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| Padre ERSILIO D'ERRICO |
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| Escrito por P. Giuseppe Mina | |
| 19.02.2006 | |
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P. ERSILIO D’ERRICO 1922-2003 Hijo de Enrico y Anna Tagliaferri, nació en Rivergaro (Piacenza) en 1922 y entró en el Instituto en 1942, proveniente del seminario de Piacenza, donde había cursado estudios de humanidades clásicas. En 1941, escribiendo el P. Sandrone, vicesuperior general, habla de la lucha que tuvo que sostener para convencer a sus padres, ya que era hijo único, para que le dejaran hacerse misionero, para lo que contó con el fervor de su oración a la Inmaculada. Su entusiasmo no tiene par: consideraba un favor de la Providencia haber conocido al P. Merlo Pick, en Gambettola, encuentro que despertó en él la vocación misionera. En una ocasión le da las gracias por el envío de la revista “Missioni Consolata” y remite una cantidad para que le envíen los números atrasados de esa revista y el calendario misionero, para poder así “desde ahora estar unido en espíritu a la familia que, si Dios quiere, será pronto la mía, y conocer cada vez mejor el campo del apostado a ella encomendado”. Se consagra al Señor con la profesión religiosa en 1943 y es ordenado sacerdote en 1947. Se le encomienda el cargo de “prefecto” en el seminario de Montevecchia, cometido que “le ahoga” y para el que no se siente especialmente entusiasta. En 1951, escribiendo al Superior General, aunque acepta plenamente la voluntad de Dios, insiste en que “no desea puestos de mando, importantes o en los que pueda ser valorado, sino donde pueda trabajar mucho...”. Convertido en misionero listo para ir a la misión, el P. Ersilio se da cuenta de que no siempre la voluntad de Dios es condescendiente con nuestros sueños y se ve obligado a ser animador misionero en Europa a lo largo de veinticinco años. Efectivamente, ya en el seminario teológico había revelado su especial carisma de animador misionero vocacional. Carisma que sabrá expresar plenamente en ámbito local, en la casa de Bevera (1952-1959) y seguidamente en ámbito regional, en Italia (1960-1969) y en España (1970-1973). Fue importante su aportación a la organización de la animación misionera en España. Gracias a él, en efecto, el sector prensa recibió un fuerte impulso. Son dignos de mención, en este período, los “Cuadernos de Antena Misionera”, entre los que figura una colección de pensamiento del Padre Fundador. En 1972 celebra sus bodas de plata sacerdotales y pide en tal ocasión, suplicante y sincero, al P. Mario Bianchi, superior general, que le conceda el regalo de un destino misionero. “Buena sangre no miente”, le responde el Superior General alabando sus deseos de partir. Pero el regalo que le pide es difícil de conceder, ya que es consejero, administrador y director de animación de la Delegación y su presencia y trabajo se consideran útiles, si no indispensables. En 1974 puede por fin partir rumbo a Argentina, pero la soñada tierra de misión se revela una vez más como un campo de animación misionera. Apenas llegado a la Región, es nombrado director de un equipo de animación misionera y como tal entra en la Conferencia Regional que tiene lugar en marzo, un mes después de su llegada. Aquí presenta un esquema de reforma del sistema de animación que es aprobado en su totalidad. Dice en aquellos días cuando escribe al P. Bianchi: “Por mi parte, apunto siempre hacia el Chaco o Formosa y he aceptado una vez más seguir en la animación misionera por puro servicio y amor a nuestra comunidad”. Como encargado de la animación misionera, da un gran impulso a la revista “Misiones Consolata”, de la que es único redactor y editor. En 1974 ésta celebra sus bodas de plata, ocasión para su relanzamiento a gran estilo, con una renovación tipográfica y con un aumento significativo de su tirada. Dos años después se le llama a Italia como director del Departamento General de Animación Misionera, responsable del sector vocacional (1976-1979). La llamada a Roma es una señal evidente de la estima de su experiencia y de sus capacidades como animador misionero. Estas dotes las pone al servicio de un cometido nada fácil: se trata de organizar un centro partiendo de cero y sin disponer de personal, medios ni poder efectivo. El P. Ersilio se multiplica para poner en marcha una organización moderna y eficaz de la animación misionera en las diversas regiones. Gracias a él el Instituto toma conciencia de la importancia del uso de los medios de comunicación social y de manera especial de los audiovisuales en este sector. En el encuentro de los Departamentos generales que tuvo lugar en Turín los días 12-14 de febrero de 1976 presenta “ideas y propuestas” para la programación de un centro, del que destacan como opciones fundamentales y prioritarias el estudio de la problemática general de las misiones y de la vocación; la preferencia que debe darse a la promoción vocacional sobre las demás actividades; la asistencia asidua al personal, la actividad y la organización de la animación misionera en las Regiones, Delegaciones y Grupos y una espiritualidad sólida, alimentada con iniciativas concretas, como fundamento y fuente de la AM y de la promoción vocacional. Para el P. Ersilio la animación misionera no es una hermosa teoría: para ser eficaz necesita instrumentos concretos que la hagan visible y comprensible su mensaje. De ahí la propuesta de un Centro de Estudio y Documentación en Turín que agrupe los mass media del Instituto y la sistematización y utilización del material fotográfico, etnográfico y documental de la Casa Madre en colaboración con las Regiones. En 1977 crea TELEXAM, el órgano de información y relación con la Departamento General de Animación Misionera. Son ocho páginas en multicopista que se proponen informar a todos y mantener informados a los diversos departamentos regionales sobre lo que se está haciendo en el Instituto en el campo de la animación misionera y de la promoción vocacional. Se trata de un pequeño instrumento por medio del cual el P. Ersilio piensa poder echar una mano concreta a los animadores de las diversas Regiones. También en 1977, en la Casa General, se crea el Centro Misionero IMC al servicio de la iglesia local. Se trata de un edificio que comprende un salón-cine, museo, sala de conferencias, librería misionera, exposición-venta de objetos de los artesanos del Tercer Mundo. En 1978 el centro, dirigido por el P. Ersilio, partiendo de un cuestionario enviado a todas las Regiones, lleva a cabo un estudio profundizado sobre el problema de la promoción vocacional para ver con claridad qué tipo de misionero proponemos, las relaciones entre nuestra promoción vocacional y nuestra inserción en la iglesia local, el camino que se hace recorrer para clarificar la vocación a quien expresa el deseo de hacerse misionero. Víctima de algunos problemas de salud y no pudiendo llevar adelante su responsabilidad en el centro, en 1979 vuelve a Argentina, donde trabaja como responsable de Cáritas de Pirané y luego como secretario de la comisión episcopal de las misiones. En 1984 vuelve a Italia y sigue ofreciendo su servicio de animación misionera, primeramente en la casa de Milán y luego en Turín como responsable del Departamento Internacional y Documentación del CAM. Corona su carisma de animador vocacional misionera con la publicación de “Sulle vie dei popoli”, atlas rico en topografías y explicaciones que ilustran el desarrollo de las misiones de la Consolata en el mundo. Concluye su vida apostólica como rector del Santuario de la Madonna del Monte, en Rovereto (1995-1997) y a continuación en la Casa Madre, en Turín, como rector de la iglesia del Fundador, que gracias a su iniciativa es elevada a “Santuario” del Beato Allamano (1997-2001). Tras dos intervenciones quirúrgicas, el 7 de diciembre de 20021 se retira a Alpignano. Con la tercera operación, a la que se somete el 7 de febrero de 2002, comienza un lento declive psicofísico que termina llevándole a la Casa del Padre el 10 de abril de 2003. En la misa funeral por él, el P. Franco Gioda, superior regional, traza el perfil de su vida poniendo de relieve tres aspectos: enamorado de las misiones, enamorado de la Consolata y enamorado de la vida que manifestó con su optimismo. Siguen los testimonios del P. Antonio Merigo, que lee las palabras del Padre General: “Fue levadura misionera”; del P. Giordano Rigamonti: “Me dio ánimos en todas las empresas y promovió la iniciativa de las ‘muestras misioneras’; del P. Giuseppe Bargetto: “Nos estimulaba a la acción misionera con el grito de la trinchera: ¡salgamos del agujero! ”; y del señor Lupo: “Animó siempre a nuestro grupo misionero con su sonrisa”. Los funerales tuvieron lugar el sábado 12 de abril. Participaron en él el P. Giano Benedetti, consejero general, los misioneros y misioneras y muchos conocidos. Sus restos mortales fueron enterrados en el cementerio de Alpignano. P. Giuseppe Villa y la Redacción del Da Casa Madre Maestro de animación Entre los muchos hermanos que he conocido a lo largo de los años, el P. Ersilio me parece uno de los mejores considerado desde diversos puntos de vista. Y no estaba en último lugar su calma serena, fruto del ejercicio virtuoso hecho con una sonrisa indeclinable. Esto podía a veces interrogar, probar o resultarte amablemente irónico..., pero siempre muy amable. El tiempo en que lo tuve muy cerca de mí fueron los años que pasamos en la Casa Madre después de haber sufrido algunas enfermedades. Había vuelto de Argentina en 1984. Destinado al Departamento de acogida, me acogió también a mí por los motivos más diversos y siempre interviniendo de manera que uno terminaba sintiéndose muy animado. Inteligente, brillante charlista, era de un carácter capaz de abrirse al entusiasmo y ser con sus modales un verdadero padre. Cuando hablaba de su experiencia en Argentina se notaba la intensidad con la que la había vivido al servicio de las Pontificias Obras Misioneras, que los obispos argentinos le habían confiado. Tenía la pasión del pionero y cuando hablaba de viajes largos, hechos de noche, para ir más de prisa, era muy divertido oírle. Encuentros de todo tipo, proyectos globales, sobre la mesa, eran una aventura misionera de primer orden. Llegado del seminario de Piacenza, hacía alguna alusión a su modo diferente de considerar la causa misionera y no la veía siempre a la altura soñada. Pero todos dijeron de él en el momento de desaparecer de entre nosotros que fue “un maestro de animación misionera” Lo afirmó así el P. Piero Trabucco, superior general, en su mensaje, leído durante la celebración eucarística por su eterno descanso. Y el superior regional, P. Franco Gioda, que la presidía, también lo hizo: “El IMC ve en él un maestro de la animación a la misión”. Y el superior de la casa, el P. Antonio Merigo, que estuvo a su lado en Argentina. Y el P. Giordano Rigamonti: “El P. Errico me infundió entusiasmo en todo, como el haber promovido la iniciativa de nuestras muestras misioneras”. “A nadie llaméis maestro”. El evangelio es drástico: sólo Jesús es maestro. Pero en un tiempo en que faltan operarios en la mies y se van buscando pistas para encontrarlos, ¿cómo no dar gracias al Señor por habernos dado en el P. Ersilio un maestro en nuestra casa, capaz de mostrárnoslas con las enseñanzas y el testimonio de su vida? P. Giuseppe Mina
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