el documento Ecclesia in Africa.... Anunciar al verdadero Dios de la vida revelado en Jesucristo comporta luchar contra todos los ídolos y las opresiones, aunque alguna toma de posición implique contestación y conflicto” (p. 51). Aunque es verdad que la misión no es solamente esto, debemos afirmar claramente que también es esto. La sociedad y la Iglesia en todos los continentes son cada día más sensibles a estos temas y quieren ver en los misioneros, expuestos más que otras personas de Iglesia a las formas más variadas de injusticia social y a las contradicciones de una globalización con frecuencia salvaje, a personas sensibles y equilibradas, valientes y prudentes al mismo tiempo. También en este campo debemos ser personas capaces de concienciar a todos con los medios de que disponemos. Colaboramos de buen grado con organismos, eclesiales o no, sensibles a estas realidades, pero atentos a no caer en la parcialidad o el partidismo. También deben acogerse favorablemente y contar con la colaboración de todos las diversas campañas de sensibilización nacidas en contextos de nuestras realidades misioneras. Nuestro servicio entre los inmigrantes cuenta con una historia de muchos decenios y ha adquirido características peculiares en el ámbito local.. Tal servicio representa una forma de compromiso que nos interpela como misioneros. Este tipo de apostolado debe tener una referencia constante en las directrices de la iglesia local. La visita ha señalado que la comunidad regional está creciendo en este espíritu, tan presente en los documentos de la Iglesia, bien que con alguna tensión y con necesidad de alguna clarificación.
La valentía de podar
Cuando hablamos de “podar” queremos decir “revisar” o reducir nuestros compromisos misioneros. Partamos en primer lugar de lo que nos dice el Capítulo: “Toda Circunscripción, en su Conferencia Regional, debe elaborar un programa de revisión y comprobación según las orientaciones del Capítulo. Con este fin, revise sus compromisos; determine los que debe abandonar, especificando sus tiempos y modos; asuma otros nuevos, mediante acuerdos claros con los ordinarios del lugar, según las reales posibilidades de la Circunscripción y los ámbitos indicados por el Capítulo; tenga en cuenta a los misioneros que por ancianidad o por otros motivos no pueden adaptarse a los nuevos cambios” (p. 48). De este texto se hizo eco la Conferencia Regional: “La Conferencia es consciente de que se deben cerrar centros en Italia y confía a la Dirección Regional la concretización de esta determinada orientación” (n. 12). La Región Italia no ha avanzado todavía en esta dirección. Al contrario, en los últimos años ha contraído nuevos compromisos sin hacer ninguna revisión. Los resultados negativos comienzan ya a sentirse de forma pesada, al tiempo que la Dirección Regional se ve incapaz para destinar el personal necesario para todas las obras. Así las cosas, los responsables de la Región necesitan tener el valor de “podar”, conscientes de que solamente así las comunidades podrán reanudar un camino más resuelto y sereno. Por consiguiente, proponemos que el Consejo Regional elabore cuanto antes un programa de revisión que permita concretar lo que el Capítulo General pidió a la Conferencia Regional: “Determine los que debe abandonar concretando los tiempos y los modos”. Con tal fin, deben preverse momentos de discernimiento y de consulta de las comunidades regionales.
Espigando en una realidad amplia y compleja
Una relación del final de visita no puede pretender analizar todas las realidades de una Región tan vasta y articulada como es Italia. Elegimos algunas que se han puesto de relieve con más insistencia en el curso de los diálogos personales o durante los encuentros de comunidad.
1. Cuidado de los ancianos y de los enfermos
Lo tratamos en primer lugar porque queremos dar sinceramente las gracias a la Región por su desinteresada y generosa obra en favor de los misioneros ancianos y enfermos, tanto de los propios como de los de otras Circunscripciones. Este sentimiento de gratitud queremos hacérselo llegar también a todas las personas que con amor y generosidad trabajan en este servicio. La enfermería de Turín sigue desarrollando una labor excelente como primera acogida de los misioneros necesitados de asistencia, en la coordinación de las prestaciones médicas u hospitalarias y en la media estancia. Las estructuras parecen adecuadas para el servicio que está prestando. Es necesario confirmar la necesidad de una información tempestiva y puntual por parte de las Circunscripciones que envían a los misioneros necesitados de atenciones sanitarias. Con mucha frecuencia el personal de enfermería se encuentra ante difíciles situaciones de emergencia y le resulta imposible poder garantizar todos los servicios necesarios para tantos casos como se presentan. También es un útil servicio el hospital Koelliker a muchos hermanos enfermos, especialmente en casos de emergencias y cuando se trata de servicios ambulatorios. En breve tiempo comenzarán los trabajos en la nueva casa “Beato Allamano” de Alpignano, que sustituiría el edificio actual, adquirido por el Ayuntamiento y destinado a acoger a la ciudadanía. Se espera así que la nueva casa ofrezca una mejor acogida a los hermanos ancianos y enfermos, y que tenga finalmente categoría de ley. La nueva casa será algo más grande que la actual y podrá responder positivamente a las nuevas peticiones de bienhechores que piden ser huéspedes nuestros.
2. Hacia una colaboración más amplia
La situación precaria del personal de la Región y la gran multiplicidad de compromisos a los que debe hacer frente sugieren que se emprenda con valentía el camino de una colaboración más intensa con el personal laico, tanto asalariado como voluntario. En un pasado no lejano, todas las comunidades trataban de hacer frente con sus fuerzas a las propias necesidades, desde los servicios domésticos a los más específicos de la animación misionera. Ahora hemos comenzado a abrir las puertas de nuestras comunidades a los laicos y estamos descubriendo lo providencial que es esta corresponsabilidad en los proyectos apostólicos, incluso en los que son más específicamente nuestros como misioneros. Es una nueva página que estamos abriendo y sobre la que estamos comenzando a escribir cosas hermosas. Pero debemos hacerlo con humildad y empeño, así como con el espíritu al que nos exhortan los documentos de la Iglesia. Durante muchos decenios la Región ha gozado del estupendo servicio ofrecido por las Misioneras de la Consolata en nuestras comunidades, especialmente en las formativas. Ahora su presencia se limita a la comunidad de los hermanos ancianos de Alpignano. No obstante, se van descubriendo modos nuevos de colaboración, especialmente en el campo de la animación misionera. Debemos saber ofrecerles nuestra ayuda fraterna, como los últimos Capítulos Generales nos han exhortado a hacer.
3. Una economía de solidaridad
La aportación generosa de los bienhechores y la laboriosidad de los misioneros que trabajan en Italia no solamente garantizan la autosuficiencia económica de la Región, sino que permiten ofrecer importantes sumas en ayuda de las obras misioneras, bajo el signo de la fraternidad y la solidaridad. En este momento en que todo el Instituto está comprometido en la profundización de la carta “Pobreza, economía y misión”, exhortamos a los misioneros de la Región Italia a tratar de perfeccionar, dentro del espíritu de la carta y el diálogo con las Regiones, sus aportaciones de solidaridad en favor de los innumerables proyectos misioneros, apoyándose en la Cooperación Misionera Onlus. Deben tenerse muy en cuenta especial los grupos de apoyo a proyectos misioneros presentes en gran número en la Región; búsquese el mejor camino para perfeccionar la coordinación con la Región y la comunidad local teniendo presente la formación misionera. La relativa prosperidad económica de la que disfrutan las comunidades no debe favorecer distracciones o ligereza en cuanto a la práctica de la pobreza religiosa y al testimonio de austeridad que nuestra vocación misionera exige. Que todos acojan favorablemente las propuestas para compartir los bienes, tanto dentro de la Región como con otras Circunscripciones, así como las sugerencias que tratan de favorecer nuevos estilos de vida. Una mención especial sobre el Departamento Herencias, que a través de contactos con los bienhechores y la observancia de las prácticas de la herencia asegura a la Administración General una ayuda importante a favor de nuestras obras misioneras. Todos los misioneros de la Región deben colaborar de buen grado con los que trabajan en este Departamento, favoreciendo relaciones cordiales con los bienhechores y manifestando nuestro agradecimiento a todos los que con sus bienes permiten al Instituto realizar su misión.
4. Parroquias e iglesias públicas
La visita nos ha permitido contactar con una realidad pastoral exigente y compleja, expresada en las actividades realizadas por las cinco parroquias y otras tantas iglesias públicas. Recordemos en primer lugar que las normas sobre las parroquias en Europa y en Norteamérica dadas por el Capítulo General de 1987, no han sido corregidas por los siguientes Capítulos y que, por consiguiente, mantienen su validez fundamental. El texto capitular afirmaba: “Dada la especificidad de nuestra vocación, el Capítulo considera que las parroquias no deben ser asumidas ni conservadas como instrumento para la animación misionera y vocacional ni para poner en ellas personas que no pueden ser destinadas a otro sitio” (n. 9). La propia relación del Consejo Regional, preparada para la visita canónica y confrontada con los misioneros en los diálogos y en los encuentros de comunidad, manifiesta perplejidad y dudas sobre nuestra nutrida presencia en las parroquias. Salvo algunas excepciones, nuestras parroquias no consiguen, efectivamente, responder a la específica finalidad de animación misionera y vocacional propia de la Región. Es pues oportuno que en los acuerdos con las diócesis y en el estudio de la reestructuración regional sean tenidas en cuenta las normas del Instituto y proceder a una gradual, pero real, revisión de esos compromisos. Algo diferente cabe decir sobre las iglesias públicas, a cargo de la Región, que ofrecen a los misioneros la posibilidad de trabajar pastoralmente y, al mismo tiempo, pueden ser medios eficaces de animación misionera y vocacional. Los misioneros dedicados a estas iglesias deben actuar siempre en comunión y colaboración con su comunidad, teniendo presente la responsabilidad del Superior local.
Conclusión
Queremos terminar excusándonos por no haber dado suficiente relieve en esta relación a todas las obras visitadas y a todas las actividades con las que hemos contactado. Sería una empresa muy ardua. Deseamos dar las gracias a todos por la acogida que nos habéis dado y por todas las cosas que habéis querido compartir con nosotros. Son signo de un espíritu de familia vivo y de una intensa participación en la vida del Instituto y de la Región. La presencia del Superior Regional, P. Franco Gioda, que nos acompañó a lo largo de toda la visita, constituyó una ayuda y un estímulo inigualables. Se lo agradecemos muy cordialmente. Gracias también al consejo Regional, con el que nos hemos encontrado dos veces y que fue pródigo en indicaciones y sugerencias. Nuestro agradecimiento también a las Misioneras de la Consolata, con las que nos hemos encontrado en sus diversas comunidades a lo largo y ancho del país. Nos han acompañado con su simpatía y su oración. Que el Beato Fundador, que desde la Casa Madre sigue siendo para todos los misioneros recuerdo, maestro y guía, os acompañe en vuestro trabajo y os bendiga. Os saludamos fraternalmente en María Consolata.
P. Piero Trabucco, IMC (Padre General) P. Antonio Bellagamba, IMC (Vicesuperior General) P. Jean A. Benedetti (Consejero Continental)
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